José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
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jueves, 5 de julio de 2012

XIV Domingo del Tiempo Ordinario, 8 de julio de 2012

En el Señor tenemos la fuerza
“Por eso, me complazco en mis debilidades, en los oprobios, en las privaciones, en las persecuciones y en las angustias soportadas por amor de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”

Iº lectura: Ez 2,2-5; Salmo: 123; IIº lectura: II Cor 12,7-10; Evangelio: Mc 6,1-6

La debilidad puede ser entendida de varias maneras. En la liturgia de este domingo San Pablo nos dice que cuando es débil, entonces es fuerte. Esa debilidad puede ser entendida entonces como amor, pasión, afición, cariño y no solamente como una simple inseguridad o algo que se le asemeje. Las dificultades que se puedan presentar son signo de que, confiando en Dios, podemos descubrir y discernir de la mejor manera nuestra condición cristiana. La falta de docilidad de muchos viene cubierta con la gracia de Dios que se manifiesta en la debilidad, siendo ésta uno de los puntos de reflexión para poder dar pasos de crecimiento espiritual.

“¿De dónde saca todo eso?”
Casi siempre la gente que ve a Jesús se queda maravillada, asombrada, y no falta quién se dedique a criticar lo que hace, olvidando que todo lo que hace es por el bien de todos y cada uno de nosotros. Nuestra fuerza está en Jesús, en su amor, en su palabra, en su ejemplo…La debilidad que se pueda presentar debe ser inicio de una reflexión sincera para un mejoramiento espiritual que nos lleve a decidir ser verdaderos testigos del Evangelio de la verdad. La visita de Jesús a los suyos no debe dar la sensación de fracaso, como algunos puedan pensar, sino de fortaleza de la fe. Es un llamado a sentirnos cada vez más unidos en el nombre de Dios, padre de la gran familia de discípulos de la que todos formamos parte y en la cual debemos sentirnos partícipes. Jesús saca sus enseñanzas de su vida misma, de su condición, del deseo que tiene de llegar al corazón del hombre sin dudas ni regateos. Hoy también Jesús choca con la incredulidad de muchos hombres y mujeres que aún no abren su corazón al infinito amor que Él manifiesta para todos. Es por ello que se nos invita una vez más a ser unidos, a tener fe, a trabajar incansablemente por la instauración del reino de Dios y por la participación de todos los que necesitan cada vez más acercarse a su plan de salvación que se refleja en la vida cotidiana y que es garantía de vida espiritual.

María, Reina de la paz
María guía el corazón y la vida del hombre a seguir la voz de Dios, a escuchar y vivir las enseñanzas de su hijo y a alejar de nuestra vida la presencia del maligno. Cada día ofrezcamos detalles de amor a María Santísima por nuestra conversión, por los enfermos, por quien lo necesita y por nuestra diócesis de San Cristóbal, de la que todos somos parte fundamental con la oración, el servicio y el trabajo. Así sea.

P. José Lucio León Duque

viernes, 29 de junio de 2012

XIII Domingo del Tiempo Ordinario - 1 de julio de 2012


“Tu fe te ha curado”
“Ya que ustedes se distinguen en todo: en fe, en palabra, en sabiduría, en diligencia para todo y en amor hacia nosotros, distínganse también ahora por su generosidad.”

Iº lectura: Sab 1, 13-15; 2, 23-24; Salmo: 29; IIº lectura: II Cor 8, 7. 9. 13-15;
Evangelio: Mc 5, 21-43

Existen en este domingo, algunos aspectos fundamentales que nos ayudarán a entender más cerca, el significado de la fe y lo que su esencia implica en nuestras vidas. El libro de la Sabiduría nos presenta a Dios como fundamento de la vida y centro de la existencia misma del hombre. Dios crea al hombre a su imagen y semejanza para que nosotros vivamos en Él, distinguiéndonos -como se nos indica en la IIº lectura- “en fe, en palabra, en sabiduría, en diligencia para todo y en amor hacia nosotros” y cultivando cada vez la generosidad. Esto nos lleva a promover, alimentar y practicar la fe que nos hace confiar en Jesús y de quien recibimos la curación del alma y del cuerpo.

Distinguirse en generosidad…
La presencia de Jesús en medio de su pueblo, en el corazón del hombre, en la vida de la Iglesia, es garantía de una fe sólida y plena, que nos lleva por verdaderos caminos de salvación. En la liturgia de la palabra, Dios nos muestra algunos aspectos que denotan lo que cada cristiano debe tener en cuenta. En primer lugar, San Pablo nos recuerda que distinguirse en generosidad es un punto fundamental para vivir como verdaderos testigos del Evangelio. En segundo lugar, el Evangelio nos recuerda claramente la necesidad que tenemos todos de creer en Dios y en tercer lugar, los milagros que realiza Jesús, nos enseñan que creyendo en Dios, podremos obtener muchas cosas a través de la fe. Esta virtud sobrenatural, viene de la mano con las otras dos virtudes infusas o teologales: la caridad y la esperanza; todas ellas dones de Dios. La fe caracteriza el perfil de quien vive en comunión con Dios, haciendo que la humildad, la sinceridad, el servicio y otras muchas virtudes le sean propias y dé así testimonio de vida.

En unión con María…
En este itinerario de fe, María Santísima nuestra madre, nos acompaña y nos indica el camino a seguir. Ella, madre del amor y maestra de oración, nos enseña a orar, a escuchar a Jesús y guardar en nuestro corazón sus palabras y enseñanzas para que viviendo, unidos cada vez más a Dios, seamos testigos convencidos y sinceros de su amor y su misericordia. Así sea.

“Cada obra de amor, llevada a cabo con todo el corazón, siempre logrará acercar a la gente a Dios.” Beata Teresa de Calcuta.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

jueves, 21 de junio de 2012


Nacimiento de Juan el Bautista
Juan, el precursor…
“A ti niño te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos.”

Iº lectura: Is 49, 1-6; Salmo: 138; IIº lectura: Hch 13, 22-26; Evangelio: Lc 1, 57-66.80

Confiar en el amor, la bondad y la sabiduría de Dios, es fundamental para poder caminar en su nombre y hacer crecer la esperanza que viene de Él. Juan el Bautista es al único al que se le reconoce el título de Precursor de Cristo, el único al quien se le celebran dos fiestas litúrgicas: la Natividad y el Martirio. San Agustín nos dice: “La Iglesia celebra el nacimiento de Juan como algo sagrado y él es el único de los santos cuyo nacimiento se festeja; celebramos el nacimiento de Juan y el de Cristo. Ello no deja de tener su significado, y, si nuestras explicaciones no alcanzaran a estar a la altura de misterio tan elevado, no hemos de perdonar esfuerzo para profundizarlo, y sacar provecho de él.”

Precursor, testigo, hombre de Dios
La fuerza profética de Juan el Bautista es esta: no se debe jugar con medias tintas ni conformarse con lo mínimo. Estamos llamados a la vivir la verdad, de corazón y en la vida cotidiana. Ser transparentes en nuestra actitud, con aquellos que nos rodean, en nuestro trabajo, en donde nos desenvolvemos. En su proyecto, Dios confió a Juan la misión de ser precursor inmediato del Mesías, encargado de reconocerlo como tal y señalar su presencia en medio del pueblo. “He aquí el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo”. Juan indica quién es Jesús, así como los profetas anuncian el mensaje de Dios preparando el camino al Mesías. Surge la grandeza de Juan, el más grande entre los nacidos de mujer. Él tiene la certeza que la verdad que lo hace anunciar y dar testimonio se identifica con Cristo mismo y es por ello que se nos invita a ser portadores de la palabra de Dios con nuestro ejemplo y con la vida misma, una vida que conlleva a ser transparentes y sinceros en medio de las vicisitudes que se puedan presentar.

Con el ejemplo de María
María Santísima nos anima y nos ayuda a vivir en esperanza; ella es ejemplo de fortaleza y sencillez para afrontar la vida como se debe. Confiemos en que ella siempre nos acompaña y nos muestra la vía que nos lleva a Jesús. Que nadie sienta que en su vida falta el amor de Dios, ya que todos estamos llamados a ser testigos del evangelio viviendo la unión y el amor que todos debemos llevar como única bandera y así obtener la salvación. Esto nos lleva a decir con convicción: unámonos en nombre de Dios para llevar a todos los lugares y a todas las personas el anuncio del mensaje de Jesucristo. Así sea.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

sábado, 9 de junio de 2012

Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo


¡Ser Eucaristía!
“Que esto sea precisamente nuestro deseo y nuestro empeño constante, para que a la oferta del Cuerpo y de la Sangre del Señor que hacemos sobre el altar, se una el sacrificio de nuestra existencia.” (Benedicto XVI)

Iº lectura: Ex 24, 3-8; Salmo: 115; IIº lectura: Heb 9, 11-15; Evangelio: Mc 14, 12-16. 22-26

Celebramos la fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, y su presencia en la vida del hombre. Hoy, vivimos junto a Jesús esa presencia eucarística, siendo ella, certeza para todos nosotros de vida, esperanza y salvación. Debemos, como verdaderos cristianos, recordar siempre a Dios, nunca olvidarnos de los dones y gracias que nos concede, obedeciendo en todo momento (I° lectura), ofreciendo sacrificios y glorificando su nombre (Salmo) y viendo en Jesús el mediador de la nueva alianza (II° lectura).

Jesús está aquí…
En la historia de la salvación, en la cual cada uno de nosotros somos partícipes, encontramos un itinerario de la presencia de Dios en el corazón de sus hijos. Esa presencia eucarística es real, verdadera, cierta, que se hace vida en cada hombre y mujer, en la medida que la reconocemos como "fuente y cima de toda la vida cristiana" (LG 11). La presencia real de Jesús en el Santísimo Sacramento nos hace reflexionar sobre los algunos puntos en especial: en primer lugar, es sacrificio que nos redime, nos salva, nos purifica. En segundo lugar, es misterio por el cual cada cristiano, creyente y amante de la Eucaristía, siente admiración, viviendo en plenitud la sagrada  comunión. En tercer lugar, es sacramento, en el cual nos deleitamos y participamos sin cesar, sabiendo que la presencia de Jesús en el, nos alimenta en el cuerpo y en el alma. San Agustín en el Comentario al Evangelio de San Juan, habla de la Eucaristía como "¡Sacramento de piedad, signo de unidad y vínculo de caridad!". La Misión del cristiano debe llevar como bandera el amor a Jesús Eucaristía y a la Santísima Virgen María: unirnos a Dios para llevar a todos el amor que viene de Él. Ello conlleva a creer y vivir la fraternidad, la unión y el amor, si esto falta, la evangelización decae y no produce fruto. Seamos amantes de la Eucaristía y fieles al mensaje del Evangelio: “El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.”

María, mujer de la Eucaristía
La presencia de María Santísima, nuestra madre, es permanente y sincera. Ella, conservando y guardando todo en su corazón, se convierte en discípula fiel que nos enseña el camino que debemos seguir para unirnos cada vez más como testigos fieles del Evangelio de la verdad y de la Eucaristía. Sigamos a Cristo, estemos junto a él y confiemos plenamente en su presencia en medio de nosotros. Así sea.

“Si conociéramos el valor de La Santa Misa nos moriríamos de alegría”. San Juan María Vianney.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@hotmail.com

jueves, 31 de mayo de 2012

La Santísima Trinidad, 3 de junio de 2012


En el nombre de la Trinidad…
"Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo".

Iº lectura: Deut 4,32-34.39-40; Salmo: 33; IIº lectura: Rom 8,14-17; Evangelio: Mt 28,16-20

El gozo del amor de Dios nos regala una gran fiesta. La Pascua no termina, Emaús continua haciéndose vida cada día; la presencia de Jesús en el cenáculo del corazón del hombre es símbolo constante en la espiritualidad de todos los cristianos. Cada celebración inicia invocando la Trinidad: en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Es así que, nombrando con el corazón y los labios a Dios, somos testigos de su vida en nosotros. En este domingo se nos invita a alabar a Dios y admirarlo en sus obras y acciones; pidiendo constantemente su amor y su misericordia para que, creyendo en Él, seamos partícipes de la salvación.

Misterio de fe, misterio que se vive
Un modo para comprender el misterio de la Trinidad, es el que se nos presenta y cómo la percibimos: el Padre Creador, el Hijo Salvador y el Espíritu Santo santificador. La manifestación de las tres divinas personas se muestra en las obras de Dios en el mundo y en el corazón del hombre. Esto se expresa en la realidad de la creación, en la paternidad divina que es principio y fin de toda realidad del universo. Así mismo, el sacrificio amoroso de Dios, que se cumple al hacerse hombre como nosotros, nos revela y nos deja como herencia, la salvación para todos y el amor que se manifiesta en la acción del Espíritu Santo, fuego en el alma de los bautizados, luz y guía para los fieles, cooperando de esta manera en el plan salvífico que Dios nos propone…Cada vez que hagamos la señal de la cruz, recordemos el gran misterio de Dios presente en nuestra vida, teniendo en cuenta que, en ese momento, podemos y debemos manifestar también exteriormente nuestra fe. Esto ayuda a reforzarla, cultivarla y transmitirla siempre más, en la medida que la comunicamos a nuestros hermanos, de modo particular, a los más pobres y excluidos, quienes requieren una especial atención. La Misión Diocesana se presenta como un escenario propicio para transmitir a todos el mensaje de unidad que, a ejemplo de la Santísima Trinidad, estamos llamados a vivir y experimentar.

La Virgen María y la Trinidad
Cada día que pasa, tiene momentos concretos en los cuales la mirada al cielo debe ir acompañada de una jaculatoria u oración a la Santísima Trinidad. Ella está en nuestras vidas y junto a ella, contamos con la presencia maternal de María Santísima. Nuestra madre del cielo nos guía hacia la convicción de la presencia constante de Dios quien nos hace discípulos de su Hijo y, con la protección del Espíritu Santo, nos da la fuerza para unirnos a la Misión Evangelizadora, a la que todos estamos llamados como mensajeros de la paz, discípulos y misioneros. Así sea.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 25 de mayo de 2012

Solemnidad de Pentecostés


Solemnidad de Pentecostés
¡Dejémonos guiar por el Espíritu!

“Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.”

Iº lectura: Hch 2,1-11; Salmo 104; IIº lectura: Gal 5,16-25; Evangelio: Jn 15,26-27.16,12-15

“Ven, Espíritu Santo, y envía del Cielo un rayo de tu luz”. Una luz que irradia en medio de un mundo ofuscado por el materialismo y la falta de esperanza, pero a la vez, una luz que se expande en cada corazón para que cada uno de nosotros seamos testigos perennes del amor de Dios, manifestados en la resurrección de Jesús y en la presencia continua del Espíritu Santo en nuestras vidas. En este domingo se manifiesta la esperanza, la paz y el amor que necesitamos todos y que crece cada vez más por la adhesión a la Iglesia que cada uno experimenta y profesa.

“Todos quedaron llenos del Espíritu Santo”
La venida del Espíritu Santo, manifestada en nuestras vidas, es la prueba cierta que la promesa de Jesús se cumple y se hace verdad. Así como los discípulos estaban reunidos en un mismo lugar el día de Pentecostés, se nos pide hoy, unirnos como hijos de Dios, hermanos de Jesús y testigos del Espíritu, para manifestar a todos la alegría que ello nos proporciona. El Espíritu que da vida a nuestras almas, es la fuerza que nos ayuda a caminar en medio de las dificultades, es la constancia que nos impulsa a ser verdaderos discípulos, es la paz que nuestros corazones necesita. Pentecostés da inicio a un camino de fe y esperanza; es el comienzo de la actividad apostólica de la Iglesia, es el itinerario donde podemos llevar el mensaje de salvación a todos. El Espíritu Santo, fuego y brisa, amor y esperanza, luz y guía, nos da la posibilidad de ser amantes de la oración, fieles discípulos de la Evangelización y sembradores de la paz. Pidamos de corazón al Espíritu Santo que entre en nuestras vidas. Pidamos por aquellos que en su corazón sienten el vacío del amor y la misericordia; de aquellos que por la injusticia deben callar y ser testigos silentes de una pobreza sin retorno; de aquellos que claman al cielo y a los hombres, la misericordia que es menester para fortalecer su propia vida; de aquellos cuyas vidas se encuentran al borde del abismo deseando no caer…ven Espíritu Santo, ayúdanos a ser portadores de la certeza que sólo el Evangelio da a quienes firmemente creemos en él. Cada uno de nosotros está llamado a proclamar cada día, la petición que nos lleve a sentir la presencia del Espíritu: “ven, Espíritu Santo... ven, Padre de los pobres; ven, dador de los dones; ven, luz de los corazones. En el esfuerzo, descanso; refugio en las horas de fuego; consuelo en el llanto”

María Santísima, nos guía en todo momento
En el camino de la luz, de la paz y la esperanza nos acompaña de la mano María nuestra madre. Ella nos motiva y nos guía por el camino justo y hace de todos y cada uno de nosotros, verdaderos testigos de la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia, en cada uno de nosotros. María está ahí, junto a nosotros, junto a sus hijos. Ello es garantía del amor y la inhabitación de Dios en nuestras vidas. “Todos ellos perseveraban en la oración con un mismo espíritu... en compañía de María, la Madre de Jesús... Acudían diariamente al Templo con mucho entusiasmo” (Hech. 1, 12-14 y 2, 46). Así sea.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...