José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
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jueves, 15 de octubre de 2015

XXIX° Domingo del Tiempo Ordinario, 18 de octubre de 2015

BEBER DEL CÁLIZ

Iº lectura: Is 53, 10-11; Salmo: 32; IIº lectura: Hb 4, 14-46; Evangelio: Mc 4, 14-46

El poder tiene muchas caras y se insinúa en el hombre y entre los hombres de maneras diversas: desde la amistad hasta la competencia. En este domingo la petición de los hijos del trueno debe hacernos reflexionar de manera tal que encontremos de una vez por todas la razón de nuestra vida en Cristo: ¿amor o poder?

¿FRATERNIDAD O APARIENCIA?

El Bautismo del cual el Maestro habla a sus discípulos es su misma humillación que lo llevará hasta la muerte con la visión puesta en la resurrección que nos hace surgir de las tinieblas, de la exclusión y de todo aquello que el aparente poder pueda ofrecer. Es como una enfermedad que tienta con todas las estrategias posibles el hecho de erradicar el miedo del poder. Muchos son inmunes a esto y los discípulos, olvidando las enseñanzas de Jesús, se preocupan por quién es el más grande. 

Hoy también encontramos esta pretensión: creer en un poder mundano que pueda realzarnos en medio de los demás. Jesús no vino a instaurar un reino mundano, vino a enseñarnos que el servicio es el mejor de los honores que podernos vivir. El hombre no puede ser enemigo del hombre y es por ello que entre los cristianos el hombre es amigo y hermano del hombre: “entre ustedes no es así”. Con este ejemplo Jesús entra en el corazón y en la historia del hombre, para fortalecer así nuestra fe y proclamarla a todos con el testimonio de vida.

MARÍA SANTÍSIMA, MADRE DE FE

Ninguna creatura en el mundo ha sido tan grande como la Virgen María, elegida por Dios para ser Madre de su Hijo. En la Sagrada Escritura aparece su humildad: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque ha mirado la humillación de su esclava…” (L 1, 46 - 47). Que ella nos ayude a ser humildes, gratos a los ojos de Dios, amados por Él, aunque a los ojos de los demás no sea así. Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70gmail.com


viernes, 9 de octubre de 2015

XXVIII° Domingo del Tiempo Ordinario, 11 de octubre de 2015

DIOS LO PUEDE TODO
“Cuanto menos poseemos, más podemos dar. Parece imposible, pero no lo es. Esa es la lógica del amor.”
Beata Teresa de Calcuta
               
I° lectura: Sab 7, 7-11; Salmo: 89; II° lectura: Hb 4, 12-13; Evangelio: Mc 10,17-30

Por el camino se encontró un joven con Jesús. Puede ser para algunos un encuentro algo exagerado: él corre, encuentra a Jesús, se arrodilla ante Él. Es una exaltación de la realidad pero que en su esencia representa y es la fuerza de la Fe. “Maestro bueno”, así llama a Jesús y empieza este encuentro.

“JESÚS SE LE QUEDÓ MIRANDO: LO AMÓ…”

Jesús encuentra al hombre en la vida cotidiana, en el escenario del día a día, en lo que al mundo le rodea. La fuerza de la Fe y del Amor, no están en lo extraordinario ni la exaltación exagerada de las cosas, está en la continuidad de la vida y en la verdadera riqueza que es la relación con Dios. Este joven lo ha hecho siempre, se “ha portado bien”…pero ¿por qué tanta tristeza en acentuar algún detalle que le permita seguir del todo a Jesús? El Maestro le propone liberarse no solo del dinero sino liberarse de los prejuicios, de aquello que había conquistado en torno a las riquezas materiales, seguirlo con Fe, Amor y Esperanza. 

Aquel joven no había sentido la mirada de amor que el Señor había dirigido hacia él, había hecho tanto pero no cruzó su mirada con la suya. No había entrado en la profundidad de una relación liberadora, donde él pudiese liberar su corazón no solo los “bolsillos”…las dos realidades lo ataban pero hubo algo que no permitió seguir de cerca la mirada de Jesús y él entonces decidió. La mirada de Jesús se hace universal, llama a sus discípulos hijos y les regala una enseñanza que comunica de manera inequívoca la fuerza del amor del Padre: “Todo es posible para Dios”. 

Necesitamos, por tanto, vivir en la libertad de los hijos de Dios, aumentando nuestra Fe que nace del encuentro cotidiano con El Señor, ¿qué nos falta? Cruzar nuestra mirada con la de Jesús y dejarnos amar por Él, son detalles que se deben cuidar en la relación con Dios y con los demás.

MARÍA NOS LLEVA A JESÚS

Encomendemos nuestra vida a la Santísima Virgen María, nuestra Madre. Ella con humildad, sencillez y fidelidad, nos enseña a amar con todo nuestro ser a su Hijo Jesús. Como discípulos y misioneros en la Nueva Evangelización, seamos testigos del Evangelio de la verdad, ofreciendo como propósito el deseo constante de ser fieles a la invitación del Maestro. Así sea.
José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com


viernes, 2 de octubre de 2015

XXVII° Domingo del Tiempo Ordinario, 4 de octubre de 2015

APRENDER DE LOS MÁS PEQUEÑOS
“Dejen que los niños se acerquen a mí: no se lo impidan; de los que son como ellos es el Reino de Dios.” (Mc 10, 14)

Iª lectura: Gen 2,18-24; Salmo: 127; IIª lectura: Heb 2,9-11; Evangelio: Mc 10,2-16
 
¡Qué bien nos hace encontrarnos con Dios en la oración, en la paz y en la calma! Ese ruido carente de paz que atormenta las mentes y los corazones, está consumiendo lo que de esperanza pueda tener el hombre de hoy.  En este momento, lo menos que deseamos son mentiras, calumnias, falsas esperanzas, insultos entre pueblos y entre familias; lo menos que desea el corazón de nuestras familias es desequilibrio de ningún tipo, lo menos que desea cada uno de nosotros es estar mal.

LA HUMILDAD ES FUNDAMENTAL

Necesitamos y deseamos paz, esa paz que cada uno puede dar pero que se niega a dar por no pensar más allá de lo que se tiene al frente. Qué tristeza que se desprecie la gente por su condición social, política o religiosa. Qué triste es encontrarse en el camino obstáculos que destruyen siempre más lo que de bueno existe. Los pobres, los pobres de verdad sufren.

Los excluidos de la sociedad se enfrentan a una manipulación tal que no encuentran la vía sincera y veraz que les ayude a encontrar tranquilidad. En este domingo, cada palabra de Jesús tiene un significado profundo. Por ejemplo ¿qué podemos aprender de los niños? Ante todo podemos aprender el gozo, la alegría. La sonrisa florece más fácilmente en el rostro de un niño que en aquel de los grandes. Los niños poseen ese don que llenan de plenitud la vida. Otro aspecto es que podemos aprender la capacidad que tiene un niño de admirar los detalles que para otros parezcan insignificantes. Elementos como estos, entre otros, debiéramos tener en cuenta al momento de relacionarnos con Dios, sería para todos y cada uno de nosotros, más fácil comprometernos con Él y dar testimonio de vida en medio del mundo en el que vivimos.

MARÍA, MADRE SILENCIOSA

“Jesús a los doce años quedó tan cautivado por aquella catequesis en el Templo de Jerusalén que, en cierto modo, se olvidó hasta de sus padres. María y José, regresando con otros peregrinos a Nazaret, se dieron cuenta muy pronto de su ausencia. La búsqueda fue larga. Volvieron sobre sus pasos y sólo al tercer día lograron encontrarlo en Jerusalén, en el Templo. «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando» (Lc 2, 48). ¡Qué misteriosa es la respuesta de Jesús y cómo hace pensar! «¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debía estar en la casa de mi Padre?» (Lc 2, 49). Era una respuesta difícil de aceptar. El evangelista Lucas añade simplemente que María «conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón» (2, 51). En efecto, era una respuesta que se comprendería sólo más tarde, cuando Jesús, ya adulto, comenzó a predicar, afirmando que por su Padre celestial estaba dispuesto a afrontar todo sufrimiento e incluso la muerte en cruz.” (San Juan Pablo II, carta a los niños, 1994). Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com


viernes, 25 de septiembre de 2015

XXVI° Domingo del Tiempo Ordinario, 27 de septiembre de 2015

“NO SE LO IMPIDAN”
“Preserva a tu siervo de la arrogancia, para que no me domine: así quedaré libre e inocente del gran pecado…” (Sal 18,14)

Iº lectura: Num 11, 25-29; Salmo: 18; IIº lectura: St 5,1-6; Evangelio: Mc 9,38-43.45.47-48

Estamos llamados a verificar cuándo y cómo somos obstáculo para los demás en la vida en Cristo. Ser discípulos es una actitud que se da con el corazón y la vida, no con “carnets” o pertenencias a grupos o asociaciones, ni con roles o tareas que aparenten servicio. Es una cuestión donde existen actos concretos de amor, atención y servicio a los pequeños, a los pobres y excluidos, que son de Cristo.

DAR TESTIMONIO CON LA VIDA

Todos los días constatamos cómo surgen historias de escándalos, corrupciones, traiciones, abusos, etc… se percibe que mientras más sensacional es la historia que se presenta, más se vende. Esto conlleva, entre otras cosas una reflexión profunda, sincera y precisa: una reconstrucción de la confianza y de mayor coherencia de vida. El mensaje del Evangelio no es de interpretar literalmente pero sí es para vivir a la letra. Muchas veces las realidades buenas pueden verse sin consistencia si no tienen la fuerza que su esencia poseen: la presencia de Dios.

“Cortar”, muchas veces, quiere decir ser capaces de tomar decisiones que cuesten, motivadas por la prioridad de los valores y convicción de fe. Esto es lo que Jesús le pide a cada discípulo y hoy de manera especial: sacar de nuestra vida la envidia, el recelo, la falta de respeto, la prepotencia, el creer ser más que los demás. Con esto podremos vivir e interpretar el amor de Dios, la participación en la vida divina, como un privilegio para asumir una actitud humilde hacia los demás.

El Maestro nos enseña, por tanto, a dirigirnos con nuestra actitud y comportamiento, hacia caminos de fe, esperanza y caridad, siendo transparentes, sinceros y coherentes, solo así podremos entender que viviendo el amor de Dios es como ayudaremos a quien lo necesita sin pretender figurar sino deseando servir con el corazón.

MARÍA NOS LLAMA A SEGUIR A SU HIJO

Acerquémonos a Jesús a través de María nuestra madre del cielo. Ella nos guía por sendas de paz y de bondad y nos llama a seguir a su hijo: “hagan lo que Él les diga”. Dispongámonos a seguir a Jesús, seamos sinceros con Dios y con nosotros mismos, dejemos el miedo y esforcémonos cada día por seguir el camino que nos lleva a la paz. Aunque muchos digan luchar por la paz y busquen otros fines, continuemos con nuestro ideal: en el nombre de Dios, como sus discípulos y sus testigos, nos unimos a Él, en espíritu y verdad, con adhesión total y sin exclusión alguna. Así sea.
José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

viernes, 18 de septiembre de 2015

XXV° Domingo del Tiempo Ordinario, 20 de septiembre de 2015

ACOGER A JESÚS
“La sabiduría que viene de arriba, ante todo es pura, y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera.” (St 3,17)

I° lectura: Sab 2, 12.17-20; Salmo: 53; II° lectura: Stg 3,16-4,3; Evangelio: Mc 9, 30-37

La situación actual que vive la humanidad en la cual se sumergen los sentimientos y experiencias del hombre, nos sirve para entender la liturgia de este domingo. El itinerario que nos lleva a Dios es su palabra, su vida, su acción entre nosotros, su presencia constante en nuestros corazones, su infinita misericordia. Las lecturas de esta jornada nos presentan el modo cómo debemos actuar, vivir y ser discípulos del Señor.

EL MÁS IMPORTANTE: DIOS

La vía que nos conduce a Dios se manifiesta en lo cotidiano, en la praxis de la vida, en lo que realmente se refiere a lo propio del cristiano. El Evangelio de hoy nos da unas pautas importantes y fundamentales que nos llevan a entender la misión a la que se nos llama. Se nos muestra ante todo la importancia de escuchar la voz de Dios que nos invita a trabajar por Él y quien espera a su vez, una respuesta positiva por parte de sus hijos. En un segundo momento se nos presenta la actitud de los discípulos quienes discutían sobre quién sería el primero. Todo esto nos encamina a un tercer punto: entender que nuestra misión de cristianos va dirigida a ser testigos del Evangelio, a seguir la voz del Maestro y a convertirse en servidor. Es necesario descubrir el sentido verdadero de la fraternidad, reflejada totalmente en la vida cotidiana y en el amor al prójimo.

Jesús es tajante ante la actitud de quienes no quieren seguir el mensaje del Evangelio: “El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado” (Mc 9,39). Nuestra misión es más que una apariencia, más que un si o un no, más que un primer puesto, más que una vida compleja a causa de los obstáculos que nosotros mismos colocamos. La misión es penetrar el corazón del hombre de hoy, llenar las lagunas que existen, enseñar y proclamar la Palabra de Dios, atrayendo a todos hacia Él.

Es por ello que debemos acoger a Jesús, el hombre nuevo, el que es justo y misericordioso…siguiendo su ejemplo, teniendo sus mismos sentimientos, quitaremos de raíz el odio, el egoísmo, la mentira, la calumnia, el pecado, y podremos luchar por una Iglesia y una sociedad justa en la que exista unidad y solidaridad en el nombre de Dios.

MARÍA SANTÍSIMA, CAMINO HACIA JESÚS

Nuestra Madre del cielo es protagonista fundamental en la edificación de la Iglesia. Ella es quien nos lleva de la mano a Jesús para que, junto a toda la Iglesia, podamos ser testigos de la acción misericordiosa de Dios. Que sea ella la luz que guía nuestro caminar y nos conduzca siempre por las vías de la paz, la justicia y la solidaridad. Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com


sábado, 12 de septiembre de 2015

XXIV° Domingo del Tiempo Ordinario, 13 de septiembre de 2015

¿QUIÉN ES CRISTO PARA MÍ?
“Esto pasa con la fe: si no tiene obras, está muerta por dentro. Alguno dirá: tú tienes fe y yo tengo obras. Enséñame tu fe sin obras y yo, por las obras, te probaré mi fe.” (St 2,14.18)

I° lectura: Is 50, 5-9ª; Salmo: 144; II° lectura: St 2, 14-18; Evangelio: Mc 8, 27-35

Cada año, al terminar las vacaciones, vuelve para muchos la rutina y el quehacer diario y para otros la continuidad de la vida que es un constante caminar con Cristo. No podemos ser discípulos por costumbre, con cansancio, porque “toca”, dejando pasar año tras año, demorando la vida en Dios: Jesús no quiere cristianos obligados, a Él no le agradan las aparentes devociones. ¡La pregunta de Jesús es directa!

“¿QUIÉN DICE LA GENTE SOY YO?”

Tanto ayer como hoy es una pregunta que Jesús desea le respondamos. Se habla de Él, en muchos lugares, mucha gente. Jesús es el Hijo de Dios vivo, que interpela nuestra vida. Él es verdaderamente un gran hombre, sencillo y sublime, mensajero de paz, el que habla con autoridad y a la vez con ternura; todo esto es verdad, pero no podemos quedarnos allí. Jesús es Dios, el Hijo de Dios, la Palabra hecha carne, el Pan Vivo bajado del cielo. Es por ello que la fe se realiza en las obras de caridad, Jesús nos lo enseña y nosotros lo seguimos, lo creemos y lo vivimos.

Desear el bien del prójimo, estar dispuestos a sacrificarnos cuando sea necesario, vivir en la intimidad de la oración con Él, ayudar al prójimo, son garantía de que vamos por buen camino. Las palabras vuelan, se van, aunque tengan semblanza de fe, pero si se encarnan con las obras de caridad en el nombre de Dios, se hacen vida, se hacen presencia, se actualizan en la vida cotidiana y en nuestro corazón. Es por ello que no debemos solo proferir palabras, sino acompañarlas con las obras que Dios cultiva en nosotros para con ello demostrar con sinceridad que nuestra fe es una lámpara que arde sin consumirse.

MARÍA SANTÍSIMA, EJEMPLO DE FE VIVA

De la mano con María llegamos a Jesús, quien nos guía hacia el amor misericordioso del Padre. Aunque vivir la fe sea una tarea difícil a momentos, no nos desalentemos; sigamos luchando en la búsqueda de una renovación personal y comunitaria, pidiendo junto a María, nuestra madre, poder vivir en paz y armonía, como discípulos y misioneros en la construcción de un mundo mejor, con una fe viva en palabras y obras. Así sea.
José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

jueves, 3 de septiembre de 2015

XXIII° Domingo del Tiempo Ordinario, 6 de septiembre de 2015

“¡ÁBRETE!”
“Queridos hermanos, escuchen: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino que prometió a los le aman?” (St 2,5)

Iº lectura: Is 35, 4-7ª; Salmo: 145; IIº lectura: St 2, 1-5; Evangelio: Mc 7, 31-37

La Palabra de Dios en este domingo, nos manifiesta nuevamente la invitación de Jesús a través de lo que su mensaje propone: ser fuertes, no temer, no excluir a nadie y abrir el corazón a la acción misericordiosa y liberadora que Jesús realiza en todos y cada uno de nosotros.

“TODO LO HA HECHO BIEN”

Encontramos detalles de amor y misericordia por parte de Jesús hacia los demás. Son gestos y actitudes que denotan claramente lo que desea el Maestro para quienes le siguen, para aquellos que encuentran en Él paz y tranquilidad. La curación del sordo que nos relata el Evangelio es una demostración, no solo de lo que hace Jesús, sino de lo que en cada corazón quiere hacer crecer.

De todo lo que encontramos en el Evangelio de hoy, podemos reflexionar sobre tres aspectos, veamos. En primer lugar, hay un acercamiento por parte de un sordo que ante la oración de Jesús queda curado. Esto nos enseña que debemos acercarnos al maestro, sólo Él puede curarnos de la sordera que presentamos ante la cantidad de palabras inertes y superficiales que oímos a diario. En segundo lugar, Jesús cura al sordo “mirando al cielo” y tocándolo diciéndole “ábrete”; dos acciones que pueden y deben ser tomadas en cuenta cada vez que estamos en presencia de Dios. Mirando al cielo junto a Jesús, podemos decir “ábrete”, haciendo alusión a la disponibilidad que cada uno de nosotros debemos tener ante la invitación que nos hace Dios a seguirlo y vivir el Evangelio. En tercer lugar, la gente al ver a Jesús decía de Él que todo lo hacía bien, y ello deja entrever la satisfacción y la plenitud que proporciona la presencia y la acción salvadora de Dios en nuestra vida.

Dejarnos amar por Él es hacer de nuestras vidas un testimonio vivo de lo que Dios hace continuamente en nosotros. Seamos agradecidos con Jesús, quien abre nuestros corazones a su palabra y en quien vemos que todo lo hace bien, sin excluir a nadie, ofreciendo a todos la grandeza de su amor.

MARÍA NOS AYUDA A ABRIR EL CORAZÓN A DIOS

Nuestra Madre del Cielo nos guía y nos acompaña. Ella es fiel y nos enseña a serlo también nosotros. Sigamos su ejemplo y dejémonos inundar del amor infinito y misericordioso de Dios que, como nos dice el Salmo de hoy, “…liberta a los cautivos. El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos” (Sal 145, 7 - 8). Así sea.
José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com


viernes, 28 de agosto de 2015

XXII° Domingo del Tiempo Ordinario, 30 de agosto de 2015


DIOS ESTÁ EN EL CORAZÓN DEL HOMBRE
“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos. Dejan a un lado el mandamiento de Dios para aferrarse a la tradición de los hombres.” (Mc 7, 6-8)

Iº lectura: Dt 4, 1-2.6-8; Salmo: 14; IIº lectura: St 1, 17-18.21b.22-27; Evangelio: Mc 7,1-8,14-15.21-23

Es imprescindible reconocer y sentir la presencia de Dios en medio de su pueblo y sobre todo cuando sabemos el deber que, como cristianos, podemos llevar a cabo sin doblez y con sinceridad. La pureza del alma, que el Señor pide a sus fieles, está lejos de las simples formalidades y apariencias. Es por ello que debemos, sin miedo, acercarnos a Dios, no solo con los labios sino con el corazón, con el fin de dar testimonio de vida cristiana y de ser testigos fieles del mensaje del Evangelio. Muy pocas veces damos el valor necesario a los pequeños detalles que se puedan tener hacia las cosas de Dios. Meditemos sobre ello.

“LO QUE SALE DE DENTRO ES LO QUE HACE IMPURO AL HOMBRE.”

La pureza interior es condición de todo amor, y ella se obtiene a través de una lucha perseverante en la alegría de los hijos de Dios. Esta lucha es constante para poder estar junto a Dios, alejando todo pensamiento o sentimiento que no ayude a cultivar la gracia que purifique nuestra vida.

El cristiano de hoy debe tener presente: en primer lugar que la pureza es algo verdadero, real, cierto y se debe pedir con sinceridad al Señor y practicarla con convicción de corazón. En segundo lugar que la presencia de Jesús en nosotros es presencia reveladora de esperanza y fe, que nos lleva a dar testimonio con la palabra y ejemplo de la pureza que viene de Él y en tercer lugar, ser conscientes de la importancia de alimentar con valores y buenos sentimientos nuestro corazón, de lo bueno que tengamos podremos ser testigos del amor de Dios y transmitirlo al prójimo. 


Sigamos la luz de Dios, vivamos en nuestra familia y comunidad el deseo de caminar siguiendo la luz que Él nos da, siendo testigos del Evangelio, dejándonos seducir por Dios para que cada palabra, cada gesto, cada cosa que hagamos nos ayude a solidarizarnos con aquellos que necesitan amor, paz y tranquilidad.


Un modo concreto de cumplir con nuestro compromiso de cristianos es abrir nuestro corazón a la acción misericordiosa de Dios, de manera que siendo fieles a su mensaje, podamos contribuir al anuncio de la Palabra de Dios. El prójimo, aquel que comparte con nosotros, quien forma parte de nuestra vida y también aquellos que no, es el objetivo principal del deseo de Cristo en la renovación de nuestra fe.

Propongámonos firmemente ser fieles al anuncio del Evangelio cuidando los detalles de misericordia y amor que Dios tiene para con nosotros de manera que podamos también compartirlos con los demás. Cada uno de nosotros está llamado a ser testigos del Evangelio de la Verdad, siguiendo los pasos de Cristo, meditando sus palabras e imitando sus gestos. Si disponemos nuestro corazón a ser testigos de la luz, podremos dar esa luz y esa esperanza a aquellos que necesitan de ello.
Nuestra misión, en estos momentos de dificultad es promover la paz, acercarnos al prójimo, acompañarlo, unirnos en oración y, junto a ello, ser sensibles ante el sufrimiento del pueblo de Dios. Ojalá no nos olvidemos de esto.

MARÍA, MADRE Y MAESTRA DE ORACIÓN

Nuestra Madre del Cielo nos enseña a ser perseverantes en la oración y en la fidelidad. Ella misma, siendo sagrario de Dios, nos da ejemplo de dignidad, respeto y vida espiritual ante la presencia de Él en nuestra vida. Sigamos su testimonio y hagamos de nuestra vida, templos vivos decididos a proclamar la Palabra de Dios como testigos fieles de la Misión que tenemos como cristianos: orar por la paz y acompañar a nuestro prójimo. Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com


IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...