José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
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viernes, 3 de agosto de 2012

XVIII Domingo del Tiempo Ordinario, 5 de agosto de 2012

El alimento que da la vida
“Hermanos: les digo y les pido en nombre del Señor que no vivan como viven los paganos, con sus vanos pensamientos. No es eso lo que ustedes han aprendido de Cristo”

Iº lectura:
Ex 16, 2-4.12-15, Salmo:77, IIº lectura: Ef 4, 17.20-24, Evangelio: Jn 6, 24- 35

Cuando comulgamos, el mismo Jesús con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, se dona totalmente en unión plena e intima que nos configura a Él en modo real, a través de la transformación y asimilación de nuestra vida en la suya. Esto se destella a partir de la primera lectura, en la que se evidencia como Dios manifestó su providencia hacia los israelitas, en el desierto, dándoles el maná, símbolo y prefiguración de la Eucaristía. En la segunda lectura, San Pablo nos exhorta a revestirnos del hombre nuevo, dejando las cosas pasadas y renovándonos en lo que Dios nos ha enseñado en su hijo Jesucristo.

Buscar el alimento que dura para la vida eterna…
En la historia de la salvación, en la cual cada uno de nosotros somos partícipes, encontramos un itinerario de la presencia de Dios en el corazón de sus hijos. Esa presencia eucarística es real, verdadera, cierta, que se hace vida en cada hombre y mujer, en la medida que la reconocemos como "fuente y cima de toda la vida cristiana" (LG 11). El Santo Padre, Benedicto XVI, nos dice al meditar sobre el misterio eucarístico: “Nuestra respuesta a su amor tiene que ser entonces concreta, y tiene que expresarse en una auténtica conversión al amor, en el perdón, en la recíproca acogida y en la atención por las necesidades de todos. Son muchas y múltiples las formas de servicio que podemos ofrecer al prójimo en la vida de todos los días, si prestamos un poco de atención. La Eucaristía se convierte de este modo en el manantial de la energía espiritual que renueva nuestra vida cada día y, de este modo, renueva al mundo en el amor de Cristo.” La presencia real de Jesús en el Santísimo Sacramento nos lleva a reflexionar sobre los siguientes puntos: en primer lugar, es sacrificio que nos redime, nos salva, nos purifica. En segundo lugar, es misterio por el cual cada cristiano, creyente y amante de la Eucaristía, siente admiración plena. En tercer lugar, es sacramento, en el cual nos deleitamos y participamos sin cesar. San Agustín en el Comentario al Evangelio de San Juan, habla de la Eucaristía como "¡Sacramento de piedad, signo de unidad y vínculo de caridad!". La Evangelización debe llevar como bandera nuestro amor a Jesús Eucaristía y a la Santísima Virgen María. Ello conlleva a creer y vivir la fraternidad, la unión y el amor, si esto falta, la evangelización decae y no produce fruto. Seamos amantes de la Eucaristía y fieles al mensaje del Evangelio: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás”.

María, mujer de la Eucaristía
La presencia de María Santísima, nuestra madre, es permanente y sincera. Ella, conservando y guardando todo en su corazón, se convierte en discípula fiel que nos enseña el camino que debemos seguir para ser adoradores de la Eucaristía. Sigamos a Cristo, estemos junto a él y confiemos plenamente en su presencia en medio de nosotros, en medio de su pueblo. Así sea.

P. José Lucio León Duque

miércoles, 25 de julio de 2012

XVII Domingo del Tiempo Ordinario, 29 de julio de 2012


Fidelidad en lo poco
“Sean siempre humildes y amables, sean comprensivos, sobrellévense mutuamente con amor; esfuércense en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.”

Iº lectura: II Rey 4, 42-44; Salmo: 144; IIº lectura: 4, 1-6; Evangelio: Jn 6,1-15

Nos relata el Evangelio de hoy que muchas personas fueron donde estaba Jesús. Mientras Él hablaba, ninguno pensó al cansancio ni que pudiesen faltar víveres para saciar su hambre y su sed. Fueron atrapados por las palabras de Jesús, por su presencia; sus corazones se llenaron de Él, olvidándose prácticamente del hambre y de la lejanía de sus casas. Con todo esto, Jesús se compadeció de la gente y comprende que deben ser saciados del alimento espiritual y material. El mismo sentimiento de compasión lo tuvo Eliseo (Iº lectura) y San Pablo (IIº lectura), lo confirma, recordándonos que debemos tener sentimientos de humildad y amabilidad, ya que somos hijos de Dios y formamos parte de la Iglesia, una, santa, católica y apostólica.

“Recojan los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.”
La vida del hombre, la de todos y cada uno de nosotros, se forma de pequeños detalles y ellos orientan, en la medida en que cumplamos la voluntad de Dios, nuestro corazón hacia Él. Los pasos que damos en nuestra vida nos ayudan a caminar por la vía de la fe, de la esperanza y de la caridad. Dios nos pide respondamos positivamente a su llamada y todo ello se manifiesta en lo que vivimos cada día, en la familia, en el trabajo, en las comunidades a las que pertenecemos. Los pequeños detalles no mueven la vanidad y hacen que en la vida se aprecien los valores que mueven los corazones y las almas. Muchas personas no aplauden los gestos de quien en la vida cotidiana realiza actos de caridad y generosidad, pues en muchos casos, ven en ellos superficialidad y simplicidad. De esto nos da ejemplo Jesús al momento de pedirnos que no desperdiciemos nada de aquello que se nos da, ya que lo que proviene de Él, no le sobra sino le pertenece y desea que nosotros, sus discípulos sigamos sus pasos y participemos de ello. Ayudemos a quienes lo necesitan y no dejemos de dar con generosidad y sin recelo, para así poder aprender a ser verdaderos testigos del Evangelio de la verdad.

María, Madre de la sencillez y la humildad
Nuestra Madre del Cielo, María Santísima, nos ayudará a valorizar los detalles que puedan parecer insignificantes. Cada día podemos dar los pasos necesarios para llegar a Dios y en Él tendremos la certeza que recogeremos, no aquello que nos sobra, sino aquello que espiritualmente nos pertenece y que podremos compartir con aquellos que necesitan. Así sea.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 20 de julio de 2012

XVI Domingo del Tiempo Ordinario, 22 de julio de 2012


“Él es nuestra paz”
“Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma”.

Iº lectura: Jer 23,1-6; Salmo: 22; IIº lectura: Ef 2,13-18; Evangelio: Mc 6,30-34

En la primera lectura de la liturgia de hoy, el profeta Jeremías nos muestra cual será la actitud del Mesías y cómo será con todos y cada uno de nosotros. El Salmo nos presenta la figura del Pastor que nos hace reposar, nos guía por senderos justos y nos da tranquilidad al alma. La segunda lectura refleja el deseo de paz que Dios quiere para con sus hijos y cómo debemos, en nuestra vida cotidiana, comportarnos entre nosotros y en la relación con Él. El Evangelio muestra la solicitud que nos hace Jesús en la persona de sus discípulos con el fin de saber cómo podemos predicar y vivir el Evangelio a todos los lugares y a todas las personas.

“Vengan ustedes solos a un sitio tranquilo a descansar un poco”
Nuestra vida, que es y debe ser servicio a Cristo, a la familia, a las comunidades, a la sociedad, está hecha de trabajo, de dedicación, de entrega a los demás. No debemos asombrarnos si se siente el peso del cansancio y la necesidad de descansar. Durante el tiempo libre recuperamos fuerzas y voluntad para servir mejor en lo que hacemos cotidianamente. No transcurramos el tiempo de las vacaciones sin hacer nada. “Descanso” significa sobre todo, recuperar fuerzas, ideales, proyectos, cambio de actividad, para regresar luego con más ilusión y fortaleza a trabajar y servir en lo que se nos ha encomendado. En la actualidad se confunde el descanso con “vagancia”, se busca “descansar” sin tener en cuenta que hay que buscar la presencia de Dios y cultivar día a día el amor y la paz que se obtienen del contacto que se establece con Él. Es necesario, en este tiempo de vacaciones, alimentarnos de la palabra de Dios, de buenas acciones y de todo aquello que nos lleve a experimentar ser testigos del Evangelio y promotores de la paz, la misión de cristianos, la justicia y la reconciliación en medio del mundo.

Unidos como hermanos a través de María Santísima
De la mano con María, todos y cada uno de nosotros podemos pedir a Dios ser fieles, disponibles y sinceros con Él y con nosotros mismos. Muchas personas desean de nosotros el testimonio y la ayuda necesarios para poder encontrar la paz, la armonía y la solidaridad. Como discípulos, caminemos junto a María en la construcción de un mundo en el cual la mirada a Jesús sea fundamental y aceptar los propios errores sean parte de la vida del cristiano. Así sea.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 13 de julio de 2012

XV Domingo del Tiempo Ordinario


Sembrar el bien…
“Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos. La salvación está ya cerca de sus fieles, y la gloria habitará en nuestra tierra”.

Iº lectura: Am 7,12-15; Salmo: 84; IIº lectura: Ef 1,3-14; Evangelio: Mc 6, 7 - 13

La Iglesia católica, una y santa, Iglesia fundada por Jesucristo, nuestro maestro y Señor, nos da la posibilidad de encontrar en ella la fuente de paz, de amor, de esperanza que todos necesitamos. La alabanza que cada cristiano debe expresar y experimentar para con Dios, es una manifestación clara y precisa del amor, el conocimiento y la vida en Dios de quien siente su presencia verdadera y real en el corazón del hombre y en medio de su pueblo. Todos nosotros, bautizados, podemos y debemos sentirnos partícipes de la liturgia que hoy nos hace un llamado y nos hace participar del sacrificio de Jesús con el cual obtenemos la Salvación.

Destinados por Dios a ser felices
La liturgia de hoy nos llama a vivir el Evangelio con el corazón, como miembros de la Iglesia que busca la justicia, la verdad, la esperanza. Jesús escoge los apóstoles como sus representantes personales, como testigos y profetas, no como simples portadores de un mensaje nada más. La identidad del cristiano se debe manifestar en una vida austera y santa, en dedicación incondicionada para con los demás. El Evangelio de este domingo nos refiere que Jesús les dio “autoridad sobre los espíritus inmundos”. Les mandó que no llevaran nada para el viaje, sólo un bastón: ni pan, ni mochila, ni dinero en la bolsa. Dios da unas indicaciones precisas que mueven el corazón y la vida del hombre a sentir su llamada, como símbolo del amor que tiene para con todos. La Palabra de Dios tiene connotación universal, es para todos y en todos debe ser manifestación de salvación, de liberación, de superación de obstáculos, de purificación de nuestros corazones, de destrucción del maligno que muchas veces se encarga de dañar la vida de quienes deseamos caminar en el amor de Jesús.

María Santísima nos acompaña
En este itinerario de vida y de amor, María Santísima nos guía y nos lleva de la mano. Debemos insistir en el amor y devoción que todo cristiano le debe profesar, como verdaderos hijos suyos. Nuestra madre es la luz, la esperanza, el pilar del amor que nos lleva a Jesús. Ella nos enseña la sencillez que falta en tantos sitios, la humildad de la que carecen muchos corazones y las grandezas y maravillas que Dios nos regala a cada momento. Así sea.

“La unidad del género humano, la comunión fraterna más allá de toda división, nace de la palabra de Dios-Amor que nos convoca.”
Benedicto XVI - Caritas in veritate


P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

jueves, 5 de julio de 2012

XIV Domingo del Tiempo Ordinario, 8 de julio de 2012

En el Señor tenemos la fuerza
“Por eso, me complazco en mis debilidades, en los oprobios, en las privaciones, en las persecuciones y en las angustias soportadas por amor de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”

Iº lectura: Ez 2,2-5; Salmo: 123; IIº lectura: II Cor 12,7-10; Evangelio: Mc 6,1-6

La debilidad puede ser entendida de varias maneras. En la liturgia de este domingo San Pablo nos dice que cuando es débil, entonces es fuerte. Esa debilidad puede ser entendida entonces como amor, pasión, afición, cariño y no solamente como una simple inseguridad o algo que se le asemeje. Las dificultades que se puedan presentar son signo de que, confiando en Dios, podemos descubrir y discernir de la mejor manera nuestra condición cristiana. La falta de docilidad de muchos viene cubierta con la gracia de Dios que se manifiesta en la debilidad, siendo ésta uno de los puntos de reflexión para poder dar pasos de crecimiento espiritual.

“¿De dónde saca todo eso?”
Casi siempre la gente que ve a Jesús se queda maravillada, asombrada, y no falta quién se dedique a criticar lo que hace, olvidando que todo lo que hace es por el bien de todos y cada uno de nosotros. Nuestra fuerza está en Jesús, en su amor, en su palabra, en su ejemplo…La debilidad que se pueda presentar debe ser inicio de una reflexión sincera para un mejoramiento espiritual que nos lleve a decidir ser verdaderos testigos del Evangelio de la verdad. La visita de Jesús a los suyos no debe dar la sensación de fracaso, como algunos puedan pensar, sino de fortaleza de la fe. Es un llamado a sentirnos cada vez más unidos en el nombre de Dios, padre de la gran familia de discípulos de la que todos formamos parte y en la cual debemos sentirnos partícipes. Jesús saca sus enseñanzas de su vida misma, de su condición, del deseo que tiene de llegar al corazón del hombre sin dudas ni regateos. Hoy también Jesús choca con la incredulidad de muchos hombres y mujeres que aún no abren su corazón al infinito amor que Él manifiesta para todos. Es por ello que se nos invita una vez más a ser unidos, a tener fe, a trabajar incansablemente por la instauración del reino de Dios y por la participación de todos los que necesitan cada vez más acercarse a su plan de salvación que se refleja en la vida cotidiana y que es garantía de vida espiritual.

María, Reina de la paz
María guía el corazón y la vida del hombre a seguir la voz de Dios, a escuchar y vivir las enseñanzas de su hijo y a alejar de nuestra vida la presencia del maligno. Cada día ofrezcamos detalles de amor a María Santísima por nuestra conversión, por los enfermos, por quien lo necesita y por nuestra diócesis de San Cristóbal, de la que todos somos parte fundamental con la oración, el servicio y el trabajo. Así sea.

P. José Lucio León Duque

viernes, 29 de junio de 2012

XIII Domingo del Tiempo Ordinario - 1 de julio de 2012


“Tu fe te ha curado”
“Ya que ustedes se distinguen en todo: en fe, en palabra, en sabiduría, en diligencia para todo y en amor hacia nosotros, distínganse también ahora por su generosidad.”

Iº lectura: Sab 1, 13-15; 2, 23-24; Salmo: 29; IIº lectura: II Cor 8, 7. 9. 13-15;
Evangelio: Mc 5, 21-43

Existen en este domingo, algunos aspectos fundamentales que nos ayudarán a entender más cerca, el significado de la fe y lo que su esencia implica en nuestras vidas. El libro de la Sabiduría nos presenta a Dios como fundamento de la vida y centro de la existencia misma del hombre. Dios crea al hombre a su imagen y semejanza para que nosotros vivamos en Él, distinguiéndonos -como se nos indica en la IIº lectura- “en fe, en palabra, en sabiduría, en diligencia para todo y en amor hacia nosotros” y cultivando cada vez la generosidad. Esto nos lleva a promover, alimentar y practicar la fe que nos hace confiar en Jesús y de quien recibimos la curación del alma y del cuerpo.

Distinguirse en generosidad…
La presencia de Jesús en medio de su pueblo, en el corazón del hombre, en la vida de la Iglesia, es garantía de una fe sólida y plena, que nos lleva por verdaderos caminos de salvación. En la liturgia de la palabra, Dios nos muestra algunos aspectos que denotan lo que cada cristiano debe tener en cuenta. En primer lugar, San Pablo nos recuerda que distinguirse en generosidad es un punto fundamental para vivir como verdaderos testigos del Evangelio. En segundo lugar, el Evangelio nos recuerda claramente la necesidad que tenemos todos de creer en Dios y en tercer lugar, los milagros que realiza Jesús, nos enseñan que creyendo en Dios, podremos obtener muchas cosas a través de la fe. Esta virtud sobrenatural, viene de la mano con las otras dos virtudes infusas o teologales: la caridad y la esperanza; todas ellas dones de Dios. La fe caracteriza el perfil de quien vive en comunión con Dios, haciendo que la humildad, la sinceridad, el servicio y otras muchas virtudes le sean propias y dé así testimonio de vida.

En unión con María…
En este itinerario de fe, María Santísima nuestra madre, nos acompaña y nos indica el camino a seguir. Ella, madre del amor y maestra de oración, nos enseña a orar, a escuchar a Jesús y guardar en nuestro corazón sus palabras y enseñanzas para que viviendo, unidos cada vez más a Dios, seamos testigos convencidos y sinceros de su amor y su misericordia. Así sea.

“Cada obra de amor, llevada a cabo con todo el corazón, siempre logrará acercar a la gente a Dios.” Beata Teresa de Calcuta.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...