José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
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sábado, 9 de septiembre de 2017

XXIII° Domingo del Tiempo Ordinario, 10 de septiembre de 2017

SABER CORREGIR, SABER ACEPTAR
"Yo les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos"

Primera lectura: Ez 33,7-9; Salmo: 94; Segunda lectura: Rm 13, 8-10; Evangelio: Mt 18, 15-20

El Señor nos invita en este domingo, a ayudar a corregir a quien no está en el camino correcto. Nos propone ser centinelas, cuidadosos hombres y mujeres que buscan de la mejor manera ser fieles a la palabra del Señor, a su mensaje (1° lectura). Solo si escuchamos la voz de Dios, acercándonos a Él, adorándolo y siendo dóciles a su voluntad, podremos caminar en la vía de la paz (Salmo). En este camino de paz, encontramos que todo se resume en el amor a Dios, al prójimo y a sí mismo, con ello es que cumplimos a plenitud toda la ley, todo aquello que estamos llamados a cumplir (2° lectura).

CORREGIR ES AYUDAR, NO MALTRATAR…

El Evangelio de hoy es una enseñanza fundamental en el caminar cotidiano del cristiano. Cada vez que cumplimos la voluntad de Dios, estamos dando pasos importantes en el itinerario personal de la salvación. El Señor nos pide tener caridad al momento de corregir. Hacerlo de tal modo, que quien recibe la corrección sienta la misericordia que proporciona el infinito amor de Dios. Corregir es sinónimo de rectificar, enmendar, advertir, amonestar; es por ello que se nos pide tener misericordia al momento de llevarla a cabo.

Lamentablemente, muchos asumen actitudes tan incoherentes, que piensan que para reprender, es necesario usar la violencia como uno de los medios más eficaces para que alguien rectifique los errores. Cotidianamente vemos cómo muchas personas se encargan de propagar con las propias obras, el maltrato, la indisciplina, la falta de amor de los cuales sufren tantos corazones y tantas personas son víctimas. Quien ama, sabe corregir, sabe ayudar a quien se equivoca, sabe guiar con caridad, sabe ayudar al prójimo a canalizar su vida por las vías del bien.

La liturgia de este domingo nos enseña a practicar la "corrección fraterna", la cual es parte fundamental del plan de vida de todo cristiano. Dicha corrección nos ayuda a encontrar el amor que viene de Dios a través de la aceptación de nuestra condición de seres humanos. Actualmente podemos poner por obra el hecho mismo de ser cristianos como una de las opciones más hermosas y que conllevan sinceramente a configurarse con Cristo. 

Tal vez en la vida se nos ha presentado alguien a quien hemos debido corregir o seguramente nos han corregido, ¿nos hemos comportado como verdaderos discípulos de Cristo? ¿Hemos sabido corregir? ¿Hemos sabido aceptar? Junto a nuestros hermanos, miremos al cielo y pidamos al buen Dios siga derramando sus bendiciones sobre todos y cada uno de nosotros, para saber reconocer lo que hacemos.

PIDAMOS COMO HERMANOS A TRAVÉS DE MARÍA SANTÍSIMA

De la mano con María, todos y cada uno de nosotros podemos pedir a Dios ser fieles, disponibles y sinceros con Él y con nosotros mismos. Muchas personas desean de nosotros el testimonio y la ayuda necesarios para poder encontrar la paz, la armonía y la solidaridad. Así sea.

¡Oh, Santísima Virgen María de Coromoto, Madre de Misericordia!, confiamos a nuestra amada patria Venezuela a Tu Amoroso cuidado. Madre querida, te suplicamos reclames como tuya esta Tierra de Gracia, para Gloria de Tu Divino Hijo Jesucristo, verdaderamente presente en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en el Santísimo y Divinísimo Sacramento del Altar, a quien Venezuela le ha sido consagrada.

Acuérdate, ¡oh piadosísima Virgen María de Coromoto!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección e implorado tu socorro, haya sido desamparado, de Ti: Yo pecador, animado con tal confianza, acudo a Ti, ¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!, a Ti vengo, delante de Ti me presento gimiendo. No desprecies, oh Madre del Verbo Encarnado, mis humildes súplicas; antes bien, óyelas y despáchalas favorablemente. Amén.

José Lucio León Duque

josleucio70@gmail.com

viernes, 1 de septiembre de 2017

XXII° Domingo del Tiempo Ordinario, 3 de septiembre de 2017

DEJARSE SEDUCIR POR DIOS…
“Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mi, la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida?”

I° lectura: Jer 20, 7-9; Salmo: 62, II° lectura: Rom 12, 1-2; Evangelio: Mt 16, 21-27

“Tú eres Pedro”, decía Jesús el domingo pasado. Hoy dice, “aléjate de mi Satanás”. ¿Es incoherencia? ¡En absoluto! Jesús nos reafirma que Dios nos ilumina y nos inspira. Él nos revela a su hijo y nos permite tomar y llevar junto a Él, la propia cruz, aquella que nos corresponde, solo así podremos salvar nuestra vida en el nombre de Dios. Dejarse seducir por Dios, es enamorarse del Evangelio de la verdad, es ser capaces de proclamar su nombre sin temor, es tener la valentía de llevar esa cruz junto a Jesús y con Él.

PENSAR COMO DIOS Y EN SU NOMBRE, NO COMO LOS HOMBRES…

La liturgia de la palabra es un camino que nos exhorta a seguir luchando por el Evangelio y el mensaje que transmite. Hoy tenemos un esquema que podríamos tomar como parte de nuestro plan de vida. En primer lugar, Dios nos seduce, nos regala su palabra y a pesar de nuestra condición o situación, (I° lectura) nos invita a seguir adelante y sentir en nuestra vida su amor total. En segundo lugar; si nos dejamos seducir, podremos cumplir en plenitud la voluntad de Dios, entregándonos en cuerpo y alma, dando lo mejor de cada uno “como hostia viva, santa y agradable a Dios” (II° lectura). En tercer lugar, “cargar la cruz” es la consecuencia de enamorarse de Dios. Quien ama de verdad y de corazón, carga sinceramente con el peso que se presenta en la vida, con la alegría que proporciona el amor vivido en Dios. Dicho amor se hace realidad en la medida en que existe un acercamiento profundo al pueblo, al hombre de hoy, al prójimo, a aquellos que piden justicia, solidaridad, paz.

Una vez más se nos ratifica que Dios es quien nos hace capaces de vivir en el amor, es quien nos da la fuerza para caminar en un mundo lleno de inseguridad, de injusticia y de desamor. En medio de esa falta de valores, está la presencia de Dios, quien junto a todos y cada uno de nosotros, sus discípulos, llena los vacios que existen y que sí son posibles colmar.

¡Esa es nuestra cruz! Así es que empecemos a pensar como Dios, no como los materialistas, los soberbios, los autosuficientes y quienes, con ideologías absurdas, pretenden en muchas ocasiones, hacernos creer que lejos de Dios estaremos bien

MARÍA NOS ENSEÑA A CARGAR LA CRUZ

María Santísima, nuestra madre de la Consolación, nos da ejemplo para amar, llevar y compartir la cruz de cada día. Ella es mujer y madre que ama, que da la fuerza necesaria a todos aquellos que se encuentran en dificultades, en problemas, en medio de zozobra y de falta de amor. Ella nos muestra el camino que en nombre de Jesús debemos recorrer, sin exclusión y con plena confianza en Él. Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com



viernes, 25 de agosto de 2017

XXI° Domingo del Tiempo Ordinario, 27 de agosto de 2017

TÚ ERES EL MESÍAS, TÚ ERES PEDRO
“Todo proviene de Dios, todo ha sido hecho por Él y todo está orientado hacia Él”

I° lectura: Is 22,19-23; Salmo: 137; II° lectura: Rom 11,33-36; Evangelio: Mt 16,13-20

Conocer a Dios es uno de los temas que, se presenta interesante para algunos, incompresibles para otros. Dios se muestra al hombre cuando confía una misión específica a uno de sus hijos (I° lectura). Esto conlleva a ver que la presencia de Dios es eterna, que su amor perdura por siempre y por ello debemos alabarlo sin cesar (Salmo). Sentir esto, nos lleva a conocer y experimentar la riqueza de Dios a través de su sabiduría y sus obras, ya que, todo proviene de Él y se dirige a Él (II° lectura).

¿QUIÉN ES JESÚS PARA NOSOTROS?

El binomio, Mesías - Pedro, denota la relación de Jesús para con sus discípulos y la estrecha unión que existe, que lleva a participar de una labor específica. Jesús es el Mesías, el ungido, y Pedro es la base donde se edifica la Iglesia. La afirmación de Pedro recibe una respuesta por parte de Jesús, una recompensa por parte del Mesías.

En medio de un mundo en el cual la indiferencia está entrando en el corazón de muchos, se encuentra la decisión de quién es discípulo y desea dar testimonio del Evangelio, por ello la pregunta de Jesús a sus discípulos es la misma que nos hace hoy a todos.

Dos aspectos podemos meditar al respecto: en primer lugar, Jesús pregunta quién es Él para nosotros. Eso denota un claro amor por sus discípulos, sus hermanos, a fin de que nos interesemos cada vez más por conocerlo, amarlo y vivir junto a Él. En segundo lugar, Dios nos revela su misericordia y su amor en la sencillez de un corazón puro, es decir, en la vida de quien sigue con fe el camino que nos enseña Jesús.

Cada uno de nosotros, consciente de su condición de discípulo, debe manifestar el gozo y la alegría que se siente servir, en espíritu y verdad, al prójimo, a los pobres y excluidos de la sociedad, a todos aquellos que necesitan de justicia y de paz, de solidaridad y fraternidad. En el prójimo está Cristo, ¿sabemos identificarlo con sincero corazón?

CON AMOR A LOS PIES DE MARÍA

Acudamos piadosos ante el amor de María, nuestra madre de la Consolación; presentémonos humildes a pedir a Nuestra Madre, las gracias que necesitamos y proclamemos, tal como ella lo hizo, las maravillas que Dios hace para con todos y cada uno de sus hijos. Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

sábado, 19 de agosto de 2017

XX° Domingo del Tiempo Ordinario, 20 de agosto de 2017

¡LA GRANDEZA DE LA FE!
“Señor, también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”

I° lectura: Is 56,1.6-7; Salmo: 66; II° lectura: Rom 11,13-15.29-32; Evangelio: Mt 15, 21-28

Hay dos temas importantes en el itinerario de la palabra de Dios para hoy: la fe y la misericordia. Ellas nos han acompañado a través de los domingos y de una u otra forma, son pilares fundamentales para obtener la mirada amorosa de Dios.

Cumplir la voluntad del Padre es adentrarse a vivir no en base a conceptos, sino a verdaderas experiencias de vida cristiana, donde más allá de ideologías inertes, tenemos el deber de promover la justicia, el derecho, la fidelidad, la igualdad, haciendo vida todo esto, en la vida cotidiana y en el lugar predilecto para ello: el altar de Dios (Iº lectura). Este es un indicador propicio para darnos cuenta que todos estamos llamados a buscar a Dios (Salmo) y así poder alcanzar su misericordia, sea cual fuere nuestra condición, raza o cultura (IIº lectura).

“SEÑOR, HIJO DE DAVID, ¡TEN COMPASIÓN DE MI!”

La petición de la mujer que se dirige a Jesús en busca de misericordia y paz, nos debe llevar a pensar en varias cosas. En primer lugar, debemos saber pedir, y pedir con insistencia y humildad. La arrogancia y la falsa humildad que muchas veces se da en algunos cristianos, hace que la petición se desvanezca, se pierda. Es importante, por tanto, fundamentar lo que se pide en la oración y hacerlo con fe, tal como nos lo enseña la mujer del evangelio que, a pesar de la respuesta de Jesús, no pierde su ánimo ni el objetivo de la petición. En segundo lugar, debemos velar, cuidar con esmero lo que tenemos, los dones que Dios nos ha dado, las personas que nos ha encomendado, dando lo mejor de sí sin esperar recompensas humanas. En tercer lugar, aceptar la voluntad de Dios como un don precioso y no como resignación. Esto conlleva a vivir nuestra condición de discípulos y cristianos que somos. Saber pedir con insistencia y humildad nos lleva a sentir en nuestros corazones la misericordia y el amor que Dios tiene preparados para todos y cada uno de nosotros. 

Reflexionemos: ¿estamos dispuestos a pedir con humildad? ¿Aceptamos la voluntad de Dios como un don? Miremos a nuestro alrededor y allí encontraremos el campo de servicio en el cual podremos llevar como fieles discípulos el mensaje de Jesús; un mensaje de fe, esperanza y caridad; un mensaje de justicia y de paz; un mensaje que no alivia por un momento, sino que llena para siempre el corazón de cada hombre y cada mujer que pide con sencillez.

MARÍA, MAESTRA DE FE

De la mano con María, nuestra madre de la Consolación, podemos caminar seguros y con humildad para recoger aquellas migajas que se convierten en gozo y gracias abundantes. El Espíritu Santo nos ilumine y haga de todos y cada uno de nosotros fieles discípulos que sienten en su corazón la misericordia y la paz como un regalo amoroso de Dios, para poder anunciar que estamos más unidos que nunca. Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

sábado, 12 de agosto de 2017

XIX° Domingo del Tiempo Ordinario, 13 de agosto de 2017

VEN, NO TENGAS MIEDO
“Después del terremoto, vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó una brisa tenue…”

I° lectura: 1Re 19, 9ª. 11-13a; Salmo: 84; II° lectura: Rom 9, 1-5; Evangelio: Mt 14, 22-33

Un camino lleno de expectativas y una vida rica del amor de Dios que pasa a cada momento, eso es lo que nos enseña el Señor en este domingo. ¿Dónde está Jesús? Habiendo mostrado su poder para hacer el bien, multiplicando gracias, dones, bendiciones, alimento espiritual y material, se presenta en medio del mar de nuestra vida, caminando con seguridad sobre las aguas turbulentas que mueven el mundo, al hombre de hoy, a todos y cada uno de nosotros.

DIOS PASA POR NUESTRA VIDA CON SUAVIDAD Y FIRMEZA

¡Qué imagen tan hermosa la del paso de Dios! Él pasa en la brisa tenue (Iº lectura), en la brisa ligera y suave. Veamos tres puntos fundamentales que se desprende de toda la liturgia de la palabra en este día. 

En primer lugar, la firmeza de Jesús al caminar sobre las aguas. Su paso aunque suave es firme, y así es la presencia de Dios en nuestras vidas: una presencia cierta, fuerte, sincera, duradera y llena de una bondad y ternura tal, que hace del hombre un ser que ve a Dios por encima de todo y con la verdad como bandera (II° lectura). 

En segundo lugar, la misericordia de Dios nos salva (Salmo) y crea en nuestros corazones una fe tan grande, capaz de ver más allá de las cosas superfluas y banales. 

En tercer lugar, Jesús nos invita a confiar más en él. Quiere que cada uno de nosotros cultivemos la fe, seamos buenos cristianos y salgamos de las falsas seguridades. Así como a Pedro, también a nosotros nos dice hoy: “ven…” y luego de sentir nuestra duda, nos llama la atención: “!qué poca fe! ¿por qué has dudado?”. Aquí podemos situar los nombres de todos nosotros, hombres y mujeres deseosos de paz, seguridad y armonía. La enseñanza de Jesús en este domingo es clara: Dios está presente en todas partes, en el corazón de todos los hombres y mujeres, sin distinción ni preferencias.

La presencia suave y cierta de Jesús en el camino de la vida, es garantía de la salvación; nadie debe sentirse excluido, nadie debe pensar que la duda pueda reinar en el mundo, nadie tiene derecho a quitar la ilusión de tantas personas que buscan cada día encontrarse con Dios. Reflexionemos: ¿somos discípulos que dudan, o discípulos que confían?

MARÍA, MADRE DE LA CONSOLACIÓN

En esta semana, nuestra madre del cielo nos acompaña de manera especial. Acudamos fieles a los brazos amorosos de María Santísima de la Consolación y sintamos su acompañamiento, como presencia pura, inmaculada y maternal que nos regala Dios en su paso, a través de ella.

Pidamos a Dios por el miedo, la duda, la incertidumbre, la falta de confianza en Él, la falta de caridad que pueda existir en nuestras vidas. Seamos conscientes que sólo en Jesús podremos vivir en paz, armonía y misericordia, pues Él toca nuestros corazones para que nosotros acudamos a Él sin ninguna duda y con plena confianza. Así sea.

José Lucio León Duque


La Transfiguración del Señor / Santo Cristo de La Grita, 6 de agosto de 2017

“¡QUÉ BIEN SE ESTÁ AQUÍ!”
El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables. Tiniebla y nube lo rodean, justicia y derecho sostienen su trono.(Sal 96,1-2)

Iª lectura: Dan 7, 9-10. 13-14; Salmo: 96; IIª lectura: 2Pe 1, 16-19; Evangelio: Mc 9, 2-10

En la fiesta de la Transfiguración del Señor, recordamos el rostro sereno de nuestro patrono: el Santo Cristo de la Grita. Sus facciones, su dolor, su serenidad, se muestran a cada fiel como un signo de lo que cada devoto busca en Él. Nuestra vida se centra en lo que significa para cada uno la presencia de Cristo crucificado y glorificado; su vida, su rostro, su ejemplo, son reglas de vida para seguir con convicción

CON JESÚS ESTAMOS BIEN

Una de las páginas más hermosas del Evangelio es esta: la Transfiguración de Jesús en presencia de Pedro, Santiago y Juan. Sin duda, muchas veces hemos sido testigos de la Palabra de Dios en cuanto somos parte de la Iglesia, pero aún así no ha sido suficiente para poder decir con Pedro: “qué bien se está aquí” (Mc 9,5).

La expresión del Apóstol es la de quien, viendo a Jesús y la plenitud de su compañía, no tiene necesidad de más nada. Los discípulos que ven a Jesús transfigurado se dan cuenta que la luz que irradia el Maestro está por encima de todos los problemas y vicisitudes de la vida, ellos no lo piensan dos veces, saben perfectamente que en Dios y con Él se está bien. Después de esa manifestación vuelve la vida cotidiana, lo que debemos experimentar y peregrinar para lograr estar en Dios y saber que podemos estar con Él y cumplir su voluntad para ayudar a quien lo necesite, incluso nosotros.

Estar bien con Jesús no es algo mágico, no confundamos las expresiones. Es algo real y concreto, verdadero y preciso, un toque de fe en nuestra vida para hacerla crecer en medio del ambiente donde nos desenvolvemos. La vida en Cristo implica también reconocerlo como parte fundamental de ella en nuestros corazones; si la vivimos, podremos repetir sin cansarnos: estamos bien con Jesús, no nos falta nada, no nos importa tanta superficialidad ni ambigüedades pues Él nos da la fuerza necesaria para caminar en su nombre y llevar la esperanza a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

MARÍA, TESTIGO DE LA LUZ

María Santísima nos enseña a caminar con Dios, confiar en Él y donarnos totalmente para descubrir a cada momento la transfiguración que realiza todos los días en nuestros corazones. Seamos testigos, portadores de paz y dispongámonos a servir al Señor llevando su mensaje de amor y esperanza, con obras concretas, pidiendo al Cristo del rostro sereno nos guíe a cada momento.

“Cristo amoroso que en la cruz clavado, tu pecho muestras por mi amor herido.
Lava en tu sangre con eterno olvido la mancha torpe de mi vil pecado.
Por ser fuente de bienes me has amado, y con muerte afrentosa redimido
Por serlo yo de males te he ofendido y tus santos preceptos quebrantado.
Tu real palabra has obligado a darme los bienes cuando yo te los pidiera,
¡Con tan gran caridad llegaste a amarme! ¡Oye, Señor mi petición postrera!
Pues moriste por solo perdonarme. ¡Perdóname, Señor antes que muera! Así sea.”

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

sábado, 29 de julio de 2017

XVII° Domingo del Tiempo Ordinario, 30 de julio de 2017

SABIOS E INTELIGENTES
“Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien”

I° lectura: 1Re 3,5.7-12; Salmo 118; II° lectura: Rm 8, 28-30; Evangelio: Mt 13, 44-52

Salomón pide un tesoro al Señor: tener la capacidad de discernir entre el bien el mal, sabiduría y sencillez. Solicita al Señor lo que todo hombre y toda mujer deben pedir a Dios, es decir, capacidad para vivir bien y ser felices.

PEDIR A DIOS SABIDURÍA Y DOCILIDAD…

La petición de Salomón es el deseo de muchos cristianos: un discernimiento humilde e inteligente. En esto tiene mucho que ver la decisión de escoger el camino que nos conduce al bien, la vía que nos lleva a sentir la certeza que en Dios es posible vivir y que seguirlo a Él es la mejor decisión. Si pidiésemos a Dios lo que de verdad es necesario, sabríamos apreciar los tesoros que tenemos, sabríamos apreciar la pesca realizada y las perlas encontradas.

Todas estas parábolas son aplicables a nuestras vidas, al presente, a lo que vive cada corazón de hombres y mujeres que buscan la paz, la justicia, la tranquilidad. La sabiduría se presenta como una habilidad, como parte de la experiencia misma, como forma de vivir en aquellos que son conscientes del don que se tiene. Aún así tenemos que la sabiduría se forja con sencillez, tal como los grandes santos, las grandes personas que han sido discípulos del verdadero Dios, del único maestro del amor y la verdad: Jesucristo.

Quien es sabio, es inteligente y sencillo; sabe que esos dones vienen de Dios y siendo así, deben ser puestos al servicio de los demás. Ahí está la decisión que se debe tomar: cuando encontremos el tesoro del amor de Dios, seamos capaces de reflejarlo en los demás, en especial a los pobres y excluidos de nuestra sociedad, a aquellos que ven en la esperanza un hermoso tesoro y que no les debe ser arrebatada por envidias ni por falsos testimonios.

Reflexionemos: por tener dones no debemos creernos superiores, todo lo contrario, tener dones es recibir gracias por parte de Dios y ello se coloca al servicio del pueblo, de quien lo necesita, solo así podremos agradar a Dios, cumplir su voluntad y servir a los demás sin soberbia sino con sabiduría e inteligencia y, por ende, con sencillez.

MARÍA, MADRE DE LA SENCILLEZ Y LA SABIDURÍA

Ella nos enseña a ser dóciles y sencillos: “Proclama mi alma la grandeza del Señor…porque ha mirado la humillación de su esclava. Él hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón. Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes…”. Recitemos siempre estas palabras que nos ayudarán a caminar por las sendas del bien y de la paz. Así sea.

José Lucio León Duque


sábado, 22 de julio de 2017

XVI° Domingo del Tiempo Ordinario, 23 de julio de 2017

¿DE QUÉ PARTE ESTAMOS?
“Tú demuestras tu fuerza a los que dudan de tu poder total, y reprimes la audacia de los que no lo conocen. Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres”

I° lectura: Sab 12,13.16-19; Salmo 85; II° lectura: Rm 8, 26-27; Evangelio: Mt 13, 24-43

Ser cristianos no es que sea difícil, lo difícil es darnos cuenta que debemos practicar la justicia y la bondad como elementos fundamentales para vivir como sinceros y verdaderos discípulos de Jesús. En este día Dios quiere darnos a conocer su poder y su amor, un poder total y un amor infinito (I° lectura); Él es el único Dios, el único ante quien debemos doblar nuestra rodilla (Salmo) y por ello, debemos pedir, aunque no sepamos hacerlo del todo, la intercesión del Espíritu, que intercederá por nosotros ya que Él sabe cuáles son nuestras necesidades.

LO BUENO Y LO QUE NO ES BUENO

El Evangelio de este domingo nos da una vez más muestra del camino que debemos recorrer. Seguramente nos hemos sentido identificados con tantas de las situaciones que el Evangelio nos deja ver, pero en esta ocasión, se presenta la figura de la cizaña, es decir, el emblema de las malas influencias, de lo que no es bueno, creciendo junto a aquello que sí lo es, y por tanto, merece nuestra atención. En el lenguaje del hombre de la calle, del hombre de hoy, encontramos expresiones tales como: “no meter cizaña” o también “no ser cizañero”. Esto lo dice seguramente alguna persona que no ha escuchado el Evangelio, pero sabe de alguna fuente, que eso significa que se debe caminar por la senda del bien.

Se nos invita a seguir a Jesús con sincero corazón. No puede ser su discípulo quien calumnia, quien envidia, quien por obtener beneficios daña la fama del prójimo, quien comete injusticias desde el lugar o cargo que tiene, quien comete fraude, quien pasa por encima de los demás con tal de permanecer arriba, en lo alto. Eso no caracteriza un discípulo y por ende, no forma parte de lo que nosotros estamos llamados a ser.

El testimonio de vida debe ser claro y preciso: aunque exista la cizaña, debemos seguir nuestro camino. Aunque Satanás se interponga en la vía, debemos combatirlo con la oración y la mortificación, llevando el Evangelio a todas partes, a todos los hombres y mujeres de nuestra sociedad, dejando de lado prejuicios y ciertos usos sociales que no llevan sino al alejamiento del mensaje de Jesús.

Seamos solícitos en la expansión del Evangelio, teniendo en cuenta a los pobres y excluidos de la sociedad, los cuales son prioridad para nosotros los cristianos, a diferencia de aquellos que los usan para otros fines muy lejanos del amor de Dios; de ahí la pregunta inicial: ¿de qué parte estamos?

MARÍA, LA MADRE DE TODOS

María Santísima nos enseña a caminar de la mano con Jesús y a transmitir el evangelio a todos. Seamos verdaderos discípulos y no tengamos miedo a los que, burlándose del mismo Dios, dañan la dignidad de los hombres, olvidando que todos somos imagen y semejanza de Él. Así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com




sábado, 15 de julio de 2017

XV° Domingo del Tiempo Ordinario, 16 de julio de 2017

SEMBRAR EL BIEN…
Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ven ustedes y no lo vieron, y oír lo que oyen y no lo oyeron.”…

lectura: Is 55, 10-11; Salmo: 64; II° lectura: Rom 8, 18-23; Evangelio: Mt 13, 1-23

La Iglesia católica, una y santa, fundada por Jesucristo, nuestro maestro y Señor, nos da la posibilidad de encontrar en ella la fuente de paz, de amor, de esperanza que todos necesitamos. Actualmente son muchos los caminos equivocados que se presentan y la actitud inerte de muchos cristianos, dejan sin fertilidad la tierra buena que Dios nos ha concedido desde siempre. La palabra de Dios es semilla que llena, que da plenitud y que no deja vacío el corazón del hombre (I° lectura); ya que la semilla que cae en tierra buena, da fruto (Salmo). Con esto podemos estar seguros que seremos liberados por la gracia de Dios (II° lectura).

EL CRISTIANO: TIERRA BUENA

Hay dos cosas que se desprenden, entre otras, de la liturgia de este domingo. En primer lugar, quien siembra y en segundo lugar, la siembra y los frutos que se producen. Quien siembra, sin duda, es Dios. Él coloca en nuestra vida y en nuestro itinerario cotidiano, la posibilidad de encontrar el verdadero camino. Un camino que puede ser difícil de recorrer o que puede ser más accesible. Dios nos indica una vía llena de expectativas, una vía no de escape, sino de esperanza y confianza. De esto se recoge, con toda certeza buen fruto, ya que Dios nos da la fuerza para que dicha semilla caiga en buena tierra. En este día es necesario reflexionar sobre lo que hemos hecho o estamos haciendo: ¿qué hemos sembrado?, ¿qué estamos recogiendo?, ¿cómo es nuestra cosecha? Difícilmente se puede recoger paz cuando se siembra y existe guerra. No nos vayamos tan lejos, miremos alrededor de nuestra vida.

Se dice que “se recoge lo que se siembra” (refrán popular) y ello indica que debemos tener muy en cuenta que estamos llamados a hacer el bien, aunque nos cueste en algunas oportunidades, aunque nuestra condición social, cultural, académica o política, nos indiquen lo contrario: no dejemos de hacer el bien y sembrar por todas partes y en todos los corazones, el mensaje de Jesús. Defendamos la Iglesia, es la iglesia a la que pertenecemos y en la que somos discípulos; y quien la insulta, la profana y busca la manera de hacerla sucumbir, no lo logrará, “el que tenga oídos que oiga”.

DE LA MANO CON MARÍA…

Nuestra Madre María nos lleva de la mano, nos conduce hacia la paz, la armonía y el amor. Ella nos ayuda a entender y practicar el hecho de ser partícipes de la siembra verdadera: la que Jesús nos enseña y en la que debemos dar frutos de sinceridad y humildad.

Hermanos y hermanas: seamos testigos sinceros del mensaje de Jesús y llevemos a todas partes el evangelio de la verdad. Nuestra Señora del Carmen ruega por nosotros. Así sea.

 José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...