José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
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viernes, 2 de marzo de 2012

IIº Domingo de Cuaresma, 4 de marzo de 2012

¡Qué bien se está con Jesús!
“Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?”

Iº lectura: Gen 22,1-2.9-13.15-18; Salmo: 115; IIº lectura: Rom 8, 31b-34; Evangelio: Marcos 9, 2-10

Escuchar a Jesús, el hijo predilecto y estar bien con Él: es la invitación que Dios dirige hoy a los creyentes. Representa el tema que la liturgia nos regala y propone. Las lecturas nos presentan el ejemplo del creyente capaz de sentirse bien con Dios y escuchar su voz, encontrando el modelo de nuestra fe y apoyándonos en el don que Dios nos ha dado. Se nos recuerda que a través de Jesús, Dios está de nuestra parte y es la vía a seguir…

Confianza plena en Dios
Partiendo de la figura de Abraham, símbolo de un pueblo aliado con Dios, podemos constatar la importancia de fiarnos totalmente a su Palabra. Esta palabra se ha revelado en plenitud en la persona de Jesucristo que se revela y se transfigura ante sus discípulos y a través del tiempo, en nuestra vida. Él es la lámpara que Dios ha colocado para guiar nuestros pasos, la luz para nuestros días, la estrella de cada mañana que nos acompañará a la transfiguración total en luz plena de la mañana sin ocaso. Es por ello que con Él debemos hablar, escucharle, sentirnos bien, dialogar en la oración y a partir de allí, seguir un itinerario en el cual cada uno de nosotros tenga la misión de verificar la centralidad de la Palabra de Dios en la propia vida.

Jesús se manifiesta, se presenta en su magnificencia y se hace presente con humildad y sencillez en el alma de todo aquel que da su disponibilidad a la conversión. ¡Qué bien estamos con Jesús! Este domingo nos da la posibilidad de ver en Él la fuente de la que brota la confianza que debemos tener en Dios, la esperanza de la presencia continua del Espíritu y la certeza de poder transmitir el mensaje del Evangelio a todos y en todas partes. La invitación es esta: estar bien con Jesús, participar con el testimonio de vida en el constante caminar con Él y ver en su presencia en medio de nosotros el deseo de ser discípulos y testigos de la luz que irradia su manifestación en todos y cada uno de nosotros.

María, madre de luz
El camino hacia la pasión, muerte y resurrección de Jesús, se ve acompañado por nuestra madre del Cielo. Es necesario dejarnos amar y proteger por ella. Seamos buenos hijos e invoquemos siempre su maternal protección. Así sea.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 24 de febrero de 2012

I° Domingo de Cuaresma

Camino de esperanza
“Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios; conviértanse y crean en el Evangelio”


Iº lectura: Gen 9,8-15; Salmo: 24; IIº lectura: I Pe 3, 18-22; Evangelio: Mc 1, 12-15


Hemos iniciado el tiempo favorable de la Cuaresma, en el cual se nos invita a recordar de manera particular, el sentido que debemos darle como cristiano que somos. El Santo Padre Benedicto XVI nos invita en su mensaje para la Cuaresma de este año, a vivir este tiempo con el deseo de sentir “la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras”.

Dios hace un pacto y nos seduce
No podemos ver la esperanza como un sentimiento lejano; la esperanza es algo concreto, va más allá de lo que humanamente podamos sentir o pensar. Es un pacto que establece Dios, desde el inicio de la vida hasta el corazón de todos y cada uno de nosotros. Es un camino de ayuno, de reconciliación y penitencia, de esperanza y oración. Es la presencia de Dios que nos permite ver y constatar que cada uno de sus hijos, no caerán en las manos del demonio. Esto nos da la oportunidad de conocer una nueva modalidad: en Jesús, en su amor y su misericordia, podemos evitar las tentaciones. Del diluvio, que destruye la maldad del hombre, llegamos al Bautismo que purifica y libera nuestra condición de pecadores. Del hombre pecador, Dios hace un regalo al corazón mismo de la humanidad: la conversión como remedio saludable e instrumento perenne de salvación. El mensaje se nos da para extenderlo, para llevarlo a los corazones de todos aquellos que poseen la disponibilidad de recibir a Dios. Esta cuaresma, este tiempo de gozo y de penitencia, de reconciliación y esperanza, es un momento en el cual estamos llamados a ser testigos, discípulos de Cristo que nos lleva de la mano a la verdadera salvación. Benedicto XVI nos recuerda: “La atención a los demás en la reciprocidad es también reconocer el bien que el Señor realiza en ellos y agradecer con ellos los prodigios de gracia que el Dios bueno y todopoderoso sigue realizando en sus hijos. Cuando un cristiano se percata de la acción del Espíritu Santo en el otro, no puede por menos que alegrarse y glorificar al Padre que está en los cielos”. Hagamos vida lo que Dios nos enseña, lo que nos transmite, lo que nos invita a vivir.


María nos acompaña en la Cuaresma
Nuestra Madre del Cielo es garantía de salvación. Ella y su compañía son itinerarios seguros, amor sincero, confianza plena. Si deseamos vivir este tiempo, dejémonos llevar por ella de la mano, luz de nuestros corazones, madre de todos los hombres y estrella que nos conduce al mismo corazón de Jesús. Así sea.

Encomendamos la celebración del ENCUENTRO EUCARISTICO DIOCESANO que se realiza en la Comunidad Parroquial de Nuestra Señora de Coromoto, Jesús Eucaristía nos guíe en este tiempo de Cuaresma por las vías de la paz y de la misericordia.


P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 17 de febrero de 2012

VIIº Domingo del Tiempo Ordinario - 19 de febrero de 2012

“Contigo hablo: levántate”
“Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: Nunca hemos visto una cosa igual.”

Iº lectura: Is 43,18-19.21-22.24b-25; Salmo: 40; IIº lectura: II Cor 11,18-22; Evangelio: Mc 2,1-12

Dios tiene proyectos nuevos para cada uno de nosotros, es por ello que si miramos atrás, que sea para recordar las cosas buenas, los momentos agradables y la esperanza que nos ayuda a caminar en su nombre. La presencia del cristiano no sólo en el concepto, sino en la vida misma del hombre, es garantía de la mirada de Dios para con nosotros y de nosotros, hacia el futuro, para con los demás, en especial con los pobres y excluidos. De ahí, que el testimonio en nombre de Dios, es fundamental para que la palabra que se transmite sea coherente con lo que Dios mismo nos da.

“¿Por qué piensan eso?”
En muchos episodios en los que Jesús realiza signos prodigiosos, se presentan personas que juzgan las acciones del maestro. Son juicios que van en contra de lo que puede pensar quien se maravilla por la benevolencia que el acto presenta, y por tanto atraen la atención de Jesús. Él mismo les pregunta: “¿por qué piensan eso?”. Pregunta que hace a cada momento ante la actitud poco coherente que se muestra a cada instante en muchos corazones. Lo que hace Jesús no es para que los demás piensen bien o no; no es un espectáculo para que todos se admiren; no es la magia liberadora que otros puedan pensar… ¡es la acción misma de Dios que se hace presente en las circunstancias cotidianas de la vida del hombre!. Hoy día son muchos los paralíticos que se presentan ante Jesús; son muchos los que ayudan a llevar a Jesús a aquellos que lo necesitan; son muchos los que creen que esa acción es liberación y no presentan signos de exclusión ni de rechazo. La condición social no es requisito para Jesús, Él recibe a todos, para Él no es necesario ser rico o pobre, para Él todos somos iguales. La curación del paralítico nos enseña en primer lugar que debemos hacer todo lo posible por llegar a Jesús, en segundo lugar confiar en su palabra y dejarnos liberar por Él y por último, ser testigos de la acción de Dios en nuestras vidas, ya que Él nos perdona, nos cura y nos guía por caminos de paz y verdad.

María Santísima, camino hacia Jesús
Nuestra Madre del cielo es protagonista fundamental en la edificación de la Iglesia. Ella es quien nos lleva de la mano a Jesús para que, junto a toda la Iglesia, podamos ser testigos de la acción misericordiosa de Dios. Así sea.

Les invitamos para el próximo domingo 26 de febrero a participar con alegría en el ENCUENTRO EUCARISTICO DIOCESANO, que se realizará en la Comunidad Parroquial de Nuestra Señora de Coromoto de San Cristóbal, a partir de las 9.30 de la mañana. Encomendemos esta intención en el ámbito de los 70 años de nuestra parroquia y de los 90 años de la Diócesis de San Cristóbal.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 10 de febrero de 2012

VIº Domingo del Tiempo Ordinario

“¡Sí quiero: queda limpio!”
“Sean, pues, imitadores míos, como yo lo soy de Cristo”

Iº lectura: Lev 13, 1-2.44-46; Salmo: 31; IIº lectura: I Cor 10, 31-11, 1; Evangelio: Mc 1, 40-45

La enfermedad, vista como castigo, maldición divina, consecuencia del pecado personal o de la familia en la tradición judía, deja entrever lo que significa la plenitud del amor que se da en Jesús. Un encuentro muy significativo que engloba el tema de este domingo: “si quieres puedes curarme”. El leproso que se acerca a Jesús tendrá en su mente y en su corazón el deseo de salir de esa situación en la que se encuentra para vivir de manera diferente.

El testimonio, signo de purificación
El maestro envía al hombre apenas curado a presentarse ante el sacerdote para que cumpla con lo prescrito. Es una consecuencia de lo que se acaba de realizar: dar testimonio de lo que Jesús puede hacer para que vivamos y estemos bien. En este sentido, debemos reconocer cada vez más la importancia que tiene la evangelización como testimonio y transmisión de la fe en medio de los pobres y excluidos. Muchos hablan actualmente de ese tema, muchos se consideran “salvadores” de aquellos que están necesitados y olvidan que lo fundamental es el corazón de ese hombre y esa mujer, que tienen dignidad ante la mirada misericordiosa de Jesús que les dice “quiero, queda limpio”. Él nos limpia, nos purifica, una vez nos toca y nos pide confiar en Él. Limpia el corazón, el alma, todo nuestro ser. Hace de nosotros instrumentos de paz para que junto a la limpieza, podamos albergar sentimientos de amor y de justicia, para con nosotros y los demás. Todos hemos sido limpiados, sanados, tocados por Jesús… ¿por qué nos empeñamos muchas veces a sentirnos autosuficientes? ¿por qué no dar el paso definitivo y nos abandonamos en las manos de Dios que repite en los labios de su Hijo: quiero que quedes limpio, quiero que ames a Dios, quiero que ames la Iglesia y el amor que de ella se extiende a todos? Hoy es un día propicio para ello: dejémonos tocar por Él, seamos testimonios vivientes de la purificación que realiza cada día en nosotros y con las palabras de San Pablo, hagamos todo para gloria de Dios…

María bendice nuestra vida
El camino de la fe, itinerario de purificación, es guiado por la figura maternal de nuestra madre del Cielo. Ella nos ayuda a purificarnos intercediendo ante Jesús por todos y cada uno de nosotros. La grandeza del amor está en aceptar con suma disponibilidad lo que Dios desea para nosotros, su santa voluntad. Solo así podremos, de la mano con María, ayudar a todos aquellos que lo necesiten. Así sea.

Encomendamos de manera especial a todos los enfermos, colocándolos de manera especial en las manos de María Santísima, salud de los enfermos. Así sea.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 3 de febrero de 2012

Vº Domingo del Tiempo Ordinario

“Todo el mundo te busca”
“El Señor sostiene a los humildes, humilla hasta el polvo a los malvados”

Iº lectura: Job 7, 1-4.6-7; Salmo: 146; IIº lectura: Icor 9, 16-19.22-23; Evangelio: Mc 1,29-39

En la sociedad, en todos y cada uno de los espacios en los cuales nos desenvolvemos, es necesario darnos cuenta que en todo y para todo, la ayuda de Dios es lo que nos guía y nos da la posibilidad de sentirnos hijos suyos, verdaderos cristianos. El principio de libertad es lo que, entre otras cosas, nos permite buscar y encontrar la vida en Dios, la presencia de Cristo, la participación en la Iglesia como miembros suyos que somos. Este domingo se nos proponen mensajes claros y precisos: debemos acudir a Dios, dejarnos ayudar por Él, confiar en su amor, predicar el Evangelio y algo tan importante: buscarlo sin cesar.

“Ay de mí si no anuncio el Evangelio”
El camino de la paz, de la justicia y del amor se logra a través del anuncio del Evangelio. La actualidad necesita ser encuadrada en el marco de la fe y de la comprensión. Quien se considere cristiano debe tomar en sus manos y disponer su corazón para la acción misericordiosa de Dios. A pesar de las amarguras, de los problemas, de las vicisitudes, de los lamentos, Dios es la vía a seguir y la ayuda a salir adelante. ¡Cuántas palabras!, ¡cuántos discursos!...muchos de ellos ante la Palabra de vida que Jesús nos da, son efímeros y sin sentido. La palabra de Jesús sana, libera, purifica y estimula para caminar junto a Él como testigos de lo que con su ejemplo, nos enseña y nos da. La acción de Jesús es fuente de vida, es quien nos toma de la mano como a la suegra de Pedro y hace de nosotros hombres y mujeres nuevos, decididos a servirle y fieles a lo que su palabra nos propone. La presencia de Jesús sobrepasa la actitud egoísta de quienes olvidan que a su alrededor existen necesidades, personas que tienen vacíos sociales y espirituales, familias que buscan soluciones a los problemas presentes, pobres y excluidos que aún esperan respuesta de quienes pueden dar una mano sin condiciones ni pretensiones. La evangelización forma parte de todo esto y en este camino en el cual todos nosotros, como discípulos de Jesús que somos, estamos llamados a seguir sin desfallecer. En este momento, Jesús te toma de la mano, te levanta y cura tu alma, nuestras almas, y nos hace sentir la esperanza que es parte fundamental en la vida del cristiano para poder seguir adelante…

María Santísima mantiene viva la esperanza del cristiano
Nuestra madre del cielo proporciona a cada uno de sus hijos el modo para caminar en pro de la paz y de la justicia. Seamos seguidores de la verdad y de la paz. No nos dejemos intimidar por los problemas que puedan dividir la sociedad, sino que aferrados al amor maternal de María del Táchira, podamos extender un reino de tranquilidad en medio de las vicisitudes que se puedan presentar. Así sea…

P. José Lucio León Duque
joselucio@gmail.com

jueves, 26 de enero de 2012

IV Domingo del Tiempo Ordinario - 29 de enero de 2012

Combatir el mal a fuerza de bien
“Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: No endurezcan su corazón”

Iº lectura: Deut 18, 15-20; Salmo: 94; IIº lectura: 1Cor 7, 32-35; Evangelio: Mc 1, 21-28

Escuchar, reflexionar y actuar: tres actitudes que todo cristiano debiera asumir como compromiso de vida y como parte del proceso evangelizador en el cual todos estamos llamados a ser partícipes. La vida cotidiana nos sigue presentando situaciones en algunos casos desagradables, en otros casos confortables y llenas de la presencia de Dios.

Jesús el maestro que enseña con autoridad…
La palabra autoridad expresa poder, potestad, facultad…en algunos casos se perfila en “el poder que tiene una persona sobre otra que le está subordinada. Persona revestida de algún poder o mando”. De Jesús se decía eso, que enseñaba de ese modo, ya que tenía y tiene la facultad y el poder para actuar como quien es: verdadero Dios. Su autoridad es ejercida con cariño, ternura y amor. Es la potestad de llevar a todos un mensaje de esperanza, sin exclusión, sin esclavitud, ya que muchos creen que ejercer la autoridad es esclavizar a los demás, y no es así. El Evangelio de este día muestra la autoridad de Jesús ante la gente y ante el espíritu inmundo, quien ante la omnipotencia no tuvo otra opción que alejarse. Lo que Jesús enseña es prioridad para el hombre de hoy, es la semblanza del amor profundo que el maestro por excelencia nos tiene, es el ejemplo que debemos seguir y en la vía que debe ser encaminada nuestra vida. El cristiano puede y debe unirse a Jesús para eliminar de su vida cualquier tipo de maldad, rencor, odio, violencia, elementos que se radican en el mundo debido al espacio en el cual el maligno se desenvuelve. Jesús, el maestro, da ejemplo de autoridad con la cual se extiende el Evangelio a todos, como una enseñanza novedosa en la cual se subliman los detalles de amor que tiene Dios en su plan de salvación para con todos y cada uno de nosotros. Es por ello que nuestra mirada debe dirigirse a la nueva evangelización, a ser discípulos de fe y esperanza que desea llevar al pueblo de Dios la verdadera enseñanza que es camino de paz y justicia. Unámonos a Dios, a su amor y su misericordia; unámonos cada vez más e Él como miembros de la Iglesia que somos; unámonos a los pobres y excluidos, protagonistas del mensaje de Jesús; unámonos entre nosotros en fraternidad, testigos de la verdad y luchadores constantes de paz, contra todo tipo de maldad, de violencia y de injusticia que pueda existir: el arma del cristiano es la paz.

María, Reina de la paz
María guía el corazón y la vida del hombre a seguir la voz de Dios, a escuchar y vivir las enseñanzas de su hijo y a alejar de nuestra vida la presencia del maligno. Cada día ofrezcamos detalles de amor a María Santísima por nuestra conversión, por los enfermos, por quien lo necesita y por la Evangelización en nuestra diócesis en el ámbito de la celebración de sus 90 años, en la que todos somos parte fundamental con la oración, el servicio y el trabajo. Así sea.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

miércoles, 18 de enero de 2012

IIIº Domingo del TIempo Ordinario, 22 de enero de 2012

Ir y predicar…
“Está cerca el reino de Dios: conviértanse y crean en el Evangelio”

Iº lectura: Jon 3, 1-5.10; Salmo: 24; IIº lectura: Icor 7, 29-31; Evangelio: Mc 1, 14-20

Predicar el mensaje de Dios; arrepentirnos y convertirnos, siguiendo el camino que el Señor nos indica, son signos de que “el momento es apremiante” y por tanto, es nuestro deber seguir caminando en nombre de Dios, aquí y ahora, en cada instante y en cada lugar.

Creer y vivir el Evangelio
La vida cristiana está radicada en el amor a Dios y la fe que tenemos en Él. La situación actual que vivimos, nos ofrece la oportunidad de ser discípulos del Maestro del amor y por ende, de predicar en voz alta lo que desea el Señor del hombre de hoy: “Vengan conmigo y les haré pescadores de hombres; crean en el Evangelio”. ¿Será posible seguir los pasos de Cristo en medio de la necedad y la indiferencia que tantas veces se presenta? La llamada de Señor a aquellos pescadores es la misma que hace a todos nosotros. El mensaje de Cristo implica, ante todo, una respuesta, ya que se nos invita a convertirnos, a desear mejorar en todo y a ser verdaderos seguidores del maestro del amor. En segundo lugar, la conversión que nos hace cambiar de vida, nos lleva a creer más en el Evangelio y a entender, en tercer lugar que somos los responsables de transmitir esa palabra. Es una buena noticia que tenemos en nuestras manos para extenderla con convicción, con fe y esperanza. Encontrar al Mesías y sentir la fuerza de su invitación es la llamada que nos debe mover a evangelizar, y dicho mensaje debe ser llevado a todos sin excepción y con decisión. Es posible seguir a Jesucristo, es posible adherirnos a su vida, es posible orar con el Él y por Él, es posible ser discípulos de Jesús y dar testimonio de ello. Basta creer, decidirse, ir y predicar…

María nos llama a seguir a su hijo…
Acerquémonos a Jesús a través de María nuestra madre del cielo. Ella nos guía por sendas de paz y de bondad y nos llama a seguir a su hijo: “hagan lo que Él les diga”. Dispongámonos a seguir a Jesús, seamos sinceros con Dios y con nosotros mismos, dejemos el miedo y esforcémonos cada día por seguir el camino que nos lleva a la paz. Aunque muchos digan luchar por la paz y busquen otros fines, continuemos con nuestro ideal: en el nombre de Dios, como sus discípulos y sus testigos, nos unimos a Él, en espíritu y verdad, con adhesión total y sin exclusión alguna…

Pidamos al Señor con fe para que la unidad de los cristianos sea para todos, motivo de evangelización y de participación en la Iglesia, como verdaderos discípulos de Jesús a quien nos unimos en Espíritu y Verdad en la Misión a la que estamos llamados.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

jueves, 12 de enero de 2012

IIº Domingo del Tiempo Ordinario

Escuchar es el camino…
“Él respondió: Habla, que tu siervo te escucha.”

Iº lectura: 1Sam 3, 3b-10. 19; Salmo: 39; IIº lectura: 1Cor 6,13c-15a.17-20; Evangelio: Jn 1, 35-42

La liturgia de hoy junto a lo que se está viviendo en la actualidad es una muestra tangible del escenario de la vida en el cual todos tenemos nuestra participación. La llamada de Dios a Samuel y la invitación de Jesús, la disponibilidad de quien desea cumplir la voluntad de Dios, ofreciendo su vida, cuerpo y alma, todo su ser, como Templo del Espíritu Santo, son signos evidentes que debemos vivir como verdaderos cristianos.

“¿Dónde vives?”
La pregunta de los discípulos a Jesús es clara y la respuesta lo es igualmente. El maestro nos invita a ver dónde vive, a participar de su amor, de su misericordia, de lo que realmente es ser parte de su vida. La situación del hombre de hoy se ve afectada por la cantidad de mensajes, que llegan de muchos frentes y que, en algunos casos, no ayudan a crecer. Estamos, casi sin darnos cuenta en ciertos momentos, alejándonos de la invitación de Jesús que nos manifiesta el deseo de vivir junto a Él, con Él y por Él. Muchas almas se pueden acercar al Señor si el Evangelio es vivido, creído y anunciado con convicción. La invitación de hoy, esa llamada que viene de Dios y que a Él nos lleva, es un itinerario de vida y de esperanza que cada uno de nosotros debemos recorrer. No perdamos de vista lo que desde siempre se nos ha enseñado a través de la Palabra de Dios: ir y predicar a todos el Evangelio, el mensaje de la Buena Nueva de la verdad que nos ayuda a renovarnos cada vez más. Esta misión a la que estamos llamados, nos debe llevar a ser valientes y defensores de la Fe, de la Iglesia. Quien es cristiano, quien es católico, debe seguir el ejemplo de Jesucristo, su mensaje, su palabra, su vida misma. Es fundamental saber que pertenecemos a la Iglesia y es por ello que debemos vivir como miembros de ella, siendo testigos y haciendo lo que un fiel discípulo debe: seguir a Jesucristo y llevar su mensaje a todos: ¡Él vive en nuestro corazón!

María, ejemplo de escucha y disponibilidad
Desde la anunciación, la disponibilidad de Nuestra Madre del cielo es total hacia Dios y hacia la misión a la cual es llamada. Ella asume con convicción, la vida y los corazones de toda la humanidad, que necesita realmente del amor de Dios para poder vivir en Él y así extender su reino de paz y justicia. Sintámonos participes aunque las gracias, las condecoraciones, los premios y otras cosas materiales, no lleguen. El premio lo obtenemos cada día, ya que el amor de Dios se derrama en cada corazón y en cada uno de ellos se extiende a todos los que lo necesitan.

Oremos por nuestra diócesis, que este año celebrará sus 90 años. Que San Sebastián, ejemplo de santidad y de camino hacia Dios, interceda por nosotros para ser testigos, en espíritu y verdad, del Evangelio de la verdad. Así sea.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

sábado, 7 de enero de 2012

Epifanía del Señor

¿Dónde está Jesús?

"!Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti; y caminarán los pueblos a tu luz…”

La liturgia de la palabra de este día, desea introducirnos en el misterio del Mesías, el hijo de Dios en toda su grandeza y particularmente centrado en el anuncio de la muerte y la resurrección. El episodio de los magos, en contraposición de la actitud de Herodes, se centra en la pregunta: “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?”.

Se proponen ambas partes encontrar al hijo de Dios, pero con intenciones opuestas. Los magos porque desean ofrecer sus dones a la realeza divina, los otros porque temen ser usurpados en el poder. Los magos son modelo de obediencia perfecta a Dios quien les guía con su luz.

Él les ha hablado al corazón a través de la luz de una estrella que les ha acompañado a lo largo de su viaje. Al acercarse y encontrarlo sienten una gran alegría, así como encontraremos tiempo después en los apóstoles por la resurrección de Jesús. Es el gozo que premia la fe y la obediencia de los magos y de tantos que, como ellos, confían en la luz que proporciona el amor y la paz que viene de Dios. También hoy se tiene miedo de Jesús, de su realeza, de su presencia en medio del mundo.

Su presencia es símbolo de seguridad y confianza, es fortaleza en las dificultades, es vida en medio del desierto que se presenta cada vez que olvidamos a aquellos que necesitan nuestro apoyo y ayuda. Buscar a Jesús, es buscar el camino justo, la luz que guía nuestras vidas, el compromiso que debemos asumir como sinceros seguidores de esa luz que Dios nos coloca, para encontrar con determinación a Jesús en cada uno de nosotros.

El episodio de los magos se concluye con una anotación práctica: ellos son advertidos que no regresen donde Herodes sino que regresen por otra parte. Dios cuida el niño Jesús, cuida a los magos, nos cuida a todos, nos da los medios para enfrentar las vicisitudes que se nos presenten con el fin de salir victoriosos y seguir caminando por itinerarios que nos lleven a la conversión, a un cambio profundo que solo quien encuentra a Cristo puede experimentar.

Con María Santísima, Madre de Dios, caminamos en la esperanza…

María Santísima, madre de Dios y madre nuestra nos acompaña en este itinerario de esperanza. En este nuevo año que comienza, junto a los proyectos que la Iglesia diocesana nos presenta y en los cuales debemos participar plenamente, sin dudas y con confianza total en aquel que nos da su fuerza y su amor, debemos tener en cuenta la oración que cada día debemos elevar a Dios por la Iglesia, el Santo Padre, los obispos, nuestro obispo, los sacerdotes, religiosos y religiosas y todo el pueblo santo de Dios. Que Él nos bendiga a todos, a cada una de las familias y a cada corazón, que este año sea de esperanza plena en Dios que nos guía y en María que nos cubre con su manto de amor maternal. Así sea.

P. José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com


miércoles, 28 de diciembre de 2011

Santa María, Madre de Dios

Tú eres María, la Madre de Dios

Terminamos e iniciamos el año con nuestra madre del cielo: La Virgen María. Hija de Joaquín y Ana, quien dijo SI a la palabra de Dios, madre de Jesús, abrazando con alegría, fe y sin mancha alguna de pecado la voluntad salvífica de Dios. Se consagró totalmente como esclava del Señor, a la persona y a la obra de su hijo, sirviendo al misterio de la redención. En el Concilio de Efeso (a. 431), donde se afirma la naturaleza humana y divina de la única persona del Verbo en Jesucristo, se afirma también la maternidad divina de María.

Junto a esto, vivimos el acompañamiento y la guía que durante este tiempo hemos podido compartir junto a ella, en la espera del nacimiento de Jesús, motivo principal por el cual celebramos la Navidad. María Santísima, madre de Dios y madre nuestra nos acompaña en este itinerario de esperanza. Nos guía por sendas de justicia, de paz, de comprensión, de igualdad.

Se nos invita a proclamar el nombre de Dios a todos y en todas partes; a dar testimonio de vida en medio de las comunidades como verdaderos cristianos y a instruirnos cada vez más para llevar el mensaje correcto y veraz que proviene del amor de Dios.

En este nuevo año que comienza, junto a los proyectos que la Iglesia diocesana nos presenta y en los cuales debemos participar plenamente, sin dudas y con confianza total en aquel que nos da su fuerza y su amor, debemos tener en cuenta la oración que cada día debemos elevar a Dios por la Iglesia, el Santo Padre, los obispos, nuestro obispo, los sacerdotes, religiosos y religiosas y todo el pueblo santo de Dios.

La oración es la base que nos ayuda a construir la civilización del amor, a creer, vivir y anunciar el Evangelio y a unirnos cada vez más a Dios y entre nosotros para llevar el mensaje de la verdad que el mundo de hoy necesita. Luchemos juntos, en nombre de Dios, para fomentar la esperanza y la paz, en medio de un mundo que muchas veces se sumerge en la indiferencia y en las crisis sociales, políticas y económicas. Dios bendiga a todos, a cada una de las familias y a cada corazón, que este año sea de esperanza plena en Dios que nos guía y en María que nos cubre con su manto de amor maternal. Así sea.

«Salve, Señora, santa Reina, santa Madre de Dios, María, que eres Virgen hecha Iglesia y elegida por el santísimo Padre del cielo, a la cual consagró Él con su santísimo amado Hijo y el Espíritu Santo Paráclito, en la cual estuvo y está toda la plenitud de la gracia y todo bien» (San Francisco, Saludo a la B.V. María).

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

lunes, 26 de diciembre de 2011

Mons. Erasmo Chacón, a la casa del Padre

Mons. Erasmo Chacón, sacerdote de su pueblo...

En horas de la mañana nos enterábamos de la partida a la casa del Padre del Sacerdote Tachirense, Mons. Erasmo Chacón, quien hasta hace poco fuera párroco en la Localidad de Lobatera.

Elevamos una oración por el eterno descanso del alma de quien se destacó como un servidor nato en su ministerio sacerdotal en la diócesis de San Cristóbal.

Ministro de Jesucristo en plenitud, hombre de trabajo y entregado al máximo en el crecimiento espiritual y material de los fieles que estuvieron bajo su guía. Hombre de compromiso, ministro de gran calidad humana y espiritual, espontáneo y conocedor de la liturgia. Dedicado a su servicio sacerdotal, aún en medio de su enfermedad, lo cual en ningún momento obstaculizó el deseo de servir al Señor, a quien entregó su ministerio hasta el momento de su fallecimiento.

Dios recibe su alma como premio a su ejemplo de vida cristiana y labor pastoral. Gracias Mons. Erasmo, desde el cielo: bendíganos.

José Lucio León Duque
Sacerdote de la Diócesis de San Cristóbal

jueves, 22 de diciembre de 2011

Natividad de Nuestro Señor Jesucristo

Vivir la Navidad

Los días pasan, las tradiciones se arraigan aún más en medio del pueblo que clama siempre con más ahínco, el deseo de vivir de verdad y de corazón el nacimiento de Jesús. Este año se presenta con el deseo de ser vivido a plenitud y de encontrar con convicción la manera de mostrar -y no de aparentar- lo que es la presencia de Dios que se hace hombre en nuestros corazones. La actitud del hombre, en muchos casos, se presenta con rasgos de indiferencia y de superficialidad que se promueven como estilos de vida que -sin darnos cuenta en ciertas ocasiones- van lacerando la sociedad misma, convirtiéndola poco a poco en modos de vida lejanos de lo que es el fin último del hombre: la felicidad.

Vivir la Navidad con convicción es el eco del llamado de Juan el Bautista: “preparen el camino del Señor” (Mc 1, 1-3). Es encontrarse con un camino que se perfila como un reto ante las situaciones difíciles que nos encontramos día a día.

Vivir la Navidad es “hacerse uno” con aquellos que claman justicia, con los pobres y excluidos de la sociedad, con quienes lloran cada día su propia desgracia y no poseen los medios necesarios para salir de la situación en que se hallan.

Vivir la Navidad es compartir sin reserva no solo lo material, sino las virtudes y los valores que son parte fundamental en el mensaje de Jesucristo, que viene a salvarnos y a hacer de nosotros hombres y mujeres nuevos.

Vivir la Navidad es comprender la necesidad de ver más allá de lo que normalmente vemos. Darnos cuenta, con sinceridad y objetividad, que no estamos solos en el mundo, sino que son millones los seres humanos que esperan una luz en su camino como signo de una vida mejor.

Vivir la Navidad es mirar alrededor y ver que la indiferencia y la falta de tolerancia, se hacen eco de pensamientos inertes que buscan menospreciar y degradar lo bueno que pueda existir.

Vivir la Navidad es centrarnos en el misterio de Dios hecho hombre, en quien creemos, “vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17,28).

Vivir la Navidad es dar sentido a cada gesto, cada don, cada detalle que se ofrece no por ser una fiesta más ni un periodo de vacaciones, sino la presencia viva de Dios hecho hombre que se manifiesta en la caridad con hechos concretos.

Vivir la Navidad es orar por quienes no creen en Dios, por quienes usan su forma de pensar para dañar a los demás, olvidando que Dios es padre de todos y para todos y que no excluye a nadie de su corazón.

Vivir la Navidad es meditar y discernir sobre la situación que vive el mundo de hoy, donde el relativismo ético se presenta como un tema al cual se debe dar una respuesta con el testimonio y el ejemplo de vida cristiana.

Vivir la Navidad es dar lo que tenemos, no lo que nos sobra, recordando que Cristo viene “para servir y no para ser servido” (Mc 10, 45). Este es un detalle que debemos practicar siempre, no solo en Navidad.

El Santo Padre Benedicto XVI nos recuerda que “en la sociedad actual, donde por desgracia las fiestas que se avecinan están perdiendo progresivamente su valor religioso, es importante que los signos externos de estos días no nos alejen del significado genuino del misterio que celebramos”. Es por ello que se nos invita a vivir la Navidad de verdad, con convicción y sinceridad, con el corazón y no solo con los labios, siendo, a ejemplo de Nuestra Madre del cielo, María Santísima, humildes y dóciles, colocando nuestra vida en sus manos de Él diciendo con certeza: “he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38).

Feliz Navidad para todos, que el niño Dios nazca en cada uno de nosotros y que la sinceridad, la justicia y la trasparencia sean signo del testimonio que debemos ofrecer hoy y siempre. Así sea.

P. José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

jueves, 15 de diciembre de 2011

IVº Domingo de Adviento

“¡Alégrate!”, un mensaje para todos…
“…¿qué busca nuestro corazón si no una Verdad que sea Amor? La busca el niño, con sus preguntas tan desarmantes y estimulantes; la busca el joven, necesitado de encontrar el sentido profundo de la propia vida; la busca el hombre y la mujer en su madurez, para orientar y apoyar el compromiso en la familia y en el trabajo; la busca la persona anciana, para dar cumplimiento a la existencia terrenal.” S.S. Benedicto XVI, mensaje de Navidad 2010.

Iº lectura: II Sam 7,1-5.8b-12.14a.16; Salmo: 88; IIº lectura: Rom 16, 25-27; Evangelio: Lc 1,26-38


El camino que nos lleva a la Navidad es un itinerario de paz, alegría y esperanza. La alegría y la paz son temas propicios que encaminan al hombre de hoy a vivir con sencillez y este aspecto es primordial en la liturgia de este día. En ella, Dios muestra el deseo de vivir en el corazón del hombre y ser parte del amor que se debe practicar en el prójimo y en cada uno de nosotros.

Tiempo de paz y justicia…
Dios nos pide caminar en su presencia, ser verdaderos discípulos, testigos y misioneros de su palabra. El desea habitar en el corazón del hombre y que todos seamos constructores del templo de nuestras vidas, en nuestras familias, en nuestra sociedad. Ser constructores significa caminar por sendas de paz y justicia, que permitan descubrir cada día más el insondable amor de Dios que nos da la fuerza en la preparación del corazón de hombre para su llegada. Es por ello que proclamamos el Evangelio de la verdad, el Evangelio de la vida, el mensaje de Jesús, hijo de Dios hecho hombre, presente por siempre en nuestra vida. Se nos invita a prepararnos bien en el Adviento para que la Navidad sea un momento propicio de crecimiento espiritual, en el cual sintamos la necesidad y la convicción de ser testigos, con las obras, de la palabra de Jesús. Con esto tenemos que debemos, en primer lugar, ser templos del Espíritu Santo; luego, vivir según la voluntad de Dios y en tercer lugar, reconocer en el amor de Dios el modo de cumplir su voluntad para creer, vivir y anunciar el Evangelio. Nos uniremos a Dios como discípulos de Jesús si creemos cada vez en su presencia en medio de todos, sin exclusión, sabiendo que todos somos parte de Él y de la Iglesia. En este tiempo de Adviento y en el de Navidad que se avecina, estamos llamados a unirnos con convicción al plan salvífico de Dios para con su pueblo: un plan de amor, paz y justicia…animémonos y unámonos cada vez más a la misión a la que todos estamos llamados.

María, ejemplo de sencillez y humildad
Dios nos anuncia el mensaje de paz presente en su Hijo a través del poder del Altísimo y en el “fiat” -hágase- de María Santísima. Ella nos da el ejemplo para cumplir con humildad y sencillez la voluntad de Dios, que no es otra cosa sino vivir de corazón su amor hacia Él, el prójimo y nosotros mismos. María, nuestra madre nos guía a Jesús, ella nos da la posibilidad de estar junto a Él, junto a la Sagrada Familia, junto al amor de Dios hecho hombre…

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

jueves, 8 de diciembre de 2011

IIIº Domingo de Adviento

¡Él es quien debe venir!
“Vivan siempre alegres, oren sin cesar, den gracias en toda ocasión, pues esto es que Dios quiere de ustedes en Cristo Jesús”.


Iº lectura: Is 61, 1-2.10-11; Salmo: Lc 1; IIº lectura: I Tes 5, 16-24; Evangelio: Jn 1, 6-8.19-28


Alegría, regocijo y gran expectativa nos produce la venida del Señor. El tercer domingo de Adviento, nos muestra de manera especial la espera del nacimiento de Jesús. En el Evangelio se ratifica el inmenso amor de Jesús para los suyos resaltando el testimonio de Juan el Bautista, el precursor, indicándonos así lo que cada uno de nosotros practicar, reconociendo en el Hijo de Dios al Mesías que viene a salvarnos


Juan el Bautista, el testigo de la luz…
El itinerario del Adviento nos presenta a Juan el Bautista como ejemplo de lo que la liturgia de hoy nos ofrece: regocijo, alegría, fortaleza, fidelidad, justicia, paciencia… Juan es quien anuncia y denuncia, es quien sin miedo habla de Dios como guía de nuestra vida; es aquel que prepara no solo a los de su tiempo, sino también a nosotros en la vida cotidiana, para perfeccionar nuestra adhesión a Dios y al mensaje del Evangelio. La actitud de Juan y la liturgia de hoy es lo que permite al fiel cristiano ser testigo de la presencia de Jesús; es lo que hace ver las cosas desde otros puntos de vista, es decir, nos muestra la verdadera vía para encontrar la felicidad. Juan predica en el desierto y justo allí florecen las esperanzas, es en el desierto donde germina el deseo de encontrar a Dios y seguir sus pasos. ¡Cuánto desierto encontramos en nuestra vida! ¡Cuántos momentos de tristeza, de dolor, de angustia! ¡Cuánta impotencia ante la injusticia que reina en ciertas situaciones que parecen no tener vía de salida! Ante todo esto se asoma una luz que nos ilumina desde lo más profundo de nuestro ser: la llegada de Jesús. Ante la duda de muchos y el asombro de otros, ¡Él es quien debe venir!, Él es quien nos salva, quien nos ilumina, quien nos da la fuerza para cultivar aún más el regocijo de su venida, la alegría de su presencia y la fidelidad a su mensaje. La presencia de Jesús, reflejada en el pesebre, en cantos y en celebraciones, se hace vida, se hace realidad perenne si nuestro corazón se dispone a abrir sus puertas y aceptarlo sin condiciones. Juan el Bautista nos da muchas enseñanzas y entre ellas nos recuerda que debemos tener valentía para ayudar a preparar la vía del Señor y sencillez para que quien escucha, pueda entender que Dios es vida, alegría y armonía. Quien está lejos de la palabra del Señor, quien no vive en Dios sino que usa y abusa de la vida misma en desprestigio del hombre, se acerca más a la experiencia del mal y por ende, al pecado. Juan es el mayor entre los nacidos de mujer, es quien nos motiva y nos anima a ser testigos de lo que nos anuncia el Evangelio.

María nos enseña y ayuda a esperar…
El itinerario del Adviento nos regala la esperanza que todos debemos vivir. El ejemplo de nuestra Madre del cielo nos motiva a colocar nuestras vidas en la presencia de Dios. A pocos días de la celebración de la Navidad, hagamos nuestros propósitos espirituales con el fin de decir junto a María: “yo soy la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra”. Así sea.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 2 de diciembre de 2011

IIº Domingo de Adviento

Convertirse y prepararse…

“El Señor no tarda en cumplir su promesa, como creen algunos. Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.”

Iº lectura: Is 40, 1-5. 9-11; Salmo: 84; IIº lectura: 2Pe 3, 8-14; Evangelio: Mc 1, 1-8

Prepararse para la conversión, es una de las invitaciones que se nos regala en el tiempo de Adviento, de manera especial, en este segundo domingo. Se presenta la figura sencilla, austera y llena de fe del precursor. Su misión es la de preparar el camino del Mesías, llamando al pueblo de Israel a convertirse y arrepentirse de los pecados.

Preparar el camino…

El evangelista Marcos se concentra en el hecho de que Juan el Bautista ha anunciado la inminente venida del Mesías indicando su grandeza. Su tarea es esa: atraer la atención hacia Jesús y mostrar al mismo tiempo el modo como vivía Juan: en el desierto y con austeridad, siendo para nosotros ejemplo de esperanza, de seguridad y de conversión.

Mientras continúa el camino del Adviento y nos preparamos para celebrar la Navidad, se verifica en nuestra sociedad el llamado de Juan, la voz que grita en el desierto, en el vacío en el que muchas veces nos encontramos. Es un llamado que motiva a abrir nuestros corazones y recibir al Hijo de Dios que viene en medio de su pueblo.

Está en juego nuestro destino: nuestro comportamiento hoy, será garantía de la recompensa eterna. Juan habla a través de los siglos, a todas las generaciones, a todos y cada uno de nosotros. Sus palabras, claras y duras, son alivio para el hombre de hoy, hombres y mujeres de nuestro tiempo, donde aún se perciben síntomas de mentalidades materialistas.

La “voz que grita en el desierto” nos invita a preparar la venida de Jesús, y ello se proclama en “los desiertos de hoy”, desiertos interiores y exteriores, sedientos del agua viva que es Cristo, que se dona a aquellos que tienen la disposición de vivir la conversión. ¡Imitemos este estilo de vida en medio de la vida cotidiana!

María nos enseña y ayuda a esperar…

En pocos días celebraremos el nacimiento de Jesús. En los pesebres colocaremos su imagen, muchos le dejarán sus carticas y los tradicionales villancicos hacen que un solo canto se eleve al cielo para entonar junto a los ángeles la paz, la alegría y la justicia. No dejemos pasar este momento favorable y recordemos siempre que alguien espera de nosotros -colocando la atención en los pobres y excluidos-, la alegría que viene de Dios y el testimonio de una vida, que como la de María Santísima, nos enseña la paciencia y la humildad. Así sea.

P. José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...