José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
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jueves, 19 de mayo de 2016

Solemnidad de la Santísima Trinidad, 22 de mayo de 2016

SANTÍSIMA TRINIDAD: FUENTE DE PAZ Y DE AMOR


I°lectura: Pro 8, 22-31; Salmo: 8; II°lectura: Rom 5,1-5; Evangelio: Jn 16, 12-15

La Pascua no termina, Emaús continua haciéndose vida cada día; la presencia de Jesús en el cenáculo del corazón del hombre es símbolo constante en la espiritualidad de todos los cristianos. Cada celebración inicia invocando la Trinidad: en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Es así que, nombrando con el corazón y los labios a Dios, somos testigos de su vida en nosotros. En este domingo se nos invita a alabar a Dios y admirarlo en sus obras y acciones; pidiendo constantemente su amor y su misericordia para que, creyendo en Él, seamos partícipes de la salvación.

LA COMUNIÓN CON LA TRINIDAD ES VIDA

La liturgia de la palabra, nos propone tener paz y vivir en ella, ya que es parte fundamental del comportamiento de todo cristiano, que desea cumplir la voluntad de Dios. A través de los siglos, se ha dado importancia suma a la presencia de la Trinidad en la vida del hombre y ello conlleva a meditar sobre las tres personas divinas.  

El Padre, creador y rico en misericordia, nos muestra la grandeza de cada ser creado, de cada cosa que existe, de todo aquello que nos hace alabar su nombre y glorificarlo por siempre. El Hijo, salvador y hermano nuestro, por quien todo existe y en quien debemos confiar, escuchar su palabra y seguirlo como fieles discípulos. El Espíritu Santo, el santificador, que nos consuela, nos anima y dirige nuestros corazones a estar convencidos de su presencia en medio de todos. Dios, uno y trino, se hace vida en cada uno de nosotros; se hace vida en lo cotidiano, se hace justicia cuando se presenta la incertidumbre; se hace amor cuando existe rencor; se hace realidad y verdad cuando la mentira y la desesperanza se presentan. 

Con motivo de la fiesta de la Santísima Trinidad, hagamos esta jaculatoria: “Oh misterio incomprensible, del cual todos se maravillan y en el cual se asombran sin cesar todas las gentes”. No se trata aquí de pensar en el misterio como algo que no se entiende, sino maravillarse de aquello que, aún mostrándose como incomprensible, es real, verdadero y se presenta como el modelo que debemos seguir.

LA VIRGEN MARÍA EN LA TRINIDAD

Cada día que pasa, tiene momentos concretos en los cuales la mirada al cielo debe ir acompañada de una oración a la Santísima Trinidad. Ella está en nuestras vidas y junto a ella, contamos con la presencia maternal de María Santísima.  Nuestra madre del cielo nos guía hacia la convicción de la presencia constante de Dios quien nos hace discípulos de su Hijo y, con la protección del Espíritu Santo, nos da la fuerza para unirnos a la Misión Evangelizadora, a la que todos estamos llamados como mensajeros, discípulos y misioneros de la paz.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


sábado, 14 de mayo de 2016

Solemnidad de Pentecostés, 15 de mayo de 2016

TESTIGOS DEL ESPÍRITU
“Nadie puede decir: «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo”

I° lectura: Hch 2,1-11; Salmo: 103; II° lectura: 1Co 12, 3b-7. 12-13; Evangelio: Jn 20,19-23

El esplendor de la liturgia cristiana acompaña esta gran Solemnidad de Pentecostés, donde la alegría de Dios se refleja en la renovación que en la tierra y en cada uno de nosotros realiza el Espíritu. Estamos aquí para reflexionar sobre el significado verdadero de la venida del Espíritu Santo a María Santísima y los apóstoles en el Cenáculo del amor y del perdón.

El canto del Paráclito es entonado por tres voces: la primera voz es la de Jesús con la promesa del Espíritu Santo que se hace realidad en los discípulos que lo reciben para ser testigos en el anuncio del Evangelio. Jesús presenta el Espíritu Santo como el Consolador, el defensor de la Iglesia y de aquellos que se encuentran inmersos en las dificultades que la actualidad presenta. 

Una segunda voz la encontramos en San Pablo, quien exalta la acción del Espíritu Santo en la vida del fiel que vive en plenitud el amor de Dios. El Espíritu hace salir al hombre del pecado en el cual ha encontrado muerte, transformando con la resurrección su existencia interior. El Espíritu hace del hombre un ser capaz de llamar y decirle a Dios, con convicción y total amor, “Abbà” (papá). Pentecostés hace de esto un canto sublime en la tercera voz, que transforma radicalmente la vida de quien vive en el Espíritu. 

Las lenguas de fuego que descienden, el hablar en diversos idiomas, en fin, toda la simbología de Pentecostés, borra la Babel de las lenguas, del pecado, de la confusión y abre las puertas a la nueva Jerusalén de la comunión. El don del Espíritu Santo, hace que cada uno de nosotros tenga la oportunidad de vivir en unidad, armonía y paz…si alguien no ha vivido aún esta dimensión del Espíritu, es hora de unirse a Dios y a su amor, dejándose guiar por su acción, que es vida en medio del corazón del pueblo.

En este mes, dedicado de manera especial a la Virgen María, nos encontramos como testigos de la presencia del Espíritu Santo y ello nos debe hacer meditar sobre nuestro rol de discípulos quienes, caminando juntos con Cristo, nos dejamos guiar por su luz, su fuego, su presencia en medio de todos, ya que somos hijos de Dios y anunciadores del Evangelio de la verdad a todos sin excepción. Así sea.

José Lucio León Duque


viernes, 6 de mayo de 2016

Ascensión del Señor, 8 de mayo de 2016

MIRAR A JESÚS SIN VACILAR
“¿Qué hacen ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que les ha dejado para subir al cielo volverá como le han visto marcharse…”

Iº lectura: Hch 1, 1-11; Salmo: 46; IIº lectura: Ef 1, 17-23; Evangelio: Lc 24, 46-53

En diversas ocasiones se nos presenta la oportunidad de dirigirnos a Dios usando gestos particulares: mirando hacia arriba, hacia abajo, cerrando los ojos, etc. Este domingo se nos pide algo fundamental: mirar con atención, con fe, con esperanza a Jesús resucitado que va al cielo y, a su vez, se queda con nosotros.

ÉL ESTÁ CON NOSOTROS, CON TODOS…

Mirando el entorno podemos constatar la necesidad de Dios que existe en el corazón del hombre de hoy. Es fundamental reconocer en Jesús la compañía que nos ofrece y la promesa del Espíritu Santo que nos hace. En la vida cotidiana, en la casa, en el trabajo, en la oficina, en el campo, en cada uno de nuestros ambientes, sentimos la presencia del resucitado. 

Su promesa es estar con nosotros aquí y ahora, caminando a nuestro lado, convirtiendo nuestro corazón. No podemos olvidar que lo cotidiano se encuentra impregnado de materialismo y relativismo; dándole el lugar que no debe tener y abriéndole las puertas a todo aquello que aleja de la presencia de Dios.

Este domingo de la Ascensión, mientras nos preparamos para la venida del Espíritu Santo, nos debe llevar a sentir una inquietud como en la última cena, en el calvario, en el sepulcro; un ardor en el corazón como en los discípulos de Emaús; una esperanza como aquellos que lo ven subir al cielo. 

Muchos hermanos y hermanas nuestros miran con ilusión el testimonio de quienes nos calificamos seguidores de Cristo. Hermanos y hermanas nuestros desean encontrar al Señor, quieren sentir la certeza que su promesa es una realidad que, a su vez, es posible vivirla en fraternidad. Seremos verdaderos discípulos si optamos por Él en el pobre, en el excluido, en aquellos que viven cada día la desesperanza pero que aún así, siguen fijamente mirando a Cristo para encontrar respuesta en quienes lo siguen…¿Estamos comportándonos como tal? ¿Somos verdaderos discípulos del resucitado?

CON MARÍA MIRAMOS A JESÚS

Nadie mejor que María Santísima, nuestra madre, conoce a su hijo y es por ello que nos guía hacia Él. Ella nos enseña a caminar junto a Jesús, a mirarlo, sentirlo y experimentar su presencia. Unámonos -de verdad- a la nueva evangelización que, en espíritu y verdad, nos invita el Señor a realizar en cada uno de nuestros ambientes y junto a nuestros hermanos, ya que su promesa es clara: estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.  

Dios bendiga a nuestras madres en este día en que se les recuerda de manera especial, a cada una de ellas la bendición de Dios se derrama abundantemente y la protección de la Madre por excelencia estará siempre presente. Así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com  


martes, 3 de mayo de 2016

NOTA PASTORAL SOBRE LA "VIGILIA DE PENTECOSTES", 3 de mayo de 2016

NOTA PASTORAL SOBRE LA
“VIGILIA DE PENTECOSTES”

Tres son las grandes solemnidades y festividades de la Liturgia Católica: La Navidad – La Pascua (celebrada en el conjunto litúrgico del llamado “triduo pascual”) – Pentecostés. Junto a estas fiestas centrales, la Iglesia celebra otras que hacen referencia al misterio de Cristo Salvador, incluso cuando hace memoria de los santos y de la Virgen María. Lugar central, a lo largo del tiempo ordinario y en los tiempos fuertes, es ocupado por el DOMINGO, DIA DEL SEÑOR.

La Fiesta de Pentecostés es el culmen de la celebración de la Pascua: en ella se conmemora la venida del Espíritu Santo y el inicio de la Misión de la Iglesia. Algunos la denominan como la fiesta del cumpleaños de la Iglesia. Es un momento muy importante para toda comunidad eclesial y debe celebrarse con toda solemnidad.

En los últimos tiempos se ha venido introduciendo una costumbre muy hermosa de preparar la celebración de PENTECOSTES con jornadas de oración y con acciones denominadas “Vigilias de Pentecostés”. Sin embargo es necesario precisar algunos puntos para darle el puesto justo y central a la gran fiesta de la Iglesia, PENTECOSTES.

1.       En el Misal se habla de “Misa Vespertina de la Vigilia de Pentecostés”: para resaltar la preparación litúrgica y espiritual a la solemnidad del día domingo. Es la motivación litúrgico-pastoral que se debe tener en cuenta.

2.      Por influencia e iniciativa de algunos grupos eclesiales, se ha venido introduciendo la praxis de las llamadas “vigilias de pentecostés”. Es una bonita oportunidad para que muchos fieles se preparen de manera directa a la gran celebración del Domingo. Incluso, en no pocos lugares se aprovecha para organizar jornadas de retiros, convivencias y de oración.

3.      Sin embargo, no es correcto pensar que la “vigilia de Pentecostés” suprime o se equipara a la solemnidad de PENTECOSTES. Lamentablemente se dan casos en los cuales se coloca el acento de la celebración sólo en esta jornada preparatoria y luego el DOMINGO DE PENTECOSTES pasa desapercibido. A esto se añade el estilo de muchas de estas “vigilias” que lejos de ser preparatorias y oracionales se convierten en “conciertos”, acciones y oraciones donde lo espectacular adquiere una importancia mayor que la liturgia del día. También llegan a ser una ocasión para que grupos y personas aparezcan como “artistas” que centran en ellos la atención.

4.      Las denominadas “Vigilias de Pentecostés” deben ser celebraciones breves (no que perduren hasta altas horas de la noche y de la madrugada), centradas en la oración y en la reflexión acerca del misterio del Espíritu Santo. Lecturas Bíblicas, con apoyo de salmos cantados, deben inspirar la oración. Pueden servir de apoyo lecturas de los Padres de la Iglesia y del Magisterio. Es recomendable que se pueda realizar estas Vigilias siguiendo el esquema del Oficio de Lecturas del día de Pentecostés”. Es un momento para orar, que debe incluir la posibilidad de la presencia de sacerdotes para el sacramento de la reconciliación de quienes lo deseen.

5.      En todo caso, los asistentes han de tener muy clara conciencia de que esta “vigilia”, por ser de preparación, nunca sustituirá la SOLEMNIDAD DE PENTECOSTES: y quienes asisten a la misma, por supuesto, han de participar activamente en la Eucaristía del DOMINGO DE PENTECOSTES.

6.      Cada Parroquia y comunidad cristiana debe colocar un fuerte énfasis en la celebración del DOMINGO DE PENTECOSTES: es la fiesta de la Iglesia, es la fiesta del Espíritu Santo. Con la ayuda de los catequistas y sus alumnos, de todos los grupos apostólicos, de los ministros y fieles cristianos, esta solemnidad debe conmemorarse con la alegría pascual y para hacer sentir ante el mundo la presencia actuante del Espíritu Consolador: por eso, debe motivar a la renovación del compromiso evangelizador de todos los fieles cristianos.

En Venezuela, por otra parte, es el DIA DEL SEMINARIO: que en la oración preparatoria de la Vigilia y en el DOMINGO DE PENTECOSTES, resuene la oración confiada al Espíritu Santo para pedir siga concediendo a su Iglesia numerosas y santas vocaciones sacerdotales y religiosas. María, Madre de Dios y experta en lo que significa el Espíritu Santo, nos conceda, por su intercesión, la gracia de ser “testigos” de ese Espíritu, que nos da sus dones para fructificarlos en actos de caridad, misericordia y solidaridad con todos los hermanos.

San Cristóbal, 3 de mayo de 2016


+Mario Moronta R., Obispo de San Cristóbal

viernes, 29 de abril de 2016

VI° Domingo de Pascua, 1 de mayo de 2016

“EL QUE ME AMA GUARDARÁ MI PALABRA”
“La Paz les dejo, mi Paz les doy: No se las doy como la da el mundo…”

Las lecturas de hoy nos introducen a lo que viviremos los próximos domingos, cuando celebremos la Ascensión y Pentecostés. Jesús nos dice que regresa al Padre con la seguridad que no nos abandona: “El que me ama guardará mi palabra y mi padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él” (Jn 14, 23). Más adelante nos asoma la Solemnidad de Pentecostés: “El Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien se los enseñe todo y les vaya recordando todo lo que les he dicho” (Jn 14, 26).  Y nos da un detalle alentador: “La Paz les dejo, mi Paz les doy: No se las doy como la da el mundo” (Jn 14, 27).

Estas pocas palabras son suficientes para dar a entender a cada uno de nosotros el significado de la paz en nuestras vidas. Es el deseo de Jesús que nos inquieta y nos hace estar siempre más cerca de Él.

Desean la paz quienes perciben su propia vida amenazada por las insidias del mal.
Desean la paz los que sienten que el pecado les cubre sin compasión.
Desean la paz quienes se encuentran en su lecho de enfermedad, los que sufren, los excluidos, los que ven la armonía como algo lejano.
Desean la paz los corazones puros, sinceros y llenos de amor de Dios.

Por diversos motivos, la paz ha sido muchas veces más un deseo que una realidad, por el mismo hecho que los hombres la buscan sin la mirada puesta en Jesús. La paz es un saludo de buenos deseos, es aquello que, desde la perspectiva de Dios, llena el corazón del hombre y hace de la vida un itinerario de fe y esperanza. Es el cumplimiento de la promesa de Dios: la plena realización de su alianza con nosotros.

La paz que ofrece Jesús, y que los discípulos entenderían después de la resurrección: es SU paz, hecha vida en el sacrificio anunciado en la Última Cena. Esas palabras de Jesús se convierten en la paz verdadera, única vía para que se pueda realizar la armonía y la unión entre Dios y los hombres. Se vive esa armonía si se busca cumplir la voluntad de Dios, si estamos dispuestos a vivir correctamente la relación con los demás, orientando positivamente los buenos deseos que se tienen y se viven desde lo más profundo del corazón, convirtiéndose en experiencia de vida cristiana.

UNIDOS A MARÍA…

Con la fuerza del Espíritu y de la mano con María, nuestra Madre, caminemos en unidad y armonía. Que todos y cada uno de nosotros seamos evangelizadores y promotores del mensaje de amor y paz que debemos llevar a todos, sin exclusión y con decisión. ¿Nos estamos preparando de la mejor manera, para la venida del Espíritu Santo? Así sea.

“En los inicios del cristianismo, el modelo de la comunidad cristiana se centró en el amor fraterno. Este fue presentado como la mejor carta de identidad de los discípulos de Jesús (cf. Jn 13,35). Poco a poco, los creyentes fueron entendiendo que ser hijos de Dios los convertía en hermanos. Por eso, aprendieron a poner todo en común y así nadie pasaba necesidad (Cf. Hech 2,42ss). El amor no es un acto de filantropía, sino una virtud propia de quien ha recibido el bautismo. El mensaje de las Sagradas Escrituras y el de los Padres de la Iglesia han profundizado esta enseñanza. La Iglesia, mediante su Doctrina Social y el Magisterio de los Papas también ha arrojado luces para promover y hacer realidad la solidaridad efectiva. Como lo señalara San Juan Pablo II, la solidaridad es propia de todo discípulo de Jesús. Esta no es, pues, un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas. Al contrario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos. Esta determinación se funda en la firme convicción de que lo que frena el pleno desarrollo es aquel afán de ganancia y aquella sed de poder de que ya se ha hablado (Sollicitudo Rei Socialis, n. 38).(Carta Pastoral, El gozo espiritual de ser pueblo de Mons. Mario del Valle Moronta Rodríguez, Obispo de San Cristóbal, 2016).

 José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

miércoles, 20 de abril de 2016

V° Domingo de Pascua, 24 de abril de 2016

“TODO LO HAGO NUEVO…”
“Les doy un mandamiento nuevo: que se amen unos a otros como yo les he amado, ámense también entre ustedes”

I° lectura: Hch 14, 21b-27; Salmo: 144; II° lectura: Apoc 21, 1-5a; Evangelio: Jn 13, 31-33ª.34-35

En la Iglesia de los primeros siglos, modelo para todos aunque no siempre haya vivido tiempos fáciles, la Fe se difundía, la palabra de Dios se extendía y contagiaba a todos creciendo el número de los discípulos; de las dificultades se llega al ayuno, a la oración, a la predicación, a la experiencia de vida cristiana.  Es por ello que el cristiano, el discípulo de Jesús, bendice su nombre y exalta su misericordia para los que esperan en Él, es la fuerza que se nos da a todos: aprovechémosla.

AMARSE…

Nos dice el evangelio de hoy: “La señal por la que conocerán todos que son mis discípulos, será que se amen unos a otros”. Desde siempre Jesús está a nuestro lado, nos acompaña, nos guía y nos ayuda a ser parte de su amor y practicar la misericordia. Se nos recuerda algo fundamental: viendo a Jesús, vemos al Padre; amando como Jesús, amaremos al prójimo; creyendo en Él no tendremos temor y no nos temblará el corazón ante nada. 

La Iglesia nos permite cumplir con ciertos deberes de los que, como cristianos, no podemos prescindir. En los primeros siglos se presentaban preocupaciones -tal como sucede en la actualidad- y siempre se confió en Dios y se buscó la solución necesaria para seguir adelante en su nombre. 

La nota característica que nos identifica con Jesús, no solo de palabra sino también de obra, como expresión máxima de lo que Dios nos da, es el amor. Caminar junto a Él implica darse cuenta de los pasos que damos con Él. Jesús, maestro del amor, no nos abandona y nos impulsa a seguirle, optar por Él, optar por el servicio a los pobres y excluidos y ser sus discípulos, haciendo realidad lo que predicamos, siendo esto un punto fundamental en el crecimiento de nuestra vida cristiana.

MARÍA NOS GUÍA EN EL CAMINO…

Nuestra Madre del cielo nos acompaña siempre. Ella, maestra del amor, nos guía hacia la verdad que nos enseña Jesús, la vía que debemos seguir y la vida que debemos experimentar en espíritu y verdad. Seamos responsables del compromiso asumido y fieles discípulos del mensaje de verdad y fuerza que el Señor nos da uniéndonos más a Él. Así sea.

“Hoy sabemos que para poder perdonar necesitamos pasar por la experiencia liberadora de comprendernos y perdonarnos a nosotros mismos. Tantas veces nuestros errores, o la mirada crítica de las personas que amamos, nos han llevado a perder el cariño hacia nosotros mismos… Hace falta orar con la propia historia, aceptarse a sí mismo, saber convivir con las propias limitaciones, e incluso perdonarse, para poder tener esa misma actitud con los demás.

Papa francisco
Exhortación Apostólica Postsinodal
Amoris Laetitia

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

sábado, 16 de abril de 2016

IV° Domingo de Pascua, 17 de abril de 2016

ESCUCHAR AL BUEN PASTOR…
“Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano”.

Iº lectura: Hch 13,14.43-52; Salmo: 99; IIº lectura: Apoc 7, 9.14b-17; Evangelio: Jn 10, 27-30

Hoy celebramos el día del Buen Pastor. En el Evangelio de San Juan, Él usa esta imagen refiriéndose a Él mismo ya que es la puerta por la cual todos estamos invitados a pasar. Él es el Buen Pastor que conduce a sus ovejas por senderos tranquilos hacia los mejores pastos, escuchan la voz del pastor, él las conoce y ellas lo siguen.

COMPORTARNOS COMO PASTORES

En este domingo, como cada domingo de Pascua, se nos habla del impacto que la presencia de Cristo, resucitado de la muerte, tiene en cada uno de nosotros.  Escuchar, conocer, sentir: esto nos une en intimidad con el Buen Pastor, un amor puro, de abandono gozoso en el Señor, como la grey que lo sigue con fe en medio de las dificultades y con la esperanza de ser buenos discípulos. 

Los católicos hacemos vida en esta experiencia con la cual se promueven, se aprenden y se viven las características sencillas de la vida cristiana: la oración y la Eucaristía, la instrucción en la fe y la adhesión al Evangelio. Cada uno de nosotros debemos configurarnos al Buen Pastor, siguiendo sus enseñanzas, su ejemplo y su presencia en nuestras vidas. Es por ello necesario encontrar en Dios el sentido de la vida cristiana, ya que, como hijos de Dios que somos, debemos luchar siempre por mostrarnos como tal, sin mediocridad ni ambigüedades, siendo portadores sinceros de lo que Él nos ha donado.

Si el reflejo de nuestra vida es lo que vivimos en nombre de Dios, podremos entonces sentirnos configurados a Él y junto a ello, seremos testigos de la verdad, llevando el Evangelio, de palabra y obra, a todos sin exclusión.

MARÍA, MADRE DEL BUEN PASTOR

La vida y el ministerio de María Santísima, es único e irrepetible, ya que es modelo de cada vocación cristiana. Se nos invita, por tanto, a pedir su intercesión por todos los pastores de nuestra Iglesia, por todos y cada uno de aquellos que viven en Dios y a través de Él, se esfuerzan por ser verdaderos discípulos del resucitado. María debe contar en la vida cotidiana de todos y cada uno de nosotros, pues ella nos invita a seguir su ejemplo: “hagan lo que Él les diga” (Jn 2,5). 

“Dios de la vida y del amor, que has bendecido a nuestra tierra con la profunda fe de nuestra gente, continúa suscitando vocaciones sacerdotales y religiosas en las familias y comunidades del Táchira…”Así sea.

 José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


viernes, 8 de abril de 2016

III° Domingo de Pascua, 10 de abril de 2016

SEÑOR, TÚ LO SABES TODO…


Iº lectura: Hch 5, 27 b-32. 40b-41; Salmo: 29; IIº lectura: Ap 5, 11-14; Evangelio: Jn 21. 1-19

En el capítulo 21 del Evangelio de Juan, encontramos la última manifestación de Jesús resucitado a sus discípulos y a Pedro, a quien se le confía la comunidad de los creyentes, siendo su testimonio de vida, un encuentro personal con Jesús. Una historia particular y una llamada donde se cumple lo dicho por el Maestro: “Les haré pescadores de hombres”.  Y así fue, siguió a Jesús en todo el tiempo de la Misión, desarrollada en las obras de la vida pública y con ello experimentó el sentido de pertenencia y amor a la comunidad naciente. Momentos de fervor, de entusiasmo, así como momentos de debilidad, de adhesión profunda, momentos humanos, hasta de tentaciones y negaciones.

Recordemos cuando dijo a nombre de todos: “Tú eres Cristo, el hijo de Dios vivo”, “¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna”, y Jesús le dice: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Igualmente nos viene a la mente la protesta de Pedro ante el anuncio de la Pasión por parte de Jesús, así como la queja en la última cena y su afirmación tajante: “aunque todos te abandonen, yo nunca te abandonaré”, y ante esta última la respuesta de Jesús es clara: “antes de que cante el gallo, tú me negarás tres veces”.

La experiencia de debilidad y miedo de Pedro llega tal como lo anunció el maestro. Al ser negado mientras lo conducían al suplicio, Jesús lo miró con tristeza pero a la vez con misericordia y amor, moviendo el corazón del apóstol quien llora amargamente su error.

Y aquí estamos ante el Evangelio de hoy. Jesús ha resucitado. Los discípulos lo han visto y no saben en sí qué hacer. Vuelven a la vida cotidiana, van a pescar. Jesús se aparece, llega la luz, el alba, el resplandor y les invita a pescar y hacen una grandiosa pesca. El resucitado se da a conocer, no es un fantasma, “es el Señor” y come con ellos.

Se realiza un hermoso, intenso y conmovedor diálogo, palabras de fe y misericordia, el amor de Jesús expresado al máximo y la actitud de humildad, confianza, abandono, afecto y amor sincero de parte de Pedro. Tres veces lo negó, tres veces profesa su amor por el maestro. “Simón, ¿me amas?”, “Señor, tú sabes que te amo”. Tres veces pregunta, tres veces responde y en la tercera vez se deja llevar por la sinceridad y la ternura: “Señor, tú sabes todo, tú sabes que te amo”. Jesús lo confirma en su servicio de apacentar las ovejas y ratifica la inmensa misericordia que solo Dios puede dar.

Este es Jesús: quien perdona, quien no se detiene ante el pecado de Pedro ni ante el nuestro. Dios pide y da amor, renovando aún más su confianza e invitándonos a una misión que va más allá de nuestra propia vida, comportándose con nosotros del mismo modo que con Pedro. “Sígueme” es la invitación que Jesús hace a Pedro a permanecer fiel discípulo suyo y ello conlleva aprender a conocer el Amor sin límite del Maestro. Al discípulo Jesús le pide dejarse amar por Él: solo así, puede guiar la grey en su nombre, donándose sinceramente y este es el amor de Dios.

Estamos llamados a comprender que, así como Jesús, debemos ser humildes y misericordiosos expresando de corazón todo nuestro amor a Dios y el compromiso del anuncio del Evangelio en medio de aquellos que tienen sed de Él: los pobres, los excluidos, los enfermos, todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

María Santísima, nuestra Madre del Cielo, sea quien nos guie por sendas de paz, amor y misericordia. Así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...