José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
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viernes, 27 de mayo de 2011

VIº Domingo de Pascua

El espíritu de la verdad

“Al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él”.

I° lectura: Hc 8,5-8.14-17; Salmo: 65; II° lectura: 1Pe 3,15-18; Evangelio: Jn 14,15-21

Conocemos a Jesús en la medida que nos acercamos a Él. El itinerario pascual nos revela el designio de Dios para con el hombre y su deseo de estar junto a nuestro corazón. Importante resaltar en este domingo, cómo todo converge en el amor de Dios. Esa es una de las constantes más evidentes en el mensaje y en la vida del mismo Jesús quien nos invita a seguir caminando en su nombre. Las lecturas nos hacen ver la contundencia del mensaje de Jesús; la predicación y el ejemplo de sus discípulos hacen que se llene de alegría quien escucha y ve el testimonio de vida al que todos estamos llamados. Esa llamada nos lleva a glorificar a Dios, su amor y su presencia en nuestras almas, como signo de agradecimiento a la vida que Él nos proporciona.

El apostolado del amor y la verdad

Hoy el maestro nos indica el camino que debemos recorrer para recibir con la mayor disponibilidad al Espíritu Santo. El evangelio nos muestra algunos aspectos fundamentales sobre el modo de vivir el amor de Jesús. Amar a Dios implica cumplir los mandamientos, escuchar a Jesús, conocer su mensaje y, al mismo tiempo, mostrarlo a los demás. El maestro nos hace una promesa que se cumplirá el día de Pentecostés; con la preparación para la venida del Espíritu Santo se nos invita a dar un vistazo a todo lo que hemos recorrido en el periodo pascual que se nos convierte en aquello que el cristiano debe hacer en su vida. Si no se ama no se puede vivir bien, si no existe amor se olvida el sentido verdadero de la evangelización y no se predica a Jesús sino a intereses diferentes del que Dios nos muestra. Esto puede llevar a descartar a aquellos que necesitan sentir el amor y la presencia de Dios. El mensaje de Jesús es claro: “El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama…” (Evangelio) y de allí podremos recibir plenamente el Espíritu de la verdad, ese Espíritu que nos da Jesús para amarle cada vez más y en Él a nuestro prójimo. Estamos llamados a proclamar, sin temor, la contundencia del evangelio y a levantar nuestra voz de discípulos para anunciar la verdad presente en el mensaje de Jesús.

Unidos a María…

Con la fuerza del Espíritu y de la mano con María, nuestra Madre, caminemos en unidad y armonía. Que todos y cada uno de nosotros seamos evangelizadores y promotores del mensaje de amor que debemos llevar a todos, sin exclusión y con decisión. ¿Nos estamos preparando de la mejor manera, para la venida del Espíritu Santo? Así sea.

P. José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

sábado, 21 de mayo de 2011

V Domingo de Pascua


Que no nos tiemble el corazón

“Hace tanto que estoy con ustedes, ¿y no me conoces…? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre”

I° lectura: Hch 6,1-7, Salmo: 32, II° lectura: 1 Pe 2,4-9, Evangelio: Jn 14, 1-12

En la Iglesia de los primeros siglos, modelo para todos aunque no siempre haya vivido tiempos fáciles, la fe se difundía, la palabra de Dios se extendía y contagiaba a todos creciendo el número de los discípulos; de las dificultades se llega a la oración y la imposición de manos (I° lectura). Es por ello que el cristiano, el discípulo de Jesús, pide misericordia para los que esperan en Él (Salmo). La fuerza que nos viene de Dios, como piedras vivas de su Espíritu, nos ayuda a los bautizados, ungidos y escogidos por el Señor, a ser testigos de sus maravillas y proclamarlas a todos (II° lectura).

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”

Desde siempre Jesús está a nuestro lado y nos ayuda a ser parte de su amor y de su misericordia. Se nos recuerda algo fundamental: viendo a Jesús, vemos al Padre; creyendo en Él no tendremos temor y no nos temblará el corazón ante nada. La Iglesia nos permite cumplir con ciertos deberes de los que, como cristianos, no podemos prescindir. En los primeros siglos se presentaban preocupaciones -tal como sucede en la actualidad- y siempre se confió en Dios y se buscó la solución necesaria para seguir adelante en su nombre. Las dificultades nunca han faltado, aún así más grande es la misericordia de Dios y ello conlleva a ver en Jesús, la vía que debemos seguir. Caminar junto a Jesús implica darse cuenta de los pasos que damos junto a Él. Hace algunos días escuchaba con gran tristeza a alguien que decía, con una supuesta seguridad, que en la Iglesia no existe participación, que nadie sabe lo que en ella se hace y otras cosas más; definitivamente esa persona no camina junto a Jesús, no conoce el Evangelio y se quedó sin saber que el Señor resucitó. No debemos tener miedo ni temblar ante los ataques que se puedan presentar; el maligno siempre está acechando buscando la caída del hombre, pero Jesús camino, verdad y vida, no nos abandona y nos impulsa a seguirle, optar por Él, optar por el servicio a los pobres y excluidos y ser sus discípulos.

María nos guía en el camino

Nuestra Madre del cielo nos acompaña siempre. Ella nos guía hacia la verdad que nos enseña Jesús, al camino que debemos seguir y a la vida que debemos experimentar en espíritu y verdad. Seamos responsables del compromiso asumido y fieles discípulos del mensaje de verdad y fuerza que el Señor nos da uniéndonos más a Él.

P. José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

VISITA PASTORAL DE MONS. MARIO MORONTA

A LA PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE COROMOTO

“En Espíritu y verdad”…un momento de gozo, satisfacción y unión en Cristo Jesús se han vivido en estos días con motivo de la visita pastoral de Mons. Mario Moronta a nuestra Comunidad Parroquial y Sacerdotal de Nuestra Señora de Coromoto. Los encuentros de fraternidad y paternidad con Mons. Mario son la respuesta clara y precisa del camino que se está recorriendo en la Iglesia del Táchira y es por ello que el ánimo y el entusiasmo que esto nos deja será el motor que permitirá seguir sirviendo a la Iglesia presente en nuestro pueblo. Se ha realizado una visita muy sincera y transparente, mostrando las realidades existentes y mirando con esperanza el camino que debemos seguir cultivando. ¡Gracias a Dios podemos decir que estamos caminando en su nombre! Cada comunidad y cada grupo es testimonio del servicio que esta parroquia ha prestado y seguirá prestando en este lugar de San Cristóbal. La cercanía del Obispo, el cariño de la gente, la transparencia de los niños, las inquietudes de los jóvenes, la experiencia de los adultos, el ofrecimiento de su vida de cada enfermo y el deseo de servir de los sacerdotes, es el signo de la comunión que existe y que nadie puede abatir, ya que Dios y la Santísima Virgen son nuestras guías y el apoyo que necesitamos y tenemos. Siempre adelante y con esperanza, sabiendo que, en medio de las dificultades, podemos seguir anunciando el Evangelio de la verdad y que en adelante el servicio será aún más concreto y deseo de seguir a Jesucristo se seguirá manifestando en medio de su pueblo…Así sea…

P. José Lucio León Duque

viernes, 20 de mayo de 2011

Mensaje de Solidaridad

SAN CRISTOBAL 20 DE MAYO DEL AÑO 2011.

A todos los sacerdotes del presbiterio diocesano

Y miembros del Pueblo de Dios en el Táchira

En el Libro de los Hechos de los Apóstoles, se nos invita a vivir la comunión de la Iglesia con expresiones de fraternidad y solidaridad, de tal modo que podamos compartir las angustias de todos los hermanos, de tal manera que nadie pase necesidad. Por eso, en estos momentos de particular dificultad que pasan algunos hermanos nuestros a causa de la inclemencia del clima, hacemos un llamado a que intensifiquemos nuestra oración y nuestra disposición de solidaridad para con todos ellos.

Muchos hermanos han perdido sus casas, otros sus cultivos y hay quienes están teniendo dificultades por la destrucción de vías de comunicación. Son momentos duros que están viviendo y de los cuales no podemos sentirnos ajenos. De allí la necesidad de que, en primer lugar, tomemos conciencia del dolor, de la angustia y de la desesperanza que puedan tener tantos de nuestros hermanos. No podemos sentir indiferencia, aunque quizás no tengamos la posibilidad de hacer grandes obras. La primera obra, superior a todo lo que pueda realizarse y que debe ser el motor de todo acto de ayuda y de solidaridad, debe ser la caridad fraterna de cada uno de nosotros hacia los hermanos.

Gracias a Dios, la acción de los sacerdotes de las parroquias más golpeadas, así como de los Consejos pastorales parroquiales y otros tantos cooperadores, está ayudando a los que más están sufriendo. Esperamos sus indicaciones para ayudarles de manera más efectiva: pero ya desde ahora, hemos de estar pendientes de lo que necesiten. Ojalá en estos días podamos demostrar nuestra solidaridad, evitando actos y gastos superfluos que desdigan de esa caridad que nos identifica como seguidores de Jesús.

Pido a todos los párrocos y responsables de comunidades, así como a las religiosas y a los directores de escuelas de la Iglesia que intensifiquen la oración, pidiendo a Dios que cese la inclemencia de las lluvias en nuestra región, en otros lugares del país y en la hermana Colombia. Oremos también por quienes están ayudando a los más golpeados o están tratando de resolver las situaciones que se han creado y los que están atendiendo las emergencias.

Esperamos y pedimos a las diversas autoridades, nacionales y regionales, que en esta emergencia unan esfuerzos para ayudar a quien está golpeado. La emergencia que viven nuestros hermanos no tiene ni color político ni credo religioso y amerita la solidaridad y el servicio desinteresado de todos.

A los que han sufrido los embates de las lluvias, les manifestamos nuestra solidaridad y les garantizamos una oración que implora fortaleza para todos Ustedes.

Imploro del Dios de la vida su acción protectora para todos nosotros, por intercesión de María del Táchira, Nuestra Señora de la Consolación.

Con mi bendición de pastor:

+Mario Moronta R., Obispo de San Cristóbal.

sábado, 14 de mayo de 2011

Seguir al Buen Pastor

“Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y, salir…”

Iº lectura: Hch 2, 14 a.36-41; Salmo: 22; IIº lectura: 1Pe 2, 20b-25; Evangelio: Jn 10, 1-10

Hoy celebramos el día del Buen Pastor. En el Evangelio de San Juan, Él usa esta imagen refiriéndose a Él mismo ya que es la puerta por la cual todos estamos invitados a pasar. Él es el Buen Pastor que conduce a sus ovejas por senderos tranquilos hacia los mejores pastos. Los que no permiten esto son ladrones y matan las ovejas sin ninguna compasión…

Comportarnos como pastores

En este domingo, como cada domingo de Pascua, se nos habla del impacto que la presencia de Cristo, resucitado de la muerte, tiene en cada uno de nosotros. Los católicos hacemos vida en esta experiencia con la cual se promueven, se aprenden y se viven las características sencillas de la vida cristiana: la oración y la Eucaristía, la instrucción en la fe y la adhesión al Evangelio. Cada uno de nosotros debemos configurarnos al Buen Pastor, siguiendo sus enseñanzas, su ejemplo y su presencia en medio de nuestros corazones. Es necesario, junto con San Juan, encontrar en Dios el sentido de nuestra vida cristiana, ya que somos hijos de Dios y debemos luchar siempre por mostrarnos como tal. “Dios ha creado al hombre a imagen y semejanza suya, pero sobre esta imagen se ha descubierto tanta suciedad derivada del pecado, que la belleza de Dios casi no traslucía. Por eso Dios se ha hecho hombre, y en Cristo podemos contemplar el rostro de Dios y aprender a ser verdaderos hombres, a imagen de Dios…de este modo, Dios nos invita a imitarlo, para que así en cada hombre trasluzca el rostro, la imagen de Dios” (Benedicto XVI). Si el reflejo de nuestra vida es lo que vivimos en nombre de Dios, podremos entonces sentirnos configurados a Él y junto a ello, seremos testigos de la verdad, extendiendo el Evangelio a todos sin exclusión.

María, madre del Buen Pastor

La vida y el ministerio de María, es único e irrepetible, ya que es modelo de cada vocación cristiana. María debe contar en la vida cotidiana de todos y cada uno de nosotros, pues ella nos invita a seguir su ejemplo: “hagan lo que Él les diga” (Jn 2,5). Se nos invita, por tanto, a pedir su intercesión por todos los pastores de nuestra Iglesia, por todos y cada uno de aquellos que viven en Dios y a través de Él, se esfuerzan por ser verdaderos discípulos del resucitado. Así sea.

En el mes de María Santísima, Nuestra Madre, promovamos la devoción al Santo Rosario, que no falte en nuestras vidas la presencia de María, Madre de todos.

P. José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

miércoles, 4 de mayo de 2011

IIIº Domingo de Pascua

El resucitado en el corazón del hombre

«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»

I° lectura: Hch 2,14ª. 22-33; Salmo: 15; II° lectura: 1 Pe 1,17-21; Evangelio: Lc 24,13-35

En este domingo se nos muestra la importancia de ser testigos, discípulos de Cristo y de su presencia real en cada uno de nosotros. San Pedro habla de su maestro, muestra de manera muy clara quién es Jesús y lo que hace por todos (I° lectura): Él mismo es el sendero de la vida, quien nos da el gozo y la alegría (Salmo). Tomar en serio el hecho de seguir a Jesús nos lleva a ser discípulo, optar por Él y conservar la confianza, ya que con su sangre nos ha redimido y nos ha dado la salvación (II° lectura).

Caminar con Jesús…

Este día nos regala un episodio conocido y muy hermoso que recuerda la presencia de Jesús: en los discípulos de Emaús y en ellos, en todos nosotros. Es una historia conocida que se presenta como emblema de fe, de compañía por parte del maestro a sus discípulos hasta el punto de pedirle que se quede con ellos. Este encuentro de camino y de vida, es certeza de que Jesús nos acompaña siempre, en todo momento y, a su vez, la manera de mostrarnos que, a pesar de nuestra ceguera, el maestro siempre nos indica la vía que debemos seguir. Se presentan algunos elementos importantes que nos ayudarán a reflexionar a la luz de Emaús: en primer lugar, la resignación de los discípulos que regresan ante la muerte del Salvador; en segundo lugar, Jesús se presenta en el momento justo e instruye a sus hermanos; en tercer lugar, los discípulos, -así como nosotros- debemos optar por permanecer con el maestro, no debemos dejarlo ir sino que debemos solicitarle que quedarse siempre con nosotros; en cuarto lugar, la presencia de Jesús hace que nuestro corazón arda y se nos abran los ojos ante la majestuosidad del milagro de su presencia en la vida del hombre. “¿No nos ardía el corazón…? “, dijeron los discípulos después de que Jesús se fue. Ese sentimiento, lo que sienten los discípulos antes y después de estar con Jesús, es lo que los lleva a anunciar posteriormente su presencia. Ellos dan señales de alegría y regocijo, evidencian el deseo de transmitir a los demás que Jesús está vivo y desean, con esa noticia, contagiar a los demás de amor y esperanza…

María, madre y acompañante

En el “Emaús” de nuestra vida, tenemos el apoyo total de María Santísima, nuestra madre. Ella nos acompaña ofreciéndonos la presencia de su amor, así como la certeza de la misericordia de su hijo. Seamos solícitos en nuestro caminar, pidamos a Jesús que se quede con nosotros y hagamos que nuestros corazones se contagien de su amor y ardan siempre más, para así unirnos en la evangelización a la que todos estamos llamados. Así sea.

Pbro. José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...