José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
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viernes, 22 de enero de 2016

III° Domingo del Tiempo Ordinario, 24 de enero de 2016

“HOY” SE CUMPLE LA ESCRITURA
“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista…”

I° lectura: Neh 8, 2-4a.5-6.8-10; Salmo: 18; II° lectura: 1Cor 12, 12-30; Evangelio: Lc 1, 1-4; 14-21

Con el texto del Evangelio de este domingo se inicia la actividad pública de Jesús. San Lucas coloca el inicio de Jesús en Nazaret, entre sus paisanos, donde había crecido. El Mesías proclama oficialmente el inicio del Reino.  

Si observamos con atención lo que Isaías anuncia y lo que Jesús proclama, nos damos cuenta que, aún no sabiendo la fecha en la cual podemos enmarcar este momento, podemos constatar que aquel “hoy” es también nuestro “hoy”. Ello sobrepasa todo el tiempo, es el tiempo de la Iglesia, es el tiempo, nuestro tiempo, donde se cumple la palabra de Dios.

“BUENA NOTICIA A LOS POBRES”…

El anuncio es concreto y preciso, es inmediato, casi que nos motiva a cultivar siempre más lo que es necesario para nuestra conversión cotidiana. El discurso de Jesús, en este caso, no es imparcial: se coloca de parte de los últimos, nunca de los que oprimen. Es la fuente de libertad, de vida, de verdad. Jesús ha venido para atraer a Dios a quienes estén lejos, a los hombres y mujeres sin esperanza para abrir las puertas de la libertad y de la paz. 

La mirada de Jesús se dirige hacia la persona, no hacia el pecado; su palabra es creación, conversión y unidad, haciendo vida la liberación de la que todos formamos parte. La buena noticia es que Dios coloca al hombre al centro, contra todo tipo de opresión interna y esto hace que el hecho de ser “un solo cuerpo” nos lleve a comprender la necesidad de vivir en unidad y en sinceridad. 

En la sinagoga de Nazaret la humanidad que se sublima, retoma su camino hacia el centro de la vida en Cristo, cuyo nombre es gozo, libertad y plenitud. Jesús se presenta como quien, a través de Dios, se solidariza con el pobre, y ya que en muchos momentos se rechaza esta solidaridad, la elección de Jesús es decidida y firme. Ojalá recordemos hoy y siempre la enseñanza del maestro y coloquemos por obra lo que Él nos transmite a través de su palabra.

MARÍA, EJEMPLO DE SERVICIO Y UNIDAD…

En el magníficat, nuestra Madre del cielo nos recuerda: “Él hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón. Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos despide vacíos.” 

Ella nos da ejemplo de unidad, disponibilidad y paz. Sigamos sus pasos y dejémonos guiar de su amor para llegar a Jesús dispuestos a ser sus discípulos, uniéndonos a la misión de llevar el evangelio a todos y cada uno de nuestros hermanos sin exclusión. Así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com



viernes, 15 de enero de 2016

II° Domingo del Tiempo Ordinario, 17 de enero de 2016

“HAGAN LO QUE ÉL LES DIGA”
“Hay diferentes dones, pero el Espíritu es el mismo. Hay diferentes servicios, pero el Señor es el mismo. Hay diferentes actividades, pero Dios, que hace en todo en todos, es el mismo. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común”. I Cor 12, 4

Iº lectura: Is 62, 1-5; Salmo: 95; IIº lectura: I Cor 12, 4-11; Evangelio: Jn 2, 1-11

La liturgia de la palabra de hoy, nos enseña el camino que debemos seguir. Hacer lo que nos dice Jesús es transmitir el mensaje de Dios. Arrepentirnos y convertirnos, son signos de que “en cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común” y por tanto, es nuestro deber seguir caminando en nombre de Dios, aquí y ahora, en cada instante y en cada lugar.

SOMOS UNO EN EL ESPÍRITU DE DIOS…

Jesús en el Evangelio nos ayuda a crear una frase que podemos utilizar sin mayores problemas: nos falta algo. Jesús, María y sus discípulos participan de una Boda y faltó el vino, algo material que era necesario para la fiesta. La Virgen se da cuenta y lo dice a Jesús. Él no se molesta por recibir la petición de María pues ve que ella confía en Él. Podemos decir que siempre que nos falta algo ahí está Jesús y a Él llegamos a través de María.

Cuando nos falta la capacidad de ser personas de misericordia y de paz, ahí está Jesús. Cuando buscamos la manera de dañar a los demás a causa del pecado, Jesús está allí para sanar las heridas y así dar el gusto que se necesita para vivir mejor. Cuando falta algo en la sociedad, en la Iglesia, en nuestra vida, ahí está Jesús pues en Él encontramos lo que nos falta, el gusto de la vida, el camino que debemos recorrer para llenar el vacío de tantas cosas de las que carecemos. Jesús convierte el agua en vino en unas tinajas que estaban vacías y de las cuales saca lo mejor. Somos esas tinajas vacías, que muchas veces nos quedamos sin participar en lo que Dios nos llama a vivir: amarnos los unos a los otros reconociendo los dones y carismas que tiene el prójimo y nosotros mismos.

El mensaje de Cristo implica, ante todo, una respuesta, ya que se nos invita a convertirnos, desear mejorar en todo y ser verdaderos seguidores del maestro del amor. En segundo lugar, la conversión que nos hace cambiar de vida, nos lleva a creer más en el Evangelio y a entender, en tercer lugar que somos los responsables de transmitir esa palabra. Es una buena noticia que tenemos en nuestras manos para extenderla con convicción, con fe y esperanza.

La vida cristiana está radicada en el amor a Dios y la fe que tenemos en Él. La situación actual que vivimos en Venezuela y en el mundo, nos ofrece la oportunidad de ser discípulos del Maestro del amor y de la reconciliación y, por ende, predicar en voz alta lo que desea el Señor de todos nosotros. ¿Será posible seguir los pasos de Cristo en medio de la necedad y la indiferencia que tantas veces se presenta? La conversión del agua en vino, es signo de nuestra conversión, para no perder nunca de vista el significado del mejor vino en nuestra vida.
  
Ser testigos de los dones del Espíritu, de los carismas que cada uno tiene y de la importancia del buen vino en medio de las dificultades. Es posible seguir a Jesucristo, haciendo lo que Él nos dice, siguiendo sus enseñanzas y sobre todo, confiando en la intercesión de María Santísima nuestra madre, quien está siempre atenta a las necesidades que todos tenemos…

MARÍA NOS LLAMA A SEGUIR A SU HIJO…

Acerquémonos a Jesús a través de María nuestra madre del cielo. Ella nos guía por sendas de paz y de bondad y nos llama a seguir a su hijo: “hagan lo que Él les diga”. Dispongámonos a seguir a Jesús, seamos sinceros con Dios y con nosotros mismos, dejemos el miedo y esforcémonos cada día por seguir el camino que nos lleva a la paz. Aunque muchos digan luchar por la paz y busquen otros fines, continuemos con nuestro ideal: en el nombre de Dios, como sus discípulos y sus testigos, nos unimos a Él, en espíritu y verdad, con adhesión total y sin exclusión alguna… 
José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

sábado, 9 de enero de 2016

El Bautismo del Señor, 10 de enero de 2016

DIOS SE COMPLACE EN SUS HIJOS
“Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y práctica la justicia, sea de la nación que sea.”

Iº lectura: Is 42, 1-4.6-7; Salmo: 28; IIº lectura: Hch 10, 34-38; Evangelio: Lc 3, 15-16.21-22

La Navidad ha sido el centro de las celebraciones en este último período. Hoy se arriba a esta fiesta -el Bautismo del Señor- con la esperanza de conjugar no solo ideas sino aspectos concretos que traen consigo la salvación en el nacimiento de Jesús. Así como en la liturgia de los días anteriores se nos ha presentado la luz que guía nuestra vida hacia Jesús, igualmente hoy los signos del agua y del espíritu son de vital importancia en la misión del Hijo de Dios. El canto del siervo de Yahvé nos muestra que Dios se complace en quien llama pues confía plenamente en él (primera lectura). Esto es garantía del anuncio de la Buena Nueva que así como se hizo en Belén, se hace sin distinción a todos y cada uno de nosotros, aceptándonos en el amor que viene solo de Dios (segunda lectura).

LLAMADOS A COMPARTIR LA MISIÓN

En el episodio del Bautismo de Jesús encontramos la llamada a ser discípulos misioneros y testigos del Evangelio ya que Dios mismo nos muestra la complacencia hacia Jesús. El agua que purifica, el espíritu que guía y la voz de Dios presente a cada momento en la vida del hombre, son signos de la misión que debemos cumplir: anunciar la Palabra de Dios, sin temor y convencidos que Él se complace en la extensión de su reino y en la propagación del mensaje de salvación.

El Bautismo de Jesús nos muestra la siempre novedosa acción de Dios en el corazón del hombre, es la acción de quien ama y de quien encuentra en su hijo el gozo y la alegría de poder mostrar al mundo su complacencia. Este día es un momento para reflexionar sobre puntos esenciales de la propia vida: nuestra relación con Jesús, la cercanía con Dios, la alegría que nos produce sabernos sus hijos. Es un día para hacer presente nuestro bautismo y de este modo el amor de Dios en nosotros. Compartamos esta misión y seamos portavoces del amor de Padre que se complace viendo a su hijo invitándonos a escucharlo y seguirlo. No perdamos esta oportunidad.

MARÍA, FIEL DISCÍPULA DE DIOS

Ella es fiel discípula de quien nos ama y es testigo de esa complacencia en la que se nos muestra el camino para llegar a Dios. Sigamos su ejemplo y seamos misioneros propagadores del mensaje de vida que, en espíritu y verdad, todos estamos convocados a extender a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a fin de llegar a la justicia y a la paz que todos y cada uno de nosotros necesitamos y anhelamos. Así sea.

“Nosotros, con el Bautismo, somos sumergidos en aquella fuente inagotable de vida que es la muerte de Jesús, el más grande acto de amor de toda la historia; y gracias a este amor, podemos vivir una vida nueva, no más a la merced del mal, del pecado y de la muerte, sino en la comunión con Dios y con los hermanos”. S. S. Francisco, 8 de enero de 2014, catequesis sobre los Sacramentos.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com 

viernes, 1 de enero de 2016

Epifanía del Señor, 3 de enero de 2016

¿DÓNDE ESTÁ JESÚS?
“¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti; y caminarán los pueblos a tu luz…”

La liturgia de la palabra de este día, nos encamina en el misterio del Mesías, el hijo de Dios en toda su grandeza y particularmente centrado en el anuncio de la muerte y la resurrección. El episodio de los magos, en contraposición de la actitud de Herodes, se centra en la pregunta: “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?”.

Ambas partes se proponen encontrar al Hijo de Dios, pero con intenciones opuestas. Los magos porque desean ofrecer sus dones a la realeza divina, los otros porque temen ser usurpados en el poder. Los magos son modelo de obediencia perfecta a Dios quien les guía con su luz.

Él les ha hablado al corazón a través de la luz de una estrella que les ha acompañado a lo largo de su viaje. Al acercarse y encontrarlo sienten una gran alegría, así la como encontraremos tiempo después en los apóstoles por la resurrección de Jesús. Es el gozo que premia la fe y la obediencia de los magos y de tantos que, como ellos, confían en la luz que proporciona el amor y la paz que viene de Dios.

También hoy se tiene miedo de Jesús, de su realeza, de su presencia en medio del mundo ya que es símbolo de seguridad y confianza, fortaleza en las dificultades, vida en medio del desierto que se presenta cada vez que olvidamos a aquellos que necesitan nuestro apoyo y ayuda. Buscar a Jesús, es tomar el camino justo, la luz que guía nuestras vidas, el compromiso que debemos asumir como sinceros seguidores de esa luz que Dios nos coloca, para encontrar con determinación a Jesús en cada uno de nosotros.

El episodio de los magos se concluye con una anotación práctica: ellos son advertidos que no regresen donde Herodes sino que regresen por otra parte. Dios cuida al niño Jesús, a los magos, a todos y nos da los medios para enfrentar las vicisitudes que se nos presenten con el fin de salir victoriosos y seguir caminando por itinerarios que nos lleven a la conversión y a la misericordia, a un cambio profundo que solo quien encuentra a Cristo puede experimentar.

CON MARÍA SANTÍSIMA, MADRE DE DIOS, CAMINAMOS EN LA ESPERANZA…

María Santísima, madre de Dios y madre nuestra nos acompaña en este itinerario de esperanza. En este nuevo año que comienza, junto a los proyectos que la Iglesia diocesana nos presenta y en los cuales debemos participar plenamente, sin dudas y con confianza total en aquel que nos da su fuerza y su amor, debemos tener en cuenta la oración que cada día debemos elevar a Dios por la Iglesia, el Santo Padre, los obispos, nuestro obispo, los sacerdotes, religiosos y religiosas y todo el pueblo santo de Dios. Que Él nos bendiga a todos, a cada una de las familias y a cada corazón, que este año sea de esperanza plena en Dios que nos guía y en María que nos cubre con su manto de amor maternal. Así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


sábado, 26 de diciembre de 2015

La Sagrada Familia, Domingo 27 de diciembre de 2015

¡GRACIAS A DIOS POR LA FAMILIA!

“Como pueblo elegido de Dios, pueblo sacro y amado, sea su uniforme la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión. Sobrellévense mutuamente y perdónense, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor les ha perdonado: hagan ustedes lo mismo.” (Col 3, 12)

I° lectura: Eclo 3, 2-6. 12-14; Salmo: 127; II° lectura: Col 3,12-21; Evangelio: Lc 2, 41-52

Este domingo es la continuación del itinerario que todo cristiano debe cultivar y construir: la vida en familia como don de Dios pidiendo para ella y para el mundo la luz de Dios y la paz. Las lecturas de este día nos preparan para comprender no sólo lo que es una familia, sino lo que en la vida cotidiana debemos hacer: honrar los padres, sobrellevarse mutuamente, perdonarse, ser luz y fomentar la unidad…

UN MENSAJE DE PAZ PARA LA FAMILIA Y EL MUNDO

La vida de todos y cada uno de nosotros debe ser testimonio de paz, de unidad, de armonía. Ello se logra si vivimos en el respeto, con educación, ayudando a quien lo necesita y fortaleciendo nuestra fe. En medio del desinterés de muchos, tenemos el amor de Jesús que nos hace parte de su familia con un amor total, aún en medio de las dificultades que se puedan presentar.

La paz es el signo que acompaña la existencia de tantas almas necesitadas de Dios; tantos hombres y mujeres sedientos de su amor, deseosos de tranquilidad y de armonía; tantos niños que más que un juguete necesitan cariño y ternura; tantos jóvenes que más allá de vicios cargados de curiosidad, necesitan una mano amiga, que les acompañe a ser auténticos portadores de esperanza.

La paz es signo de amor en la familia de la humanidad cuando cada hombre y cada mujer asumen sus propios retos y sus propias responsabilidades; cuando quienes gobiernan los pueblos del mundo se adhieren a vivir en unidad y trabajar por ella; cuando quienes la predicamos, trabajamos y luchamos por ella, teniéndola en alto como el gran valioso tesoro que es.

En este día se nos invita a valorar lo que tenemos: nuestros padres, hermanos, amigos. Se nos pide ser testigos en espíritu y verdad del amor de Dios, reflejado concretamente en el rostro de tantos hermanos y hermanas nuestros, que mirando al cielo claman a Dios para así poder mirar a la tierra y encontrar quien les ayude. No dejemos que este fin de año sea uno más de tantos en los cuales el protagonismo lo tienen las cosas materiales, seamos portavoces del protagonismo que Jesús niño posee, no por deseos de poder sino con el poder de amar y compartir con los corazones y las alamas sedientas de paz y hermandad.

CON LA SAGRADA FAMILIA…

No dejemos apagar la llama que la Navidad encendió en nuestros corazones; seamos esa luz que camina hacia los sitios más recónditos dónde necesiten de ella. Llevémosla junto a Jesús, José y María, a todas las familias, a todos los hogares, a nuestro hogar, y si a alguno de ellos no podemos llegar, dejemos que se extienda gracias a los sentimientos de unidad, de fe y de hermandad que existen en nuestras comunidades, cultivando aún más el deseo de evangelizar en espíritu y verdad sin excluir a nadie, siendo testigos de la verdad y la justicia.

Jesús, María y José  en ustedes contemplamos el esplendor del verdadero amor, a ustedes, confiados, nos dirigimos. Santa Familia de Nazaret, haz también de nuestras familias lugar de comunión y cenáculo de oración, auténticas escuelas del Evangelio y pequeñas Iglesias domésticas. Santa Familia de Nazaret, que nunca más haya en las familias episodios de violencia, de cerrazón y división; que quien haya sido herido o escandalizado sea pronto consolado y curado. (S. S. Francisco, 25 de marzo de 2015)

Para todos nuestros lectores el más sincero deseo de paz. Que de ella se desprendan los más hermosos sentimientos para todos sin distinción de raza o credo o condición social. Luchemos para que nadie impida la entrada de la acción misericordiosa y plena del amor de Dios en nuestros corazones. Dios les bendiga. Así sea.

José Lucio León Duque
josélucio70@gmail.com


miércoles, 23 de diciembre de 2015

Natividad del Señor, 24 de diciembre de 2015

Pesebre de la Parroquia Nuestra
Señora de Coromoto - San Cristóbal - Venezuela
VIVIR LA NAVIDAD

Los días pasan, las tradiciones se arraigan aún más en medio del pueblo que clama siempre con más ahínco, el deseo de vivir de verdad y de corazón el nacimiento de Jesús. Este año se presenta con el deseo de ser vivido a plenitud y de encontrar con convicción la manera de mostrar -y no de aparentar- lo que es la presencia de Dios que se hace hombre en nuestros corazones.

La actitud del hombre, en muchos casos, se presenta con rasgos de indiferencia y de superficialidad que se promueven como estilos de vida que -sin darnos cuenta en ciertas ocasiones- van lacerando la sociedad misma, convirtiéndola poco a poco en modos de vida lejanos de lo que es el fin último del hombre: la felicidad.

Vivir la Navidad con convicción es el eco del llamado de Juan el Bautista: “preparen el camino del Señor” (Mc 1, 1-3). Es encontrarse con un camino que se perfila como un reto ante las situaciones difíciles que nos encontramos día a día.

Vivir la Navidad es “hacerse uno” con aquellos que claman justicia, con los pobres y excluidos de la sociedad, con quienes lloran cada día su propia desgracia y no poseen los medios necesarios para salir de la situación en que se hallan.

Vivir la Navidad es compartir sin reserva no solo lo material, sino las virtudes y los valores que son parte fundamental en el mensaje de Jesucristo, que viene a salvarnos y a hacer de nosotros hombres y mujeres nuevos.

Vivir la Navidad es comprender la necesidad de ver más allá de lo que normalmente vemos. Darnos cuenta, con sinceridad y objetividad, que no estamos solos en el mundo, sino que son millones los seres humanos que esperan una luz en su camino como signo de una vida mejor.

Vivir la Navidad es mirar alrededor y ver que la indiferencia y la falta de tolerancia, se hacen eco de pensamientos inertes que buscan menospreciar y degradar lo bueno que pueda existir.

Vivir la Navidad es centrarnos en el misterio de Dios hecho hombre, en quien creemos, “vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17,28).

Vivir la Navidad es dar sentido a cada gesto, cada don, cada detalle que se ofrece no por ser una fiesta más ni un periodo de vacaciones, sino la presencia viva de Dios hecho hombre que se manifiesta en la caridad con hechos concretos.

Vivir la Navidad es orar por quienes no creen en Dios, por quienes usan su forma de pensar para dañar a los demás, olvidando que Dios es padre de todos y para todos y que no excluye a nadie de su corazón.

Vivir la Navidad es saber reconocer los propios errores y pedir perdón. Tendremos la oportunidad de reconocernos débiles y pecadores sabiendo que la misericordia se vive desde lo profundo del corazón haciendo gestos de caridad con sinceridad y no para salir del paso.

Vivir la Navidad es meditar y discernir sobre la situación que vive el mundo de hoy, donde el relativismo ético se presenta como un tema al cual se debe dar una respuesta con el testimonio y el ejemplo de vida cristiana.

Vivir la Navidad es dar lo que tenemos, no lo que nos sobra, recordando que Cristo viene “para servir y no para ser servido” (Mc 10, 45). Este es un detalle que debemos practicar siempre, no solo en Navidad.

El Papa Francisco nos aconseja detenernos en “tres lugares del asombro en la vida cotidiana para vivir la Navidad”: Señala que “el primer lugar es el otro, reconocer en el otro a un hermano, “porque desde que se produjo el Nacimiento de Jesús, cada rostro lleva impresas las semblanzas del Hijo de Dios. Sobre todo cuando es el rostro del pobre, porque como pobre, Dios entró en el mundo y dejó, ante todo, que los pobres se acercaran a Él.”

“Otro lugar…es la historia. Tantas veces creemos que la vemos por el lado justo, y en cambio corremos el riesgo de leerla al revés. Sucede, por ejemplo, cuando ella nos parece determinada por la economía de mercado, regulada por la finanza y las especulaciones, dominada por los poderosos de turno.”

“Un tercer lugar del estupor es la Iglesia: mirarla con el estupor de la fe significa no limitarse a considerarla sólo como una institución religiosa, que es, sino sentirla como una Madre que, aun entre manchas  y arrugas - ¡y tenemos tantas! - deja translucir los lineamientos de la Esposa amada y purificada por Cristo Señor.”

Pidamos a la Virgen que “nos ayude a percibir el estupor, estos tres estupores: el otro, la historia y la Iglesia; así para el nacimiento de Jesús, el don de los dones, el regalo inmerecido que nos trae la salvación, nos hará sentir también a nosotros este gran estupor en el encuentro con Jesús. Pero no podemos tener este estupor, no podemos encontrar a Jesús, si no lo encontramos en los demás, en la historia y en la Iglesia.” S.S. Francisco, 20 de diciembre de 2015.

Feliz Navidad para todos, que el niño Dios nazca en cada uno de nosotros y que la sinceridad, la justicia y el respeto sean signo del testimonio que debemos ofrecer hoy y siempre. Dios les bendiga. Así sea.
José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com


viernes, 18 de diciembre de 2015

IV° Domingo de Adviento, 20 de diciembre de 2015

“BENDITA TÚ ENTRE LAS MUJERES”
“¡Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.”

Iº lectura: Miq 5,1-4a; Salmo: 79; IIº lectura: Heb 10, 5-10; Evangelio: Lc 1, 39- 45

El camino que nos lleva a la Navidad es un itinerario de paz, alegría y esperanza. La alegría y la paz son temas propicios que encaminan al hombre de hoy a vivir con sencillez y este aspecto es primordial en la liturgia de este día. En ella, Dios muestra el deseo de vivir en el corazón del hombre y ser parte del amor que se debe practicar en el prójimo y en cada uno de nosotros.

TIEMPO DE PAZ Y JUSTICIA…

Dios nos pide caminar en su presencia, ser verdaderos discípulos, testigos y misioneros de su palabra. El desea habitar en el corazón del hombre y que todos seamos constructores del templo de nuestras vidas, en nuestras familias, en nuestra sociedad. Ser constructores significa caminar por sendas de paz y justicia, que permitan descubrir cada día más el insondable amor de Dios que nos da la fuerza en la preparación del corazón de hombre para su llegada. Es por ello que proclamamos el Evangelio de la verdad, el Evangelio de la vida, el mensaje de Jesús, hijo de Dios hecho hombre, presente por siempre en nuestra vida.

Se nos invita a prepararnos bien en el Adviento para que la Navidad sea un momento propicio de crecimiento espiritual, en el cual sintamos la necesidad y la convicción de ser testigos, con las obras, de la palabra de Jesús. Se nos invita, en primer lugar, a ser templos del Espíritu Santo; en segundo lugar, vivir según la voluntad de Dios en medio de la vida cotidiana y en tercer lugar, reconocer en el amor de Dios y su infinita misericordia, el modo de cumplir su voluntad para creer, vivir y anunciar el Evangelio.

Seremos discípulos de Jesús si creemos cada vez en su presencia en medio de todos, sin exclusión, sabiendo que todos somos parte de Él y de la Iglesia. En este tiempo de Adviento y en el de Navidad que se avecina, estamos llamados a unirnos con convicción al plan salvífico de Dios para con su pueblo: un plan de amor, paz y justicia.

MARÍA, EJEMPLO DE SENCILLEZ Y HUMILDAD

“Elegida para ser la Madre del Hijo de Dios, María estuvo preparada desde siempre para ser Arca de la Alianza entre Dios y los hombres. Custodió en su corazón la divina misericordia en perfecta sintonía con su Hijo Jesús. Su canto de alabanza, en el umbral de la casa de Isabel, estuvo dedicado a la misericordia que se extiende «de generación en generación» (Lc 1,50). También nosotros estábamos presentes en aquellas palabras proféticas de la Virgen María. Esto nos servirá de consolación y de apoyo mientras atravesaremos la Puerta Santa para experimentar los frutos de la misericordia divina.” S.S. Francisco, misericordiae vultus, 24.

Dios nos anuncia el mensaje de paz presente en su Hijo a través del poder del Altísimo y en el “fiat” -hágase- de María Santísima. Ella nos da el ejemplo para cumplir con humildad y sencillez la voluntad de Dios, que no es otra cosa sino vivir de corazón su amor hacia Él, el prójimo y nosotros mismos. María Santísima nos guía a Jesús; nos da la posibilidad de decir junto a Santa Isabel: ¡Bendita tú María, madre nuestra, que estas siempre con nosotros! Así sea.
José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com




sábado, 12 de diciembre de 2015

III° Domingo de Adviento, 13 de diciembre de 2015

“¡ALÉGRENSE SIEMPRE!”
“No se inquieten por nada; más bien presenten en toda ocasión sus peticiones a Dios en la oración y la súplica, llenos de gratitud…” (Fil 4, 6)

Iº lectura: So 3,14-18; Salmo: (Is12); IIº lectura: Fil 4, 4-7; Evangelio: Lc 3,10-18

 “No se inquieten por nada; más bien presenten en toda ocasión sus peticiones a Dios en la oración y la súplica, llenos de gratitud…”

Alegría, regocijo y gran expectativa nos produce la venida del Señor. El tercer domingo de Adviento, nos muestra de manera especial la espera del nacimiento de Jesús. El profeta Sofonías deja ver la imagen victoriosa del Señor que reina y da confianza a sus hijos (Iº lectura); se subraya la alegría y la tranquilidad que debe existir entre todos, ya que el Señor está cerca (IIº lectura) y, con el Evangelio, se ratifica el inmenso amor de Jesús para los suyos, resaltando la grandeza de Juan el Bautista, el precursor, indicándonos así lo que cada uno de nosotros debemos poner en práctica.

El itinerario del Adviento nos presenta a Juan el Bautista como ejemplo de lo que la liturgia de hoy nos ofrece: regocijo, alegría, fortaleza, fidelidad, justicia, paciencia… Juan es quien anuncia y denuncia, es quien sin miedo habla de Dios como guía de nuestra vida; es aquel que prepara no solo a los de su tiempo, sino también a nosotros en la vida cotidiana para perfeccionar nuestra adhesión a Dios y al mensaje del Evangelio. 

La actitud de Juan y la liturgia de hoy es lo que permite al fiel cristiano ser testigo de la presencia de Jesús; es lo que hace ver las cosas desde otros puntos de vista, es decir, nos muestra la verdadera vía para encontrar la felicidad. Juan predica la justicia y la verdad y es allí donde crece y se fortalece la esperanza, es en Dios donde encontramos la justicia y la honestidad, la laboriosidad y la entrega sincera al Evangelio de la verdad. 

¡Cuántas dificultades encontramos en nuestra vida! ¡Cuántos momentos de tristeza, de dolor, de angustia! ¡Cuánta impotencia ante la injusticia que reina en ciertas situaciones que parecen no tener vía de salida! Ante todo esto se asoma una luz que nos ilumina desde lo más profundo de nuestro ser: la llegada de Jesús. 

Ante la duda de muchos y el asombro de otros, ¡Él es quien debe venir!, Él es quien nos salva, quien nos ilumina, quien nos da la fuerza para cultivar aún más el regocijo de su venida, la alegría de su presencia y la fidelidad a su mensaje. La presencia de Jesús, reflejada en el pesebre, en cantos y en celebraciones, se hace vida, se hace realidad perenne si nuestro corazón se dispone a abrir sus puertas y aceptarlo sin condiciones, haciéndonos eco de su mensaje en medio del pueblo de Dios, de los pobres y excluidos, de aquellos que en medio de las dificultades, tiene la necesidad de encontrarse con Dios en este camino hacia la Navidad.

Juan el Bautista nos da muchas enseñanzas y entre ellas nos recuerda que debemos tener valentía para ayudar a preparar la vía del Señor y sencillez para que quien escucha pueda entender que Dios es vida, alegría y armonía. Quien está lejos de la palabra del Señor, quien no vive en Dios sino que usa y abusa de la vida misma en desprestigio del hombre, se acerca más a la experiencia del mal y por ende, al pecado. Juan Bautista, el mayor entre los nacidos de mujer, es quien nos motiva y nos da ánimo para ser testigos en espíritu y verdad, con la palabra y el ejemplo, de lo que nos anuncia el Evangelio.

María Santísima, la Madre de la espera, nos enseña el camino que debemos seguir realmente: alegrarnos en el Señor para vivir, desde el silencio de nuestro corazón, la llamada a ser verdaderos testigos del amor de Dios en medio de nuestros hermanos.

El papa Francisco nos recuerda que “El Jubileo será un “tiempo favorable” para la Iglesia si aprendemos a elegir “aquello que a Dios le gusta más”, sin ceder a la tentación de pensar que haya algo más importante o prioritario. Nada es más importante que elegir “aquello que a Dios le gusta más”, ¡su misericordia, su amor, su ternura, su abrazo, sus caricias!” Dios les bendiga, así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...