José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
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sábado, 9 de junio de 2012

Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo


¡Ser Eucaristía!
“Que esto sea precisamente nuestro deseo y nuestro empeño constante, para que a la oferta del Cuerpo y de la Sangre del Señor que hacemos sobre el altar, se una el sacrificio de nuestra existencia.” (Benedicto XVI)

Iº lectura: Ex 24, 3-8; Salmo: 115; IIº lectura: Heb 9, 11-15; Evangelio: Mc 14, 12-16. 22-26

Celebramos la fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, y su presencia en la vida del hombre. Hoy, vivimos junto a Jesús esa presencia eucarística, siendo ella, certeza para todos nosotros de vida, esperanza y salvación. Debemos, como verdaderos cristianos, recordar siempre a Dios, nunca olvidarnos de los dones y gracias que nos concede, obedeciendo en todo momento (I° lectura), ofreciendo sacrificios y glorificando su nombre (Salmo) y viendo en Jesús el mediador de la nueva alianza (II° lectura).

Jesús está aquí…
En la historia de la salvación, en la cual cada uno de nosotros somos partícipes, encontramos un itinerario de la presencia de Dios en el corazón de sus hijos. Esa presencia eucarística es real, verdadera, cierta, que se hace vida en cada hombre y mujer, en la medida que la reconocemos como "fuente y cima de toda la vida cristiana" (LG 11). La presencia real de Jesús en el Santísimo Sacramento nos hace reflexionar sobre los algunos puntos en especial: en primer lugar, es sacrificio que nos redime, nos salva, nos purifica. En segundo lugar, es misterio por el cual cada cristiano, creyente y amante de la Eucaristía, siente admiración, viviendo en plenitud la sagrada  comunión. En tercer lugar, es sacramento, en el cual nos deleitamos y participamos sin cesar, sabiendo que la presencia de Jesús en el, nos alimenta en el cuerpo y en el alma. San Agustín en el Comentario al Evangelio de San Juan, habla de la Eucaristía como "¡Sacramento de piedad, signo de unidad y vínculo de caridad!". La Misión del cristiano debe llevar como bandera el amor a Jesús Eucaristía y a la Santísima Virgen María: unirnos a Dios para llevar a todos el amor que viene de Él. Ello conlleva a creer y vivir la fraternidad, la unión y el amor, si esto falta, la evangelización decae y no produce fruto. Seamos amantes de la Eucaristía y fieles al mensaje del Evangelio: “El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.”

María, mujer de la Eucaristía
La presencia de María Santísima, nuestra madre, es permanente y sincera. Ella, conservando y guardando todo en su corazón, se convierte en discípula fiel que nos enseña el camino que debemos seguir para unirnos cada vez más como testigos fieles del Evangelio de la verdad y de la Eucaristía. Sigamos a Cristo, estemos junto a él y confiemos plenamente en su presencia en medio de nosotros. Así sea.

“Si conociéramos el valor de La Santa Misa nos moriríamos de alegría”. San Juan María Vianney.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@hotmail.com

jueves, 31 de mayo de 2012

La Santísima Trinidad, 3 de junio de 2012


En el nombre de la Trinidad…
"Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo".

Iº lectura: Deut 4,32-34.39-40; Salmo: 33; IIº lectura: Rom 8,14-17; Evangelio: Mt 28,16-20

El gozo del amor de Dios nos regala una gran fiesta. La Pascua no termina, Emaús continua haciéndose vida cada día; la presencia de Jesús en el cenáculo del corazón del hombre es símbolo constante en la espiritualidad de todos los cristianos. Cada celebración inicia invocando la Trinidad: en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Es así que, nombrando con el corazón y los labios a Dios, somos testigos de su vida en nosotros. En este domingo se nos invita a alabar a Dios y admirarlo en sus obras y acciones; pidiendo constantemente su amor y su misericordia para que, creyendo en Él, seamos partícipes de la salvación.

Misterio de fe, misterio que se vive
Un modo para comprender el misterio de la Trinidad, es el que se nos presenta y cómo la percibimos: el Padre Creador, el Hijo Salvador y el Espíritu Santo santificador. La manifestación de las tres divinas personas se muestra en las obras de Dios en el mundo y en el corazón del hombre. Esto se expresa en la realidad de la creación, en la paternidad divina que es principio y fin de toda realidad del universo. Así mismo, el sacrificio amoroso de Dios, que se cumple al hacerse hombre como nosotros, nos revela y nos deja como herencia, la salvación para todos y el amor que se manifiesta en la acción del Espíritu Santo, fuego en el alma de los bautizados, luz y guía para los fieles, cooperando de esta manera en el plan salvífico que Dios nos propone…Cada vez que hagamos la señal de la cruz, recordemos el gran misterio de Dios presente en nuestra vida, teniendo en cuenta que, en ese momento, podemos y debemos manifestar también exteriormente nuestra fe. Esto ayuda a reforzarla, cultivarla y transmitirla siempre más, en la medida que la comunicamos a nuestros hermanos, de modo particular, a los más pobres y excluidos, quienes requieren una especial atención. La Misión Diocesana se presenta como un escenario propicio para transmitir a todos el mensaje de unidad que, a ejemplo de la Santísima Trinidad, estamos llamados a vivir y experimentar.

La Virgen María y la Trinidad
Cada día que pasa, tiene momentos concretos en los cuales la mirada al cielo debe ir acompañada de una jaculatoria u oración a la Santísima Trinidad. Ella está en nuestras vidas y junto a ella, contamos con la presencia maternal de María Santísima. Nuestra madre del cielo nos guía hacia la convicción de la presencia constante de Dios quien nos hace discípulos de su Hijo y, con la protección del Espíritu Santo, nos da la fuerza para unirnos a la Misión Evangelizadora, a la que todos estamos llamados como mensajeros de la paz, discípulos y misioneros. Así sea.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 25 de mayo de 2012

Solemnidad de Pentecostés


Solemnidad de Pentecostés
¡Dejémonos guiar por el Espíritu!

“Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.”

Iº lectura: Hch 2,1-11; Salmo 104; IIº lectura: Gal 5,16-25; Evangelio: Jn 15,26-27.16,12-15

“Ven, Espíritu Santo, y envía del Cielo un rayo de tu luz”. Una luz que irradia en medio de un mundo ofuscado por el materialismo y la falta de esperanza, pero a la vez, una luz que se expande en cada corazón para que cada uno de nosotros seamos testigos perennes del amor de Dios, manifestados en la resurrección de Jesús y en la presencia continua del Espíritu Santo en nuestras vidas. En este domingo se manifiesta la esperanza, la paz y el amor que necesitamos todos y que crece cada vez más por la adhesión a la Iglesia que cada uno experimenta y profesa.

“Todos quedaron llenos del Espíritu Santo”
La venida del Espíritu Santo, manifestada en nuestras vidas, es la prueba cierta que la promesa de Jesús se cumple y se hace verdad. Así como los discípulos estaban reunidos en un mismo lugar el día de Pentecostés, se nos pide hoy, unirnos como hijos de Dios, hermanos de Jesús y testigos del Espíritu, para manifestar a todos la alegría que ello nos proporciona. El Espíritu que da vida a nuestras almas, es la fuerza que nos ayuda a caminar en medio de las dificultades, es la constancia que nos impulsa a ser verdaderos discípulos, es la paz que nuestros corazones necesita. Pentecostés da inicio a un camino de fe y esperanza; es el comienzo de la actividad apostólica de la Iglesia, es el itinerario donde podemos llevar el mensaje de salvación a todos. El Espíritu Santo, fuego y brisa, amor y esperanza, luz y guía, nos da la posibilidad de ser amantes de la oración, fieles discípulos de la Evangelización y sembradores de la paz. Pidamos de corazón al Espíritu Santo que entre en nuestras vidas. Pidamos por aquellos que en su corazón sienten el vacío del amor y la misericordia; de aquellos que por la injusticia deben callar y ser testigos silentes de una pobreza sin retorno; de aquellos que claman al cielo y a los hombres, la misericordia que es menester para fortalecer su propia vida; de aquellos cuyas vidas se encuentran al borde del abismo deseando no caer…ven Espíritu Santo, ayúdanos a ser portadores de la certeza que sólo el Evangelio da a quienes firmemente creemos en él. Cada uno de nosotros está llamado a proclamar cada día, la petición que nos lleve a sentir la presencia del Espíritu: “ven, Espíritu Santo... ven, Padre de los pobres; ven, dador de los dones; ven, luz de los corazones. En el esfuerzo, descanso; refugio en las horas de fuego; consuelo en el llanto”

María Santísima, nos guía en todo momento
En el camino de la luz, de la paz y la esperanza nos acompaña de la mano María nuestra madre. Ella nos motiva y nos guía por el camino justo y hace de todos y cada uno de nosotros, verdaderos testigos de la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia, en cada uno de nosotros. María está ahí, junto a nosotros, junto a sus hijos. Ello es garantía del amor y la inhabitación de Dios en nuestras vidas. “Todos ellos perseveraban en la oración con un mismo espíritu... en compañía de María, la Madre de Jesús... Acudían diariamente al Templo con mucho entusiasmo” (Hech. 1, 12-14 y 2, 46). Así sea.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 18 de mayo de 2012

VIIº Domingo de Pascua - La Ascensión del Señor


Proclamar a Dios con esperanza
“Galileos, ¿qué hacen ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que les ha dejado para subir al cielo volverá como le han visto marcharse.”

Iº lectura: Hch 1, 1-11; Salmo: 46; IIº lectura: Ef 1, 17-23; Evangelio: Mc 16,15-20

La Ascensión de Nuestro Señor marca la culminación de su misión en la tierra, pero también marca el inicio de la misión de los apóstoles en todo el mundo. Las lecturas de hoy describen la ascensión de Cristo y la misión que Él encomendó: “vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mateo 28, 19). La presencia espiritual de Cristo permanece con nosotros hasta el final de los tiempos. Los hechos de los apóstoles unen los eventos ocurridos después de la Pasión de Jesús hasta el momento de la Ascensión. La carta a los Efesios pone una nota particular. Recuerda solemnemente que el poder de Dios, manifestado en la vida terrena de Cristo y su resurrección, nos ha abierto la esperanza de la gloria futura.

La misión en la Iglesia
Podemos contentarnos muchas veces con mantenernos dentro de las paredes de nuestra comodidad. Ésta no es la misión confiada por Jesús. Los católicos estamos llamados a permanecer en el mundo, construir con espíritu positivo y mejorar la realidad con la vivencia de nuestra fe católica y su significado. Sabemos que todo lo humano puede reflejar genuinamente la gloria de Dios. Debemos creer que Dios ya está obrando en el corazón del hombre, mediante la gracia y sus inspiraciones, para que éste le encuentre en el Evangelio. La misión que nos da Jesús se debe reflejar en la vida cotidiana, en el actuar de cada momento, en medio del pueblo, llegando al corazón de cada hombre y cada mujer. La fiesta de hoy nos muestra dos perspectivas que nos pueden ayudar a entender y practicar la vida en Cristo. En primer lugar, Jesús sube al cielo e ir al cielo es ir a Dios, es estar junto a Él, vivir con el resucitado y aceptar de corazón la salvación que nos viene del amor de Dios. En segundo lugar, la ascensión significa para la Iglesia la glorificación en el Padre. Es una fiesta de esperanza y de una promesa especial para todos nosotros. Todo esto nos recuerda que el cielo es la meta que debemos alcanzar y preparándonos aquí en la tierra.

María Auxiliadora acompaña nuestra vida
En este domingo de la Ascensión del Señor, María Auxiliadora nos enseña el camino para llegar a Jesús. Es un día especial para meditar sobre nuestra adhesión al amor de Dios, sobre el camino de esperanza que debemos recorrer y sobre la paz que Jesús da a nuestras vidas. Pidamos a Dios con fe, por intercesión de María Santísima, que nos “dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo”. Que ilumine los ojos de nuestro corazón, y así poder comprender “cuál es la esperanza a la que nos llama”. Así sea.

Hoy es la jornada mundial de las Comunicaciones Sociales. Felicitamos a todos los que cada día se dedican a llevar el mensaje del Evangelio a través de los Medios de Comunicación Social.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 11 de mayo de 2012

VI° Domingo de Pascua, 13 de mayo de 2012



“El amor procede de Dios”
“El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. Así Dios nos manifestó su amor: envió a su Hijo único al mundo, para que tuviéramos Vida por medio de él”

Iº lectura: 10,25-26.34-35.44-48; Salmo: 98; IIº lectura: I Jn 4,7-10; Evangelio: Jn 15,9-17

Las lecturas de hoy se refieren a uno de los temas más importantes y fundamentales que todo cristiano debe vivir y experimentar: el amor. En el libro de los Hechos de los Apóstoles, vemos cómo escuchar la Palabra de Dios nos lleva a recibir el Espíritu Santo. En su carta, San Juan invita a cada hombre a dar testimonio de su fe y del amor que se debe profesar y vivir con sinceridad. Dicho testimonio tiene que darse con mansedumbre y respeto, y con ello nos caracterizaremos en tener esperanza. El Evangelio sigue el mismo itinerario: amar tal como Él nos amó.

El testimonio del amor
El camino que debe recorrer el cristiano es un camino de esperanza y de amor. La predicación de Jesús, continuada por los Apóstoles y confirmada por la Iglesia, es uno de los signos más tangibles que el corazón de todos podemos experimentar. El camino y la vida del cristiano, se basan en el amor, en dar lo mejor de sí para que se pueda fomentar la paz y la justicia. La humanidad necesita testimonio y fe, necesita acompañamiento y oración, necesita fortalecer el amor en Dios y en lo que proviene de Él. El cristianismo se encuentra en la vida interior de cada persona. Es una experiencia permanente de Dios, que se recibe con el bautismo y se completa con los demás sacramentos y una vida cristiana sólida. La presencia y el amor de Dios fortalecen e iluminan al católico para cumplir con la misión de edificar el Reino de Cristo en la tierra. Él es quien nos ilumina y dirige; es quien nos ayuda a discernir el valor de todas las cosas respecto a la sabiduría de Dios y para actuar conforme a lo que Él nos inspira. Por ello, es necesario prepararnos para cumplir la misión de dar testimonio de nuestra fe, mediante el amor experimentado en la vida cotidiana, la mansedumbre y el respeto ante las dificultades y la persecución que en la actualidad se pueda suscitar. Como testigos del Evangelio, difundamos el amor a través de pequeños detalles y de una vida cristiana de acuerdo al ejemplo que Jesús nos da.

María, madre de amor y esperanza
Como hijos de María Santísima, veamos el amor tan grande que Dios nos tiene y nos manifiesta a través de ella. De la mano con María podemos cultivar los valores en la vida y en el ambiente que nos rodea. Es el reto que cada uno de nosotros puede conquistar en la medida que estamos unidos a ella y al amor que proviene de Dios. Así sea.

Elevamos nuestra oración por el aniversario de la fundación del DIARIO CATÓLICO, del cual todos formamos parte. Dios y María Santísima bendigan siempre y en cada momento la labor que los Medios de la Comunicación Social realizan en medio de la Iglesia y del pueblo santo de Dios.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...