José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
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miércoles, 20 de abril de 2016

V° Domingo de Pascua, 24 de abril de 2016

“TODO LO HAGO NUEVO…”
“Les doy un mandamiento nuevo: que se amen unos a otros como yo les he amado, ámense también entre ustedes”

I° lectura: Hch 14, 21b-27; Salmo: 144; II° lectura: Apoc 21, 1-5a; Evangelio: Jn 13, 31-33ª.34-35

En la Iglesia de los primeros siglos, modelo para todos aunque no siempre haya vivido tiempos fáciles, la Fe se difundía, la palabra de Dios se extendía y contagiaba a todos creciendo el número de los discípulos; de las dificultades se llega al ayuno, a la oración, a la predicación, a la experiencia de vida cristiana.  Es por ello que el cristiano, el discípulo de Jesús, bendice su nombre y exalta su misericordia para los que esperan en Él, es la fuerza que se nos da a todos: aprovechémosla.

AMARSE…

Nos dice el evangelio de hoy: “La señal por la que conocerán todos que son mis discípulos, será que se amen unos a otros”. Desde siempre Jesús está a nuestro lado, nos acompaña, nos guía y nos ayuda a ser parte de su amor y practicar la misericordia. Se nos recuerda algo fundamental: viendo a Jesús, vemos al Padre; amando como Jesús, amaremos al prójimo; creyendo en Él no tendremos temor y no nos temblará el corazón ante nada. 

La Iglesia nos permite cumplir con ciertos deberes de los que, como cristianos, no podemos prescindir. En los primeros siglos se presentaban preocupaciones -tal como sucede en la actualidad- y siempre se confió en Dios y se buscó la solución necesaria para seguir adelante en su nombre. 

La nota característica que nos identifica con Jesús, no solo de palabra sino también de obra, como expresión máxima de lo que Dios nos da, es el amor. Caminar junto a Él implica darse cuenta de los pasos que damos con Él. Jesús, maestro del amor, no nos abandona y nos impulsa a seguirle, optar por Él, optar por el servicio a los pobres y excluidos y ser sus discípulos, haciendo realidad lo que predicamos, siendo esto un punto fundamental en el crecimiento de nuestra vida cristiana.

MARÍA NOS GUÍA EN EL CAMINO…

Nuestra Madre del cielo nos acompaña siempre. Ella, maestra del amor, nos guía hacia la verdad que nos enseña Jesús, la vía que debemos seguir y la vida que debemos experimentar en espíritu y verdad. Seamos responsables del compromiso asumido y fieles discípulos del mensaje de verdad y fuerza que el Señor nos da uniéndonos más a Él. Así sea.

“Hoy sabemos que para poder perdonar necesitamos pasar por la experiencia liberadora de comprendernos y perdonarnos a nosotros mismos. Tantas veces nuestros errores, o la mirada crítica de las personas que amamos, nos han llevado a perder el cariño hacia nosotros mismos… Hace falta orar con la propia historia, aceptarse a sí mismo, saber convivir con las propias limitaciones, e incluso perdonarse, para poder tener esa misma actitud con los demás.

Papa francisco
Exhortación Apostólica Postsinodal
Amoris Laetitia

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

sábado, 16 de abril de 2016

IV° Domingo de Pascua, 17 de abril de 2016

ESCUCHAR AL BUEN PASTOR…
“Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano”.

Iº lectura: Hch 13,14.43-52; Salmo: 99; IIº lectura: Apoc 7, 9.14b-17; Evangelio: Jn 10, 27-30

Hoy celebramos el día del Buen Pastor. En el Evangelio de San Juan, Él usa esta imagen refiriéndose a Él mismo ya que es la puerta por la cual todos estamos invitados a pasar. Él es el Buen Pastor que conduce a sus ovejas por senderos tranquilos hacia los mejores pastos, escuchan la voz del pastor, él las conoce y ellas lo siguen.

COMPORTARNOS COMO PASTORES

En este domingo, como cada domingo de Pascua, se nos habla del impacto que la presencia de Cristo, resucitado de la muerte, tiene en cada uno de nosotros.  Escuchar, conocer, sentir: esto nos une en intimidad con el Buen Pastor, un amor puro, de abandono gozoso en el Señor, como la grey que lo sigue con fe en medio de las dificultades y con la esperanza de ser buenos discípulos. 

Los católicos hacemos vida en esta experiencia con la cual se promueven, se aprenden y se viven las características sencillas de la vida cristiana: la oración y la Eucaristía, la instrucción en la fe y la adhesión al Evangelio. Cada uno de nosotros debemos configurarnos al Buen Pastor, siguiendo sus enseñanzas, su ejemplo y su presencia en nuestras vidas. Es por ello necesario encontrar en Dios el sentido de la vida cristiana, ya que, como hijos de Dios que somos, debemos luchar siempre por mostrarnos como tal, sin mediocridad ni ambigüedades, siendo portadores sinceros de lo que Él nos ha donado.

Si el reflejo de nuestra vida es lo que vivimos en nombre de Dios, podremos entonces sentirnos configurados a Él y junto a ello, seremos testigos de la verdad, llevando el Evangelio, de palabra y obra, a todos sin exclusión.

MARÍA, MADRE DEL BUEN PASTOR

La vida y el ministerio de María Santísima, es único e irrepetible, ya que es modelo de cada vocación cristiana. Se nos invita, por tanto, a pedir su intercesión por todos los pastores de nuestra Iglesia, por todos y cada uno de aquellos que viven en Dios y a través de Él, se esfuerzan por ser verdaderos discípulos del resucitado. María debe contar en la vida cotidiana de todos y cada uno de nosotros, pues ella nos invita a seguir su ejemplo: “hagan lo que Él les diga” (Jn 2,5). 

“Dios de la vida y del amor, que has bendecido a nuestra tierra con la profunda fe de nuestra gente, continúa suscitando vocaciones sacerdotales y religiosas en las familias y comunidades del Táchira…”Así sea.

 José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


viernes, 8 de abril de 2016

III° Domingo de Pascua, 10 de abril de 2016

SEÑOR, TÚ LO SABES TODO…


Iº lectura: Hch 5, 27 b-32. 40b-41; Salmo: 29; IIº lectura: Ap 5, 11-14; Evangelio: Jn 21. 1-19

En el capítulo 21 del Evangelio de Juan, encontramos la última manifestación de Jesús resucitado a sus discípulos y a Pedro, a quien se le confía la comunidad de los creyentes, siendo su testimonio de vida, un encuentro personal con Jesús. Una historia particular y una llamada donde se cumple lo dicho por el Maestro: “Les haré pescadores de hombres”.  Y así fue, siguió a Jesús en todo el tiempo de la Misión, desarrollada en las obras de la vida pública y con ello experimentó el sentido de pertenencia y amor a la comunidad naciente. Momentos de fervor, de entusiasmo, así como momentos de debilidad, de adhesión profunda, momentos humanos, hasta de tentaciones y negaciones.

Recordemos cuando dijo a nombre de todos: “Tú eres Cristo, el hijo de Dios vivo”, “¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna”, y Jesús le dice: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Igualmente nos viene a la mente la protesta de Pedro ante el anuncio de la Pasión por parte de Jesús, así como la queja en la última cena y su afirmación tajante: “aunque todos te abandonen, yo nunca te abandonaré”, y ante esta última la respuesta de Jesús es clara: “antes de que cante el gallo, tú me negarás tres veces”.

La experiencia de debilidad y miedo de Pedro llega tal como lo anunció el maestro. Al ser negado mientras lo conducían al suplicio, Jesús lo miró con tristeza pero a la vez con misericordia y amor, moviendo el corazón del apóstol quien llora amargamente su error.

Y aquí estamos ante el Evangelio de hoy. Jesús ha resucitado. Los discípulos lo han visto y no saben en sí qué hacer. Vuelven a la vida cotidiana, van a pescar. Jesús se aparece, llega la luz, el alba, el resplandor y les invita a pescar y hacen una grandiosa pesca. El resucitado se da a conocer, no es un fantasma, “es el Señor” y come con ellos.

Se realiza un hermoso, intenso y conmovedor diálogo, palabras de fe y misericordia, el amor de Jesús expresado al máximo y la actitud de humildad, confianza, abandono, afecto y amor sincero de parte de Pedro. Tres veces lo negó, tres veces profesa su amor por el maestro. “Simón, ¿me amas?”, “Señor, tú sabes que te amo”. Tres veces pregunta, tres veces responde y en la tercera vez se deja llevar por la sinceridad y la ternura: “Señor, tú sabes todo, tú sabes que te amo”. Jesús lo confirma en su servicio de apacentar las ovejas y ratifica la inmensa misericordia que solo Dios puede dar.

Este es Jesús: quien perdona, quien no se detiene ante el pecado de Pedro ni ante el nuestro. Dios pide y da amor, renovando aún más su confianza e invitándonos a una misión que va más allá de nuestra propia vida, comportándose con nosotros del mismo modo que con Pedro. “Sígueme” es la invitación que Jesús hace a Pedro a permanecer fiel discípulo suyo y ello conlleva aprender a conocer el Amor sin límite del Maestro. Al discípulo Jesús le pide dejarse amar por Él: solo así, puede guiar la grey en su nombre, donándose sinceramente y este es el amor de Dios.

Estamos llamados a comprender que, así como Jesús, debemos ser humildes y misericordiosos expresando de corazón todo nuestro amor a Dios y el compromiso del anuncio del Evangelio en medio de aquellos que tienen sed de Él: los pobres, los excluidos, los enfermos, todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

María Santísima, nuestra Madre del Cielo, sea quien nos guie por sendas de paz, amor y misericordia. Así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


viernes, 1 de abril de 2016

II° Domingo de Pascua, 3 de abril de 2016

CREER Y TENER FE EN JESÚS…
“¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean si haber visto.”.

I lectura: Hch 5, 12-16; Salmo: 177; II lectura: Ap 1, 9-11a.12-13.17-19; Evangelio: Jn 20,19-31

En la historia, se ha hecho común decir en diversas ocasiones: “ver para creer como Santo Tomás”. Eso proviene de una lectura humana y simple, dejando de lado el verdadero sentido de la actitud de Jesús y del apóstol Tomás, y la importancia de la resurrección en la vida de todos.

LOS CRISTIANOS: ALABAN A DIOS Y SE ESTIMAN ENTRE SÍ

Estar en la presencia de Dios es tener fe en Él, es ver el ejemplo que nos da la Iglesia de los primeros siglos, de “los apóstoles” que “hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo” y de cómo “los fieles se reunían en común”, acciones que hoy se deben cultivar más. Esto nos hace discernir sobre el hecho de reconocer que la fraternidad es verdadera y factible, no siendo un interés más por “aparentar ser buenos” en medio del mundo en el que nos desenvolvemos. 

Este día “en el que actuó el Señor”, es la puerta que se abre para recorrer un camino de paz y de tranquilidad y poder llevar al mundo entero un mensaje colmado del espíritu de la resurrección. Jesús está vivo y se manifiesta en la Iglesia desde siempre, hace veintiún siglos y hoy, en el hombre y en la mujer de todos los tiempos sin excluir a nadie. 

Se nos invita a orar y a celebrar en común, como hermanos, demostrando con sinceridad que la fe puede mover las montañas de odio y de división que puedan existir. No podemos concebir la Iglesia sin fraternidad, sin amor, sin comprensión; si esto no existiese habría que luchar cada vez más para cultivar estos valores y principios tan importantes. Podemos ser fieles cristianos si no ponemos en duda la presencia de Jesús, creyendo y teniendo fe en Él. Nuestro camino de Fe muchas veces se ha visto envuelto en actitudes y expresiones que nos llevan, desde nuestra condición de pecado y duda, a decir como Tomás. “Señor mío y Dios mío”. Seamos honestos, ¿quién no ha tenido dudas en su vida? ¿Quién no ha permitido que el mal y la incoherencia inunden la vida olvidando la grandeza de Dios?

Miremos a santo Tomás y en él, reflexionemos sobre nuestra actitud hacia Dios, hacia nosotros mismos y hacia nuestro prójimo. Cada cristiano está comprometido en el anuncio de la resurrección; en nuestras familias, comunidades, parroquias, etc, esperan el testimonio verdadero de Fe de quien opta por Jesús como fiel discípulo y testigo de su amor.

Recordemos siempre que la Fe es signo de: fraternidad, unidad, amor a Dios y al prójimo, sinceridad y testimonio de vida. Confiemos en Dios, Él nos ayudará.

MARÍA NOS AYUDA A TENER FE…

En la Pascua, María nos enseña a vivir en el amor y la misericordia de Jesús resucitado. Ella nos acompaña en el cenáculo de nuestra vida y nos muestra el camino que debemos seguir. Seamos testigos, en espíritu y verdad, del anuncio del resucitado, un anuncio con el cual se nos invita a unirnos más a Dios y a ser partícipes de la nueva evangelización. Así sea.


 José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


sábado, 26 de marzo de 2016

Resurrección del Señor, 27 de marzo de 2016

JESÚS: PAZ Y GOZO DE NUESTRA VIDA

El Domingo de Ramos aclamábamos la entrada de Jesús a Jerusalén y, con ello, a nuestras vidas. Era la aclamación de un pueblo que admiraba al Maestro, al profeta, al Hijo de David…hoy se presenta Jesús en la plenitud de su presencia. El itinerario que hemos recorrido nos ha traído a este día, al día de la resurrección, día de amor y de paz. Jesús nos da testimonio de vida y de amor, ya que “pasó haciendo el bien” y nos enseña a estar unidos a Dios y ser testigos de su obra. Es por ello que estamos llamados a darle gracias por su amor y su misericordia, porque es bueno con cada uno de nosotros; solo así podremos buscar “los bienes de arriba”, los de allá donde está Cristo y a lo que debemos aspirar.

“ETERNA ES SU MISERICORDIA”

El Día de la Resurrección es un día de fiesta, de alegría y no de una alegría pasajera, es la alegría de los hijos de Dios que sentimos la presencia de Jesús resucitado, vivo en medio de nosotros todos los días, a cada momento. El Día de la Resurrección es una puerta que se abre a la esperanza, al deseo de vivir como verdaderos hijos de Dios. El gozo que proporciona ver y sentir a Jesús vivo, es un gozo que no acaba.

Ese gozo nos regala algunos elementos fundamentales: en primer lugar, la resurrección no hace olvidar la pasión, sino que, junto a ella, forma el camino que nos lleva a la salvación; es vivir el sufrimiento de la pasión y el gozo de la resurrección, única vía que nos conduce a Dios. En segundo lugar, la resurrección comporta dejar de lado el miedo y dar vía libre al anuncio del Evangelio, sin temores, sin exclusión, sin discriminación, ya que el Evangelio es vida, es unión, es luz, es esperanza. En tercer lugar, la resurrección es el camino que todos los cristianos debemos conocer y recorrer. Jesús, Dios y Hombre Verdadero, Siervo Sufriente, Maestro victorioso, Hermano y Compañero de viaje en la vida de todos, nos da testimonio de cómo caminar en su presencia y cómo llevar su amor a todos. En este día celebramos el triunfo de la vida sobre la muerte, es el triunfo de Jesús, nuestro Maestro y Señor, sobre la maldad y el pecado. Hoy podemos llevar una bandera en alto: la bandera de la paz, de la luz, de la vida; hoy es tiempo de llevar la esperanza a tantos que viven sumergidos en la muerte, en la destrucción, en el mal, alejados de Dios.

Hoy es tiempo de proclamar que Jesús está vivo, que su mensaje es actual, su misericordia infinita y su presencia real; seamos testigos de su amor y no nos dejemos amedrentar por ideologías vanas ni por quienes no desean vivir el mensaje del Evangelio.

MARÍA SANTÍSIMA, MADRE DEL RESUCITADO.

En este día el ejemplo de María es claro y preciso: debemos tener esperanza y confianza en Jesús. Ella siempre vivió en la paciencia ante el dolor, en el silencio ante los gritos de las multitudes y las injurias, en el amor ante todos aquellos que hemos sido confiados a su maternal protección. Ser testigos de la resurrección implica caminar junto a María y unirse a la misión a la que todos estamos llamados a realizar y a vivir como discípulos y misioneros. Así sea. ¡Felices Pascuas de Resurrección! Dios les bendiga a todos. Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

viernes, 25 de marzo de 2016

Viernes Santo, 25 de marzo de 2016

 “ESTÁ CUMPLIDO”

En la cruz encontramos el rostro desfigurado de un hombre y el corazón de Dios lleno de amor para dárselo a todos. Hoy se nos presenta la figura del siervo de Yahvéh y con ello, la posibilidad de unirnos al sufrimiento que conlleva a la salvación. El dolor del siervo es el dolor del mundo, el dolor de quien sufre, que nos mueve el corazón y nos hace acercarnos más a Dios, a acogernos en su amor y a no sentirnos nunca defraudados. Con esto tenemos que del dolor y del sufrimiento se nos abre un camino de salvación y ello se obtiene con la obediencia a ejemplo de Jesús, nuestro Maestro.

AMAR LA CRUZ.

El episodio de la muerte de Jesús es el mismo de ayer y de hoy, de cada día, de cada momento. Es la situación de muerte que se presenta en la vida de tantos hombres y mujeres que están sufriendo y padeciendo la muerte en el mundo. El camino de la cruz es el camino del pobre, del indigente, del que está sin esperanza, es el itinerario de las familias destruidas, de los niños abandonados, del joven sin destino; es la vía de aquellos que, teniendo bienes materiales en abundancia, dejan de mirar a su alrededor y al prójimo que tiene necesidad. Es la soberbia de quien, no teniendo, no se deja ayudar y prefiere acciones alejadas de la voluntad de Dios.

La cruz la llevamos todos, no se estaciona, no se deja de lado para tomarla de nuevo cuando convenga. La cruz de Jesús es nuestra cruz, es el gesto de amor que, aunque nos cueste, nos impulsa a ser mejores cristianos y, por ende, a comportarnos como verdaderos discípulos del Maestro. La muerte de Jesús en la cruz nos lleva a descubrir que su amor por todos y cada uno de nosotros es inmenso, es infinitamente misericordioso; es descubrir que en su muerte se redimen nuestros pecados, se reflejan las “muertes” que se están latentes en la vida cotidiana, que dejan entrever las limitaciones y las debilidades del hombre y que Jesús ha tomado sobre sus hombros, sobre su vida. Su muerte nos da la fuerza para vivir en Dios y morir al pecado.

“AHÍ TIENES A TU MADRE…” (Jn 19,27)

Tal como Juan, debemos recibir en nuestro corazón a María. Al pie de la cruz tenemos la enseñanza de la paciencia, del amor y la entrega. Al pie de la cruz se nos da la oportunidad de mirar al cielo y clamar misericordia para todos. María Santísima nos da ejemplo de cómo ver a Jesús, nos enseña a tener paciencia y esperar, aunque con dolor por la muerte de su Hijo, la salvación que nos viene de Él. En este día de la muerte de Jesús, coloquemos en las manos de Dios las almas de todos aquellos que han dejado este mundo, pidiendo por el eterno descanso de nuestros difuntos. Así sea.
José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

jueves, 24 de marzo de 2016

Jueves Santo, 24 de marzo de 2016

Jueves Santo
“EN CONMEMORACIÓN MÍA”
“Les he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con ustedes, ustedes también lo hagan.” (Jn 13,15)

I° lectura: Ex 12,1-8.11-14, Salmo: 115, II° lectura: 1Cor 11,23-26, Evangelio: Jn 13,1-15

El Jueves Santo es un día especial, porque junto a la institución de la Eucaristía y el Sacerdocio, se presenta el hecho mismo que nos lleva a todos a agradecer a Dios ser testigos del Evangelio y propagadores, de la unión a Dios y la paz para todos. La mesa que Jesús junto a sus discípulos prepara en este día, es para todos, en la cual participamos, desde siempre, en la celebración de la Pascua. En este día se nos invita a participar del amor de Dios en modo excepcional: tenemos el deber de agradecer al Señor todo lo que ha hecho por nosotros y de estar junto a él, viviendo el memorial de su pasión, por siempre y para siempre.

“¿COMPRENDEN LO QUE HE HECHO CON USTEDES?”

No es de extrañar la actitud de Jesús con los discípulos. Es un gesto que muestra la entrega y el amor por cada uno de sus hermanos, de sus amigos; es lo que ha hecho en su vida pública y privada. Los discípulos no son siervos, son amigos del Maestro y Él, fiel a su misión, da ejemplo sublime de fidelidad y amistad para con los suyos.

El Jueves Santo nos enseña que estamos llamados a seguir el ejemplo de Jesús, Maestro del amor, quien nos demuestra con el lavatorio del los pies y la institución de la Eucaristía y del Sacerdocio, el camino que cada cristiano tiene preparado para su vida. Fijémonos en el detalle extraordinario del milagro eucarístico con especies tan sencillas y pequeñas respecto a la grandeza de Dios. El pan ázimo y el vino se presentan como elementos fundamentales en una cena entre amigos, un encuentro que recuerda la pascua y con el cual se conmemorará la presencia real de Jesús en medio de su pueblo.

Cada vez que celebramos la Eucaristía vivimos cada momento de ese encuentro de Jesús con sus discípulos en aquella noche de la última cena. Hoy también estamos invitados a compartir el pan y el vino de la caridad con los demás, es decir, cada acto de amor que tengamos hacia los demás, se convierte en caridad y en misericordia. Miremos a nuestro alrededor y seamos prójimo con el prójimo, seamos conscientes de las necesidades que nos rodean y de las situaciones que se presentan cada día y a cada instante. Compartamos, no solo en este día sino siempre, la cena que nos invita a comprender que Jesús lo que hace, lo hace por amor total, entrega plena y conciencia de su misión con nosotros y junto a nosotros.

MARÍA, GUÍA DEL AMOR

En estos días la presencia de María es fundamental, ya que nos lleva a Jesús y nos acompaña en su pasión, muerte y resurrección. Ella nos lleva de la mano y nos enseña cómo se vive el dolor que lleva al gozo; nos acompaña para no sentirnos solos y poder experimentar que el gesto de amor del Maestro es el camino que debemos seguir.

Estar junto a Jesús en estos días nos ayudará a comprender que su amor está por encima de otras cosas y, es por ello que, les invito a participar activamente en las ceremonias que se realizarán en todas las comunidades parroquiales. Jesús nos espera, unámonos a Él como discípulos y misioneros en esta Nueva Evangelización. Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

jueves, 17 de marzo de 2016

Domingo de Ramos, 20 de marzo de 2016

BENDITO SIEMPRE BENDITO...
“…de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: ¡Jesucristo es Señor!, para gloria de Dios Padre.”

El itinerario cuaresmal nos conduce a la salvación que, a través de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, se revela parte fundamental de nuestra vida cristiana. Los cristianos, de todo tiempo, estamos llamados a mirar y vivir este itinerario con esperanza y sinceridad. 

Ello nos enseña que Jesús, entrando en Jerusalén, entra igualmente en nuestra vida, en nuestro corazón. Es un camino de fe que muestra la misericordia, el perdón, la cercanía así como la confianza que Dios coloca en nosotros.

EL ITINERARIO CUARESMAL: UN CAMINO DE VIDA

Durante la Cuaresma, se nos ha mostrado la misericordia de Dios en varias perspectivas y su luz ilumina nuestra vida dejando fe que su amor es más grande de lo que podamos pensar o sentir. Jesús quiere entrar en nuestro corazón y se hace realidad al realizar una gran procesión: no sólo la del domingo de ramos o la del itinerario cuaresmal sino una procesión que se presenta como la prolongación de la vida en Él, de su amor al pueblo que clama justicia y que, a su vez, desea no perder la esperanza. 

Jerusalén se viste de gala, se llena de gozo, es privilegiada ante la presencia del maestro. Hoy Jerusalén representa todo el mundo, todos aquellos lugares donde, viviendo de nuevo ese momento triunfal, colocan alfombras de vida y gritan de júbilo ante la presencia de Jesús que, con sobriedad, nos pide seamos testigos de su mensaje de salvación.

El hombre de hoy es iluminado por el paso del Maestro; las palmas y los ramos se mueven y se agitan gracias a la oración y la misericordia que vienen de Dios; los cantos de alabanza son la voz de tantos hombres y mujeres que claman justicia, paz, igualdad, tranquilidad en un mundo envuelto en el materialismo, superficialidad y crisis real ante lo cual no pierde la esperanza de una reconciliación sincera y una solución verdadera a todo ello.

Escuchemos a Cristo, no podemos echarnos para atrás. Es fundamental ver este camino de vida como un despertar ante la pasividad y la falta de amor que se presenta en el mundo y de lo cual nos convertimos en portavoces. Cuando Jesús entra en Jerusalén, entra en cada una de nuestras vidas, entra en la vida de la Iglesia y ello nos lleva a indicarle el camino a los demás en la vía de la justicia, del diálogo, la paz, la unidad y hacer de ello una experiencia cierta de lo que realmente debemos hacer.


MARÍA NOS ACOMPAÑA HOY Y SIEMPRE

En la gran procesión de la vida, del itinerario cristiano de todos y cada uno de nosotros, está la presencia maternal de María. Ella nos acompaña y nos guía a la participación de la pasión, muerte y resurrección de su hijo, quien con su amor infinito da su vida por cada hombre y cada mujer. Como discípulos y misioneros, unámonos más a Cristo y participemos en las ceremonias de Semana Santa de nuestras comunidades llevando el mensaje del Evangelio, mensaje de paz, de esperanza, de justicia. Así sea.


José Lucio León Duque


IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...