José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
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viernes, 17 de febrero de 2017

VII° Domingo del Tiempo Ordinario, 19 de febrero de 2017

SEGUIR A JESÚS DESDE EL AMOR
“Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los aborrecen y recen por los que los persiguen y calumnian. Así serán hijos de su Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos.”

Iª lectura: Lev 19, 1-2.17-18; Salmo: 102; IIª lectura: 1Cor 3, 16-23; Evangelio: Mt 5, 38-48

Jesucristo, enseña a sus discípulos y a nosotros, el mandamiento del amor, la nueva ley del Evangelio que sustituye para siempre la ley pagana del hombre viejo: “amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo”. Nuestro espíritu tiembla escuchando las palabras de este nuevo mandamiento. A veces nuestras actitudes tienden a despreciar o rechazar a quienes nos agreden o nos hacen daño. Este es el resultado del alejamiento de Dios, de su luz, de su amor, de su palabra.

ACERCARNOS AL AMOR DE DIOS

El amor o caridad se presenta como un sentimiento insólito, que abre un nuevo horizonte ante lo que muchos muestran como opción de vida. La superficialidad y el materialismo han lacerado las facetas que el amor nos regala y han hecho que las actitudes de algunos se caractericen por la falta de sinceridad y honestidad. 

El hombre, imagen y semejanza de Dios, es liberado de sus pecados gracias a la acción redentora de Jesús y es renovado por la acción del Espíritu Santo. Desde el momento en que Dios nos ama en este modo, nos hace participes de él y nosotros podemos perdonar a quien se presenta como “enemigo” colocándolo en manos del que todo lo puede. 

La vida cotidiana es el escenario en el cual podemos hacer realidad lo que Jesús nos enseña. Es allí donde es posible abrir nuestro corazón y hacer surgir la esperanza ante el daño evidente que se presenta a causa de la carencia de quien se aleja de Dios. Las distinciones las hacemos nosotros, las divisiones las creamos cuando no aceptamos con tolerancia la posibilidad de hacer las cosas mejor. 

Jesús nos invita hoy y cada día a ser perfectos como el Padre celestial y lo lograremos si abrimos nuestro corazón y actuamos con sinceridad ante las dificultades que se puedan presentar. La vía a seguir es Jesús e imitándolo a Él, hombre nuevo, modelo para cada uno de nosotros, encontramos la verdadera razón para vivir bien el Evangelio de la verdad.

MARIA, MODELO DE VIDA

“Hagan lo que Él les diga” resuena en nuestras vidas cada vez que pensamos en cómo cumplir la voluntad de Dios. Sigamos los pasos de nuestra madre del cielo y encontraremos el modo para que, desde la sencillez y la reflexión, podamos ser portavoces del mensaje que Jesús, hoy y siempre, nos regala sin excepción. Así sea.
 José Lucio León Duque


jueves, 9 de febrero de 2017

VI° Domingo del Tiempo Ordinario, 12 de febrero de 2017

LIBRES PARA DIOS
“A ustedes les basta decir sí o no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno”

Iº lectura: Eclo 15, 16-21; Salmo: 118; IIº lectura: 1Cor 2, 6-10; Evangelio: Mt 5, 17- 37

Saber elegir, saber decidir, saber cómo vivir… La libertad de ser fieles a la palabra del Señor es una de las vías que estamos llamados a recorrer. Las lecturas de hoy nos desvelan sugerencias y normas que nos permitirán conocer a Dios, ser buenos cristianos y sentirnos libres para vivir en la justicia.

CUMPLIR LA VOLUNTAD DE DIOS... 

Dios nos conoce. Él nos indica el camino a seguir. Nos revela los pasos que debemos dar y la vía que se nos coloca por delante. La liturgia de hoy nos da algunos puntos de meditación que nos ayudarán a entender la misión que se nos ha encomendado. 

En primer lugar, la infinita sabiduría de Dios se nos manifiesta para aprender a cumplir su voluntad. Si caminamos guiados por la luz de Dios, nuestro vivir es más armonioso y será fundamental para fortalecer el testimonio de vida. 

En segundo lugar, la libertad en la que debemos vivir, es garantía del cumplimiento y la eficacia de la palabra de Dios. Dicha actitud se basa en el amor, en la justicia y en la verdad. 

En tercer lugar, debemos desechar aquello que obstaculiza vivir en paz. La oportunidad de ser buenos o menos buenos, está en la decisión de escoger el camino de la verdad o la actitud de la mentira, y esta última nos lleva a la destrucción del alma y de la vida en Cristo.

Si decimos SI o NO, quiere decir que estamos entendiendo lo que debemos hacer. Si la actitud en cambio es de ambigüedad, es señal de que hay que luchar aún más por encontrar en Dios el verdadero rumbo que nos lleva al justo equilibrio y a vivir en sintonía con Dios.

MARÍA, MAESTRA DE LIBERTAD

En Nuestra Madre del cielo encontramos el ejemplo para ser libres y decididos a seguir a Jesús. Ella nos enseña que, aceptando la voluntad de Dios a ejemplo de su “fiat”, es posible dar testimonio de la sabiduría de Dios, predicando con el ejemplo, siguiendo el camino de la libertad con decisión firme, como discípulos y misioneros del Evangelio de la verdad. Así sea.
José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


viernes, 3 de febrero de 2017

V° Domingo del Tiempo Ordinario, 5 de febrero de 2017

LUZ Y SAL DE LA TIERRA
“Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Ustedes son la luz del mundo…”

Iº lectura: Is 58, 7-10; Salmo: 111; IIº lectura: 1Cor 2, 1-5; Evangelio: Mt 5, 13- 16

Este domingo, nos encontramos con la luz y la sal, signos y símbolos del Señor. La luz y la sal, la claridad y el sabor que estamos llamados a vivir, a dar al mundo y a cultivar en nosotros. Así como la luz y el día se oponen a la noche y a las tinieblas; de la misma manera la sal (los cristianos) se oponen al “sin sabor” que se encuentra en el camino de quien no cumple la voluntad de Dios. La sencillez y la generosidad son elementos fundamentales para encontrar el modo de ser luz y sal de la tierra. Esto sólo lo posee quien camina en la luz, quien se fortalece en la oración. Pero atención: ¡Hay sombras que se presentan en la vida de todos y cada uno de nosotros!

ALUMBRAR, NO OSCURECER

Quien es cristiano debe ser luz para todas las personas y necesidades del mundo. El cristiano sabe que esta riqueza tan grande (la oración y la luz), le acerca a su salvador y que además es una forma extraordinaria de conseguir el perdón de sus pecados. La Iglesia es una comunidad de creyentes en la cual todos tenemos espacio, y aunque es de todos, ella tiene una particular preferencia por los pobres y excluidos. Compartir con sencillez es garantía de aquello para lo que estamos llamados: ser luz y sal de la tierra para quienes necesitan, sin exclusión y con convicción.

Hagamos hoy una oración por el prójimo, por los que sufren, por los excluidos, para que nuestro verdadero compromiso sea convertirnos en luz y sal para los demás, para el mundo pero también y de manera especial, en nuestros propios hogares.

EN UNIÓN CON MARÍA

En este itinerario de fe, María Santísima nuestra madre, nos acompaña e indica el camino a seguir. Ella, madre del amor y maestra de oración, nos enseña a orar, escuchar a Jesús y guardar en nuestro corazón sus palabras y enseñanzas para que seamos testigos del amor de Dios. Así sea.
José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


viernes, 27 de enero de 2017

IV° Domingo del Tiempo Ordinario, 29 de enero de 2017

LOS BIENAVENTURADOS, ¿QUIÉNES SON?
“Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios”

Iº lectura: Sof 2, 3; 3, 12-13; Salmo: 145; IIº lectura: 1Cor 1, 26-31; Evangelio: Mt 5, 1- 12a

Muchos buscan la voz de Jesús, quieren escucharlo y desean seguirlo. La exhortación del maestro en el Evangelio es clara, precisa y va dirigida a todos sin excepción. Bienaventurados son los que miran al cielo encontrando en el abrazo misericordioso de Dios, su ternura duradera y sincera.

El justo busca al Señor, la justicia y la humildad y junto a ello, cumple con su voluntad (Iº lectura). Esto, a su vez, nos muestra la fidelidad a la palabra por parte del Señor ya que la justicia, la liberación y la plenitud están en él (Salmo). Buscar a Dios significa ser conscientes que Dios mira más allá de la apariencia, ya que su mirada penetra los corazones y elige los débiles, los ignorantes y ello hace que la gloria dada a Él, salga de lo profundo del corazón (IIº lectura).

BUSCAR A DIOS

Bienaventurados son los perseguidos, los humillados, los calumniados, tantos hombres y mujeres que han optado ser discípulos de Jesús y que, ante una sociedad materialista, vienen desplazados y excluidos. Bienaventurados son los niños y jóvenes que buscan en los adultos la esperanza, quedando muchas veces aislados y con las manos vacías. Bienaventurados son los que extienden la mano y la ofrecen sin reservas a quien necesita consuelo y ayuda. Bienaventurados son todos los hombres y mujeres que llevan dolor en su corazón al no ser escuchados y, por ende, abandonados. Bienaventurados son todos y cada uno de nuestros corazones cuando, con total disponibilidad y entrega, abren sus puertas a la acción salvífica de Dios. Bienaventurados seremos cuando comprendamos que, por encima de las dificultades, problemas y situaciones difíciles, se encuentra la alegría y el gozo de la recompensa de Dios a todos aquellos que le aman.

Recordemos que somos portadores del mensaje de amor, justicia y paz de parte de la Iglesia en favor del prójimo, teniendo en cuenta, tal como nos indica el Catecismo Social que “cuando una sociedad se hace sin la referencia de Dios, se corrompe en ella el conjunto de valores propios de la cultura: no se comprende bien quién es el hombre, su destino, su dignidad, sus derechos…” por ello “la Iglesia se ha visto obligada a recordar todos estas enseñanzas mediante su Doctrina Social”.

MARÍA, BIENAVENTURADA POR EXCELENCIA

Nuestra madre del cielo, es bienaventurada por su amor a Dios, su disponibilidad y adhesión a él. En ella se refleja el testimonio de quien desea seguir a Dios y cumplir su voluntad. La misión evangelizadora a la que todos nos debemos adherir, es un momento para crecer como Iglesia, como verdaderos hijos de Dios que los buscan, encontrando así la razón para escuchar su palabra y cumplir su voluntad. Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

sábado, 21 de enero de 2017

III° Domingo del Tiempo Ordinario, 22 de enero de 2017

VIVIR EN PAZ ES POSIBLE
“Los exhorto, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que todos vivan en concordia y no haya divisiones entre ustedes, a que estén perfectamente unidos en un mismo sentir y en un mismo pensar”.

Iº lectura: Is 8, 23b-9, 3; Salmo: 26; IIº lectura: 1Cor 1, 10-13. 17; Evangelio: Mt 4, 12-23

Cada cristiano está llamado a configurarse con las palabras y las acciones de Jesús. Hoy se nos llama a ver en Él la luz que guía los pueblos. Esa luz comporta en cada alma la salvación, ya que el Señor es quien nos la concede a través de ella y su resplandor. Esto nos lleva a percatarnos de algo fundamental: si estamos unidos, la claridad y el resplandor de Dios serán baluarte en la propia vida y por ello, se nos exhorta a vivir en unidad, a sentir y pensar en nombre de Jesús.

SER DISCÍPULOS HOY

El evangelio de este domingo se presenta como un llamado claro y preciso a optar por Cristo, tal como lo indica el ser mismo del discipulado. Quien sigue a Jesús vive en unidad, quien sigue al Maestro aleja de su vida la discordia. La vida de Jesús es un testimonio veraz pues no se deja amedrentar por el hecho del arresto de Juan el Bautista, sino que eso le da fuerza para verificar que su misión es clara: extender el reino de Dios. Jesús nos pide conversión, seguimiento, enseñanza y proclamación del Evangelio.

Estos aspectos, propios de la predicación y vida del maestro, nos muestran el sentido de ser discípulos: lo seremos en la medida en que aceptemos la misión a la que se nos llama. El testimonio implica tener paz en el corazón y es por ello que, sin temor ni cobardía, los cristianos debemos ir con la frente en alto, anunciando y denunciando todo aquello que forma parte de la vida misma.

El Catecismo Social nos recuerda que “el fruto de la justicia es la paz, que es el mayor bien para toda sociedad. En tiempos de paz es posible el progreso de la sociedad y el desarrollo de la persona en todos los campos”. Ser discípulos hoy implica amar a Dios y respetar al hombre, implica entrega y donación, convicción y participación de la vida en Él. Seamos discípulos, testigos de la paz y de la unidad. En nombre de aquel que nos da la salvación y nos llama a ser sus seguidores en espíritu y verdad, abramos nuestros corazones, siendo verdaderos testigos del reino.

MARÍA, MADRE Y TESTIGO DE LA LUZ

Nuestra madre del cielo nos da ejemplo de unidad, disponibilidad y paz. Sigamos sus pasos y dejémonos guiar de su amor para llegar a Jesús dispuestos a ser sus discípulos, uniéndonos a la misión de llevar el evangelio de la verdad a todos y cada uno de nuestros hermanos. Así sea.
José Lucio León Duque


sábado, 14 de enero de 2017

II° Domingo del Tiempo Ordinario, 15 de enero de 2017

“ESTE ES EL CORDERO DE DIOS…”
 “Ahora habla el Señor, el que me formó desde el seno materno, para que fuera su servidor…”

Iº lectura: Is 49, 3. 5-6; Salmo: 39; IIº lectura: 1Cor 1,1-3; Evangelio: Jn 1 29- 34

Siguiendo detenidamente las enseñanzas que nos brinda la liturgia de la Palabra de cada domingo, encontramos lo que ella nos regala para poder cultivar aún más el sentido pleno del testimonio que debemos experimentar, sentir y vivir. El Señor se enorgullece de quien cumple su voluntad, de sus hijos y quien es siervo reconoce la acción de Dios en él (Iº lectura) tal como los evangelios lo revelan de Jesús, el Cordero de Dios (evangelio). San Pablo nos enseña en esta oportunidad la fraternidad que es luz, paz y buenos deseos para quienes son bendecidos por Dios y escogidos para su misión (IIº lectura).

CON LA LUZ CAMINAMOS HACIA DIOS

La vida actual nos presenta una serie de “ofertas” sobré cómo vivir, qué cosas experimentar y hasta cómo influir en los demás. Si dejamos que la luz que Dios nos da se apague en nuestros corazones, seremos propagadores del miedo, del terror, de la inseguridad. Dejar apagar la luz de Dios significa que poco a poco nos hemos alejado de Él y, por consiguiente, no estamos unidos a Él. San Juan Bautista nos muestra el modelo que debemos seguir y a quien debemos escuchar: Jesús, el cordero de Dios, la luz del mundo, el Hijo de Dios.

Actualmente es necesario retomar el camino que nos lleve a la unidad, a la paz, a la igualdad. La doctrina social de la Iglesia nos enseña que “la libertad humana consiste en la elección del Bien: actuar de tal modo que alcancemos a Dios, en quien está nuestra felicidad” (Catecismo social). En este sentido, estamos llamados a mirar en Jesús el amor que nos da para que libremente lo llevemos a todos y cada uno de nuestros hermanos y hermanas, con el fin de mostrarles como San Juan Bautista al cordero de Dios, al que quita el pecado del mundo, al que desde la eternidad ilumina el camino del hombre.

Elegir el Bien con libertad es responder al llamado que Dios hace al hombre de hoy, teniendo en cuenta que su voz es la que desde el cielo nos invita a ver en Jesús al hijo predilecto y en la tierra, como Juan Bautista nos lo muestra, a reconocerlo e indicar a los demás que Él es la salvación.

MARÍA NOS GUÍA HACIA LA LUZ

“A Jesús por María”, esta es la certeza de caminar con la fe puesta en Dios. María, madre nuestra, nos lleva a Jesús, luz del mundo, y nos enseña que la paz, la justicia y la igualdad, entre otras cosas, se consiguen si estamos unidos a ellos. Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com


sábado, 7 de enero de 2017

Domingo 8 de enero, Solemnidad de la Epifanía del Señor

Epifanía del Señor
“LEVÁNTATE Y RESPLANDECE…”
"¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo"

Iº lectura: Isaías 60, 1-6; Salmo: 71; IIº lectura: Efesios 3, 2-6; Evangelio: Mateo 2, 1-12

Un camino de luz, un itinerario de esperanza y los más sinceros deseos de iniciar el año 2017 en unión del amor de Dios y con la confianza en la sabiduría que viene de lo alto: estamos celebrando aún el nacimiento de Jesús.

El ambiente navideño y de año nuevo ha sido un momento favorable de paz para muchos y de indiferencia para otros. Hoy se manifiesta aún más Jesús en su nacimiento, en su ser verdadero hombre y verdadero Dios. Hoy se presentan los Magos en sintonía con una luz que guía a estos personajes hasta el sitio del nacimiento, al centro del amor hecho realidad, al lugar donde se encuentra lo humano con lo divino en una mezcla de extraordinaria grandeza y humildad perenne.

“EL PUEBLO QUE CAMINABA EN TINIEBLAS, VIO UNA GRAN LUZ”

La luz es el fondo de cada aparición del Mesías, desde el antiguo testamento hasta el momento actual. La luz borra del todo las tinieblas, símbolo éstas de la nada, de la muerte, y cancelándolas, se da inicio a una nueva vida, a una nueva creación. La estrella guió a los Magos, y hoy guía nuestra reflexión.

Se proponen ambas partes encontrar al hijo de Dios, pero con intenciones opuestas. Los magos porque desean ofrecer sus dones a la realeza divina, los otros porque temen ser usurpados en el poder. Los magos son modelo de obediencia perfecta a Dios quien les guía con su luz. Él les ha hablado al corazón a través de la luz de una estrella que les ha acompañado a lo largo de su viaje. Al acercarse y encontrarlo sienten una gran alegría, así como encontraremos tiempo después en los apóstoles por la resurrección de Jesús.

Es el gozo que premia la fe y la obediencia de los magos y de tantos que, como ellos, confían en la luz que proporciona el amor y la paz que viene de Dios. También hoy algunos tienen miedo de Jesús, de su realeza, de su presencia en medio del mundo.

Su presencia es símbolo de seguridad y confianza, es fortaleza en las dificultades, es vida en medio del desierto que se presenta cada vez que olvidamos a aquellos que necesitan nuestro apoyo y ayuda. Buscar a Jesús, es buscar el camino justo, la luz que guía nuestras vidas, el compromiso que debemos asumir como sinceros seguidores de esa luz que Dios nos coloca, para encontrar con determinación a Jesús en cada uno de nosotros.

El episodio de los magos se concluye con una anotación práctica: ellos son advertidos que no regresen donde Herodes sino que regresen por otra parte. Dios cuida el niño Jesús, cuida a los magos, nos cuida a todos, nos da los medios para enfrentar las vicisitudes que se nos presenten con el fin de salir victoriosos y seguir caminando por itinerarios que nos lleven a la conversión, a un cambio profundo que solo quien encuentra a Cristo puede experimentar.

CON MARÍA SANTÍSIMA, MADRE DE DIOS, CAMINAMOS EN LA ESPERANZA

María Santísima, madre de Dios y madre nuestra nos acompaña en este itinerario de esperanza. En este nuevo año que comienza, junto a los proyectos que la Iglesia diocesana nos presenta y en los cuales debemos participar plenamente, sin dudas y con confianza total en aquel que nos da su fuerza y su amor, debemos tener en cuenta la oración que cada día debemos elevar a Dios por la Iglesia, el Santo Padre, los obispos, nuestro obispo Monseñor Mario del Valle, los sacerdotes, religiosos y religiosas y todo el pueblo santo de Dios. Que Él nos bendiga a todos, a cada una de las familias y a cada corazón, que este año sea de esperanza plena en Dios que nos guía y en María que nos cubre con su manto de amor maternal. Así sea.

Oramos por la Asamblea Ordinaria de la Conferencia Episcopal Venezolana.
 Nos unimos “En Espíritu y verdad” hacia la paz y la reconciliación.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


sábado, 31 de diciembre de 2016

Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, 1 de enero de 2017

¡GRACIAS A DIOS POR LA FAMILIA!


Este día es la continuación del itinerario que todo cristiano debe cultivar y construir: la vida en familia como don de Dios pidiendo para ella y para el mundo la luz de Dios y la paz. Las lecturas de este día nos preparan para comprender no sólo lo que es una familia, sino lo que en la vida cotidiana debemos hacer: honrar los padres, sobrellevarse mutuamente, perdonarse, ser luz y fomentar la unidad…

UN MENSAJE DE PAZ PARA LA FAMILIA Y EL MUNDO

La vida de todos y cada uno de nosotros debe ser testimonio de paz, de unidad, de armonía. Ello se consigue si vivimos en el respeto, con educación, ayudando a quien lo necesita y fortaleciendo nuestra fe. En medio del desinterés de muchos, tenemos el total amor de Jesús que nos hace parte de su familia, aún en medio de las dificultades que se nos puedan presentar. Es necesario seguir pidiendo por ella a fin que sea fuente de la vida que experimentamos gracias a la presencia de Dios.

La paz debe ser el signo y el símbolo que acompañen la existencia de tantas almas necesitadas de Dios; tantos hombres y mujeres sedientos de su amor, deseosos de tranquilidad y de armonía; tantos niños que más que un juguete necesitan cariño y ternura; tantos jóvenes que más allá de vicios cargados de curiosidad, necesitan una mano amiga, que les acompañe a ser auténticos portadores de esperanza.

La paz es signo de amor en la familia de la humanidad cuando cada hombre y cada mujer asumen sus propios retos y sus propias responsabilidades; cuando quienes gobiernan los pueblos del mundo se adhieren a vivir en unidad y trabajar por ella; cuando quienes la predicamos, trabajamos y luchamos por ella teniéndola en alto como el gran valioso tesoro que es. Este domingo se nos invita a que cada día valoremos lo que tenemos: nuestros padres, hermanos, amigos. Se nos pide ser testigos en espíritu y verdad del amor de Dios, reflejado concretamente en el rostro de tantos hermanos y hermanas nuestros, que mirando al cielo claman a Dios para así poder mirar a la tierra y encontrar quien les ayude.

No permitamos que este fin de año sea uno más de tantos en los cuales el protagonismo lo tienen las cosas materiales, seamos portavoces del protagonismo que Jesús niño posee, no por deseos de poder sino con el poder de amar y compartir con los corazones y las almas sedientas de paz y hermandad.

CAMINEMOS JUNTOS CON LA SAGRADA FAMILIA

No dejemos apagar la llama que la Navidad encendió en nuestros corazones; seamos esa luz que camina hacia los sitios más recónditos dónde necesiten de ella. Llevémosla junto a Jesús, José y María, a todas las familias, a todos los hogares y si a alguno de ellos no podemos llegar, dejemos que se extienda gracias a los sentimientos de unidad, de fe y de hermandad que existen en nuestras comunidades, cultivando aún más el deseo de evangelizar en espíritu y verdad sin excluir a nadie, siendo testigos de la verdad y la justicia.

Para todos nuestros lectores el más sincero deseo de paz. Que de ella se desprendan los más hermosos sentimientos para todos sin distinción de raza o credo o condición social. Luchemos para que nadie impida la entrada de la acción misericordiosa y plena del amor de Dios en nuestros corazones. Dios les bendiga a todos.
José Lucio León Duque


IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...