José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
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domingo, 16 de abril de 2017

Domingo de Resurrección, 16 de abril de 2017

JESÚS: PAZ Y GOZO DE NUESTRA VIDA
“Pongan todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra, porque han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios.” (Col 3, 2-3)

I° lectura: Hch 10, 34.37-43, Salmo: 117, II° lectura: Col 3,1-4; Evangelio: Jn 20,1-9

El Domingo de Ramos aclamábamos la entrada de Jesús a Jerusalén y, con ello, a nuestras vidas. Era la aclamación de un pueblo que admiraba al Maestro, al profeta, al Hijo de David…hoy se presenta Jesús en la plenitud de su presencia. El itinerario que hemos recorrido nos ha traído a este día, al día de la resurrección, día de amor y de paz. Jesús nos da testimonio de vida y de amor, ya que “pasó haciendo el bien” y nos enseña a estar unidos a Dios y ser testigos de su obra. Es por ello que se estamos llamados a darle gracias por su amor y su misericordia, porque es bueno con cada uno de nosotros; solo así podremos buscar “los bienes de arriba”, los de allá donde está Cristo y a lo que debemos aspirar.

“ETERNA ES SU MISERICORDIA”

El Día de la Resurrección es un día de fiesta, de alegría y no de una alegría pasajera, es la alegría de los hijos de Dios que sentimos la presencia de Jesús resucitado, vivo en medio de nosotros todos los días, a cada momento. El Día de la Resurrección es una puerta que se abre a la esperanza, al deseo de vivir como verdaderos hijos de Dios. El gozo que proporciona ver y sentir a Jesús vivo, es un gozo que no acaba.

Ese gozo nos regala algunos elementos fundamentales: en primer lugar, la resurrección no hace olvidar la pasión, sino que, junto a ella, forma el camino que nos lleva a la salvación; es vivir el sufrimiento de la pasión y el gozo de la resurrección, única vía que nos conduce a Dios. En segundo lugar, la resurrección comporta dejar de lado el miedo y dar vía libre al anuncio del Evangelio, sin temores, sin exclusión, sin discriminación, ya que el Evangelio es vida, es unión, es luz, es esperanza. En tercer lugar, la resurrección es el camino que todos los cristianos debemos conocer y recorrer. Jesús, Dios y Hombre Verdadero, Siervo Sufriente, Maestro victorioso, Hermano y Compañero de viaje en la vida de todos, nos da testimonio de cómo caminar en su presencia y cómo llevar su amor a todos. En este día celebramos el triunfo de la vida sobre la muerte, es el triunfo de Jesús, nuestro Maestro y Señor, sobre la maldad y el pecado.

Hoy podemos llevar una bandera en alto: la bandera de la paz, de la luz, de la vida; hoy es tiempo de llevar la esperanza a tantos que viven sumergidos en la muerte, en la destrucción, en el mal, alejados de Dios. Hoy es tiempo de proclamar que Jesús está vivo, que su mensaje es actual, su misericordia infinita y su presencia real; seamos testigos de su amor y no nos dejemos amedrentar por ideologías vanas ni por quienes no desean vivir el mensaje del Evangelio.

MARÍA SANTÍSIMA, MADRE DEL RESUCITADO

En este día el ejemplo de María es claro y preciso: debemos tener esperanza y confianza en Jesús. Ella siempre vivió en la paciencia ante el dolor, en el silencio ante los gritos de las multitudes y las injurias, en el amor ante todos aquellos que hemos sido confiados a su maternal protección. Ser testigos de la resurrección implica caminar junto a María y unirse a la misión a la que todos estamos llamados a realizar y a vivir como discípulos y misioneros. Así sea.

¡Felices Pascuas de Resurrección! Dios les bendiga a todos.
¡Jesucristo ha resucitado, en verdad resucitó!

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


viernes, 7 de abril de 2017

Domingo de Ramos, 9 de abril de 2017

BENDITO SIEMPRE BENDITO...

El itinerario cuaresmal nos conduce a la salvación que, a través de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, se revela parte fundamental de nuestra vida cristiana. Los cristianos, de todo tiempo, estamos llamados a mirar y vivir este itinerario con esperanza y sinceridad. 

Ello nos enseña que Jesús, entrando en Jerusalén, entra igualmente en nuestra vida, en nuestro corazón. Es un camino de fe que muestra la misericordia, el perdón, la cercanía así como la confianza que Dios coloca en nosotros.

Durante la Cuaresma, se nos ha mostrado la misericordia de Dios en varias perspectivas y su luz ilumina nuestra vida dejando fe que su amor es más grande de lo que podamos pensar o sentir. Jesús quiere entrar en nuestro corazón y se hace realidad al realizar una gran procesión: no sólo la del domingo de ramos o la del itinerario cuaresmal sino una procesión que se presenta como la prolongación de la vida en Él, de su amor al pueblo que clama justicia y que, a su vez, desea no perder la esperanza. 

Jerusalén se viste de gala, se llena de gozo, es privilegiada ante la presencia del maestro. Hoy Jerusalén representa todo el mundo, todos aquellos lugares donde, viviendo de nuevo ese momento triunfal, colocan alfombras de vida y gritan de júbilo ante la presencia de Jesús que, con sobriedad, nos pide seamos testigos de su mensaje de salvación.

El hombre de hoy es iluminado por el paso del Maestro; las palmas y los ramos se mueven y se agitan gracias a la oración y la misericordia que vienen de Dios; los cantos de alabanza son la voz de tantos hombres y mujeres que claman justicia, paz, igualdad, tranquilidad en un mundo envuelto en el materialismo, superficialidad y crisis real ante lo cual no pierde la esperanza de una reconciliación sincera y una solución verdadera a todo ello.

Escuchemos a Cristo, no podemos echarnos para atrás. Es fundamental ver este camino de vida como un despertar ante la pasividad y la falta de amor que se presenta en el mundo y de lo cual nos convertimos en portavoces.

Cuando Jesús entra en Jerusalén, entra en cada una de nuestras vidas, entra en la vida de la Iglesia y ello nos lleva a indicarle el camino a los demás en la vía de la justicia, del diálogo, la paz, la unidad y hacer de ello una experiencia cierta de lo que realmente debemos hacer.

En la gran procesión de la vida, del itinerario cristiano de todos y cada uno de nosotros, está la presencia maternal de María. Ella nos acompaña y nos guía a la participación de la pasión, muerte y resurrección de su hijo, quien con su amor infinito da su vida por cada hombre y cada mujer. Como discípulos y misioneros, unámonos más a Cristo y participemos en las ceremonias de Semana Santa de nuestras comunidades llevando el mensaje del Evangelio, mensaje de paz, de esperanza, de justicia. Así sea.
José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


viernes, 31 de marzo de 2017

V° Domingo de Cuaresma, 2 de abril de 2017

“¿CREES TÚ ESTO?”
“Los que viven en forma desordenada y egoísta no pueden agradar a Dios”

I° lectura: Ez 37,12-14 - Salmo: 129 - II° lectura: Rom 8,8-11; Evangelio: Jn 11,1-45

Este domingo se nos presenta una reflexión digna del momento en el cual vivimos: agradar a Dios y no dejar que la muerte sea quien envuelva nuestra vida, sino Dios quien abra los sepulcros y nos conduzca a su amor. En este sentido, debemos pedir perdón al Señor para poder vivir, sentir su amor entre nosotros y su cuidado pastoral en nuestras vidas. “Quien no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo”, y ello nos hace caminar como testigos del gesto de amor que en la cruz nos indica la salvación para todos sin exclusión.

“JESÚS LLORÓ…”

Jesús nos enseña la sensibilidad, la ternura y la humanidad vista en el amor de Dios presente en una situación humana que sublima la relación de Dios con el hombre. Jesús se presenta como el amigo, el maestro y el Señor.

El amigo de Lázaro, de María y de Marta; una relación de amistad que agrada a Dios y hace que se viva en unidad y en amor. Ellos lo ven como su amigo, su confidente, su hermano en quien confiar plenamente. El maestro que enseña, que guía la vida de sus amigos, que nos dice que Él es la resurrección y la vida y, por lo tanto, el Señor en quien debemos creer para tener la vida eterna. El episodio de la resurrección de Lázaro nos muestra el afecto de Jesús hacia su amigo y en él hacia toda la humanidad.

El sentimiento fraterno y el gesto de amor que expresa ante los demás, es muy conmovedor, ya que Dios llora por sus hijos, por sus hermanos, por sus amigos. Hoy Jesús también siente tristeza al ver a sus amigos y hermanos muertos en el pecado; al ver a sus hermanos perdidos en los vicios, en el materialismo, en la incomprensión, en la violencia. Jesús llora cada vez que somos indiferentes ante la carencia de paz y de diálogo.

Hoy, Jesús quita la piedra de nuestros sepulcros y nos resucita con su misericordia, a pesar del llanto y el dolor, el Señor nos invita a seguir adelante, unirnos cada vez más a él y agradarlo en la ayuda hacia el prójimo. Recordemos siempre que el amigo maestro y Señor, nos sigue diciendo: “yo soy la resurrección y la vida”. ¿Creemos en Él?

POR INTERCESIÓN DE MARÍA, UNÁMONOS MÁS A DIOS

María Santísima nos guía a Jesús y en Él debemos confiar para unirnos cada día más a la nueva evangelización. Este debe ser uno de los motivos que mueven nuestro corazón. Seamos testigos del mensaje de Jesús a todos, con el fin de instaurar la paz, el diálogo, la unidad, el amor y el deseo de creer cada vez más en Él. Así sea.
José Lucio León Duque



sábado, 25 de marzo de 2017

IV° Domingo de Cuaresma, 26 de marzo de marzo

¡JESÚS ES LA LUZ!
“Por eso se dice: Despierta, tú que duermes; levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz”.
Iº lectura: 1Sam 16, 1b. 6-7. 10-13 a; Salmo: 22; IIº lectura: Ef 5, 8-14; Evangelio: Jn 9, 1-41

Hace unos años leía la siguiente frase: “en la cuarezma tanvién devemos convertirnos” y al final encontraba esta explicación: espero sepas disculparme, pues aunque esté escrito mal, la conversión sí la debemos hacer bien”Esto lo he transmitido a muchas personas y lo primero que viene a la mente es corregir y hacer notar que está mal escrito; pero leyendo todo, nos damos cuenta que debemos tener la suficiente paciencia para entender y comprender todas las cosas, sobre todo cuando hay equivocación o error, dejándonos guiar por la luz que nos dona el Señor.

“LOS FRUTOS DE LA LUZ SON LA BONDAD, LA SANTIDAD Y LA VERDAD”

El evangelio nos da una enseñanza muy puntual: Jesús cura al ciego de nacimiento y por encima de todo coloca su amor, su misericordia, la intención plena y total de verlo bien, sano, con buena salud. Jesús da la oportunidad de ver nuevamente la luz y San Pablo nos indica que los frutos que de ella se desprenden son: la bondad, la santidad y la verdad. Esto se une al deseo de querer decir lo que sentimos por Dios, el cual nos sana y nos devuelve la vida en Él.

La bondad, la santidad y la verdad son elementos primordiales de la vida; son fundamentos y pilares de quien vive en Cristo y ve en Él la luz que ilumina la propia vida. Esto se traduce en la vida cotidiana de manera concreta en los dones que recibimos, en los momentos de oración y de trabajo y también en las dificultades que encontremos en nuestro camino.

La actitud de Jesús en este domingo es considerada como un detalle amoroso y de misericordia infinita, ya que deja de lado lo que puedan pensar los demás y centra la atención en el ciego de nacimiento, Él se presenta como la luz del mundo, “yo soy” -nos dice-; manda al ciego a lavarse, a purificarse para luego presentarse ante la gente, ante aquellos que, incrédulos, dudan de la acción de Dios. El hombre curado por Jesús nos dice también de Él: “Ya se lo dije a ustedes y no me han dado crédito… ¿Acaso también ustedes quieren hacerse discípulos suyos?”.

MARÍA, EJEMPLO DE LUZ

La vida de Nuestra madre del cielo ha sido luz para todos. Ella, quien junto a la luz del mundo nos enseña a vivir, nos da las pautas para verificar y practicar en esta cuaresma los propósitos que nos hayamos trazado. Uno de ellos es seguir el itinerario que Jesús nos propone: la oración, el ayuno y la limosna, escuchando sus palabras y actuando, en espíritu y verdad, como verdaderos discípulos suyos que se unen a Él. Así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


sábado, 18 de marzo de 2017

III° Domingo de Cuaresma, 19 de marzo de 2017

“SOY YO, EL QUE HABLA CONTIGO”
“La esperanza no defrauda, porque Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que Él mismo nos ha dado...”

Iº lectura: Ex 17, 3-7; Salmo: 94; IIº lectura: Rom 5, 1-2. 5-8; Evangelio: Jn 4, 5-42

El itinerario cuaresmal nos invita a discernir cada instante de nuestra vida como un encuentro particular y especial con Jesús, el cual nos motiva nuevamente a ir más allá de nuestro pensamiento y encontrar en Él la vía que nos anima a seguir adelante.

ENCONTRARNOS CON JESÚS

El hermoso episodio que se nos presenta en este día es la clara demostración de la unión y la intención que debemos ofrecer cada vez que nos encontramos con alguien y pensamos, tal vez, no sea la persona más indicada para evangelizar. El encuentro de Jesús con la Samaritana, junto a toda la belleza del diálogo como tal, nos enseña algunos puntos fundamentales de reflexión.

En primer lugar, nos da la posibilidad de conocer la intención de Jesús: Él se acerca a cada hombre y a cada mujer, sin ver su condición social, cultural, política o religiosa.

En segundo lugar, la Samaritana, al igual que nosotros, reta a Jesús, le hace preguntas, lo indaga y Él no se queda atrás; se une a este diálogo de manera tan perfecta, que ninguna pregunta queda sin respuesta.

En tercer lugar se nos invita a reconocer en Jesús al profeta, al Mesías y a quien nos da la pauta a seguir para adorar a Dios: debemos adorarlo en espíritu y verdad. Este es el modo de conocer a Jesús, de indagar en la vida la insondable muestra de su amor y el modo como debemos seguirlo. Jesús nos dice hoy y siempre: “soy yo, quien te habla” y en los ojos de la Samaritana se refleja la sorpresa, el asombro y el deseo que ese momento no termine ahí.

El hecho de pedir agua por la sed producida en el camino, lleva a reflejarnos en la frescura de esa agua que, por el Bautismo, nos ha hecho cristianos, hijos de Dios. ¡Qué grandeza y misericordia la de nuestro buen Dios! Es algo que nos enseña que su presencia es fundamental en nuestros corazones, en nuestras almas, en todo nuestro ser. En la nueva evangelización debemos recordar a cada momento que Jesús se acerca al pozo de nuestras vidas y nos pide lo mejor de cada uno, ¿qué le vamos a responder?, ¿cuál será la decisión?

MARÍA, MADRE DE QUIEN NOS HABLA SIEMPRE

Nuestra Madre del cielo, María Santísima, nos da ejemplo de cómo seguir los pasos de Jesús: hagamos lo que Él nos diga. La Misión evangelizadora en la que todos estamos llamados a participar, nos encamina a vivir en espíritu y verdad el deseo de llevar la palabra de Jesús a todos. Seamos portavoces del mensaje que escuchamos en el pozo: “Soy yo, el que habla contigo”. Así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


sábado, 11 de marzo de 2017

II° Domingo de Cuaresma, 12 de marzo de 2017

“¡QUÉ BIEN SE ESTÁ AQUÍ!”
“La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra”.

Iª lectura: Gen 12, 1-4 a; Salmo: 32; IIª lectura: 2Tim 1, 8b-10; Evangelio: Mt 17, 1-9

El Segundo domingo de Cuaresma se llena de luz y se refleja en el corazón del hombre cuando resplandece la esperanza en aquellos que se sientes abatidos por el pecado y la falta de amor hacia el prójimo. Es necesario bendecir, donar los sentimientos buenos que el Señor gratuitamente nos da. Su palabra es sincera, leal, justa y recta, llamado al cual todos debemos dirigir nuestra mirada. La evangelización se refleja en las palabras de Pablo quien nos invita a tomar parte en el trabajo del evangelio, pues con la ayuda del Señor obtendremos la gracia de su salvación.

CON JESÚS ESTAMOS BIEN

Una de las páginas más hermosas del evangelio es esta: la Transfiguración de Jesús en presencia de Pedro, Santiago y Juan. Sin duda, muchas veces hemos sido testigos de la Palabra de Dios en cuanto somos parte de la Iglesia, pero aún así no ha sido suficiente para poder decir con Pedro: “qué bien se está aquí”. La expresión del apóstol es la de quien, viendo a Jesús y la plenitud de su compañía, no tiene necesidad de más nada. Los discípulos que ven a Jesús transfigurado se dan cuenta que la luz que irradia el maestro está por encima de todos los problemas y vicisitudes de la vida, ellos no lo piensan dos veces, saben perfectamente que en Dios y con Él se está bien.

Después de esa manifestación vuelve la vida cotidiana, lo que debemos experimentar y peregrinar para lograr estar en Dios y saber que podemos estar con Él y cumplir su voluntad para ayudar a quien lo necesite, incluso nosotros. Estar bien con Jesús no es algo mágico, no confundamos las expresiones. Es algo real y concreto, verdadero y preciso, un toque de fe en nuestra vida para hacerla crecer en medio del ambiente donde nos desenvolvemos.

La vida en Cristo implica también reconocerlo como parte fundamental de ella en nuestros corazones; si la vivimos, podremos repetir sin cansarnos: estamos bien con Jesús, no nos falta nada, no nos importa tanta superficialidad ni ambigüedades pues Él nos da la fuerza necesaria para caminar en su nombre y llevar la esperanza a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

MARÍA, TESTIGO DE LA LUZ Y DEL AMOR DE DIOS

María Santísima nos enseña a caminar en Dios, confiar en Él y donarnos totalmente para descubrir a cada momento la transfiguración que realiza todos los días en nuestros corazones. Seamos testigos, portadores de paz y dispongámonos a servir al Señor llevando su mensaje de amor y esperanza, con obras concretas, en este tiempo de cuaresma. Así sea.
José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


sábado, 4 de marzo de 2017

I° Domingo de Cuaresma, 5 de marzo de 2017

UN CORAZON PURO…
“Crea en mí, Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos. No me arrojes, Señor, lejos de ti, ni retires de mí tu santo espíritu”

Iº lectura: Gen 2, 7-9; 3, 1-7; Salmo: 50; IIº lectura: Rom 5, 12-19; Evangelio: Mt 4, 1- 11

Reconocer el pecado es un gesto de reconciliación y más aún cuando se busca la manera de vivir en paz y unidos a Dios. La liturgia de la palabra de este domingo nos conduce al pensar sobre la rectitud de nuestros actos y al hecho de no dejarnos influenciar por el enemigo. Nuestros primeros padres se dejaron engañar del demonio y creyeron en sus insinuaciones (I° lectura). Este pecado nos lleva a reflexionar sobre lo que debemos hacer para remediar el daño hecho y, con David, pedimos misericordia y perdón a Dios (Salmo). En este sentido, la salvación nos viene por medio de Jesús, hijo de Dios, por quien nos llega el remedio para erradicar de nuestras vidas el mal que nos asecha y nos invade a cada momento (II° lectura).

EL BIEN ESTÁ POR ENCIMA DEL MAL

La presencia del amor de Dios en nuestra vida nos hace reconocer la profundidad de su misterio y el Evangelio de este día nos da, entre otras, una enseñanza muy particular y concreta: el diablo está en el mundo y con sus engaños, trampas e hipócritas insinuaciones quiere hacernos caer en el momento menos pensado. Hace tiempo se nos decía: “el diablo quita la vergüenza al momento de cometer el pecado y cuando llega el momento de la confesión nos devuelve la vergüenza”. Así sucede en la vida cotidiana, nos dejamos llevar de las tentaciones que el demonio presenta: grandeza o delirios exagerados de poder, creerse el centro de la atención, manipulación de conciencias, mal uso del dinero, entre otras cosas. 

El diablo ve con malicia y astucia lo que Jesús puede necesitar en ese momento y le hace propuestas, no insignificante para algunos pero que, ante la Omnipotencia de Dios son minúsculas cosas que no podrían nunca sobrepasar su grandeza y amor. El maligno busca siempre dañar, no tiene ninguna consideración de quien pueda caer, no escatima esfuerzos para destruir el alma de los hijos de Dios y no descansa en los continuos ataques a quienes tratan de vivir de la mejor manera.

MARÍA NOS ACOMPAÑA EN LA CUARESMA

Coloquemos nuestra vida en manos de María, nuestra madre, a fin de que ella sea quien interceda ante Dios por todos y cada uno de sus hijos, y así poder ejercitarnos espiritualmente para ganar la batalla contra el mal y ser portadores del mensaje de paz que, como discípulos y misioneros, todos estamos llamados a extender. Así sea.
José Lucio León Duque


sábado, 25 de febrero de 2017

VIII° Domingo del Tiempo Ordinario, 26 de febrero de 2017

SABER VALORAR…CONFIAR MÁS
“Sobre todo busquen el Reino de Dios y su justicia; lo demás se les dará por añadidura. Por tanto, no se agobien por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.”

Iª lectura: Is 49, 14-15; Salmo: 61; IIª lectura: 1Cor 4, 1-50; Evangelio: Mt 6, 24-34

La palabra de Dios en este domingo nos encamina hacia lo que debemos tener como plan de vida: confiar más en la Providencia de Dios y a no juzgar de manera fácil a los demás, dando a cada cosa y a cada persona el valor que le corresponde. Es Dios quien tiene la potestad de juzgar, nadie puede colocarse en el lugar de Dios, solo Él, al final de nuestros días, premiará nuestras acciones.

CONFIAR MÁS EN DIOS… ¿POR QUÉ?

Muchos son los motivos para confiar en Dios, es más, cada día que vivimos debe ser un agradecimiento constante por los beneficios que recibimos de Él. Uno de los motivos es el hecho mismo de ser creaturas, limitadas e imperfectas, que tenemos siempre necesidad de quien es todo y posee todo: Dios. Otro motivo es el hecho mismo de ser imagen y semejanza de Dios y por la gracia del Bautismo somos sus hijos. Él, que es Padre, no nos hará faltar nunca lo que sea necesario para nuestro bien, tanto material como espiritual. ¿Cuál es, entonces, nuestra actitud ante la Providencia de Dios? Si creemos de verdad en Él, nuestro deber de cristianos es colocarnos en sus manos, confiando plenamente en su misericordia.

Ante esto, la reflexión de hoy se centra en la confianza, el amor, el cuidado, la ternura y la atención que nos tiene Dios y cómo nosotros vivimos de consecuencia. Delante de nuestros ojos la injusticia, la indiferencia y otros anti-valores, se extienden cada vez más y nuestras respuestas debieran ser más contundentes y llenas de fe: “El iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios.”

MARÍA, MADRE DE LA CONFIANZA

Pidamos hoy, en unión con María nuestra Madre del cielo y de manera especial para todos y cada uno de nosotros, el don de la fe, esa fe que nos hace entrar en el corazón de Dios y nos permite dar gracias por el milagro que Él hace en nuestra vida: valorar cada detalle, confiando plenamente en su misericordia, ayudando a los demás, sin exclusión. Así sea.

José Lucio León Duque


viernes, 17 de febrero de 2017

VII° Domingo del Tiempo Ordinario, 19 de febrero de 2017

SEGUIR A JESÚS DESDE EL AMOR
“Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los aborrecen y recen por los que los persiguen y calumnian. Así serán hijos de su Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos.”

Iª lectura: Lev 19, 1-2.17-18; Salmo: 102; IIª lectura: 1Cor 3, 16-23; Evangelio: Mt 5, 38-48

Jesucristo, enseña a sus discípulos y a nosotros, el mandamiento del amor, la nueva ley del Evangelio que sustituye para siempre la ley pagana del hombre viejo: “amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo”. Nuestro espíritu tiembla escuchando las palabras de este nuevo mandamiento. A veces nuestras actitudes tienden a despreciar o rechazar a quienes nos agreden o nos hacen daño. Este es el resultado del alejamiento de Dios, de su luz, de su amor, de su palabra.

ACERCARNOS AL AMOR DE DIOS

El amor o caridad se presenta como un sentimiento insólito, que abre un nuevo horizonte ante lo que muchos muestran como opción de vida. La superficialidad y el materialismo han lacerado las facetas que el amor nos regala y han hecho que las actitudes de algunos se caractericen por la falta de sinceridad y honestidad. 

El hombre, imagen y semejanza de Dios, es liberado de sus pecados gracias a la acción redentora de Jesús y es renovado por la acción del Espíritu Santo. Desde el momento en que Dios nos ama en este modo, nos hace participes de él y nosotros podemos perdonar a quien se presenta como “enemigo” colocándolo en manos del que todo lo puede. 

La vida cotidiana es el escenario en el cual podemos hacer realidad lo que Jesús nos enseña. Es allí donde es posible abrir nuestro corazón y hacer surgir la esperanza ante el daño evidente que se presenta a causa de la carencia de quien se aleja de Dios. Las distinciones las hacemos nosotros, las divisiones las creamos cuando no aceptamos con tolerancia la posibilidad de hacer las cosas mejor. 

Jesús nos invita hoy y cada día a ser perfectos como el Padre celestial y lo lograremos si abrimos nuestro corazón y actuamos con sinceridad ante las dificultades que se puedan presentar. La vía a seguir es Jesús e imitándolo a Él, hombre nuevo, modelo para cada uno de nosotros, encontramos la verdadera razón para vivir bien el Evangelio de la verdad.

MARIA, MODELO DE VIDA

“Hagan lo que Él les diga” resuena en nuestras vidas cada vez que pensamos en cómo cumplir la voluntad de Dios. Sigamos los pasos de nuestra madre del cielo y encontraremos el modo para que, desde la sencillez y la reflexión, podamos ser portavoces del mensaje que Jesús, hoy y siempre, nos regala sin excepción. Así sea.
 José Lucio León Duque


jueves, 9 de febrero de 2017

VI° Domingo del Tiempo Ordinario, 12 de febrero de 2017

LIBRES PARA DIOS
“A ustedes les basta decir sí o no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno”

Iº lectura: Eclo 15, 16-21; Salmo: 118; IIº lectura: 1Cor 2, 6-10; Evangelio: Mt 5, 17- 37

Saber elegir, saber decidir, saber cómo vivir… La libertad de ser fieles a la palabra del Señor es una de las vías que estamos llamados a recorrer. Las lecturas de hoy nos desvelan sugerencias y normas que nos permitirán conocer a Dios, ser buenos cristianos y sentirnos libres para vivir en la justicia.

CUMPLIR LA VOLUNTAD DE DIOS... 

Dios nos conoce. Él nos indica el camino a seguir. Nos revela los pasos que debemos dar y la vía que se nos coloca por delante. La liturgia de hoy nos da algunos puntos de meditación que nos ayudarán a entender la misión que se nos ha encomendado. 

En primer lugar, la infinita sabiduría de Dios se nos manifiesta para aprender a cumplir su voluntad. Si caminamos guiados por la luz de Dios, nuestro vivir es más armonioso y será fundamental para fortalecer el testimonio de vida. 

En segundo lugar, la libertad en la que debemos vivir, es garantía del cumplimiento y la eficacia de la palabra de Dios. Dicha actitud se basa en el amor, en la justicia y en la verdad. 

En tercer lugar, debemos desechar aquello que obstaculiza vivir en paz. La oportunidad de ser buenos o menos buenos, está en la decisión de escoger el camino de la verdad o la actitud de la mentira, y esta última nos lleva a la destrucción del alma y de la vida en Cristo.

Si decimos SI o NO, quiere decir que estamos entendiendo lo que debemos hacer. Si la actitud en cambio es de ambigüedad, es señal de que hay que luchar aún más por encontrar en Dios el verdadero rumbo que nos lleva al justo equilibrio y a vivir en sintonía con Dios.

MARÍA, MAESTRA DE LIBERTAD

En Nuestra Madre del cielo encontramos el ejemplo para ser libres y decididos a seguir a Jesús. Ella nos enseña que, aceptando la voluntad de Dios a ejemplo de su “fiat”, es posible dar testimonio de la sabiduría de Dios, predicando con el ejemplo, siguiendo el camino de la libertad con decisión firme, como discípulos y misioneros del Evangelio de la verdad. Así sea.
José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...