José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
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jueves, 14 de diciembre de 2017

III° Domingo de Adviento, 17 de diciembre de 2017

“VOZ QUE GRITA EN EL DESIERTO”
“Vivan siempre alegres, oren sin cesar, den gracias en toda ocasión, pues esto es que Dios quiere de ustedes en Cristo Jesús.” (1Tes 5,16-18)

Iº lectura: Is 61, 1-2.10-11; Salmo: Lc 1, 46-48, 49-50, 53-54; IIº lectura: 1Tes 5, 16-24; Evangelio: Jn 1, 6-8.19-28

Alegría, regocijo y gran expectativa nos produce la venida del SeñorEl tercer domingo de Adviento, nos muestra de manera especial la espera del nacimiento de Jesús. El profeta Isaías deja ver la imagen fructífera de la alegría que inunda los corazones, del Espíritu de Dios que lleva al elegido a anunciar la Buena Nueva, la salvación y la ayuda a quien necesita de ellas.

Esto nos lleva a florecer en medio del pueblo, en medio de las adversidades como testigos de justicia y de paz. Se hace hincapié en la oración, la alegría y el hecho que debemos hacer el bien, ratificándose así el inmenso amor de Jesús para los suyos, resaltando la grandeza de Juan el Bautista -el precursor- quien nos indica así lo que cada uno debe practicar: reconocer en el Hijo de Dios al Mesías que viene a salvarnos.

JUAN EL BAUTISTA: TESTIGO DE LA LUZ

El itinerario del Adviento nos presenta a Juan el Bautista como ejemplo de lo que la liturgia nos ofrece: regocijo, alegría, fortaleza, fidelidad, justicia, paciencia. Juan es quien anuncia y denuncia, es quien sin miedo habla de Dios como guía de nuestra vida; es aquel que prepara no solo a los de su tiempo, sino también a nosotros en la vida cotidiana, con el fin de perfeccionar nuestra adhesión a Dios y al mensaje del Evangelio.

La actitud de Juan es lo que permite al fiel cristiano ser testigo de la presencia de Jesús; lo que hace ver las cosas desde otros puntos de vista, es decir, nos muestra la verdadera vía para encontrar la felicidad. Juan predica en el desierto y justo allí florecen las esperanzas. Es en el desierto donde germina el deseo de encontrar a Dios y seguir sus pasos. ¡Cuánto desierto encontramos en nuestra vida! ¡Cuántos momentos de tristeza, de dolor, de angustia! ¡Cuánta impotencia ante la injusticia que reina en ciertas situaciones que parecen no tener vía de salida! Ante todo esto se asoma una luz que nos ilumina desde lo más profundo de nuestro ser: la llegada de Jesús. Ante la duda de muchos y el asombro de otros, ¡Él es quien debe venir!, Él es quien nos salva, quien nos ilumina, quien nos da la fuerza para cultivar aún más el regocijo de su venida, la alegría de su presencia y la fidelidad a su mensaje.

La presencia de Jesús, reflejada en el pesebre, en cantos y en celebraciones, se hace vida, se hace realidad perenne si nuestro corazón se dispone a abrir sus puertas y aceptarlo sin condiciones. Juan el Bautista nos da muchas enseñanzas y entre ellas nos recuerda que debemos tener valentía para ayudar a preparar la vía del Señor y sencillez para que quien escucha pueda entender que Dios es vida, alegría y armonía. Quien está lejos de la palabra del Señor, quien no vive en Dios sino que usa y abusa de la vida misma en desprestigio del hombre, se acerca más a la experiencia del mal y por ende, al pecado. Juan es el mayor entre los nacidos de mujer, es quien nos motiva y nos da ánimo para ser testigos, en espíritu y verdad, de lo que nos anuncia el Evangelio.

MARÍA: EJEMPLO DE HUMILDAD Y FE

El itinerario del Adviento nos regala la esperanza que todos debemos vivir. El ejemplo de nuestra Madre del cielo nos motiva a colocar nuestras vidas en la presencia de Dios. A pocos días de la celebración de la Navidad, hagamos nuestros propósitos espirituales con el fin de decir junto a María: “yo soy la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra” (Lc 1, 38). Así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


sábado, 9 de diciembre de 2017

II° Domingo de Adviento, 10 de diciembre de 2017

IIº Domingo de Adviento
PREPARARSE Y CONVERTIRSE
“El Señor no tarda en cumplir su promesa, como creen algunos. Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.” (2Pe 3,9)

Iº lectura: Is 40, 1-5. 9-11; Salmo: 85; IIº lectura: 2Pe 3, 8-14; Evangelio: Mc 1, 1-8

Prepararse para la conversión es una de las invitaciones que se nos regala en el tiempo de Adviento, y de manera especial, en este segundo domingo. Se presenta la figura sencilla, austera y llena de fe del precursor: Juan el Bautista. Su misión es la de preparar el camino del Mesías, llamando al pueblo de Israel a convertirse y arrepentirse de los pecados.

PREPARAR EL CAMINO

El evangelista Marcos se concentra en el hecho de que Juan el Bautista ha anunciado la inminente venida del Mesías indicando su grandeza. Su tarea es esa: atraer la atención hacia Jesús y mostrar al mismo tiempo el modo como vivía Juan, en el desierto y con austeridad, siendo para nosotros ejemplo de esperanza, firmeza y conversión.

Mientras continúa el camino del Adviento y nos preparamos para celebrar la Navidad, se verifica en nuestra sociedad el llamado de Juan, la voz que grita en el desierto, en el vacío en el que muchas veces nos encontramos. Es un llamado que motiva a abrir nuestros corazones y recibir al Hijo de Dios que viene en medio de su pueblo. Está en juego nuestro destino: nuestro comportamiento hoy, será garantía de la recompensa eterna. Juan habla a través de los siglos, a todas las generaciones, a todos y cada uno de nosotros. Sus palabras, claras y duras, son alivio para el hombre de hoy; hombres y mujeres de nuestro tiempo, donde aún se perciben síntomas de mentalidades materialistas.

La “voz que grita en el desierto” nos invita a preparar la venida de Jesús, y ello se proclama en “los desiertos de hoy”, desiertos interiores y exteriores, sedientos del agua viva que es Cristo, que se dona a aquellos que tienen la disposición de vivir la conversión. ¡Imitemos este estilo de vida en medio de la vida cotidiana!

MARÍA NOS ENSEÑA Y AYUDA A ESPERAR

En pocos días celebraremos el nacimiento de Jesús. En los pesebres colocaremos su imagen, muchos le dejarán sus “carticas” y los tradicionales villancicos hacen que un solo canto se eleve al cielo para entonar junto a los ángeles la paz, la alegría y la justicia. No dejemos pasar este momento favorable y recordemos siempre que alguien espera de nosotros -colocando la atención en los pobres y excluidos-, la alegría que viene de Dios y el testimonio de una vida, que como la de María Santísima, nos enseña la paciencia y la humildad. Así sea.
José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

sábado, 2 de diciembre de 2017

I° Domingo de Adviento, 3 de diciembre de 2017



Iº Domingo de Adviento
HAY QUE DESPERTAR
“Velen entonces, pues no saben cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y los encuentre dormidos. Lo que les digo a ustedes lo digo a todos: ¡Velen!” (Mc 13, 35-37)

Iº lectura: Is 63, 16-17. 19; 64, 2-7; Salmo: 80; IIº lectura: 1Cor 1, 3-9; Evangelio: Mc 13, 33-37

Una vez más las puertas de la esperanza reflejadas en el Adviento, se abren a todos los hombres y mujeres que desean formar parte de este itinerario que lleva a comprender una vez más que estamos llamados a ser luz en medio de la oscuridad. Somos obra salida de la mano de Dios, obra que pide el amor del padre amoroso y en el cual confiamos plenamente a pesar de nuestras debilidades. En el camino de la fe, el Señor no nos deja ni abandona. Él nos acompaña y nos enriquece en todo, “en el hablar y el saber” y no nos falta nada porque Dios nos da la gracia y los dones que necesitamos para dar testimonio de vida ante el mundo y en medio de él.

VIGILAR ES LA TAREA. Al inicio del tiempo de Adviento se nos pide estar vigilantes, despiertos y disponibles para recibir la gracia de Dios. No debemos dar espacio para que el enemigo se siga apoderando de nuestras vidas, sino que debemos orar constantemente para dar testimonio del Evangelio que nos transmite Jesús. Muchas veces nos dormimos, no permanecemos vigilantes sino dejamos que la apatía, la pereza y la duda invadan el corazón.  Cada vez que nos olvidamos de trabajar y servir por el Reino de Dios, estamos alejando la posibilidad de caminar con Cristo y en lo que transmite su mensaje. Estar despiertos es tener fe, es vivir esa fe desde el amor de Cristo para transmitir con las palabras y las obras ese amor a los demás. Esto demuestra la vía que debemos seguir, un camino de vida, de esperanza, de alegría en medio de las vicisitudes que se puedan presentar. Hagamos el propósito de ser luz en medio del pueblo, de recibir la salvación de la misma cruz, viviendo como hermanos de verdad, dejando de lado divisiones, rencores y todo aquello que nos pueda desunir.

LA MADRE DE LA LUZ

María Santísima nos anima y nos ayuda a vivir en esperanza y alegría; ella es ejemplo de fortaleza y sencillez para afrontar la vida como se debe y estar vigilantes a cada momento. Que nadie sienta en su vida que falta el amor de Dios, ya que todos estamos llamados a ser testigos del Evangelio viviendo en espíritu y verdad, la unión y el amor que todos los pueblos debemos llevar como única bandera y así obtener la salvación. Esto nos lleva a decir con convicción: unámonos en nombre de Dios para llevar a todos los lugares y a todas las personas el anuncio del mensaje de Jesucristo: oremos, unámonos y vivamos el Evangelio. Así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

Solemnidad de Cristo, Rey del Universo, 26 de noviembre de 2017

ÉL ES QUIEN NOS SALVA, ¡ES EL REY!
“Como sigue el pastor el rastro de su rebaño, cuando las ovejas se le dispersan, así seguiré yo el rastro de mis ovejas y las libraré, sacándolas de todos los lugares por donde se desperdigaron un día de oscuridad y nubarrones”

Iº lectura: Ez 34, 11-12.15-17; Salmo: 22; IIº lectura: I Cor 15, 20-26.28; Evangelio: Mt 25, 31-46

Celebramos con gozo y alegría la Solemnidad de Cristo Rey del Universo. Es un día de fiesta, en el cual estamos convencidos de la presencia de Jesús en nosotros y de su plena y total soberanía. Es el día para reconocer, con humildad y sencillez, la grandeza y la omnipotencia de Dios que se hace hombre para acercarnos más a Él y hacernos así partícipes de su vida misma.

La liturgia de este domingo nos muestra la figura del pastor que cuida de los suyos, sus ovejas, siendo ésta una figura bíblica que traduce la humildad, la docilidad y la mansedumbre del hombre. Jesús es el Rey de reyes, el Señor de señores, es quien otorga la más grande recompensa, el amor y la misericordia, hacia quien vive con docilidad y disponibilidad la ayuda al prójimo, reflejo del rostro de Dios en la vida cotidiana.

AYUDAR SIN EXCLUSIÓN…

El evangelio de este domingo nos da las pautas con las cuales el cristiano debe reconocer en Jesús el Rey de reyes. Ante todo, estamos llamados a obrar bien, a ayudar al prójimo y en él a ver con amor el rostro de Jesucristo, sin excluir a nadie. Obrar bien es parte del testimonio que debe dar el cristiano, quien es discípulo de Jesús, quien sabe que en el prójimo está presente Dios y su infinito amor. Luego es importante tener en cuenta que el juicio de Dios, es un juicio de misericordia y de amor. Dios separa los buenos de aquellos que no lo son y de acuerdo a las obras realizadas con sinceridad y convicción, la infinita misericordia de Dios juzgará y dará la recompensa que cada uno merece.

Celebrar la Solemnidad de Cristo Rey nos debe hacer reflexionar sobre la necesidad que tenemos de reconocer en Jesús la razón de nuestra vida, a quien debemos imitar y junto con quien debemos caminar. Acerquémonos a Jesús Eucaristía, a Jesús presente en el prójimo y a Jesús vivo en el corazón de todos y cada uno de nosotros. A lo largo de la historia tenemos el testimonio de muchos cristianos quienes han dado la vida por Cristo como el Rey de sus vidas; y por ello, en nombre de Dios, de la Iglesia de Cristo que vive en nosotros y con el deseo de ayudar cada vez más al prójimo, se pide a todos los cristianos que su lema de vida sea: ¡Viva Cristo Rey!.

MARÍA SANTÍSIMA, MADRE DEL REY HUMILDE Y SENCILLO

María, nuestra madre, nos enseña la humildad que todo cristiano debe seguir y vivir. Ella es la madre del Rey, la madre del Salvador del hombre, la madre de Dios. Su humildad y sencillez nos permite contemplar un corazón puro y un alma materna que está por encima de cualquier otra cosa. Ella nos da ejemplo de cómo vivir en Dios y a partir de su amor, ser prójimo con el prójimo y verdaderos testigos del evangelio.

La Misión Evangelizadora es clara, es precisa: caminemos juntos en Espíritu y Verdad hacia la Reconciliación y unidos a Dios proclamemos la verdad, la justicia y la paz en la tarea evangelizadora para poder escuchar: ¡Vengan benditos de mi Padre! Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

viernes, 17 de noviembre de 2017

XXXIII° Domingo del Tiempo Ordinario, 19 de noviembre de 2017. I° Jornada de atención a los pobres

TALENTOS DE LUZ…
"Pero ustedes, hermanos, no vivan en tinieblas, para que ese día no les sorprenda como un ladrón, porque todos son hijos de la luz e hijos del día; no lo son de la noche ni de las tinieblas, Así, pues, no durmamos como los demás, sino estemos vigilantes y despejados".

Iº lectura: Prov 31, 10-13. 19-20. 30-31; Salmo: 127; IIº lectura: I Tes 5, 1-6; Evangelio: Mt 25, 14-30

Todos los hombres y mujeres del mundo tenemos riquezas en la vida, riquezas que no son de oro ni plata, que no tienen nada que ver con posiciones sociales o algo similar. Cada ser humano, hijo e hija de Dios, poseemos talentos que superan los condicionamientos que en muchas ocasiones no dejan caminar con ilusión y esperanza. En este día, tenemos la oportunidad de reflexionar sobre los talentos, la admiración que debemos tener ante la grandeza de Dios y su presencia en nuestra vida y la productividad en lo que el Señor nos encomienda.

LOS TALENTOS DEBEN CRECER…

Poder ser partícipes de la entrega de los talentos teniendo la ilusión de multiplicarlos y producirlos, es lo que se espera de un verdadero cristiano, comprometido y fiel. Las lecturas y el Evangelio de hoy, permiten encontrarnos y colocarnos ante una situación favorable para quien desea seguir a Cristo. La primera lectura nos lleva a entender que la virtud en las personas, y en este caso de la mujer, debe ser reconocida como una riqueza que Dios bendice. Se nos colocan ejemplos, situaciones, circunstancias, etc, para que nos demos cuenta que Dios nos da la posibilidad de multiplicar y hacer crecer lo que tenemos. 

Esa bendición traducida en oportunidades se muestra como la luz que no conoce ocaso, que brilla en las tinieblas del corazón abatido y que ilumina aún más el de aquellos que viven con fe el Evangelio de la verdad. El mensaje de este domingo nos abre las puertas para entender la parábola de los talentos como medios para crecer, como instrumentos necesarios con los que podemos y debemos multiplicar y producir las gracias que recibimos de parte de Dios. 

El pecado, la falta de fe, el alejamiento de Dios, de su amor y de su misericordia, el desprecio y la injusticia que sufren muchos hermanos nuestros, son parte de esos talentos enterrados que por negligencia y falta de confianza en el que todo lo puede, se hacen evidentes ante la mirada de todos. ¿Nos sentimos bendecidos por Dios? ¿Cuál es nuestra actitud ante aquellos que entierran los talentos? ¿Estamos dispuestos a valorar a todas las personas, sin distinción ni exclusión, siendo luz que brilla en la oscuridad?

MARÍA, BENDECIDA POR DIOS.

Llena de gracia y bendecida por Dios, colmada de talentos y guía para hacerlos producir y crecer, tenemos el ejemplo de una gran mujer, María nuestra Madre. En ella y junto a ella debemos caminar hacia el crecimiento de los que son los talentos de luz y que hacen del hombre fiel discípulo del maestro del amor. Así sea…

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

sábado, 11 de noviembre de 2017

XXXII° Domingo del Tiempo Ordinario, 12 de noviembre de 2017

LA LÁMPARA DE LA FE
“La sabiduría es radiante e inmarcesible, la ven fácilmente los que la aman, y la encuentran los que la buscan; ella misma se da a conocer a los que la desean. Quien madruga por ella no se cansa: la encuentra sentada a la puerta.”

lectura: Sab 6,12-16; Salmo: 62 ; II° lectura: ITes 4,13-17; Evangelio:  Mat 25,1-13

La parábola de las diez vírgenes está en el camino de las que expresan un mismo pensamiento: el siervo fiel, los talentos, el juicio del rey. En todas existe alguien que es acogido y otro que es rechazado. El contexto histórico en el que Mateo narra estas parábolas precede el momento íntimo del Evangelio de la Última Cena de Jesús con sus discípulos. El maestro usa las parábolas para hablarles de su partida y a la vez de su futura venida. La parábola se abre con una proyección hacia el fin de los tiempos, técnicamente se habla de escatología y se concluye con una advertencia: “Velen, pues no saben ni el día ni la hora”.

¿NECIOS O PRUDENTES?

Las vírgenes necias son la imagen de aquellos que no han vivido la vida contemplando lo eterno, sino en aquello pasajero, efímero, sólo la emoción del momento. Tal vez nosotros corremos el riesgo de caer en el error de pensar que una vez encendida la lámpara del Fe, todo va automáticamente y sin fatiga alguna. Jesús nos dice que las lámparas pueden apagarse.

Ante ello, ¿qué debemos hacer? Ante todo, debemos vigilar, no esperando de manera pasiva, sino comprometiéndose con creatividad, ingenio y convicción, yendo más allá del temor al juicio final, ya que somos conscientes del gozo que el Señor da a quienes lo acogen con el corazón y la propia vida. Es por ello que debemos alimentar continuamente el aceite de nuestra lámpara de la Fe, renovándolo cada día, en las situaciones que se nos presentan y que debemos enfrentar.

En segundo lugar, debemos dejarnos alimentar del espíritu de amor, para ser esas lámparas que están a la espera del esposo. Es el amor que se abre a los demás, de manera reciproca y sincera. La lámpara con aceite se identifica con nuestra vida, que va más allá de una adhesión falsa a las cosas del mundo para llegar a enamorarse de la verdad que nos transmite Cristo, presente en la historia del hombre de hoy, de los pobres y excluidos, de todo aquello que conforma la vida cotidiana. ¿Nutrimos de Dios nuestra vida? ¿Somos auténticos ante el llamado de Dios que viene a nuestro encuentro? Reflexionemos y pensemos en cómo está nuestra lámpara y cuál es el camino que recorremos para alimentarla de verdad.

«La lámpara, cuando comienza a debilitarse, tenemos que recargar la batería. ¿Cuál es el aceite del cristiano? ¿Cuál es la batería del cristiano para producir la luz? Sencillamente la oración. Tú puedes hacer muchas cosas, muchas obras, incluso obras de misericordia, puedes hacer muchas cosas grandes por la Iglesia - una universidad católica, un colegio, un hospital...-, e incluso te harán un monumento de bienhechor de la Iglesia, pero si no rezas todo esto no aportará luz. Cuántas obras se convierten en algo oscuro, por falta de luz, por falta de oración de corazón». Papa Francisco, 10 de junio de 2016.

LA VIRGEN, EJEMPLO PARA TODOS

Nuestra Madre de Cielo, María Santísima, nos enseña el camino de la prudencia, de la sabiduría y de la previsión. Ella, con su ejemplo, nos indica que debemos ser humildes y reconocer que Dios es quien da la fuerza para que la luz de nuestro corazón nunca se apague. Seamos testigos y misioneros que estamos dispuestos cada día a recargar la lámpara de la Fe. Así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


domingo, 5 de noviembre de 2017

XXXI° Domingo del Tiempo Ordinario, 5 de noviembre de 2017

¡ENSEÑAR LA VERDAD!
NO DISFRAZARSE DEL MAL…
“No cesamos de dar gracias a Dios, porque al recibir la palabra de Dios, que les predicamos, la acogieron no como palabra de hombre, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios, que permanece operante en ustedes los creyentes.”

I° lectura: Mal 1, 14b-2, 2b. 8-10; Salmo: 130; II° lectura: 1Tes 2 7b-9. 13; Evangelio: Mt 23, 1-12

Es evidente la cantidad de personas que durante estos días se ciegan ante la propuesta de celebrar el Halloween. Negocios, casas, películas, publicidad y un sinfín de cosas que bombardean la mente y el corazón de la sociedad. Las miradas silenciosas de muchos solo dejan entrever la tristeza y la desaprobación ante esta praxis actual donde se desprestigia la dignidad y el corazón del hombre, enalteciendo la presencia del mal en estos tipos de celebraciones. Esto conlleva a darse cuenta la importancia que tiene cultivar y vivir la fe y no perder de vista el itinerario de vida cristiana que nos propone Jesús, el verdadero maestro que nos enseña la verdad.

ENSEÑAR CON AUTORIDAD Y HUMILDAD

Sentarse en la cátedra es la manifestación expresa de quien se presenta como maestro, capaz de enseñar a los demás lo que es y significa un modelo de vida. Quien desempeña de la mejor manera este rol es Jesús y es por ello que nos exhorta para que nos demos cuenta, una vez más, la necesidad de transmitir la bondad con la vida y con el ejemplo. El maestro es quien enseña con su vida, con experiencia positiva, con coherencia, con presencia de Dios. El maestro es quien comparte lo que sabe y lo que vive. Aún así, todos podemos caer en el riesgo de mirar alrededor y condenar al mundo e ignorar los propios males, siguiendo el camino de quienes dicen enseñar pero solo con la voz y no con la fuerza del testimonio. Se hace entonces prudente esconder los títulos y sentir el compromiso de ser verdaderamente testigos de la verdad a ejemplo de Jesús quien nos indica el camino para no caer en esta tentación de “creerse más”…

MARÍA, NOS GUÍA HACIA LA SALVACIÓN

La propuesta de Jesús para hoy es clara: escuchar la palabra de Dios y practicar lo que Él nos enseña. En este itinerario de fe, ella nos acompaña e indica el camino a seguir. Ella, madre del amor y maestra de oración, nos enseña a orar, escuchar a Jesús y guardar en nuestro corazón sus palabras y enseñanzas para que seamos testigos del amor de Dios. Así sea.

José Lucio León Duque

Joselucio70@gmail.com

sábado, 28 de octubre de 2017

XXX° Domingo del Tiempo Ordinario, 29 de octubre de 2017

AMAR A DIOS: UNA INVITACIÓN, NO UNA IMPOSICIÓN
“Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?”

I° lectura: Éx 22, 20-26; Salmo: 17; II° lectura: ITes 1, 5c-10; Evangelio: Mateo 22,34-40

En nuestra vida cristiana, los pasos de Jesús se presentan como el camino del cual no nos debemos desviar. La liturgia hodierna es reflejo del ejemplo que Dios nos muestra, no solo para hoy, sino para toda la vida. "¡Ay de mí -afirmaba san Pablo- si no predicara el Evangelio! (1 Co 9, 16).”. Es una llamada que se nos hace, para seguir los pasos de Jesús, sus huellas, sus palabras, su vida. La palabra del maestro, va seguida de su ejemplo, de su misericordia, de su amor y de la paz de la que nos podemos llenar plenamente. La enseñanza del maestro es veraz y concreta: “Amarás al Señor, tu Dios…y a tu prójimo como a ti mismo”.

AMAR: OBJETIVO DEL CRISTIANO

En el camino que nos presenta el maestro del amor, tenemos un detalle importante: nos invita a amar a Dios y al prójimo. La primera invitación es total y plena, es un llamado a ver en la mirada de Dios, todo lo que necesita el hombre. Amar a Dios, un mandamiento, una llamada, no una imposición; una vía a seguir, no un camino de esclavitud. Cuando el hombre ama a Dios, encuentra en su alma la capacidad de corresponder a aquel que nos ha amado hasta el extremo. En Dios conseguimos la esperanza y confianza ante las dificultades y la fortaleza para poder ayudar al prójimo sin ninguna duda.

La invitación de amar al prójimo se basa en ello, no podemos amar a alguien si ese amor no viene de Dios. En el prójimo, aunque muchas veces nos cueste aceptarlo o vivirlo, está presente la imagen de Dios. Si miramos a nuestro alrededor, la invitación que se nos hace es para aplicarla en la vida cotidiana, sin temor ni con engaños, sino con la palabra que el Evangelio de la verdad nos enseña como discípulos de Jesús que somos.

Amar a Dios y al prójimo, nos da la autoridad para enseñarle al mundo, al hombre y a la mujer de hoy, que debemos salir de la oscuridad, de las misteriosas actitudes de quienes usan la religión como escape; de aquellos que, como los fariseos, buscaban en su momento hacer caer a Jesús en algo. Debemos actuar con fortaleza, decisión y convicción.

La misión a la que debemos acudir con urgencia y prontitud, está dirigida a los pobres y excluidos, a aquellos que no tienen esperanza, a los que por diversos motivos se sienten abandonados por Dios, a los que viven en dificultad y pierden la esperanza. Si estamos dispuestos a seguir los pasos de Jesús, estaremos dispuestos a vivir el Evangelio con seriedad, no solo de los labios hacia fuera, sino de corazón, como debe ser y como a Dios le agrada.

El amor que nos enseña Jesús es el camino que debemos seguir para lograr la felicidad. No seamos de los que ponemos pruebas a Jesús; no seamos como los hijos de las tinieblas sino como los hijos de la luz. La invitación es clara: vivamos el amor, seamos fieles propagadores de ello para poder dar testimonio del significado de ese amor al prójimo…

CON MARÍA SANTÍSIMA, MADRE DEL AMOR

En el Magnificat, María Santísima nos enseña a proclamar la grandeza de Dios y de su amor. En ella se cumple la Palabra de Dios y a través de ella podemos hacer vida lo que su Hijo nos enseña. Ella, madre del amor, nos muestra el camino a seguir y cómo un verdadero cristiano debe ser testigo del amor de Dios en medio del mundo y de la vida cotidiana. Así sea.

José Lucio León Duque


IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...