José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
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sábado, 12 de agosto de 2017

XIX° Domingo del Tiempo Ordinario, 13 de agosto de 2017

VEN, NO TENGAS MIEDO
“Después del terremoto, vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó una brisa tenue…”

I° lectura: 1Re 19, 9ª. 11-13a; Salmo: 84; II° lectura: Rom 9, 1-5; Evangelio: Mt 14, 22-33

Un camino lleno de expectativas y una vida rica del amor de Dios que pasa a cada momento, eso es lo que nos enseña el Señor en este domingo. ¿Dónde está Jesús? Habiendo mostrado su poder para hacer el bien, multiplicando gracias, dones, bendiciones, alimento espiritual y material, se presenta en medio del mar de nuestra vida, caminando con seguridad sobre las aguas turbulentas que mueven el mundo, al hombre de hoy, a todos y cada uno de nosotros.

DIOS PASA POR NUESTRA VIDA CON SUAVIDAD Y FIRMEZA

¡Qué imagen tan hermosa la del paso de Dios! Él pasa en la brisa tenue (Iº lectura), en la brisa ligera y suave. Veamos tres puntos fundamentales que se desprende de toda la liturgia de la palabra en este día. 

En primer lugar, la firmeza de Jesús al caminar sobre las aguas. Su paso aunque suave es firme, y así es la presencia de Dios en nuestras vidas: una presencia cierta, fuerte, sincera, duradera y llena de una bondad y ternura tal, que hace del hombre un ser que ve a Dios por encima de todo y con la verdad como bandera (II° lectura). 

En segundo lugar, la misericordia de Dios nos salva (Salmo) y crea en nuestros corazones una fe tan grande, capaz de ver más allá de las cosas superfluas y banales. 

En tercer lugar, Jesús nos invita a confiar más en él. Quiere que cada uno de nosotros cultivemos la fe, seamos buenos cristianos y salgamos de las falsas seguridades. Así como a Pedro, también a nosotros nos dice hoy: “ven…” y luego de sentir nuestra duda, nos llama la atención: “!qué poca fe! ¿por qué has dudado?”. Aquí podemos situar los nombres de todos nosotros, hombres y mujeres deseosos de paz, seguridad y armonía. La enseñanza de Jesús en este domingo es clara: Dios está presente en todas partes, en el corazón de todos los hombres y mujeres, sin distinción ni preferencias.

La presencia suave y cierta de Jesús en el camino de la vida, es garantía de la salvación; nadie debe sentirse excluido, nadie debe pensar que la duda pueda reinar en el mundo, nadie tiene derecho a quitar la ilusión de tantas personas que buscan cada día encontrarse con Dios. Reflexionemos: ¿somos discípulos que dudan, o discípulos que confían?

MARÍA, MADRE DE LA CONSOLACIÓN

En esta semana, nuestra madre del cielo nos acompaña de manera especial. Acudamos fieles a los brazos amorosos de María Santísima de la Consolación y sintamos su acompañamiento, como presencia pura, inmaculada y maternal que nos regala Dios en su paso, a través de ella.

Pidamos a Dios por el miedo, la duda, la incertidumbre, la falta de confianza en Él, la falta de caridad que pueda existir en nuestras vidas. Seamos conscientes que sólo en Jesús podremos vivir en paz, armonía y misericordia, pues Él toca nuestros corazones para que nosotros acudamos a Él sin ninguna duda y con plena confianza. Así sea.

José Lucio León Duque


La Transfiguración del Señor / Santo Cristo de La Grita, 6 de agosto de 2017

“¡QUÉ BIEN SE ESTÁ AQUÍ!”
El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables. Tiniebla y nube lo rodean, justicia y derecho sostienen su trono.(Sal 96,1-2)

Iª lectura: Dan 7, 9-10. 13-14; Salmo: 96; IIª lectura: 2Pe 1, 16-19; Evangelio: Mc 9, 2-10

En la fiesta de la Transfiguración del Señor, recordamos el rostro sereno de nuestro patrono: el Santo Cristo de la Grita. Sus facciones, su dolor, su serenidad, se muestran a cada fiel como un signo de lo que cada devoto busca en Él. Nuestra vida se centra en lo que significa para cada uno la presencia de Cristo crucificado y glorificado; su vida, su rostro, su ejemplo, son reglas de vida para seguir con convicción

CON JESÚS ESTAMOS BIEN

Una de las páginas más hermosas del Evangelio es esta: la Transfiguración de Jesús en presencia de Pedro, Santiago y Juan. Sin duda, muchas veces hemos sido testigos de la Palabra de Dios en cuanto somos parte de la Iglesia, pero aún así no ha sido suficiente para poder decir con Pedro: “qué bien se está aquí” (Mc 9,5).

La expresión del Apóstol es la de quien, viendo a Jesús y la plenitud de su compañía, no tiene necesidad de más nada. Los discípulos que ven a Jesús transfigurado se dan cuenta que la luz que irradia el Maestro está por encima de todos los problemas y vicisitudes de la vida, ellos no lo piensan dos veces, saben perfectamente que en Dios y con Él se está bien. Después de esa manifestación vuelve la vida cotidiana, lo que debemos experimentar y peregrinar para lograr estar en Dios y saber que podemos estar con Él y cumplir su voluntad para ayudar a quien lo necesite, incluso nosotros.

Estar bien con Jesús no es algo mágico, no confundamos las expresiones. Es algo real y concreto, verdadero y preciso, un toque de fe en nuestra vida para hacerla crecer en medio del ambiente donde nos desenvolvemos. La vida en Cristo implica también reconocerlo como parte fundamental de ella en nuestros corazones; si la vivimos, podremos repetir sin cansarnos: estamos bien con Jesús, no nos falta nada, no nos importa tanta superficialidad ni ambigüedades pues Él nos da la fuerza necesaria para caminar en su nombre y llevar la esperanza a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

MARÍA, TESTIGO DE LA LUZ

María Santísima nos enseña a caminar con Dios, confiar en Él y donarnos totalmente para descubrir a cada momento la transfiguración que realiza todos los días en nuestros corazones. Seamos testigos, portadores de paz y dispongámonos a servir al Señor llevando su mensaje de amor y esperanza, con obras concretas, pidiendo al Cristo del rostro sereno nos guíe a cada momento.

“Cristo amoroso que en la cruz clavado, tu pecho muestras por mi amor herido.
Lava en tu sangre con eterno olvido la mancha torpe de mi vil pecado.
Por ser fuente de bienes me has amado, y con muerte afrentosa redimido
Por serlo yo de males te he ofendido y tus santos preceptos quebrantado.
Tu real palabra has obligado a darme los bienes cuando yo te los pidiera,
¡Con tan gran caridad llegaste a amarme! ¡Oye, Señor mi petición postrera!
Pues moriste por solo perdonarme. ¡Perdóname, Señor antes que muera! Así sea.”

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

sábado, 29 de julio de 2017

XVII° Domingo del Tiempo Ordinario, 30 de julio de 2017

SABIOS E INTELIGENTES
“Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien”

I° lectura: 1Re 3,5.7-12; Salmo 118; II° lectura: Rm 8, 28-30; Evangelio: Mt 13, 44-52

Salomón pide un tesoro al Señor: tener la capacidad de discernir entre el bien el mal, sabiduría y sencillez. Solicita al Señor lo que todo hombre y toda mujer deben pedir a Dios, es decir, capacidad para vivir bien y ser felices.

PEDIR A DIOS SABIDURÍA Y DOCILIDAD…

La petición de Salomón es el deseo de muchos cristianos: un discernimiento humilde e inteligente. En esto tiene mucho que ver la decisión de escoger el camino que nos conduce al bien, la vía que nos lleva a sentir la certeza que en Dios es posible vivir y que seguirlo a Él es la mejor decisión. Si pidiésemos a Dios lo que de verdad es necesario, sabríamos apreciar los tesoros que tenemos, sabríamos apreciar la pesca realizada y las perlas encontradas.

Todas estas parábolas son aplicables a nuestras vidas, al presente, a lo que vive cada corazón de hombres y mujeres que buscan la paz, la justicia, la tranquilidad. La sabiduría se presenta como una habilidad, como parte de la experiencia misma, como forma de vivir en aquellos que son conscientes del don que se tiene. Aún así tenemos que la sabiduría se forja con sencillez, tal como los grandes santos, las grandes personas que han sido discípulos del verdadero Dios, del único maestro del amor y la verdad: Jesucristo.

Quien es sabio, es inteligente y sencillo; sabe que esos dones vienen de Dios y siendo así, deben ser puestos al servicio de los demás. Ahí está la decisión que se debe tomar: cuando encontremos el tesoro del amor de Dios, seamos capaces de reflejarlo en los demás, en especial a los pobres y excluidos de nuestra sociedad, a aquellos que ven en la esperanza un hermoso tesoro y que no les debe ser arrebatada por envidias ni por falsos testimonios.

Reflexionemos: por tener dones no debemos creernos superiores, todo lo contrario, tener dones es recibir gracias por parte de Dios y ello se coloca al servicio del pueblo, de quien lo necesita, solo así podremos agradar a Dios, cumplir su voluntad y servir a los demás sin soberbia sino con sabiduría e inteligencia y, por ende, con sencillez.

MARÍA, MADRE DE LA SENCILLEZ Y LA SABIDURÍA

Ella nos enseña a ser dóciles y sencillos: “Proclama mi alma la grandeza del Señor…porque ha mirado la humillación de su esclava. Él hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón. Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes…”. Recitemos siempre estas palabras que nos ayudarán a caminar por las sendas del bien y de la paz. Así sea.

José Lucio León Duque


sábado, 22 de julio de 2017

XVI° Domingo del Tiempo Ordinario, 23 de julio de 2017

¿DE QUÉ PARTE ESTAMOS?
“Tú demuestras tu fuerza a los que dudan de tu poder total, y reprimes la audacia de los que no lo conocen. Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres”

I° lectura: Sab 12,13.16-19; Salmo 85; II° lectura: Rm 8, 26-27; Evangelio: Mt 13, 24-43

Ser cristianos no es que sea difícil, lo difícil es darnos cuenta que debemos practicar la justicia y la bondad como elementos fundamentales para vivir como sinceros y verdaderos discípulos de Jesús. En este día Dios quiere darnos a conocer su poder y su amor, un poder total y un amor infinito (I° lectura); Él es el único Dios, el único ante quien debemos doblar nuestra rodilla (Salmo) y por ello, debemos pedir, aunque no sepamos hacerlo del todo, la intercesión del Espíritu, que intercederá por nosotros ya que Él sabe cuáles son nuestras necesidades.

LO BUENO Y LO QUE NO ES BUENO

El Evangelio de este domingo nos da una vez más muestra del camino que debemos recorrer. Seguramente nos hemos sentido identificados con tantas de las situaciones que el Evangelio nos deja ver, pero en esta ocasión, se presenta la figura de la cizaña, es decir, el emblema de las malas influencias, de lo que no es bueno, creciendo junto a aquello que sí lo es, y por tanto, merece nuestra atención. En el lenguaje del hombre de la calle, del hombre de hoy, encontramos expresiones tales como: “no meter cizaña” o también “no ser cizañero”. Esto lo dice seguramente alguna persona que no ha escuchado el Evangelio, pero sabe de alguna fuente, que eso significa que se debe caminar por la senda del bien.

Se nos invita a seguir a Jesús con sincero corazón. No puede ser su discípulo quien calumnia, quien envidia, quien por obtener beneficios daña la fama del prójimo, quien comete injusticias desde el lugar o cargo que tiene, quien comete fraude, quien pasa por encima de los demás con tal de permanecer arriba, en lo alto. Eso no caracteriza un discípulo y por ende, no forma parte de lo que nosotros estamos llamados a ser.

El testimonio de vida debe ser claro y preciso: aunque exista la cizaña, debemos seguir nuestro camino. Aunque Satanás se interponga en la vía, debemos combatirlo con la oración y la mortificación, llevando el Evangelio a todas partes, a todos los hombres y mujeres de nuestra sociedad, dejando de lado prejuicios y ciertos usos sociales que no llevan sino al alejamiento del mensaje de Jesús.

Seamos solícitos en la expansión del Evangelio, teniendo en cuenta a los pobres y excluidos de la sociedad, los cuales son prioridad para nosotros los cristianos, a diferencia de aquellos que los usan para otros fines muy lejanos del amor de Dios; de ahí la pregunta inicial: ¿de qué parte estamos?

MARÍA, LA MADRE DE TODOS

María Santísima nos enseña a caminar de la mano con Jesús y a transmitir el evangelio a todos. Seamos verdaderos discípulos y no tengamos miedo a los que, burlándose del mismo Dios, dañan la dignidad de los hombres, olvidando que todos somos imagen y semejanza de Él. Así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com




sábado, 15 de julio de 2017

XV° Domingo del Tiempo Ordinario, 16 de julio de 2017

SEMBRAR EL BIEN…
Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ven ustedes y no lo vieron, y oír lo que oyen y no lo oyeron.”…

lectura: Is 55, 10-11; Salmo: 64; II° lectura: Rom 8, 18-23; Evangelio: Mt 13, 1-23

La Iglesia católica, una y santa, fundada por Jesucristo, nuestro maestro y Señor, nos da la posibilidad de encontrar en ella la fuente de paz, de amor, de esperanza que todos necesitamos. Actualmente son muchos los caminos equivocados que se presentan y la actitud inerte de muchos cristianos, dejan sin fertilidad la tierra buena que Dios nos ha concedido desde siempre. La palabra de Dios es semilla que llena, que da plenitud y que no deja vacío el corazón del hombre (I° lectura); ya que la semilla que cae en tierra buena, da fruto (Salmo). Con esto podemos estar seguros que seremos liberados por la gracia de Dios (II° lectura).

EL CRISTIANO: TIERRA BUENA

Hay dos cosas que se desprenden, entre otras, de la liturgia de este domingo. En primer lugar, quien siembra y en segundo lugar, la siembra y los frutos que se producen. Quien siembra, sin duda, es Dios. Él coloca en nuestra vida y en nuestro itinerario cotidiano, la posibilidad de encontrar el verdadero camino. Un camino que puede ser difícil de recorrer o que puede ser más accesible. Dios nos indica una vía llena de expectativas, una vía no de escape, sino de esperanza y confianza. De esto se recoge, con toda certeza buen fruto, ya que Dios nos da la fuerza para que dicha semilla caiga en buena tierra. En este día es necesario reflexionar sobre lo que hemos hecho o estamos haciendo: ¿qué hemos sembrado?, ¿qué estamos recogiendo?, ¿cómo es nuestra cosecha? Difícilmente se puede recoger paz cuando se siembra y existe guerra. No nos vayamos tan lejos, miremos alrededor de nuestra vida.

Se dice que “se recoge lo que se siembra” (refrán popular) y ello indica que debemos tener muy en cuenta que estamos llamados a hacer el bien, aunque nos cueste en algunas oportunidades, aunque nuestra condición social, cultural, académica o política, nos indiquen lo contrario: no dejemos de hacer el bien y sembrar por todas partes y en todos los corazones, el mensaje de Jesús. Defendamos la Iglesia, es la iglesia a la que pertenecemos y en la que somos discípulos; y quien la insulta, la profana y busca la manera de hacerla sucumbir, no lo logrará, “el que tenga oídos que oiga”.

DE LA MANO CON MARÍA…

Nuestra Madre María nos lleva de la mano, nos conduce hacia la paz, la armonía y el amor. Ella nos ayuda a entender y practicar el hecho de ser partícipes de la siembra verdadera: la que Jesús nos enseña y en la que debemos dar frutos de sinceridad y humildad.

Hermanos y hermanas: seamos testigos sinceros del mensaje de Jesús y llevemos a todas partes el evangelio de la verdad. Nuestra Señora del Carmen ruega por nosotros. Así sea.

 José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

viernes, 7 de julio de 2017

XIV° Domingo del Tiempo Ordinario, 9 de julio de 2017

DIOS ALIVIA NUESTRO CORAZÓN
“Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Si, Padre, así te ha parecido mejor”.

I° lectura: Zc 9, 9-10; Salmo 144; II° lectura: Rm 8, 9.11-13; Evangelio: Mt 11, 25-30

A través de las Sagradas Escrituras encontramos respuestas a los interrogantes que se nos presentan, y más aún cuando deseamos ser testigos del Evangelio de la verdad, el Evangelio de Jesús en medio de adversidades. Este domingo se nos muestra la omnipotencia de Dios, su grandeza y su humildad (I° lectura) para bendecir por siempre su nombre (Salmo). Viviremos en Dios y en su amor si reconocemos y sentimos de verdad que estamos insertados en su Espíritu, el cual nos vivifica y hace caminar hacia la vida (II° lectura).

APRENDER DE DIOS

En estos días hemos podido conocer una serie de noticias que conllevan aspectos políticos, religiosos, culturales, sociales. Todo esto debe hacernos reflexionar en cuanto somos testigos de la historia, una historia que no debe, por ningún motivo, alejarse de Dios. Si estamos unidos a Dios, si vivimos junto a Él, si en nuestra vida cotidiana ofrecemos nuestras obras con amor y sinceridad, estamos siendo partícipes de esa historia de la que cada día nos llega información y en la que debemos aportar soluciones positivas.

Construir la paz, vivir la armonía, estar en comunión como verdaderos hermanos conlleva no sólo leer el Evangelio, sino vivirlo, ponerlo en práctica. Dios alivia nuestro corazón y nosotros, a su vez aprendemos de Él, que es manso y humilde de corazón. Es allí donde radica nuestra condición de cristianos: ser como Jesús.

El cristiano debe estar unido a la historia, a lo que sucede a su alrededor, a tener fe en Dios que abre el corazón del hombre para vivir y compartir el sufrimiento y la esperanza de tantos que necesitan de ello, tal como lo recitamos en la oración de la Diócesis de San Cristóbal: “…queremos contagiar esperanza y servir a todos, particularmente a los pobres y excluidos de nuestra sociedad”. Reflexionemos: ¿hemos aprendido de Dios esto? ¿lo estamos poniendo por obra?

MARÍA SANTÍSIMA NO NOS ABANDONA

En este itinerario de vida y de amor, María Santísima nos guía y nos lleva de la mano. Debemos insistir en el amor y devoción que todo cristiano le debe profesar, como verdaderos hijos suyos. Nuestra madre es la luz, la esperanza, el pilar del amor que nos lleva a Jesús. Ella nos enseña la sencillez que falta en tantos sitios, la humildad de la que carecen muchos corazones y cómo proclamar las grandezas y maravillas que Dios nos regala a cada momento. Así sea.

Hermano y hermana, dejémonos aliviar por Jesús y coloquemos nuestro corazón en sus manos para ser portadores de esperanza, paz y armonía…

José Lucio León Duque


XIII° Domingo del Tiempo Ordinario, 2 de julio de 2017

LA VIDA NUEVA EN JESÚS
“El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará.”

Primera lectura: 2Re 4,8-11.14-16ª; Salmo: 88; II° lectura: Romanos 6,3-4.8-11; Evangelio: Mateo 10,37-42

La liturgia de la Palabra de este domingo se presenta como un llamado a la fe, la esperanza y la caridad, vividas en el nombre de Jesús y manifestadas en el testimonio de una conducta de vida digna y recta.

DIOS: AMOR TOTAL

A partir de la primera lectura nos sumergimos en la sensibilidad humana, la acogida y el reconocimiento. La segunda lectura nos recuerda el gran don de la Fe, recibido en el Bautismo y el significado teológico que este sacramento tiene en la vida de cada cristiano. El Evangelio, tomado de San Mateo, es una de las páginas más hermosas escritas con la vida y con las palabras dichas por Jesús a todos y cada uno de nosotros. Es un llamado a colocar el Evangelio al centro de nuestra vida, manifestado en aquello que cuenta realmente y que tiene un valor infinito y eterno. Y lo que realmente cuenta en nuestra existencia terrena no es nada material, sino todo aquello que es expresión de amor hacia el Señor.

Los afectos y sentimientos hacia nuestra familia son pequeños en comparación al amor de Dios. Se nos pide acoger la llamada de Jesús con convicción, rectitud y sin doblez, una respuesta recibida y vivida en plenitud hasta el final. ¡Cuántas veces pensamos con una visión humana y quedamos desilusionados! Esto sucede porque no se ama en plenitud, con la sinceridad y la convicción necesarias para dar el lugar que merece Dios en nuestra vida.

El amor de Dios se concreta con el amor hecho de gestos sencillos: hasta dar un vaso de agua a quien lo necesita, un gesto que hasta el más pequeño puede hacer y que refleja la frescura y la sencillez con la que se debe anunciar, de palabra y obra, el Evangelio. El amor llena, quita la sed, regenera, da vida y esperanza. Y si el amor es donado en el nombre del Señor, adquiere un valor de eternidad que sólo Dios puede recompensar en el mejor de los modos. Los santos son el ejemplo de este modo del cual se habla de la caridad y ante la cual, en diversas ocasiones, somos indiferentes e insensibles en relación al prójimo.  

Para cambiar el mundo y la convivencia humana no bastan solo las palabras, es necesaria una conversión en la vida de cada uno de nosotros, en las relaciones personales y comunitarias, viviendo a plenitud el respeto y la solidaridad. Es por ello que Jesús nos enseña la importancia de los pequeños detalles que podemos y debemos compartir. En medio de la crisis moral que estamos viviendo, demos espacio a aquello que realmente importa: la dignidad de la persona y la fraternidad vivida con conciencia y convicción.

MARÍA SANTÍSIMA: HUMILDE SERVIDORA DE DIOS

“Aquí está la esclava del Señor”. De esta forma María Santísima nos enseña a ser dóciles a la llamada de Dios. Ella, humilde y sencilla, nos da ejemplo del camino que debemos seguir. Imitémosla. Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

viernes, 23 de junio de 2017

XII° Domingo del Tiempo Ordinario, 25 de junio de 2017

HABLEMOS SIN MIEDO DE DIOS
“No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma…no tengan miedo”  

I° lectura: Jer 20, 10-13; Salmo: 68; II° lectura: Rom 5, 12-15; Evangelio: Mt 10, 26-33

En una sociedad en la que se nos presentan diversas opciones para vivir, en la que el relativismo absorbe la vida de muchos hombres y mujeres, en este tipo de sociedad se nos muestra una de las mejores opciones: no tener miedo. La palabra de Jesús en este domingo, es tajante y clara, hay que dejar el miedo y enfrentar la realidad. El discípulo, quien opta por vivir en Dios, debe reconocer que es necesario colocarse en sus manos, confiar en Él, alabándole siempre (I° lectura). La humildad, la sencillez, la disponibilidad y la entrega, hacen de nosotros discípulos atentos y solícitos a la bondad de Dios (Salmo). Todo esto nos mueve a darle gracias a Dios y a reconocer que la gracia que nos da Jesús, se nos da a todos por su infinita misericordia (II ° lectura).

¿MIEDO? ¡NO! DIOS ESTÁ CON NOSOTROS

La claridad y la verdad son elementos necesarios en la evangelización y el mensaje de salvación a todos. Se nos invita, por tanto, a ser testigos de la esperanza y de la valentía que todo cristiano debe demostrar. Lamentablemente falta liderazgo en algunos sectores y el hecho mismo de dejarnos convencer de ideologías que no tienen el deseo que el hombre surja sino se quede en la oscuridad, nos llevan de consecuencia a vivir en el miedo. Jesús nos invita a tener confianza en Él y en nuestras capacidades,  a no dejarnos vencer por las adversidades sino más bien a ser portavoces de la verdad y para ello no hay que tener miedo.

Son muchos los sitios donde se necesita llegar con la palabra de Dios, donde es necesario ir con la bandera de la verdad y sin temor. El cristiano debe tener presente lo siguiente: en primer lugar que la evangelización es algo verdadero, real, cierto y se debe realizar con seguridad, convicción y donde sea necesario. En segundo lugar que la presencia de Jesús en nosotros es la presencia reveladora de la esperanza, de quien dándonos su vida nos da la salvación y, en tercer lugar, debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿cómo estamos respondiendo a todo esto? En la actualidad deben surgir más personas valientes y decididas a llevar el mensaje de Cristo a todos los lugares, a los cercanos y a los lejanos, a los ricos y a los pobres, a todos aquellos que, por miedo, prefieren quedarse al margen de cualquier compromiso. Decir la verdad, actuar en ella y vivir por ella, es fundamental en el testimonio de vida cristiana. ¡Desechemos, de una vez por todas, el miedo y unámonos a Cristo! ¡Él es el camino, la verdad y la vida!

LA VIRGEN MARÍA, MUJER Y MADRE VALIENTE

María, Nuestra Madre, nos da ejemplo de vida en Dios. Ella, mujer y madre valiente, nos da la fuerza para predicar y proclamar el gozo que Dios nos da. Seamos testigos del amor de Dios que, en Espíritu y Verdad, nos lleva con valentía a ser mensajeros del evangelio de Jesús.

Señor Jesús, ayúdanos a ser valientes en la evangelización y
a desechar de nuestros corazones lo que nos pueda dañar…
Seguimos trabajando en favor de la Paz y la Reconciliación.
Así sea

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

viernes, 16 de junio de 2017

Fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, 18 de junio de 2017

“EL PAN DE VIDA…”
“El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.”

I° lectura: Dt 8, 2-3. 14b - 16a; Salmo: 147; II° lectura: I Cor 10, 16-17; Evangelio: Jn 6, 51-58

Celebramos la fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, y su presencia en la vida del hombre. Hoy, vivimos junto a Jesús esa presencia eucarística, siendo ella, certeza para todos nosotros de vida, esperanza y salvación. Debemos, como verdaderos cristianos, recordar siempre a Dios, nunca olvidarnos de los dones y gracias que nos concede (I° lectura), glorificar su nombre (Salmo) y participar del banquete eucarístico, del Cuerpo y la Sangre de Jesús (II° lectura).

PRESENCIA REAL. En la historia de la salvación, en la cual cada uno de nosotros somos partícipes, encontramos un itinerario de la presencia de Dios en el corazón de sus hijos. La presencia eucarística es real, verdadera, cierta, que se hace vida en cada hombre y mujer, en la medida que la reconocemos como "fuente y cima de toda la vida cristiana" (LG 11). El Papa Francisco, en ocasión de una Fiesta del Corpus decía: “Cuántas madres, cuántos papás, junto con el pan de cada día, cortado en la mesa de casa, se parten el pecho para criar a sus hijos, y criarlos bien. Cuántos cristianos, en cuanto ciudadanos responsables, se han desvivido para defender  la dignidad de todos, especialmente de los más pobres, marginados y discriminados”.  El papa nos enseña que para hacer todo esto, es necesario seguir el ejemplo de los santos que han amado la Eucaristía, y ello se vive “En el poder del amor del Señor resucitado, que también hoy parte el pan para nosotros y repite: ‘Hagan esto en memoria mía’”.

La presencia real de Jesús en el Santísimo Sacramento en medio del Pueblo de Dios, nos lleva a reflexionar sobre lo siguiente: en primer lugares sacrificio que nos redime, nos salva, nos purifica. En segundo lugares misterio por el cual cada cristiano, creyente y amante de la Eucaristía, siente admiración plena. En tercer lugares sacramento, en el cual nos deleitamos y participamos sin cesar. San Agustín en el Comentario al Evangelio de San Juan, habla de la Eucaristía como "¡Sacramento de piedad, signo de unidad y vínculo de caridad!". La Evangelización hoy debe llevar como bandera nuestro amor a Jesús Eucaristía y a la Santísima Virgen María. Ello conlleva a creer y vivir la fraternidad, la unión y el amor, si esto falta, la evangelización decae y no produce fruto. Seamos amantes de la Eucaristía y fieles al mensaje del Evangelio: “El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.” (Evangelio del Corpus Christi).

MARÍA, MUJER DE LA EUCARISTÍA

La presencia de María Santísima, nuestra madre, es permanente y sincera. Ella, conservando y guardando todo en su corazón, se convierte en discípula fiel que nos enseña el camino que debemos seguir para ser adoradores en Espíritu y Verdad de la Eucaristía. Sigamos a Cristo, estemos junto a él y confiemos plenamente en su presencia en medio de nosotros. Así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...