José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
En Sintonía con Jesús Radio

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miércoles, 20 de abril de 2011





“En conmemoración mía”

“Les he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con ustedes, ustedes también lo hagan.»

I° lectura: Ex 12,1-8.11-14, Salmo: 115, II° lectura: 1 Co 11,23-26, Evangelio: Jn 13,1-1

El jueves santo es un día especial, porque junto a la institución de la Eucaristía y el Sacerdocio, se presenta el hecho mismo que nos lleva a todos a agradecer a Dios ser testigos del evangelio y propagadores, en espíritu y verdad, de la unión a Dios y la paz para todos.

“¿Comprenden lo que he hecho con ustedes?”

No es de extrañar la actitud de Jesús con los discípulos. Es un gesto que muestra la entrega y el amor por cada uno de sus hermanos, de sus amigos; es lo que ha hecho en su vida pública y privada. Los discípulos no son siervos, son amigos del maestro y Él, fiel a su misión, da ejemplo sublime de fidelidad y amistad para con los suyos. El jueves santo nos enseña que estamos llamados a seguir el ejemplo de Jesús, maestro del amor, quien nos demuestra con el lavatorio del los pies y la institución de la Eucaristía y del Sacerdocio, el camino que cada cristiano tiene preparado para su vida. Fijémonos en el detalle extraordinario del milagro eucarístico con especies tan sencillas y pequeñas respecto a la grandeza de Dios. El pan ázimo y el vino se presentan como elementos fundamentales en una cena entre amigos, un encuentro que recuerda la pascua y con el cual se conmemorará la presencia real de Jesús en medio de su pueblo. Cada vez que celebramos la eucaristía, vivimos cada momento de ese encuentro de Jesús con sus discípulos en aquella noche de la última cena. Hoy también estamos invitados a compartir el pan y el vino de la caridad con los demás, es decir, cada acto de amor que tengamos hacia los demás, se convierte en caridad y en misericordia. Miremos a nuestro alrededor y seamos prójimo con el prójimo, seamos conscientes de las necesidades que nos rodean y de las situaciones que se presentan cada día y a cada instante. Compartamos, no solo en este día sino siempre, la cena que nos invita a comprender que Jesús lo que hace, lo hace por amor total, entrega plena y conciencia de su misión con nosotros y junto a nosotros.

María, guía del amor

En estos días la presencia de María es fundamental, ya que nos lleva a Jesús y nos acompaña en su pasión, muerte y resurrección. Ella nos lleva de la mano y nos enseña cómo se vive el dolor que lleva al gozo; nos acompaña para no sentirnos solos y poder experimentar que el gesto de amor del maestro es el camino que debemos seguir. Así sea.

P. José Lucio León Duque

joselucio70@hotmail.com

viernes, 15 de abril de 2011

Domingo de Ramos


Jesús: ¡entra en nuestro corazón!

“El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras y yo no he opuesto resistencia ni me he echado para atrás”.

I° lectura: Is 50, 4-7; Salmo 21; II° lectura: Fil 2, 6-11;

Evangelio: Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo

El itinerario cuaresmal nos conduce a la salvación que, a través de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, se revela parte fundamental de nuestra vida cristiana. Los cristianos, de todo tiempo, de toda la historia, somos llamados a mirar este itinerario con esperanza. Esa esperanza nos enseña que Jesús, entrando en Jerusalén, entra igualmente en nuestra vida y en nuestro corazón.

El itinerario cuaresmal: un camino de vida

Durante esta cuaresma, se nos ha mostrado la misericordia de Dios en varias perspectivas y su luz ilumina nuestra vida dejando fe que su amor es más grande de lo que podamos pensar o sentir. Jesús quiere entrar en nuestro corazón y se hace realidad al realizar una gran procesión: no sólo la del domingo de ramos o la del itinerario cuaresmal; una procesión que se presenta como la prolongación de la vida en Cristo, de su amor al pueblo que clama justicia y que, a su vez, desea no perder la esperanza. Escuchemos a Cristo, no podemos echarnos para atrás. Es fundamental ver este camino de vida como un despertar ante la pasividad y la falta de amor que se presenta en el mundo. Cuando Jesús entra en Jerusalén, entra en cada una de nuestras vidas, entra en la vida de la Iglesia y ello nos lleva a ayudar a los demás a entrar en la justicia, en el diálogo, en la paz, en la unidad. Jerusalén se viste de gala, se llena de gozo, es privilegiada ante la presencia del maestro. Hoy Jerusalén representa todo el mundo, todos aquellos lugares donde, viviendo de nuevo ese momento triunfal, colocan alfombras de vida y gritan de júbilo y alegría ante la presencia de Jesús. El hombre de hoy es iluminado por el paso del maestro; las palmas y los ramos se mueven y se agitan gracias a la oración y la misericordia que vienen de Dios; los cantos de alabanza son la voz de tantos hombres y mujeres que claman la tranquilidad en un mundo lleno de materialismo y superficialidad y que no pierde la esperanza de una renovación plena.

María nos acompaña

En la gran procesión de la vida, del itinerario cristiano de todos y cada uno de nosotros, está la presencia maternal de María. Ella nos acompaña y nos guía a la participación de la pasión, muerte y resurrección de su hijo, quien con su amor infinito da su vida por cada hombre y cada mujer. Como discípulos y misioneros, unámonos más a Cristo y participemos en las ceremonias de Semana Santa de nuestras comunidades llevando el mensaje del evangelio, mensaje de paz, de esperanza, de justicia. Así sea.

P. José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

viernes, 8 de abril de 2011

Vº Domingo de Cuaresma

“¿Crees tú esto?”

“Los que viven en forma desordenada y egoísta no pueden agradar a Dios”

I° lectura: Ez 37,12-14 - Salmo: 129 - II° lectura: Rom 8,8-11; Evangelio: Jn 11,1-45

Este domingo se nos presenta una reflexión digna del momento en el cual vivimos: agradar a Dios y no dejar que la muerte sea quien envuelva nuestra vida, sino Dios quien abra los sepulcros y nos conduzca a su amor. En este sentido, debemos pedir perdón al Señor para poder vivir, sentir su amor entre nosotros y su cuidado pastoral en nuestras vidas. “Quien no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo”, y ello nos hace caminar como testigos del gesto de amor que en la cruz nos indica la salvación para todos sin exclusión.

“Jesús lloró…”

Jesús nos enseña la sensibilidad, la ternura y la humanidad vista en el amor de Dios presente en una situación humana que sublima la relación de Dios con el hombre. Jesús se presenta como el amigo, el maestro y el Señor. El amigo de Lázaro, de María y de Marta; una relación de amistad que agrada a Dios y hace que se viva en unidad y en amor. Ellos lo ven como su amigo, su confidente, su hermano en quien confiar plenamente. El maestro que enseña, que guía la vida de sus amigos, que nos dice que Él es la resurrección y la vida y, por lo tanto, el Señor en quien debemos creer para tener la vida eterna. El episodio de la resurrección de Lázaro nos muestra el afecto de Jesús hacia su amigo y en él hacia toda la humanidad. El sentimiento fraterno y el gesto de amor que expresa ante los demás, es muy conmovedor, ya que Dios llora por sus hijos, por sus hermanos, por sus amigos. Hoy Jesús también siente tristeza al ver a sus amigos y hermanos muertos en el pecado; al ver a sus hermanos perdidos en los vicios, en el materialismo, en la incomprensión, en la violencia. Jesús llora cada vez que somos indiferentes ante la carencia de paz y de diálogo. Hoy, Jesús quita la piedra de nuestros sepulcros y nos resucita con su misericordia, a pesar del llanto y el dolor, el Señor nos invita a seguir adelante, unirnos cada vez más a él y agradarlo en la ayuda hacia el prójimo. Recordemos siempre que el amigo maestro y Señor, nos sigue diciendo: “yo soy la resurrección y la vida”. ¿Creemos en Él?

Por intercesión de María, unámonos más a Dios

María Santísima nos guía a Jesús y en Él debemos confiar para unirnos cada día más a la nueva evangelización. Este debe ser uno de los motivos que mueven nuestro corazón. Seamos testigos del mensaje de Jesús a todos, con el fin de instaurar la paz, el diálogo, la unidad, el amor y el deseo de creer cada vez más en Él. Así sea.

P. José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

martes, 29 de marzo de 2011

IV° Domingo de Cuaresma

¡Jesús es la luz!

“Por eso se dice: Despierta, tú que duermes; levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz”.

Iº lectura: 1Sam 16, 1b. 6-7. 10-13 a; Salmo: 22; IIº lectura: Ef 5, 8-14; Evangelio: Jn 9, 1-41

Hace unos años leía la siguiente frase: “en la cuarezma tanvién devemos convertirnos” y al final encontraba esta explicación: espero sepas disculparme, pues aunque esté escrito mal, la conversión sí la debemos hacer bien”Esto lo he transmitido a muchas personas y lo primero que viene a la mente es corregir y hacer notar que está mal escrito; pero leyendo todo, nos damos cuenta que debemos tener la suficiente paciencia para entender y comprender todas las cosas, sobre todo cuando hay equivocación o error, dejándonos guiar por la luz que nos dona el Señor.

“Los frutos de la luz son la bondad, la santidad y la verdad”

El evangelio nos da una enseñanza muy puntual: Jesús cura al ciego de nacimiento y por encima de todo coloca su amor, su misericordia, la intención plena y total de verlo bien, sano, con buena salud. Jesús da la oportunidad de ver nuevamente la luz y San Pablo nos indica que los frutos que de ella se desprenden son: la bondad, la santidad y la verdad. Esto se une al deseo de querer decir lo que sentimos por Dios, el cual nos sana y nos devuelve la vida en Él. La bondad, la santidad y la verdad son elementos primordiales de la vida; son fundamentos y pilares de quien vive en Cristo y ve en Él la luz que ilumina la propia vida. Esto se traduce en la vida cotidiana de manera concreta en los dones que recibimos, en los momentos de oración y de trabajo y también en las dificultades que encontremos en nuestro camino. La actitud de Jesús en este domingo es considerada como un detalle amoroso y de misericordia infinita, ya que deja de lado lo que puedan pensar los demás y centra la atención en el ciego de nacimiento, Él se presenta como la luz del mundo, “yo soy” -nos dice-; manda al ciego a lavarse, a purificarse para luego presentarse ante la gente, ante aquellos que, incrédulos, dudan de la acción de Dios. El hombre curado por Jesús nos dice también de Él: “Ya se lo dije a ustedes y no me han dado crédito… ¿Acaso también ustedes quieren hacerse discípulos suyos?”.

María, ejemplo de luz

La vida de Nuestra madre del cielo ha sido luz para todos. Ella, quien junto a la luz del mundo nos enseña a vivir, nos da las pautas para verificar y practicar en esta cuaresma los propósitos que nos hayamos trazado. Uno de ellos es seguir el itinerario que Jesús nos propone: la oración, el ayuno y la limosna, escuchando sus palabras y actuando, en espíritu y verdad, como verdaderos discípulos suyos que se unen a Él. Así sea.

P. José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

miércoles, 23 de marzo de 2011

IIIº Domingo de Cuaresma

“Soy yo, el que habla contigo”

“La esperanza no defrauda, porque Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que Él mismo nos ha dado...”

Iº lectura: Ex 17, 3-7; Salmo: 94; IIº lectura: Rom 5, 1-2. 5-8; Evangelio: Jn 4, 5-42

El itinerario cuaresmal nos invita a discernir cada instante de nuestra vida como un encuentro particular y especial con Jesús, el cual nos motiva nuevamente a ir más allá de nuestro pensamiento y encontrar en Él la vía que nos anima a seguir adelante.

Encontrarnos con Jesús…

El hermoso episodio que se nos presenta en este día es la clara demostración de la unión y la intención que debemos ofrecer cada vez que nos encontramos con alguien y pensamos, tal vez, no sea la persona más indicada para evangelizar. El encuentro de Jesús con la Samaritana, junto a toda la belleza del diálogo como tal, nos enseña algunos puntos fundamentales de reflexión. En primer lugar, nos da la posibilidad de conocer la intención de Jesús: Él se acerca a cada hombre y a cada mujer, sin ver su condición social, cultural, política o religiosa. En segundo lugar, la Samaritana, al igual que nosotros, reta a Jesús, le hace preguntas, lo indaga y Él no se queda atrás; se une a este diálogo de manera tan perfecta, que ninguna pregunta queda sin respuesta. En tercer lugar se nos invita a reconocer en Jesús al profeta, al Mesías y a quien nos da la pauta a seguir para adorar a Dios: debemos adorarlo en espíritu y verdad. Este es el modo de conocer a Jesús, de indagar en la vida la insondable muestra de su amor y el modo como debemos seguirlo. Jesús nos dice hoy y siempre: “soy yo, quien te habla” y en los ojos de la Samaritana se refleja la sorpresa, el asombro y el deseo que ese momento no termine ahí. El hecho de pedir agua por la sed producida en el camino, lleva a reflejarnos en la frescura de esa agua que, por el Bautismo, nos ha hecho cristianos, hijos de Dios. ¡Qué grandeza y misericordia la de nuestro buen Dios! Es algo que nos enseña que su presencia es fundamental en nuestros corazones, en nuestras almas, en todo nuestro ser. En la nueva evangelización debemos recordar a cada momento que Jesús se acerca al pozo de nuestras vidas y nos pide lo mejor de cada uno, ¿qué le vamos a responder?, ¿cuál será la decisión?

María, madre de quien nos habla siempre

Nuestra Madre del cielo, María Santísima, nos da ejemplo de cómo seguir los pasos de Jesús: hagamos lo que Él nos diga. La Misión Diocesana en la que todos estamos llamados a participar, nos encamina a vivir en espíritu y verdad el deseo de llevar la palabra de Jesús a todos. Seamos portavoces del mensaje que escuchamos en el pozo: “Soy yo, el que habla contigo”. Así sea.

P. José Lucio León Duque

joselucio70@hotmail.com

miércoles, 16 de marzo de 2011

IIº Domingo de Cuaresma

“¡Qué bien se está aquí!”

“La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra”.

Iª lectura: Gen 12, 1-4 a; Salmo: 32; IIª lectura: 2Tim 1, 8b-10; Evangelio: Mt 17, 1-9

El segundo domingo de cuaresma se llena de luz y se refleja en el corazón del hombre cuando resplandece la esperanza en aquellos que se sientes abatidos por el pecado y la falta de amor hacia el prójimo. Es necesario bendecir, donar los sentimientos buenos que el Señor gratuitamente nos da. Su palabra es sincera, leal, justa y recta, llamado al cual todos debemos dirigir nuestra mirada. La evangelización se refleja en las palabras de Pablo quien nos invita a tomar parte en el trabajo del evangelio, pues con la ayuda del Señor obtendremos la gracia de su salvación.

Con Jesús estamos bien…

Una de las páginas más hermosas del evangelio es esta: la transfiguración de Jesús en presencia de Pedro, Santiago y Juan. Sin duda, muchas veces hemos sido testigos de la Palabra de Dios en cuanto somos parte de la Iglesia, pero aún así no ha sido suficiente para poder decir con Pedro: “qué bien se está aquí”. La expresión del apóstol es la de quien, viendo a Jesús y la plenitud de su compañía, no tiene necesidad de más nada. Los discípulos que ven a Jesús transfigurado se dan cuenta que la luz que irradia el maestro está por encima de todos los problemas y vicisitudes de la vida, ellos no lo piensan dos veces, saben perfectamente que en Dios y con Él se está bien. Después de esa manifestación vuelve la vida cotidiana, lo que debemos experimentar y peregrinar para lograr estar en Dios y saber que podemos estar con Él y cumplir su voluntad para ayudar a quien lo necesite, incluso nosotros. Estar bien con Jesús no es algo mágico, no confundamos las expresiones. Es algo real y concreto, verdadero y preciso, un toque de fe en nuestra vida para hacerla crecer en medio del ambiente donde nos desenvolvemos. La vida en Cristo implica también reconocerlo como parte fundamental de ella en nuestros corazones; si la vivimos, podremos repetir sin cansarnos: estamos bien con Jesús, no nos falta nada, no nos importa tanta superficialidad ni ambigüedades pues Él nos da la fuerza necesaria para caminar en su nombre y llevar la esperanza a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

María, testigo de la luz y del amor de Dios

María Santísima nos enseña a caminar en Dios, confiar en Él y donarnos totalmente para descubrir a cada momento la transfiguración que realiza todos los días en nuestros corazones. Seamos testigos, portadores de paz y dispongámonos a servir al Señor llevando su mensaje de amor y esperanza, con obras concretas, en este tiempo de cuaresma. Así sea.

P. José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...