José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
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lunes, 11 de agosto de 2014

15 de agosto, La Asunción de María / Nuestra Señora de la Consolación

¡GRACIAS MADRE!
“Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.” (Lc 1, 51-53)

Cada año los fieles, no sólo del Táchira, sino de otros lugares de Venezuela y más allá, se acercan a los pies de nuestra Madre de la Consolación de Táriba, para decirle ¡gracias! y también para pedirle por diversas necesidades. Sin duda alguna, siente lo que nuestras madres, experimenta en su corazón la angustia por nuestro mal comportamiento y a la vez la alegría cada vez que nuestra actitud está acorde a la voluntad de Dios. Este es un momento de fiesta que no se presenta sólo una vez al año, sino todos los días, ya que el amor por nuestra Madre de la Consolación es y debe ser permanente.

MARÍA SANTÍSIMA NOS ABRAZA A TODOS

La Virgen es seguridad y garantía, ya que a través de ella, llegamos a Dios. Ella es madre sin excepción, ella acoge en su corazón a todos sin distinción, ella une en su vida a tantos y tantos hijos dispersos que están en constante búsqueda del verdadero camino, ella nos abraza a todos.

María Santísima, la mujer vestida de sol, la madre de la consolación, la madre de quien viene todo amor y comprensión, nos cuida, nos protege y nos invita también a ser constantes, fieles y sobre todo, a comportarnos como buenos hijos. Ella se apresura a visitar a su prima Isabel. Ese gesto es muestra que, en medio de su silencio, existe un gran corazón y por ello fue conveniente que desde lo alto, el buen Dios se fijara en este ser tan especial y puro, tan maravilloso y sencillo, tan inmenso y humilde.

María es verdadero modelo de humildad y comprensión, en ella se conjugan todas las prerrogativas necesarias para convertirse, como lo hizo, en ejemplo para todas las generaciones. Es evidente que la sencillez de María engrandece su imagen, su figura y su vida entera, enaltece lo que en una persona debiera ser algo normal: el amor de Dios presente en la vida cotidiana.

María nos visita, nos acompaña, corre presurosa a atender a sus hijos, ¡bendita entre las mujeres! ¡bendita y dichosa porque estás con nosotros!, ¡bendita porque nos llevas en tu corazón!

MARÍA, EJEMPLO DE LA MUJER DE HOY

El papa Benedicto XVI nos regala la siguiente oración, “Madre del «sí», tú has escuchado a Jesús y conoces el timbre de su voz y los latidos de su corazón. Estrella de la mañana, háblanos de Él y cuéntanos cómo es tu camino para seguirle por la senda de la fe. María, que en Nazaret viviste con Jesús, imprime en nuestra vida tus sentimientos, tu docilidad, tu silencio que escucha y haz florecer la Palabra en opciones de auténtica libertad. María, háblanos de Jesús, para que la frescura de nuestra fe brille en nuestros ojos y caliente el corazón de quien se encuentra con nosotros, como lo hiciste al visitar a Isabel, que en la ancianidad se alegró contigo por el don de la vida..:” (Benedicto XVI a los jóvenes en Loreto, Italia, 2007)

María Santísima nos visita, nos acompaña, corre presurosa a atender a sus hijos.

¡Bendita tú María! Porque no te rebajaste, sino diste plenitud a la humildad que nace de un corazón sincero…
¡Bendita tú María! Porque gracias a tu disponibilidad, se abrieron las puertas del corazón de Dios para que todos pudiésemos recibir sus gracias…
¡Bendita tú María! Porque nos das a tu Hijo, para que con su vida, muerte y resurrección, seamos bendecidos, amados y salvados.
¡Bendita tú María! Madre de la Consolación, pues a todos nos das la posibilidad de apoyarnos en tu regazo y comprender que en ti está el camino que nos lleva a Jesús…

Acudamos fieles a nuestra Madre de la Consolación, acudamos con humildad y con convicción, pidámosle con fe por nuestra patria, por nuestro estado, por nuestra diócesis, por la Misión Diocesana y llevemos el más grande regalo que un hijo puede dar a su madre: fidelidad, obediencia y amor. Así sea.

José Lucio León Duque

viernes, 8 de agosto de 2014

Reflexión para el Domingo 10 de agosto de 2014

VEN, NO TENGAS MIEDO
“Después del terremoto, vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego.Después del fuego, se oyó una brisa tenue…”

I° lectura: 1Re 19, 9ª. 11-13a; Salmo: 84; II° lectura: Rom 9, 1-5; Evangelio: Mt 14, 22-33

Un camino lleno de expectativas y una vida rica del amor de Dios que pasa a cada momento, eso es lo que nos enseña el Señor en este domingo. ¿Dónde está Jesús? Habiendo mostrado su poder para hacer el bien, multiplicando gracias, dones, bendiciones, alimento espiritual y material, se presenta en medio del mar de nuestra vida, caminando con seguridad sobre las aguas turbulentas que mueven el mundo, al hombre de hoy, a todos y cada uno de nosotros.

DIOS PASA POR NUESTRA VIDA CON SUAVIDAD Y FIRMEZA

¡Qué imagen tan hermosa la del paso de Dios! Él pasa en la brisa tenue (Iº lectura), en la brisa ligera y suave. Veamos tres puntos fundamentales que se desprende de toda la liturgia de la palabra en este día. 

En primer lugar, la firmeza de Jesús al caminar sobre las aguas. Su paso aunque suave es firme, y así es la presencia de Dios en nuestras vidas: una presencia cierta, fuerte, sincera, duradera y llena de una bondad y ternura tal, que hace del hombre un ser que ve a Dios por encima de todo y con la verdad como bandera (II° lectura). 

En segundo lugar, la misericordia de Dios nos salva (Salmo) y crea en nuestros corazones una fe tan grande, capaz de ver más allá de las cosas superfluas y banales. 

En tercer lugar, Jesús nos invita a confiar más en él. Quiere que cada uno de nosotros cultivemos la fe, seamos buenos cristianos y salgamos de las falsas seguridades. Así como a Pedro, también a nosotros nos dice hoy: “ven…” y luego de sentir nuestra duda, nos llama la atención: “!qué poca fe! ¿por qué has dudado?”. Aquí podemos situar los nombres de todos nosotros, hombres y mujeres deseosos de paz, seguridad y armonía. La enseñanza de Jesús en este domingo es clara: Dios está presente en todas partes, en el corazón de todos los hombres y mujeres, sin distinción ni preferencias.

La presencia suave y cierta de Jesús en el camino de la vida, es garantía de la salvación; nadie debe sentirse excluido, nadie debe pensar que la duda pueda reinar en el mundo, nadie tiene derecho a quitar la ilusión de tantas personas que buscan cada día encontrarse con Dios. Reflexionemos: ¿somos discípulos que dudan, o discípulos que confían?

MARÍA, MADRE DE LA CONSOLACIÓN

En esta semana, nuestra madre del cielo nos acompaña de manera especial. Acudamos fieles a los brazos amorosos de María Santísima de la Consolación y sintamos su acompañamiento, como presencia pura, inmaculada y maternal que nos regala Dios en su paso, a través de ella.

Pidamos a Dios por el miedo, la duda, la incertidumbre, la falta de confianza en Él, la falta de caridad que pueda existir en nuestras vidas. Seamos conscientes que sólo en Jesús podremos vivir en paz, armonía y misericordia, pues Él toca nuestros corazones para que nosotros acudamos a Él sin ninguna duda y con plena confianza. Así sea.

José Lucio León Duque

lunes, 4 de agosto de 2014

Reflexión en el marco de la Fiesta del Santo Cristo de La Grita y de Nuestra Señora de la Consolación de Táriba.

 SEGUIR A JESÚS ES EL CAMINO

“La santidad no es un privilegio para algunos, sino una obligación para todos, para usted y para mí”. Estas palabras de la beata Teresa de Calcuta nos hacen ver con claridad, la necesidad que tenemos todos de unirnos verdaderamente a Dios siendo discípulos de Jesús en el anuncio del Reino de Dios. En la actualidad son muchos los caminos que se nos presentan con el fin de encontrar vías de escape o de progreso, vías que nos lleven al mejoramiento personal o grupal, y en muchas ocasiones todo queda en una simple teoría que al final no nos deja nada. La santidad es algo concreto, algo que se vive, que se cultiva, que se desarrolla en el corazón de hombres y mujeres, deseosos de vivir en unión con Dios y al servicio de los hermanos. 

“Con el ejemplo de los santos aprendemos el camino más seguro por el que, entre las vicisitudes mundanas, podremos llegar a la perfecta unión con Cristo o santidad, según el estado y condición de cada uno” (Lumen Gentium, 50, b). El Concilio Vaticano II así como todos los documentos de la Iglesia, nos llevan de la mano con el fin de mostrarnos el camino que debemos seguir. Optar por Él es seguir y vivir su mensaje de vida y de verdad. Es hacer una elección ante el sinnúmero de situaciones que se nos presentan en la actualidad. Es entrar en el corazón del pueblo necesitado, de pueblo hambriento y sediento de Dios, un pueblo que levanta sus manos al cielo y mirando fijamente al firmamento, pide señales de amor, de misericordia y de paz.

En una sociedad donde diversas ideologías, algunas de las cuales buscan un progreso siguiendo pautas erróneas, se ve la figura del cristiano como una opción que es posible optar de manera real y verdadera. No se puede llegar a la santidad siguiendo ideologías personales sin sentido, caprichos pseudo religiosos o pensamientos políticos absurdos; se llega a la santidad siguiendo principalmente a Jesús, su palabra, su testimonio, su vida.


No aspiremos a ser santos de nicho, ni a ser mencionados públicamente, ante todo seamos fieles discípulos de Jesús recordando las palabras del Papa Pablo VI: “Todo cristiano debe ser un verdadero cristiano, un perfecto cristiano. ¿Y cómo se llama la vida perfecta de un cristiano? Se llama “santidad”. Por ello, todo cristiano debe ser santo”. Pidamos al Santo Cristo de La Grita y a nuestra Madre, la Virgen de la Consolación, poder llevar a todos los lugares y personas el mensaje de amor, paz y justicia, siendo testigos de la verdad que viene de Dios. Así sea.

José Lucio León Duque

martes, 29 de julio de 2014

Reflexión para el domingo 3 de agosto de 2014

MULTIPLICAR, NO DIVIDIR

“…estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios...” 

I° lectura: 1Is 55, 1-3; Salmo: 144; II° lectura: Rm 8, 35.37-39; Evangelio: Mt 14, 13-21

Caminar juntos, vivir en comunión, estar unidos, participar en fraternidad… todas estas frases, forman parte del lenguaje normal de un cristiano y es lo que debe hacernos sentir seguros que Jesús camina con nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Dios? Nada ni nadie.

Estamos unidos a Él en la medida que seamos verdaderos discípulos y seguidores no sólo de las palabras, sino de los hechos, las acciones, las obras que en el nombre de Él, se realizan. Hoy día se nos indican patrones o paradigmas a seguir. Son modelos que, en algunos casos, no responden a las verdaderas necesidades del hombre de hoy; en otros casos, son simplemente, aquellos detalles que cada corazón necesita para vivir en unidad y junto a Jesús. ¡Cuán rica y fructífera es la liturgia de la palabra de hoy! ¡Cuántas enseñanzas nos deja!

JUNTO A JESÚS… 

Se nos regala un episodio muy significativo del Evangelio: la multiplicación de los panes y los peces. Al respecto, hay algunos detalles que debemos tener en cuenta. Veamos.

En primer lugar, debemos aprender a escuchar a Dios. Solo así podremos encontrar paz y tranquilidad, y nuestro corazón estará lleno de su amor y su espíritu.

En segundo lugar, se nos pide estar junto a Jesús, no apartarnos de Él, no permitir que ideologías, pensamientos absurdos, acciones injustas, malas influencias y demás desordenes presentes en el mundo, nos alejen del más grande tesoro que es el amor de Jesús.

En tercer lugar, ante nuestros ojos Jesús multiplica gracias y dones, es decir, nos regala a cada momento la posibilidad de encontrar la oportunidad para hacer el bien y no aparentar hacerlo o vivirlo.

En cuarto lugar, se nos invita nuevamente a cultivar el hecho de ser discípulos. El evangelio nos indica algo fundamental al respecto, como partícipes del banquete de Jesús: no hay que dejar que nuestros hermanos se vayan sin ser atendidos; sintamos compasión y misericordia hacia quien necesita de ello.

En este sentido, el detalle de Jesús de no dejar ir a la gente con hambre, denota un sentimiento de amor hacia los demás. El maestro no nos deja sin alimento, hace de nosotros fieles deseosos de tomar el alimento de la palabra y aquel material. La Eucaristía, prefigurada en este episodio, es el centro de nuestra vida y nos permite ver en Jesús el maestro de los detalles de amor hacia Dios y nuestros hermanos más necesitados.

Seamos testigos de la multiplicación de los dones y gracias que Dios hace cada día en el mundo, dejando de lado cualquier indicio de división y odio, extendiendo como verdaderos discípulos en medio de la sociedad, el evangelio de la verdad y de la paz.

LA VIRGEN MARÍA, MULTIPLICADORA DEL AMOR DE DIOS 

Nuestra Madre del Cielo, nos enseña a transmitir a los demás con sencillez y certeza, la insondable grandeza del Señor para con sus hijos. Ella es testigo fiel de lo que debemos hacer para convertirnos cada día más en discípulos de su hijo con el fin de llevar a todas partes su mensaje y su amor y así, caminar siempre junto a Él.

Demostremos nuestra sincera piedad y acción de cristianos en la devoción al Santo Cristo de La Grita y a nuestra Señora de la Consolación de Táriba. Que su protección nos acompañe siempre y que todos podamos ser testigos del amor de Dios en medio de su pueblo.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 6 de junio de 2014

Solemnidad de Pentecostés
TESTIGOS DEL ESPÍRITU…
“Nadie puede decir: «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo”

I°lectura: Hch 2,1-11; Salmo: 103; II°lectura: 1Co 12, 3b-7. 12-13; Evangelio: Jn 20,19-23

En este domingo se nos da la oportunidad de meditar, celebrar y vivir una gran fiesta: Pentecostés, la venida del Espíritu Santo. Son diversos los aspectos que podemos meditar: la espera de los apóstoles, las lenguas de fuego, el estruendo, el cenáculo y cómo no reflexionar sobre el rol de María en la vida de la Iglesia a la luz de Pentecostés.

Todo esto forma parte de la solemnidad que tiene como punto central la presencia del Espíritu Santo en el corazón del hombre, en la vida de la Iglesia. El espíritu que desciende y se posa en los apóstoles es quien nos hace proclamar la grandeza de la vida en nombre de Jesús, quien fundando la Iglesia, nos deja el Paráclito para que seamos testigos del Evangelio. ¿Estamos preparados para recibirlo?

UNIDOS EN EL ESPÍRITU…

Este domingo es del todo particular. La narración en la que la primera lectura nos cuenta lo que sucedió ese día, está llena de símbolos y signos propios de la vida del hombre. Entre ellos tenemos la presencia del Espíritu que penetra en la vida de los que estaban allí -y también en nosotros- y las consecuencias del sentirla en la propia vida. Hoy tenemos el deber de caminar juntos como discípulos de Jesús, hijos de María y herederos de la gracia que, en el Espíritu, se nos otorga para dar testimonio de ello.

Cada corazón es protagonista de la bondad de Dios pero, al mismo tiempo, se presenta la ausencia del bien por parte de aquellos que pretenden quitar el soplo del Espíritu de la vida del hombre. Estamos llamados a poner en práctica lo que la Sagrada Escritura nos dice: “hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo” (II° lectura)Seamos testigos de la unión, de la solidaridad, de la fraternidad, no del odio, el rencor y de la división, esto último no es obra de Dios sino del maligno.

Como testigos del Espíritu, sigamos el ejemplo que nos da María Santísima, ya que “ella conservaba las cosas en el corazón” (Lc 2, 51), siendo partícipes de los carismas y dones que se nos dan…

EN ESPÍRITU Y VERDAD SOMOS DISCÍPULOS Y MISIONEROS…

Nos encontramos como testigos de la presencia del Espíritu Santo y ello nos debe hacer meditar sobre nuestro rol de discípulos quienes, caminando juntos con Cristo, nos dejamos guiar por su luz, su fuego, su presencia en medio de todos, ya que somos hijos de Dios y anunciadores, en medio del pueblo, del evangelio de liberación y unidad. Así sea.
Ven Espíritu Santo, ilumina nuestras vidas para unirnos más a Dios
y así ser testigos de la nueva evangelización.

José Lucio León Duque.

miércoles, 28 de mayo de 2014

VII° Domingo de Pascua - Ascensión del Señor, 1 de junio de 2014.

MIRAR A JESÚS SIN VACILAR…
“¿Qué hacen ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que les ha dejado para subir al cielo volverá como le han visto marcharse…”

Iº lectura: Hch 1, 1-11; Salmo: 46; IIº lectura: Ef 1, 17-23; Evangelio: Mt 28, 16-20

En diversas ocasiones se nos presenta la oportunidad de dirigirnos a Dios usando gestos particulares: mirando hacia arriba, hacia abajo, cerrando los ojos, etc. Este domingo se nos pide algo fundamental: mirar con atención a Jesús resucitado que va al cielo y, a su vez, se queda con nosotros.

ÉL ESTÁ CON NOSOTROS, CON TODOS…

Mirando el entorno podemos constatar la necesidad que existe en el corazón del hombre de hoy. Es fundamental reconocer en Jesús la compañía que nos ofrece y la promesa del Espíritu Santo que nos hace. Cada día, en la casa, en el trabajo, en la oficina, en el campo, en cada uno de nuestros ambientes, sentimos la presencia del resucitado. Su promesa es estar con nosotros aquí y ahora, caminando a nuestro lado, convirtiendo nuestro corazón.

No podemos olvidar que la vida cotidiana se encuentra impregnada de materialismo y relativismo; se le está dando el lugar que no debe tener y se le abren las puertas a todo aquello que aleja de la presencia de Dios. Este domingo de la Ascensión, mientras nos preparamos para la venida del Espíritu Santo, nos debe llevar a sentir una inquietud como en la última cena, en el calvario, en el sepulcro; un ardor en el corazón como en los discípulos de Emaús; una esperanza como aquellos que lo ven subir al cielo.

Muchos hermanos y hermanas nuestros miran con ilusión el testimonio de quienes nos calificamos seguidores de Cristo. Hermanos y hermanas nuestros desean encontrar al Señor, quieren sentir la certeza que su promesa es una realidad que, a su vez, es posible vivirla en fraternidad.

Seremos verdaderos discípulos si optamos por Él en el pobre, en el excluido, en aquellos que viven cada día la desesperanza pero que aún así, siguen fijamente mirando a Cristo para encontrar respuesta en quienes lo siguen…¿Estamos comportándonos como tal? ¿Somos verdaderos discípulos del resucitado?

CON MARÍA MIRAMOS A JESÚS

Nadie mejor que María Santísima, nuestra madre, conoce a su hijo y es por ello que nos guía hacia Él. Ella nos enseña a caminar junto a Jesús, a mirarlo, sentirlo y experimentar su presencia.

Queridos hermanos y hermanas, unámonos -de verdad- a la nueva evangelización que, en espíritu y verdad, nos invita el Señor a realizar en cada uno de nuestros ambientes y junto a nuestros hermanos, ya que su promesa es clara: estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Así sea.
José Lucio León Duque

miércoles, 12 de marzo de 2014

IIº Domingo de Cuaresma, 16 de marzo de 2014



“¡Qué bien se está aquí!”

“La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra”.

Iª lectura: Gen 12, 1-4 a; Salmo: 32; IIª lectura: 2Tim 1, 8b-10; Evangelio: Mt 17, 1-9

El segundo domingo de cuaresma se llena de luz y se refleja en el corazón del hombre cuando resplandece la esperanza en aquellos que se sienten abatidos por el pecado y la falta de amor hacia el prójimo. Es necesario bendecir, donar los sentimientos buenos que el Señor gratuitamente nos da. Su palabra es sincera, leal, justa y recta, llamado al cual todos debemos dirigir nuestra mirada. La evangelización se refleja en las palabras de Pablo quien nos invita a tomar parte en el trabajo del evangelio, pues con la ayuda del Señor obtendremos la gracia de su salvación.

CON JESÚS ESTAMOS BIEN…
Una de las páginas más hermosas del evangelio es esta: la Transfiguración de Jesús en presencia de Pedro, Santiago y Juan. Sin duda, muchas veces hemos sido testigos de la Palabra de Dios en cuanto somos parte de la Iglesia, pero aún así no ha sido suficiente para poder decir con Pedro: “qué bien se está aquí”. La expresión del apóstol es la de quien, viendo a Jesús y la plenitud de su compañía, no tiene necesidad de más nada. Los discípulos que ven a Jesús transfigurado se dan cuenta que la luz que irradia el maestro está por encima de todos los problemas y vicisitudes de la vida, ellos no lo piensan dos veces, saben perfectamente que en Dios y con Él se está bien. Después de esa manifestación vuelve la vida cotidiana, lo que debemos experimentar y peregrinar para lograr estar en Dios y saber que podemos estar con Él y cumplir su voluntad para ayudar a quien lo necesite, incluso nosotros. Estar bien con Jesús no es algo mágico, no confundamos las expresiones. Es algo real y concreto, verdadero y preciso, un toque de fe en nuestra vida para hacerla crecer en medio del ambiente donde nos desenvolvemos. La vida en Cristo implica también reconocerlo como parte fundamental de ella en nuestros corazones; si la vivimos, podremos repetir sin cansarnos: estamos bien con Jesús, no nos falta nada, no nos importa tanta superficialidad ni ambigüedades pues Él nos da la fuerza necesaria para caminar en su nombre y llevar la esperanza a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

MARÍA, TESTIGO DE LA LUZ Y DEL AMOR DE DIOS
María Santísima nos enseña a caminar en Dios, confiar en Él y donarnos totalmente para descubrir a cada momento la transfiguración que realiza todos los días en nuestros corazones. Seamos testigos, portadores de paz y dispongámonos a servir al Señor llevando su mensaje de amor y esperanza, con obras concretas, en medio de las dificultades y en este tiempo de cuaresma. Así sea.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

sábado, 14 de diciembre de 2013

IIIº domingo de Adviento, 15 de diciembre de 2013



MANTENGAMOS LA FIRMEZA Y CAMINEMOS SIN TEMOR…
“Tengan paciencia también ustedes, manténganse firmes, porque la venida del Señor está cerca.”…

Iº lectura: Is 35,1-6a.10; Salmo: 145; IIº lectura: St 5, 7-10; Evangelio: Mt 11, 2-11

Alegría, regocijo y gran expectativa nos produce la venida del Señor. El profeta Isaías deja ver la imagen fructífera del desierto que florece en nuestra vida, subrayando la alegría de poder cambiar o mejorar siempre más; se subraya la paciencia y el buen trato que debe existir entre todos, ya que el Señor está cerca, ratificando el inmenso amor de Jesús para los suyos resaltando la grandeza de Juan el Bautista, el precursor, indicándonos así lo que cada uno de nosotros debemos poner en práctica.

JUAN EL BAUTISTA, EL MAYOR ENTRE LOS NACIDOS DE MUJER…

El itinerario del Adviento nos presenta a Juan el Bautista como ejemplo de lo que la liturgia de hoy nos ofrece: regocijo, alegría, fortaleza, fidelidad, justicia, paciencia. Juan es quien anuncia y denuncia, es quien sin miedo habla de Dios como guía de nuestra vida; es aquel que prepara no solo a los de su tiempo, sino también a nosotros en la vida cotidiana para perfeccionar nuestra adhesión a Dios y al mensaje del Evangelio.

Él predica en el desierto y justo allí florecen las esperanzas, es en el desierto donde germina el deseo de encontrar a Dios y seguir sus pasos. ¡Cuánto desierto encontramos en nuestra vida! ¡Cuántos momentos de tristeza, de dolor, de angustia!

¡Cuánta impotencia ante la injusticia que reina en ciertas situaciones que parecen no tener vía de salida! Ante todo esto se asoma una luz que nos ilumina desde lo más profundo de nuestro ser: la llegada de Jesús. Ante la duda de muchos y el asombro de otros, ¡Él es quien debe venir!, Él es quien nos salva, quien nos ilumina, quien nos da la fuerza para cultivar aún más el regocijo de su venida, la alegría de su presencia y la fidelidad a su mensaje.

Quien está lejos de la palabra del Señor, quien no vive en Dios sino que usa y abusa de la vida misma en desprestigio del hombre, se acerca más a la experiencia del mal y por ende, al pecado. Juan, el mayor entre los nacidos de mujer, nos motiva para ser testigos de lo que nos anuncia el Evangelio de la verdad...

MARÍA NOS ENSEÑA Y AYUDA A ESPERAR…

En pocos días celebraremos el nacimiento de Jesús. En los pesebres colocaremos su imagen, muchos le dejarán sus carticas y los tradicionales villancicos hacen que un solo canto se eleve al cielo para entonar junto a los ángeles la paz, la alegría y la justicia. No dejemos pasar este momento, recordando que alguien espera de nosotros la alegría que viene de Dios y el testimonio de una vida, que como la de María Santísima, Madre Inmaculada, Virgen de Guadalupe, nos enseña la paciencia y la humildad. Así sea.

P. José Lucio León Duque

IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...