José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
En Sintonía con Jesús Radio

Radio en vivo

domingo, 21 de enero de 2018

III° Domingo del Tiempo Ordinario, 21 de enero de 2018

IR Y PREDICAR
“Está cerca el reino de Dios: conviértanse y crean en el Evangelio.” (Mc 1, 15)

Iº lectura: Jon 3, 1-5.10; Salmo: 24; IIº lectura: 1Cor 7, 29-31; Evangelio: Mc 1, 14-20

Predicar el mensaje de Dios; arrepentirnos y convertirnos, siguiendo el camino que el Señor nos indica, son signos de que “el momento es apremiante” (1Cor 7,29) y por tanto, es nuestro deber seguir caminando en nombre de Dios, aquí y ahora, en cada instante y en cada lugar. Ello implica ser decididos al anunciar el Evangelio y denunciar aquello que nos aleja de Dios, aquello que no nos hace discípulos de Jesús y que nos convierte en cómplices de las acciones del maligno.

CREER Y VIVIR EL EVANGELIO

La vida cristiana está radicada en el amor a Dios y la fe que tenemos en Él. La situación actual que vivimos, nos ofrece la oportunidad de ser discípulos del Maestro del amor y por ende, predicar lo que desea el Señor del hombre de hoy: “Vengan conmigo y les haré pescadores de hombres; crean en el Evangelio” (Mc 1,19). ¿Será posible seguir los pasos de Cristo en medio de la necedad y la indiferencia que tantas veces se presenta?

La llamada de Señor a aquellos pescadores es la misma que hace a todos nosotros. Una llamada que se realiza en medio de las dificultades que estamos viviendo, en el ámbito de una crisis que pareciera no tener vía de salida. Sin embargo, nuestra actitud es y debe ser de convicción: es necesario seguir sin doblez y con valentía a Jesús, quien nos invita a caminar junto a Él como el único camino que nos salva, siendo profetas en la actualidad, sin miedo y sin temor, sabiendo que la Palabra de Dios y las acciones concretas a favor de su Pueblo, son garantía de la unidad que realmente debemos vivir.

El mensaje de Cristo implica, ante todo, una respuesta, ya que se nos invita a convertirnos, a desear mejorar en todo y a ser verdaderos seguidores del Maestro del amor. En segundo lugar, la conversión que nos hace cambiar de vida, nos lleva a creer más en el Evangelio y a entender, en tercer lugar, que somos los responsables de transmitir esa palabra. Es una buena noticia que tenemos en nuestras manos para extenderla con convicción, con fe y esperanza.

Encontrar al Mesías y sentir la fuerza de su invitación es la llamada que nos debe mover a evangelizar, y dicho mensaje debe ser llevado a todos sin excepción y con decisión. Es posible seguir a Jesucristo, es posible adherirnos a su vida, es posible orar con el Él y por Él, es posible ser discípulos de Jesús y dar testimonio de ello. Basta creer, decidirse, ir y predicar. Hagamos vida la invitación de Jesús, no tengamos miedo de seguirlo pues en Él tenemos la fuerza que nos ayuda a ser verdaderos discípulos del Evangelio, y con ello, en medio del pueblo, podremos saciar los vacios que dejan las inertes acciones de quienes ostentan ser “salvadores”, creyendo poder callar a quienes seguimos a Jesús, único y verdadero camino.

MARÍA NOS INVITA A SEGUIR A SU HIJO

Acerquémonos a Jesús a través de María nuestra madre del cielo. Ella nos guía por sendas de paz y de bondad y nos llama a seguir a su Hijo: “hagan lo que Él les diga” (Jn 2, 5). Dispongámonos a seguir a Jesús, seamos sinceros con Dios y con nosotros mismos, dejemos el miedo y esforcémonos cada día por seguir el camino que nos lleva a la paz. Aunque muchos digan luchar por la paz y busquen otros fines, continuemos con nuestro ideal: en el nombre de Dios, como sus discípulos y sus testigos, unámonos a Él, en espíritu y verdad, con adhesión total y sin exclusión alguna. Así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

20 de Enero de 2018, Homilía de Mons. Mario del Valle Moronta en la Misa de San Sebastián.

HOMILÍA DE MONS. MARIO MORONTA EN LA MISA DE SAN SEBASTIÁN
 
Como es tradición en nuestra ciudad, celebramos hoy la fiesta de SAN SEBASTIAN, “capitán valeroso” y mártir de Jesucristo en los inicios de la Iglesia. La Palabra de Dios, la Liturgia y el testimonio del mártir nos brindan elementos importantes para nuestra oración y reflexión, así como para la práctica de la fe en caridad dentro de la comunidad donde vivimos. El Papa Francisco nos enseña cómo debemos realizar la interpretación de la Palabra de Dios y la enseñanza de la Iglesia en la predicación: El predicador necesita también poner un oído en el pueblo, para descubrir lo que los fieles necesitan escuchar. Un predicador es un contemplativo de la Palabra y también un contemplativo del pueblo. De esa manera, descubre «las aspiraciones, las riquezas y los límites, las maneras de orar, de amar, de considerar la vida y el mundo, que distinguen a tal o cual conjunto humano», prestando atención «al pueblo concreto con sus signos y símbolos, y respondiendo a las cuestiones que plantea». (…) Lo que se procura descubrir es «lo que el Señor desea decir en una determinada circunstancia». (E.G. 154).

En esta línea, propondremos algunas ideas para nuestra reflexión y para afinar más el compromiso evangelizador de todos en la edificación del Reino de Dios, de justicia y paz. La Palabra de Dios nos indica cómo hemos de asumir la situación que hoy vive el pueblo, al cual pertenecemos; la imagen del  cristiano martirizado y flechado por quienes, incluso, habían sido sus súbditos nos ayuda también a concluir algunos compromisos urgentes en la hora presente.


En primer lugar nos encontramos con el mensaje de la Palabra de Dios. En el salmo le hemos pedido a Dios vuelva sus ojos hacia nosotros. El salmista recuerda que también nosotros tenemos el llanto como bebida y comida; pero aún así le podemos implorar con las palabras del salmo: “Despierta tu poder y ven a salvarnos”. El dolor de la inmensa mayoría de nuestra gente es grande y se manifiesta de muchas maneras. Sentimos una gran indefensión, un menosprecio a nuestra dignidad de hijos de Dios y un irrespeto a lo más grande que el mismo Dios nos ha dado: la vida. Frente a ello, existen las tentaciones a la desesperanza y la resignación, al conformismo y a la desolación. Esto sin dejar a un lado otras tentaciones que señalan caminos que no se deben caminar: la corrupción, la especulación, el ansia de poder y de tener, el creernos que somos más que los demás y  el aprovechamiento de la situación de indefensión para especular, contrabandear, “bachaquear” y dejarnos llevar por los criterios crematísticos del mundo.

El texto del segundo libro de Samuel nos recuerda la actitud de David y sus seguidores ante la noticia de la derrota del ejército hebreo y la muerte de Saúl y Jonatán. Luego de rasgar sus vestiduras, David y sus acompañantes ayunaron  por el pueblo de Dios y la casa de Israel. Si tenemos un oído puesto en Dios y en el pueblo, es decir, si de verdad sentimos el gozo espiritual de ser pueblo, vamos a hacer una lectura correcta de esta Palabra en el hoy de nuestra realidad. No es ningún secreto –como tampoco es una invitación al odio- reconocer que vivimos un momento dramático: el hambre que golpea la salud física y espiritual de muchos hermanos, la falta de medicamentos y de otros insumos necesarios, la migración de numerosos venezolanos hacia otros países en busca de mejores condiciones, así como otras expresiones de la situación que se vive, hablan del dolor del pueblo. Este ve cada día más lejana la solución y el cambio requerido para un auténtico e integral desarrollo que permita sentir la centralidad de la persona humana en la sociedad.

Frente a ello, se requiere, ciertamente, el compromiso solidario y fraterno de cada uno de los creyentes y personas de buena voluntad. Si oímos a nuestros hermanos con la ayuda de la Palabra de Dios, entonces nos daremos cuenta de cómo urge cada día intensificar nuestra cercanía mutua, reafirmar que compartimos los gozos y esperanzas, las angustias y problemas que nos aquejan e ir haciendo realidad la vocación de ser sujeto constructor de nuestra historia. Esto nos lleva a volver a plantear algo que ya desde hace tiempo venimos indicando: ¿Por qué celebrar unas ferias en honor de San Sebastián con gastos que no se justifican y con programaciones reñidas con la situación concreta que se vive hoy en nuestra ciudad, en nuestra región y en nuestro país? Ya basta de “pan y circo”. ¿Acaso no es inmoral que se inviertan sumas en torneos deportivos –aunque sean de importancia-, en fiestas de “bailantas” en clubes y otros sitios con precios exorbitantes, que se tengan espectáculos con participantes extranjeros a quienes se les debe pagar en divisa foránea cuando en nuestros barrios hay gente que pasa hambre, cuando los enfermos y necesitados de atención no consiguen medicamentos, cuando los anaqueles de los abastos están vacíos o los precios están marcados en grado superlativo? Muchos teníamos la ilusa pretensión de que este año no se iba a tener la feria. Pero predominó el interés particular, el afán de distraer el hambre y las necesidades y el status de sentir que es la “feria gigante” de Venezuela y el mundo. No hay dinero para recoger la basura ni para arreglar carreteras y calles, no hay dinero para conseguir insumos, no hay dinero para la salud, no hay dinero para tantas necesidades… pero si lo hay para la vuelta al Táchira, para otros espectáculos y demás actividades feriales. Eso no tiene justificación aunque haya miles de explicaciones. En una ciudad y en una región que se precian por su cristianismo, no podemos decir que sea evangélico que católicos promuevan esto.

Celebramos la fiesta de un mártir. El se distinguió por ser fiel en su trabajo como militar y como creyente. Pero su fe en Cristo estaba por encima de lo demás. Sin dejar de servir al emperador, tampoco dejó de servir al Dios de la vida que lo había llamado a ser discípulo de Jesús. Ser fiel al emperador no significaba ser idólatra. Es el drama de muchos creyentes en Cristo a lo largo del mundo. Hoy seguimos encontrando muchos cristianos martirizados a causa de su fe. Unos son torturados y asesinados con saña; otros son golpeados por la difamación y la burla; otros también son martirizados por el menosprecio hacia su coherencia de vida al no caer en la corrupción, o al defender la vida y los valores del Evangelio.

Hoy, se siguen disparando flechas o dardos mortales, como los que hirieron a Sebastián. Son dirigidos hacia quienes buscan su verdadera felicidad, no la que da el mundo y sus encantos; sino la que viene del Señor Jesús, que nos ha propuesto un ideal de vida en la enseñanza de las bienaventuranzas. Quienes buscamos esa felicidad auténtica, al seguir el camino del Señor y tomar su cruz, sencillamente corremos el riesgo de ser flechados. Son bastantes las flechas que se lanzan. Mencionemos algunas de ellas, para saber cómo protegernos.

Una primera flecha va dirigida contra el derecho fundamental de todo ser humano, el de la vida. Desde la naciente en el vientre materno hasta la que está por pasar a la eternidad. Todo ser humano tiene el derecho a vivir con dignidad y a que se le respete su propia vida. Lo que más se está atacando en nuestro país es el derecho a la vida: se siente en las consecuencias del hambre, de la miseria en que muchos están cayendo… La vida que se irrespeta cuando se aplican leyes marciales sin el legítimo proceso, aún sabiendo que en Venezuela no existe la pena de muerte; la vida que no se atiende en hospitales o porque no se fortalece la  atención a la salud; la vida que tampoco se cuida cuando se responde con más violencia en barricadas o en actos delictivos o en sicariatos. Es la flecha que pretende callar a quienes defienden sus derechos humanos.

Otra flecha es lanzada por quienes se sienten dueños de los demás: los acaparadores y especuladores, los que contrabandean y buscan dinero fácil; los narcotraficantes con su comercio de muerte; los que rompen las ilusiones de tantos niños y adolescentes con la pornografía. Es la flecha lanzada por las mafias que se aprovechan de la situación para hacer sus fechorías y negocios amorales e inhumanos. No podemos dejar de mencionar las mafias dedicadas al tráfico de personas y de órganos y las que roban a tantos migrantes aprovechándose de las condiciones en que llegan a nuestra frontera. Hoy también nos topamos con las mafias que se están especializando en buscar, contratar y oprimir a tantos adolescentes y jóvenes, hombres y mujeres, para llevarlos a la prostitución. Llama la atención poderosamente cómo existen muchos puestos de control en las carreteras y otros lugares: allí sufren los transportistas de alimentos y de otros insumos, los viajeros de unidades de transporte… para ellos hay controles excesivos y discriminantes y muchas veces acompañados del “matraqueo”. Pero curiosamente ¿por qué no existen controles en los lugares donde funcionan esas mafias antes mencionadas?

Otro dardo altamente dañino proviene de quienes, en vez de dar soluciones a los graves problemas de la gente, los cargan con más cosas o les ofrecen falsas esperanzas, o los manipulan con dádivas que buscan comprometer sus actuaciones. Es el dardo que provoca indefensión, desconsuelo, desesperanza y resignación. El dolor causado por ese dardo no se sana con bolsas de alimentos, o con ofertas de dinero, o con planes de una patria herida en lo más profundo de su ser… Es el dardo que quiere ser evitado de muchas maneras: una de ellas, muy patente para nosotros, es el de las migraciones de jóvenes, de familias, hacia otros países en búsqueda de mejores condiciones de vida. El dolor dejado por quienes se van no sólo es sentido por los familiares que se quedan acá, sino por toda la nación, que ve indefensa el vacío de las aulas de escuelas y universidades, el cierre de tantas empresas y puestos de trabajo, el abandono de hogares y comunidades… Los responsables de lanzar esos dardos tendrán que vérselas algún día con la justicia divina.

Y, aún sabiendo que hay otros más, queremos mencionar un dardo que produce tanto o más dolor como los antes señalados: es muy peligroso porque es lanzado por quienes creen tener la conciencia tranquila. Es el dardo de la indiferencia de quienes o no han tomado conciencia de la gravedad de la situación; o se han encerrado en un conformismo al renunciar a ejercer su vocación de sujeto social; o de quienes están aguardando que sean otros quienes vengan a dar soluciones o esperan que ellas llegarán desde fuera como por arte de magia. Y lo más grave del asunto es que en este grupo de personas se encuentran muchos miembros de la Iglesia: son los que no se sienten comprometidos desde su fe y todo lo quieren reducir a actividades pietistas; o los que prefieren seguir amparándose en un “clericalismo” trasnochado y antievangélico; o los que pretenden que la Iglesia se reduzca a las sacristías… Es el dardo de quienes quieren una Iglesia con una pastoral de conservación y no en salida, pobre y para los pobres.

Si escuchamos al pueblo, porque somos parte de él, y, a la vez, escuchamos a Dios, con quienes estamos en comunión, no podemos quedarnos sólo en análisis de la realidad, aún hechos desde la Palabra de Dios, ni en laméntelas o en deseos porque otros lleguen a actuar. Por eso, debemos tomar una posición y reafirmar nuestro compromiso. Es el compromiso nacido del seguimiento de Jesús con la ayuda del Espíritu Santo y tendiente a edificar el reino de justicia y de paz, la civilización del amor. Vamos a proponer, en este momento tres actitudes que hemos de seguir asumiendo y que se sintetizan en una sola idea, que responde a la interrogante que continuamente se nos hace sobre qué debe hacer la Iglesia: sencilla y claramente ser Iglesia.

Una primera, como Iglesia, todos los creyentes hemos de vivir “encarnados en nuestra propia realidad”. No vivimos ni viviremos en el país de las maravillas. Tampoco necesitamos ni de súper hombres o súper mujeres ni del “Chapulín Colorado”. Para poder manifestarnos como “Iglesia en salida”, hemos de estar encarnados en nuestra propia realidad, para ser en ella “sal de la tierra y luz del mundo”. Así haremos sentir que la Iglesia es pueblo y está con todos, en especial con quienes más sufren y son pobres y excluidos. En medio de los agobios, los hombres y mujeres de la Iglesia debemos compartir con los demás su dolor, tristeza y angustia, así como su auténtica esperanza. El Papa Francisco lo recordaba hace algunos días durante su viaje a Chile: A menudo soñamos con las «cebollas de Egipto» y nos olvidamos que la tierra prometida está delante, no atrás. Que la promesa es de ayer, pero para mañana. Y entonces podemos caer en la tentación de recluirnos y aislarnos para defender nuestros planteos que terminan siendo no más que buenos monólogos. Podemos tener la tentación de pensar que todo está mal, y en lugar de profesar una «buena nueva», lo único que profesamos es apatía y desilusión. Así cerramos los ojos ante los desafíos pastorales creyendo que el Espíritu no tendría nada que decir. Así nos olvidamos que el Evangelio es un camino de conversión, pero no sólo de «los otros», sino también de nosotros. Nos guste o no, estamos invitados a enfrentar la realidad así como se nos presenta. La realidad personal, comunitaria y social. Hoy más que nunca debemos hacer sentir que la Iglesia está metida dentro del pueblo, porque todos sus miembros son pueblo; hoy la Iglesia debe hacer sentir la fuerza liberadora de Cristo, con la caridad y el acompañamiento de todos, sin excepción.

En esta línea, ninguno de los cristianos está eximido del compromiso de dar testimonio, de sentir que somos hermanos y que hemos de construir puentes y no muros; que nos toca defender la verdad y no la mentira o las componendas… eso supone el riesgo de ser perseguidos, malentendidos y hasta aniquilados. Pero somos servidores de la Verdad, la única que libera al hombre de toda opresión. Desde este compromiso, surge una segunda actitud irrenunciable que incluso, como nos enseña Pablo, es ministerio propio de toda la Iglesia: la reconciliación. Estamos sumergidos en una sociedad donde existe mucho odio, rencor y deseo de venganza o revanchismo. Se acusa a quienes predican la verdad evangélica y se denuncia el pecado del mundo como promotores del odio, y quienes lo hacen se valen del insulto y de la ofensa, también generadora de odio… Nuestra sociedad necesita la reconciliación que es consecuencia del amor misericordioso de Dios. Sin esto, no se podrá ni reconstruir la nación y tampoco se superarán las brechas abismales que se han ido cavando desde hace mucho tiempo atrás. La Iglesia reconciliada y reconciliadora es la que necesitamos seguir promoviendo. El saberse llena de dificultades y de llagas, como las que sufrió Jesús, permitirá la tarea de la reconciliación. Así lo enseñó Francisco en Chile: Una Iglesia con llagas es capaz de comprender las llagas del mundo de hoy y hacerlas suyas, sufrirlas, acompañarlas y buscar sanarlas. Una Iglesia con llagas no se pone en el centro, no se cree perfecta, sino que pone allí al único que puede sanar las heridas y tiene nombre: Jesucristo.

Si Cristo está en el centro de la vida y misión de la Iglesia y de todos sus miembros, se hará realidad la fuerza del amor. Decimos, con San Juan “hemos creído en el amor”. Si esto es cierto, entonces, cada uno de los bautizados lo hará sentir de verdad en el momento en el cual vivimos. La enseñanza de los primeros discípulos, traducida en hermosos términos en el Libro de los Hechos de los Apóstoles, nos indica que todo discípulo de Jesús ponía en común de lo que tenía (no de lo que le sobraba) y así nadie pasaba necesidad. En los últimos meses, personas, familias, comunidades e instancias eclesiales de nuestra Diócesis han dado pasos ciertos en este sentido. Se ha compartido de lo que se tiene para ayudar a enfermos y personas necesitadas, se ha compartido el alimento de manera fraterna y solidaria… han surgido nuevas y bellas iniciativas que hay que seguir alentando y fortaleciendo. Aún hay mucho por hacer. Todo esto nace del ejemplo de Jesús quien nos ha pedido hacer lo mismo que Él realizara con el lavatorio de los pies. ¡Que pedagogía la de nuestro Señor! Del gesto profético de Jesús a la Iglesia profética que, lavada de su pecado, no tiene miedo de salir a servir a una humanidad herida. Es lo que debemos seguir haciendo.

Por eso, sin temor ni temblor, superando la tentación a la ingenuidad, me atrevo a hacer una propuesta a quienes organizan tanto la Feria como los eventos de fiestas y de atracciones (las fiestas en los clubes y otros espacios, las corridas de toros y otros actos lucrativos). Lo hacen en el marco de una fiesta considerada de corte cristiano y son, en su inmensa mayoría, católicos: ¡sean fieles a la Palabra de Dios y den un ejemplo también para el mundo! La propuesta la haré en forma de interrogantes para ver si su respuesta es positiva –y ¡ojalá lo sea!-. ¿Qué pasaría si de las ganancias que se obtengan de todos esos espectáculos y eventos de la feria, se destinara el 60% para hacer un gesto de caridad y solidaridad? ¿No sería una hermosa manera de hacer sentir que no se trata de un evento meramente lucrativo y que sus organizadores están demostrando que son los criterios del evangelio los que marcan el rumbo de sus vidas y acciones? Eso sí, no salgan con la excusa de que todo lo programado les produjo pérdidas.

Pero demos un paso más. Para que no se vaya a caer en la tentación de que la Iglesia quiere aprovecharse de ese aporte ni para que se vaya a perder lo ofrendado, propongo concretamente que lo recaudado se destine para apoyar al Hospital Psiquiátrico que está en Peribeca y que tantas necesidades tiene. Y para ello, propongo constituir un equipo compuesto por un representante de la Corporación de Salud, un representante del IAMFISS y un representante de la Iglesia: así podremos tener garantía del destino de ese aporte, que deseo se haga realidad. Lo pido en nombre de los enfermos y médicos, que están en dicho Hospital; pero sobre todo en nombre de Dios. Y como primera ofrenda, pido que la colecta que hoy se haga durante esta celebración (y espero sea generosa) sea el primer ladrillo de esta iniciativa.

Dentro de unos instantes ofreceremos el pan y el vino, junto con ellos se harán presentes nuestros trabajos y afanes, nuestras esperanzas y compromisos. El Señor se hará presente de modo sacramental y a nosotros nos dará la fuerza para hacer realidad la necesaria liberación de nuestro pueblo. Que esta celebración de hoy nos llene de entusiasmo para seguir luchando con las armas de la luz y de la Verdad y buscar que en Venezuela se siga haciendo real el reino de Dios. Amén

+MARIO MORONTA R., OBISPO DE SAN CRISTOBAL.
20 DE ENERO DEL AÑO 2018.



viernes, 5 de enero de 2018

Bautismo del Señor, 7 de enero de 2018


DIOS SE COMPLACE EN SUS HIJOS
“Yo, el Señor, fiel a mi designio de salvación, te llamé, te tomé de la mano”

I° lectura: Is 42,1-4.6-7; Salmo: 28,1a.2.3ac-4.3b.9b-10; I° lectura: Hch 10,34-38; Evangelio: Mc 1,7-11

La Navidad ha sido el centro de las celebraciones en este último período. Hoy se arriba a esta fiesta -el Bautismo del Señor- con la esperanza de conjugar no solo ideas sino aspectos concretos que traen consigo la salvación en el nacimiento de Jesús. Así como en la liturgia de los días anteriores se nos ha presentado la luz que guía nuestra vida hacia Jesús, igualmente hoy los signos del agua y del espíritu son de vital importancia en la misión del Hijo de Dios.

El canto del siervo de Yahvé nos muestra que Dios se complace en quien llama pues confía plenamente en él. Esto es garantía del anuncio de la Buena Nueva que así como se hizo en Belén, se hace sin distinción a todos y cada uno de nosotros, aceptándonos en el amor que viene solo de Dios. El anuncio de la salvación donde el centro es la palabra de Dios hecha carne se hace presente en Juan quien señala al Cordero de Dios y acepta bautizar a Jesús, aún manifestando que es indigno de tan alto honor. El evangelio de hoy muestra la unión de la Palabra de Dios a través de la historia y la manifestación plena de su complacencia ante la mirada del mundo.

LLAMADOS A COMPARTIR LA MISIÓN

En el episodio del Bautismo de Jesús encontramos la llamada a ser discípulos misioneros y testigos del Evangelio, ya que Dios mismo nos indica la complacencia hacia Jesús. El agua que purifica, el espíritu que guía y la voz de Dios presente a cada momento en la vida del hombre, son signos de la misión que debemos cumplir: anunciar la Palabra de Dios, sin temor y convencidos que Él se complace en la extensión de su reino y en la propagación del mensaje de salvación.

El Bautismo de Jesús nos muestra la siempre novedosa acción de Dios en el corazón del hombre, es la acción de quien ama y de quien encuentra en su hijo el gozo y la alegría de poder mostrar al mundo su complacencia. Este día es un momento para reflexionar sobre puntos esenciales de la propia vida: nuestra relación con Jesús, la cercanía con Dios, la alegría que nos produce sabernos sus hijos. Es un día para hacer presente nuestro bautismo y de este modo el amor de Dios en nosotros.

Compartamos esta misión y seamos portavoces del amor del Padre que se complace viendo a su hijo invitándonos a escucharlo y seguirlo. No perdamos esta oportunidad de ser testigos de lo que Dios nos da, siendo cercanos con aquellos que sufren, quienes han perdido la esperanza, quienes no encuentran solución a los diferentes problemas que están presentes cada vez más, quienes no escuchan a Dios aún sabiendo que Él se complace en aquellos que le siguen de palabra y obra.

MARÍA, FIEL DISCÍPULA DE DIOS

En María y con María podemos llegar a Jesús. Ella es fiel discípula de quien nos ama y testigo de esa complacencia en la que se nos muestra el camino para llegar a Dios. Sigamos su ejemplo y seamos misioneros propagadores del mensaje de vida que, en espíritu y verdad, todos estamos convocados a extender a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a fin de llegar a la justicia y a la paz que todos y cada uno de nosotros necesitamos y anhelamos. Así sea.
José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com



jueves, 28 de diciembre de 2017

Domingo 31 de diciembre de 2017, La Sagrada Familia

¡GRACIAS A DIOS POR LA FAMILIA!
“En los pasos de José y María se esconden tantos pasos. Vemos las huellas de familias enteras que hoy se ven obligadas a marchar. Vemos las huellas de millones de personas que no eligen irse sino que son obligados a separarse de los suyos, que son expulsados de su tierra. En muchos de los casos esa marcha está cargada de esperanza, cargada de futuro; en muchos otros, esa marcha tiene solo un nombre: sobrevivencia. Sobrevivir a los Herodes de turno que para imponer su poder y acrecentar sus riquezas no tienen ningún problema en cobrar sangre inocente.” (Papa Francisco, Homilía en la noche de Navidad, 24 de diciembre de 2017)

I° lectura: Eclo 3, 2-6. 12-14; Salmo: 127; II° lectura: Col 3,12-21; Evangelio: Lc 2, 41-52

Este día es la continuación del itinerario que todo cristiano debe cultivar y construir: la vida en familia como don de Dios pidiendo para ella y para el mundo la luz de Dios y la paz. Las lecturas de este día nos preparan para comprender no sólo lo que es una familia, sino lo que en la vida cotidiana debemos hacer: honrar los padres, sobrellevarse mutuamente, perdonarse, ser luz y fomentar la unidad. Así mismo, se nos exhorta a reflexionar sobre la actual situación de la familia.

UN MENSAJE DE PAZ PARA LA FAMILIA Y EL MUNDO

La vida de todos y cada uno de nosotros debe ser testimonio de paz, de unidad, de armonía. Ello se logra si vivimos en el respeto, con educación, ayudando a quien lo necesita y fortaleciendo nuestra fe. En medio del desinterés de muchos, tenemos el amor de Jesús que nos hace parte de su familia con un amor total, aún en medio de las dificultades que se puedan presentar.

La paz es el signo que acompaña la existencia de tantas almas necesitadas de Dios; tantos hombres y mujeres sedientos de su amor, deseosos de tranquilidad y de armonía; tantos niños que más que un juguete necesitan cariño y ternura; tantos jóvenes que más allá de vicios cargados de curiosidad, necesitan una mano amiga, que les acompañen a ser auténticos portadores de esperanza. Esa es la realidad que estamos llamados a ver con claridad: la situación de la familia hoy que se ve manchada de corrupción, deshonestidad y carencia de valores, en medio del llamado a tener esperanza y fe mirando con ilusión a Jesús que nace por nosotros.

La paz es signo de amor en la familia, cuando cada hombre y cada mujer asumen sus propios retos y sus propias responsabilidades recordando el rol que tienen y el don que Dios les ha regalado; cuando quienes gobiernan los pueblos se adhieren a vivir en unidad y trabajar por ella y no se dejan llevar por intereses personales que, lejos de ayudar al bien común, acercan al pueblo a la destrucción y a la desesperanza; cuando quienes la predicamos, trabajamos y luchamos por ella, sin miedo y sin temor, confiados en la presencia de Dios.

En este día se nos invita a valorar lo que tenemos: nuestros padres, hermanos, amigos. Se nos pide ser testigos en espíritu y verdad del amor de Dios, reflejado concretamente en el rostro de tantos hermanos y hermanas nuestros, que mirando al cielo claman a Dios para así poder mirar a la tierra y encontrar quien les ayude. No dejemos que este fin de año sea uno más de tantos en los cuales el protagonismo lo tienen las cosas materiales, las actitudes deshonestas, las acciones que hunden al pueblo en la desesperanza. Estamos llamados a ser portavoces del protagonismo que Jesús niño posee, no por deseos de poder sino con el mensaje evangélico del amor real que solo Él nos puede dar.

CON LA SAGRADA FAMILIA

No dejemos apagar la llama que la Navidad encendió en nuestros corazones; seamos esa luz que camina hacia los sitios más recónditos dónde necesiten de ella. Llevémosla junto a Jesús, José y María, a todas las familias, a todos los hogares, a nuestro hogar, y si a alguno de ellos no podemos llegar, dejemos que se extienda gracias a los sentimientos de unidad, de fe y de hermandad que existen en nuestras comunidades, cultivando aún más el deseo de evangelizar en espíritu y verdad sin excluir a nadie, siendo testigos de la verdad y la justicia.

“Sin Jesús no hay Navidad. Y si en el centro está Él, entonces todo lo de alrededor: las luces, los sonidos, las tradiciones locales, incluidas las comidas características, crean la atmósfera de la fiesta. Pero si le quitamos a Él, la luz se apaga y todo se convierte en algo falso, en solo apariencia”. (Papa Francisco, Audiencia del Miércoles, 27 de diciembre de 2017).

Para todos nuestros lectores el más sincero deseo de paz. Que de ella se desprendan los más hermosos sentimientos para todos sin distinción de raza o credo o condición social. Luchemos para que nadie impida la entrada de la acción misericordiosa y plena del amor de Dios en nuestros corazones, que nadie nos robe la paz y que tengamos la valentía de llevar el mensaje del Evangelio de la Verdad. Dios y la Virgen les bendigan. Así sea.

José Lucio León Duque
josélucio70@gmail.com




miércoles, 27 de diciembre de 2017

CARTA A HERODES, 28 de diciembre de 2017

CARTA A HERODES
Por Mons. Mario del Valle Moronta, Obispo de San Cristóbal

Te extrañará esta carta. Es costumbre hacerla al Niño Jesús y a los Reyes Magos. Pero no a ti. Te escribo no para felicitarte por lo que hiciste. La historia ha sido dura por tus acciones nada bonitas por cierto. Fue horrible la matanza de los inocentes allá en Belén. Y sólo porque tenías miedo de que surgiera un nuevo Rey. Pero Dios te hizo el juego y el Rey que de verdad había nacido fue llevado a Egipto. Mataste a muchos inocentes por soberbia, ambición, odio y miedo. 

Una cosa terrible es que tu figura no ha pasado desapercibida a lo largo de los siglos. No sólo porque nadie te ha olvidado sino porque sirves de rostro para muchos que han obrado en contra de tantos inocentes. 

Hoy mismo tu cara refleja a tantos hombres y mujeres que atacan la dignidad de no pocos hermanos que sufren. Por eso decimos que hay muchos HERODES. Incluso en nuestro país tan golpeado por una grave crisis. 

Hoy tu rostro se ve reflejado en todos aquellos que defienden y practican el aborto. Ellos olvidan que no son los dueños de la vida  y que pueden hoy hacer esa barbarie porque no murieron abortados. Junto a ellos también están los que comercian con el material orgánico producto de los abortos para hacer cosméticos y medicamentos. 

Hoy tu rostro se deja ver en quienes desarrollan el comercio de la pornografía infantil, la pederastia, la venta y tráfico de niños. 

Hoy tu rostro se ve en quienes trafican con personas y las esclavizan de variadas formas y de los que practican la trata de mujeres y hombres también para la prostitución. Si no lo crees échate una pasadita por algunos de los pasos fronterizos entre Venezuela y Colombia

Hoy tu rostro se ve en quienes juegan con la dignidad de la gente y menosprecian a los migrantes o se burlan de quienes tienen discapacidades o van creando condiciones desfavorables para la gente que sufre hambre y escasez de medicinas. 

Hoy tu rostro sirve de máscara para quienes delinquen o para quienes juegan con La Paz de la gente o para "bachaquear" y contrabandear. 

Hoy tu rostro sirve de máscara para quienes impiden que niños se reencuentren con sus padres que están fuera del país. 

Hoy tu rostro y nombre sirven de disfraz para muchos que al sentarse a dialogar sólo buscan sus propios intereses y no el de los demás hermanos. 

Hoy tu rostro sirve de escondite para quienes no quieren dar la cara ante la situación que atemoriza y desespera a muchas familias. 

Hoy tu rostro sirve de mampara para tantos católicos de toda condición social que prefieren el derroche antes que la solidaridad ¡cuántas fiestas, sobre todo de bodas, con derroches millonarios! ¡y cuánta gente necesitada de verdad!

Cuando vemos la multitud de personas que salen por nuestras fronteras para buscar mejores condiciones de vida fuera de Venezuela, pienso en las peripecias de José al llevar a María y Jesús escapando de tu odio y revancha. ¿Acaso no les está pasando lo mismo a ellos? Al verlos nos damos cuenta de la cantidad de HERODES que hay detrás y que están destrozando ilusiones y esperanzas de una vida digna. 

Cuando vemos a tanta gente necesitada de insumos de salud y pasando hambres es muy difícil no pensar que todo está originado por quienes juegan a ser como tú. 

Hoy sigue habiendo mucha gente que se aprovecha de tu figura para fortalecer su egoísmo e individualismo. 

Hoy tu rostro lo conseguimos en tantos lugares como tú no te imaginas. 

¿Por qué te escribo? Por varios motivos pero uno en particular. Porque al creer en Dios que se hizo hombre para salvarnos creo en la conversión y uno al contenido de esta carta mi oración para que tantos HERODES de hoy se conviertan. Están a tiempo. Esta carta de seguro les llegará a muchos de ellos. Ojalá pueda ser un instrumento para su conversión. 

Espero le llegue a todos los que le hacen la corte a esos nuevos HERODES: y ellos son los que se creen más que los demás, los acaparadores y especuladores y los que sacan partido de toda la maldad que se practica. Algunos pretenden castigar a los del gobierno y terminan poniéndoles cargas pesadas al pueblo. Otros buscan castigar a la oposición y también colocan fardos pesados en los hombros del pueblo. Y todos hablan de democracia. Como tú al verte sorprendido por los reyes magos y su búsqueda del nuevo rey se sienten obligados a mantener el estatus de dirigentes para no perder su cuota y afán de poder  y se olvidan del pueblo, único protagonista y sujeto social de la democracia. Por eso todos los días son 28 de diciembre.

Ojalá esta carta ayude a la conversión de quienes juegan a ser como tu HERODES. Pero si de algo puedes estar seguro tú y ellos es que el MESÍAS sí nació e inauguró el reino de justicia, verdad y paz. Y que muchos, en la Iglesia y personas de buena voluntad estamos dispuestos a hacerlo realidad. Y verás que con la fuerza del Señor se impondrá La Paz y la verdad que vienen del amor de Dios. 

Te saludo.

+Mario del Valle Moronta
Obispo de San Cristóbal


domingo, 24 de diciembre de 2017

25 de diciembre, Natividad el Señor

¡VIVAMOS LA NAVIDAD!

“¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz, que anuncia la buena noticia, que pregona la justicia…” (Is 52, 7)

Cada año nos encontramos para celebrar la Navidad. Es una celebración de Navidad no como las otras, es una Navidad diferente y tal vez más en sintonía con lo que Dios quiere de nosotros. Durante estos días hemos podido experimentar con algunas actividades y celebraciones la cercanía al Pueblo de Dios, la necesidad que él tiene de sentir su Palabra y encontrar respuesta a lo que cada uno de nosotros pueda cuestionar. Visitamos los ancianatos, la  cárcel, el psiquiátrico, escuelas y liceos, así como se han verificado situaciones en las que la crisis se evidencia de una manera notable. Hemos vivido de una manera muy especial la Novena y las Misas de Aguinaldo, contando con la participación de los fieles, colocando en el Niño Dios la esperanza y el deseo de estar bien.

Es Navidad, ha nacido el Salvador y en nuestras casas hemos hecho el pesebre, hemos adornado, en la medida de las posibilidades, con el árbol y muchas cosas más. Aún así sentimos el peso de la crisis moral y de otra índole, que tanto hemos denunciado, que estamos viviendo en el día a día y que aún pareciera no saber cómo canalizar.

La situación del país, la situación familiar y personal de todos nosotros tiene una mirada común: el pesebre y más concretamente el Niño Jesús, hoy representado en tantos hermanos nuestros que sufren el peso de este momento histórico que estamos viviendo. Dios nos indica el camino, anunciando el nacimiento de Cristo a los más sencillos y humildes de corazón, y hoy, en nuestros Templos y en medio del Pueblo de Dios, deseamos que ese anuncio se materialice en la inclusión de todos aquellos que de un cierto modo son alejados por las condiciones en las que viven o las situaciones que tienen.

Las palabras del papa Francisco el año pasado (2016), en la Santa Misa de Navidad resuenan en la actualidad y son palabras que se convierten en un llamado urgente -hoy más que nunca necesario-: “debemos liberar la Navidad”, liberarla de tanto materialismo, del pensar que con un regalo se compra a alguien, liberarla del gasto desenfrenado, del aprovechamiento de quienes confunden lo material con el verdadero sentido de la Navidad. Debemos retornar a la Navidad - nacimiento de Jesús, esa Navidad donde podamos alegrarnos como los Pastores al escuchar el anuncio de la llegada del Salvador, donde encontremos de nuevo el camino de la Paz, de la reconciliación y de la Esperanza y a la vez podamos tener la valentía de denunciar sin miedo lo que no está bien.
 
Vivir la Navidad con convicción es el eco del llamado de Juan el Bautista: “preparen el camino del Señor” (Mc 1, 1-3). Es encontrarse con un camino que se perfila como un reto ante las situaciones difíciles que nos encontramos día a día.
Vivir la Navidad es “hacerse uno” con aquellos que claman justicia, con los pobres y excluidos de la sociedad, con quienes lloran cada día su propia desgracia y no poseen los medios necesarios para salir de la situación en que se hallan.
Vivir la Navidad es compartir sin reserva no solo lo material, sino las virtudes y los valores que son parte fundamental en el mensaje de Jesucristo, que viene a salvarnos y a hacer de nosotros hombres y mujeres nuevos.
Vivir la Navidad es comprender la necesidad de ver más allá de lo que normalmente vemos. Darnos cuenta, con sinceridad y objetividad, que no estamos solos en el mundo, sino que son millones los seres humanos que esperan una luz en su camino como signo de una vida mejor.
Vivir la Navidad es mirar alrededor y ver que la indiferencia y la falta de tolerancia, se hacen eco de pensamientos inertes que buscan menospreciar y degradar lo bueno que pueda existir.
Vivir la Navidad es centrarnos en el misterio de Dios hecho hombre, en quien creemos, “vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17,28).
Vivir la Navidad es dar sentido a cada gesto, cada don, cada detalle que se ofrece no por ser una fiesta más ni un periodo de vacaciones, sino la presencia viva de Dios hecho hombre que se manifiesta en la caridad con hechos concretos.
Vivir la Navidad es orar por quienes no creen en Dios, por quienes usan su forma de pensar para dañar a los demás, olvidando que Dios es padre de todos y para todos y que no excluye a nadie de su corazón.
Vivir la Navidad es saber reconocer los propios errores y pedir perdón. Tendremos la oportunidad de reconocernos débiles y pecadores sabiendo que la misericordia se vive desde lo profundo del corazón haciendo gestos de caridad con sinceridad y no para salir del paso.
Vivir la Navidad es meditar y discernir sobre la situación que vive el mundo de hoy, donde el relativismo ético se presenta como un tema al cual se debe dar una respuesta con el testimonio y el ejemplo de vida cristiana.
Vivir la Navidad es dar lo que tenemos, no lo que nos sobra, recordando que Cristo viene “para servir y no para ser servido” (Mc 10, 45). Este es un detalle que debemos practicar siempre, no solo en Navidad.

La invitación es clara: debemos vivir la Navidad con esperanza, como aquello que –con palabras del Papa Francisco-  “va más allá de nuestras fuerzas y nuestra mirada.” Junto a la esperanza que nos da vida, debemos también pedir perdón a quien o quienes pudiésemos haber ofendido.  “Miramos a María, Madre de la esperanza. Con su “si” abrió a Dios la puerta de nuestro mundo: su corazón de joven estaba lleno de esperanza, completamente animada por la fe; y así Dios la ha elegido y ella ha creído en su palabra." S.S. Papa Francisco (2016).


FELIZ NAVIDAD PARA TODOS, que el niño Dios nazca en cada uno de nosotros y que la sinceridad, la justicia y el respeto sean signo del testimonio que debemos ofrecer hoy y siempre. Dios y la Virgen les bendigan. Así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...