José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
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martes, 25 de abril de 2017

III° Domingo de Pascua, 30 de abril de 2017

“JESUCRISTO HA RESUCITADO,
EN VERDAD RESUCITÓ”
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»

I° lectura: Hch 2,14ª. 22-33; Salmo: 15; II° lectura: 1 Pe 1,17-21; Evangelio: Lc 24,13-35

En este domingo se nos muestra la importancia de ser testigos, discípulos de Cristo y de su presencia real en cada uno de nosotros. San Pedro habla de su maestro, muestra de manera muy clara quién es Jesús y lo que hace por todos: Él mismo es el sendero de la vida, quien nos da el gozo y la alegría. Tomar en serio el hecho de seguir a Jesús nos lleva a ser discípulo, optar por Él y conservar la confianza, ya que con su sangre nos ha redimido y nos ha dado la salvación.

CAMINAR CON JESÚS

Se nos regala un episodio conocido y muy hermoso que recuerda la presencia de Jesús en los discípulos de Emaús y en ellos, en todos nosotros. Es una historia que se presenta como emblema de fe, de compañía por parte del maestro a sus discípulos hasta el punto de pedirle que se quede con ellos. Este encuentro de camino y de vida, es certeza de que Jesús nos acompaña siempre, en todo momento y, a su vez, la manera de mostrarnos que, a pesar de nuestra ceguera, el maestro siempre nos indica la vía que debemos seguir.

Se presentan algunos elementos importantes que nos ayudarán a reflexionar a la luz de Emaús: en primer lugar, la tristeza de los discípulos que regresan ante la muerte del Salvador; en segundo lugar, Jesús se presenta en el momento justo e instruye a sus hermanos; en tercer lugar, los discípulos, -así como nosotros- debemos optar por permanecer con el maestro, no debemos dejarlo ir sino que debemos pedirle quedarse siempre con nosotros; en cuarto lugar, la compañía de Jesús hace que nuestro corazón arda y se nos abran los ojos con asombro, ante la majestuosidad del milagro de su presencia en la vida del hombre. “¿No nos ardía el corazón…? “, dijeron los discípulos después de que Jesús se fue.

Ese sentimiento, lo que sienten los discípulos antes y después de estar con Jesús, es lo que los lleva a anunciar posteriormente la Buena Nueva. Ellos dan señales de alegría y regocijo, evidencian el deseo de transmitir a los demás que Jesús está vivo y desean, con esa noticia, contagiar a los demás de amor y esperanza…

MARÍA, MADRE Y ACOMPAÑANTE

En el “Emaús” de nuestra vida, tenemos el apoyo total de María Santísima, nuestra madre. Ella nos acompaña ofreciéndonos la presencia de su amor, así como la certeza de la misericordia de su hijo. Seamos solícitos en nuestro caminar, pidamos a Jesús que se quede con nosotros y hagamos que nuestros corazones se contagien de su amor y ardan siempre más, para así unirnos en la evangelización a la que todos estamos llamados. Así sea.

¡Jesucristo ha resucitado, en verdad resucitó!

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com



viernes, 21 de abril de 2017

MENSAJE DE MONS. MARIO DEL VALLE MORONTA AL PRESBITERIO, AL PUEBLO DE DIOS Y A TODAS LAS PERSONAS DE BUENA VOLUNTAD. 23 de abril de 2017

MENSAJE AL PRESBITERIO, AL PUEBLO DE DIOS Y A TODAS LAS PERSONAS DE BUENA VOLUNTAD.

“La misericordia y la paz que nos vienen del resucitado estén con todos ustedes”

La alegría surgida de la Resurrección del Señor, que hemos celebrado el pasado domingo, se ha visto opacada por la violencia de estos días, con el saldo lamentable de heridos y de muertes. Entre éstas, la de una joven tachirense que fue asesinada. Deploramos y reprobamos este triste acontecimiento que enluta no sólo a una familia sino a toda la comunidad tachirense.

Como lo hemos afirmado todos los Obispos de Venezuela, el derecho a la protesta no puede ser ni criminalizado ni reprimido con violencia. Toda manifestación debe ser pacífica y cualquier tipo de acción violenta que rompa la sana convivencia manifestada en las variadas expresiones de protesta, venga de donde venga, es repudiable. Por eso, en la línea de los criterios nacidos del Evangelio, hemos de fortalecer la “paz”, nacida del amor de Dios.

Las protestas de la sociedad civil tienen una razón de ser: el cansancio ante tanta inseguridad, ante la limitación para conseguir insumos necesarios para poder vivir, la dificultad en la adquisición de medicamentos y la pérdida de la calidad de vida de todos los ciudadanos. A esto se une el incumplimiento de promesas y de compromisos nacidos del  ordenamiento constitucional de Venezuela como son: la no realización de las elecciones, el desconocimiento de la Asamblea Nacional y la descalificación del diálogo y de otras propuestas necesarias para el fortalecimiento de la democracia en nuestro país.

En este domingo 23 de abril la Iglesia celebra a Jesús en su ícono de la misericordia. Ésta no es un simple sentimiento de lástima ni de resignación. Al contrario, muestra ella la acción profunda de un Dios que entregó su vida por la salvación de todos y para darnos la auténtica libertad, la de los hijos de Dios. Es oportuno y necesario que en este y en los próximos días no sólo nos avoquemos a la oración sino a afinar el compromiso cristiano de “ser misericordiosos como lo es el Padre Dios”. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos invita a imitar a los primeros discípulos de Jesús: quienes “vivían unidos, todo lo tenían en común… y nadie pasaba necesidad” (Hch 2, 44-45).

En medio de las dificultades que sufrimos cotidianamente, los cristianos y hombres de buena voluntad debemos exigir el cese de la violencia y el cumplimiento de nuestros derechos, obligación particular del Estado. Esta obligación conlleva atender a los justos reclamos del pueblo, a cumplir con sus deberes constitucionales, como la celebración de  elecciones y el respeto a todos los poderes públicos. El Estado, en sus diversas instancias, tiene la tarea obligatoria de proteger la vida y la salud de todos los ciudadanos. No es con violencia, ni con descalificaciones y, mucho menos con amenazas, como se arreglarán los conflictos ni se dará salida a la crisis. Aunque muchos puedan dudar de ello, es urgente el diálogo entre todos los ciudadanos. Los dirigentes políticos deben dar ejemplo de ello. Pero para poder dialogar se debe tener muy en cuenta lo siguiente: el encuentro de todos, sin distinción ni excepción, el respeto a la dignidad de las personas, el cumplimiento de los acuerdos a que se vayan llegando y la firme decisión de pensar en el bien común de los ciudadanos todos.

Siguiendo lo que nos dice el texto bíblico invitamos a “poner en común” todo lo que nos permita salir de la crisis pensando en el pueblo, quien es el verdadero sujeto social de la nación. En este sentido:

1.       Pedimos al Gobierno Nacional que atienda los clamores de la gente: negar que hay hambre y que muchos tienen necesidad de medicinas y atención a su salud es estar cegados ante una realidad que golpea a  muchos. Además de atender los clamores de la gente, es necesario que el mismo Gobierno respete las instancias establecidas en la Constitución y se abran las puertas para un encuentro y diálogo auténtico, no condicionado; a elecciones y a respetar los derechos humanos de todos: de quienes están detenidos por motivos políticos, de quienes manifiestan y de quienes se encuentran desamparados e indefensos. Esperamos se pueda autorizar a la Iglesia para abrir canales humanitarios y así poder conseguir los medicamentos que más necesita la gente de nuestro país.

2.      Pedimos a los Dirigentes Políticos de todas las toldas partidistas que, sin dejar de buscar el fortalecimiento de la democracia y luchar por el bien común, no se dejen llevar sólo por sus intereses particulares. Todos se deben al servicio del pueblo; más aún todos deben sentirse miembros de un pueblo que es el sujeto social de la nación. Igualmente, pedimos a quienes prefieren la violencia como forma de protesta que no lo sigan haciendo: ni las “guarimbas” ni barricadas, ni otros tipos de acciones reñidas con la paz ayudarán a conseguir la solución a la crisis; al contrario, seguirán afectando la sana convivencia de muchos conciudadanos.

3.      Pedimos a todas las Autoridades militares y policiales así como a quienes pertenecen a los cuerpos de seguridad que cumplan sus funciones de protección de la ciudadanía siguiendo los parámetros del ordenamiento jurídico del país. Recuerden que en su actuación deben manifestarse como servidores del pueblo al cual también pertenecen. No es con la violencia de una represión desmedida como se conseguirá la paz social y la solución a la crisis actual. Asimismo pedimos el control y desarme de los colectivos o grupos irregulares que generan violencia y zozobra en la colectividad.

4.      Pedimos a todos los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos hacer sentir “el gusto espiritual de ser pueblo” según nos lo pide el Papa Francisco. Nuestro compromiso y nuestro mensaje debe darse también desde nuestra pertenencia a ese pueblo que hoy sufre, sin incentivar la violencia sino la búsqueda en paz de soluciones que beneficien a todos. Así como lo propusimos en los diversos mensajes en la pasada Semana Santa, nos corresponde hacer realidad la propuesta del Profeta: “Consuelen, consuelen a mi pueblo” (Is 40,1). Compartimos las alegrías y esperanzas, así como los dolores y las angustias de todos, pero “siendo constructores de la paz” que viene del Señor Jesús.

Todo nuestro esfuerzo lo ponemos en común para que nadie pase necesidad. Y una de las urgentes necesidades de nuestra patria hoy es hacer realidad el Reino de Dios, de justicia, paz y amor, en Venezuela. Lo haremos al defender la democracia, los derechos humanos de todos los ciudadanos  y al buscar pacíficamente todo aquello que nos permita crecer en la sana convivencia y salir de la crisis que vivimos.

Para apoyar esos esfuerzos necesarios, convocamos a todas las parroquias, instancias eclesiales, comunidades eclesiales de base, casas de retiros, comunidades religiosas para que el próximo jueves 27 de abril se tenga una intensa jornada de oración por Venezuela, por la paz y la concordia y para que Dios ilumine a quienes deben tomar decisiones y lo hagan con la sabiduría que viene de lo alto. Recomendamos que desde tempranas horas de la mañana se exponga el Santísimo Sacramento y se invite a la feligresía a acudir a sus templos y capillas para pedir por nuestra patria.

Nos encomendamos a la Madre de Dios, Nuestra Señora de la Consolación, para que en esta hora nos siga protegiendo. De igual modo nos colocamos en las manos del Santo Cristo de la Grita, el Resucitado y Dios de la misericordia, para que nos guíe y nos dé la sabiduría de su Espíritu para brindar nuestro decidido aporte a la recuperación integral de Venezuela.

Con mi cariñosa bendición,

            +Mario, Obispo de San Cristóbal

23 de abril, Domingo II de Pascua, Domingo de la Misericordia.

II° Domingo de Pascua, Divina Misericordia, 23 de abril de 2017

CREER Y TENER FE EN JESÚS
“En los primeros días de la Iglesia, todos los hermanos acudían asiduamente a escuchar las enseñanzas de los apóstoles, vivían en comunión fraterna y se congregaban para orar en común y celebrar la fracción del pan”.

I◦ lectura: Hch 2, 42-47; Salmo: 117; II◦ lectura: 1 Pe 1,3-9; Evangelio: Jn 20,19-31

En la historia, se ha hecho común decir en diversas ocasiones: “ver para creer como Santo Tomás”. Eso proviene de una lectura humana y simple, dejando de lado el verdadero sentido de la actitud de Jesús y del apóstol Tomás, y la importancia de la resurrección en la vida de todos.

LOS CRISTIANOS: ALABAN A DIOS Y SE ESTIMAN ENTRE SÍ

Estar en la presencia de Dios es tener fe en Él, es ver el ejemplo que nos da la Iglesia de los primeros siglos y que hoy se debe cultivar más. Es reconocer que la fraternidad es verdadera y algo factible y no un interés más en medio del mundo en el que nos desenvolvemos. Este día “en el que actuó el Señor”, es la puerta que se abre para recorrer un camino de paz y de tranquilidad y poder llevar al mundo entero un mensaje colmado del espíritu de la resurrección. Jesús está vivo y se manifiesta en la Iglesia desde siempre, hace veinte siglos y hoy, en el hombre y en la mujer de todos los tiempos sin excluir a nadie.

Se nos invita a orar y a celebrar en común, como hermanos, demostrando con sinceridad que la fe puede mover las montañas de odio y de división que puedan existir. No podemos concebir la Iglesia sin la fraternidad, sin amor, sin comprensión; si esto no existiese habría que luchar cada vez más para cultivar estos valores y principios tan importantes. Podemos ser fieles cristianos si no ponemos en duda la presencia de Jesús, creyendo y teniendo fe en Él. Miremos a santo Tomás y en él, reflexionemos sobre nuestra actitud hacia Dios, hacia nosotros mismos y hacia nuestro prójimo.

Cada cristiano está comprometido en el anuncio de la resurrección; en nuestras familias, comunidades, parroquias, etc, esperan el testimonio verdadero de fe de quien opta por Jesús como fiel discípulo y testigo de su amor. Recordemos siempre que la Fe es signo de: fraternidad, unidad, amor a Dios y al prójimo, sinceridad y testimonio de vida. Confiemos en Dios, Él nos ayudará.

MARÍA NOS AYUDA A TENER FE

En la Pascua, María nos enseña a vivir en el amor de Jesús resucitado. Ella nos acompaña en el cenáculo de nuestra vida y nos muestra el camino que debemos seguir. Seamos testigos, en espíritu y verdad, del anuncio del resucitado, un anuncio con el cual se nos invita a unirnos más a Dios y a ser partícipes de la nueva evangelización. Así sea.
 José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


domingo, 16 de abril de 2017

Domingo de Resurrección, 16 de abril de 2017

JESÚS: PAZ Y GOZO DE NUESTRA VIDA
“Pongan todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra, porque han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios.” (Col 3, 2-3)

I° lectura: Hch 10, 34.37-43, Salmo: 117, II° lectura: Col 3,1-4; Evangelio: Jn 20,1-9

El Domingo de Ramos aclamábamos la entrada de Jesús a Jerusalén y, con ello, a nuestras vidas. Era la aclamación de un pueblo que admiraba al Maestro, al profeta, al Hijo de David…hoy se presenta Jesús en la plenitud de su presencia. El itinerario que hemos recorrido nos ha traído a este día, al día de la resurrección, día de amor y de paz. Jesús nos da testimonio de vida y de amor, ya que “pasó haciendo el bien” y nos enseña a estar unidos a Dios y ser testigos de su obra. Es por ello que se estamos llamados a darle gracias por su amor y su misericordia, porque es bueno con cada uno de nosotros; solo así podremos buscar “los bienes de arriba”, los de allá donde está Cristo y a lo que debemos aspirar.

“ETERNA ES SU MISERICORDIA”

El Día de la Resurrección es un día de fiesta, de alegría y no de una alegría pasajera, es la alegría de los hijos de Dios que sentimos la presencia de Jesús resucitado, vivo en medio de nosotros todos los días, a cada momento. El Día de la Resurrección es una puerta que se abre a la esperanza, al deseo de vivir como verdaderos hijos de Dios. El gozo que proporciona ver y sentir a Jesús vivo, es un gozo que no acaba.

Ese gozo nos regala algunos elementos fundamentales: en primer lugar, la resurrección no hace olvidar la pasión, sino que, junto a ella, forma el camino que nos lleva a la salvación; es vivir el sufrimiento de la pasión y el gozo de la resurrección, única vía que nos conduce a Dios. En segundo lugar, la resurrección comporta dejar de lado el miedo y dar vía libre al anuncio del Evangelio, sin temores, sin exclusión, sin discriminación, ya que el Evangelio es vida, es unión, es luz, es esperanza. En tercer lugar, la resurrección es el camino que todos los cristianos debemos conocer y recorrer. Jesús, Dios y Hombre Verdadero, Siervo Sufriente, Maestro victorioso, Hermano y Compañero de viaje en la vida de todos, nos da testimonio de cómo caminar en su presencia y cómo llevar su amor a todos. En este día celebramos el triunfo de la vida sobre la muerte, es el triunfo de Jesús, nuestro Maestro y Señor, sobre la maldad y el pecado.

Hoy podemos llevar una bandera en alto: la bandera de la paz, de la luz, de la vida; hoy es tiempo de llevar la esperanza a tantos que viven sumergidos en la muerte, en la destrucción, en el mal, alejados de Dios. Hoy es tiempo de proclamar que Jesús está vivo, que su mensaje es actual, su misericordia infinita y su presencia real; seamos testigos de su amor y no nos dejemos amedrentar por ideologías vanas ni por quienes no desean vivir el mensaje del Evangelio.

MARÍA SANTÍSIMA, MADRE DEL RESUCITADO

En este día el ejemplo de María es claro y preciso: debemos tener esperanza y confianza en Jesús. Ella siempre vivió en la paciencia ante el dolor, en el silencio ante los gritos de las multitudes y las injurias, en el amor ante todos aquellos que hemos sido confiados a su maternal protección. Ser testigos de la resurrección implica caminar junto a María y unirse a la misión a la que todos estamos llamados a realizar y a vivir como discípulos y misioneros. Así sea.

¡Felices Pascuas de Resurrección! Dios les bendiga a todos.
¡Jesucristo ha resucitado, en verdad resucitó!

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


viernes, 7 de abril de 2017

Domingo de Ramos, 9 de abril de 2017

BENDITO SIEMPRE BENDITO...

El itinerario cuaresmal nos conduce a la salvación que, a través de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, se revela parte fundamental de nuestra vida cristiana. Los cristianos, de todo tiempo, estamos llamados a mirar y vivir este itinerario con esperanza y sinceridad. 

Ello nos enseña que Jesús, entrando en Jerusalén, entra igualmente en nuestra vida, en nuestro corazón. Es un camino de fe que muestra la misericordia, el perdón, la cercanía así como la confianza que Dios coloca en nosotros.

Durante la Cuaresma, se nos ha mostrado la misericordia de Dios en varias perspectivas y su luz ilumina nuestra vida dejando fe que su amor es más grande de lo que podamos pensar o sentir. Jesús quiere entrar en nuestro corazón y se hace realidad al realizar una gran procesión: no sólo la del domingo de ramos o la del itinerario cuaresmal sino una procesión que se presenta como la prolongación de la vida en Él, de su amor al pueblo que clama justicia y que, a su vez, desea no perder la esperanza. 

Jerusalén se viste de gala, se llena de gozo, es privilegiada ante la presencia del maestro. Hoy Jerusalén representa todo el mundo, todos aquellos lugares donde, viviendo de nuevo ese momento triunfal, colocan alfombras de vida y gritan de júbilo ante la presencia de Jesús que, con sobriedad, nos pide seamos testigos de su mensaje de salvación.

El hombre de hoy es iluminado por el paso del Maestro; las palmas y los ramos se mueven y se agitan gracias a la oración y la misericordia que vienen de Dios; los cantos de alabanza son la voz de tantos hombres y mujeres que claman justicia, paz, igualdad, tranquilidad en un mundo envuelto en el materialismo, superficialidad y crisis real ante lo cual no pierde la esperanza de una reconciliación sincera y una solución verdadera a todo ello.

Escuchemos a Cristo, no podemos echarnos para atrás. Es fundamental ver este camino de vida como un despertar ante la pasividad y la falta de amor que se presenta en el mundo y de lo cual nos convertimos en portavoces.

Cuando Jesús entra en Jerusalén, entra en cada una de nuestras vidas, entra en la vida de la Iglesia y ello nos lleva a indicarle el camino a los demás en la vía de la justicia, del diálogo, la paz, la unidad y hacer de ello una experiencia cierta de lo que realmente debemos hacer.

En la gran procesión de la vida, del itinerario cristiano de todos y cada uno de nosotros, está la presencia maternal de María. Ella nos acompaña y nos guía a la participación de la pasión, muerte y resurrección de su hijo, quien con su amor infinito da su vida por cada hombre y cada mujer. Como discípulos y misioneros, unámonos más a Cristo y participemos en las ceremonias de Semana Santa de nuestras comunidades llevando el mensaje del Evangelio, mensaje de paz, de esperanza, de justicia. Así sea.
José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


viernes, 31 de marzo de 2017

V° Domingo de Cuaresma, 2 de abril de 2017

“¿CREES TÚ ESTO?”
“Los que viven en forma desordenada y egoísta no pueden agradar a Dios”

I° lectura: Ez 37,12-14 - Salmo: 129 - II° lectura: Rom 8,8-11; Evangelio: Jn 11,1-45

Este domingo se nos presenta una reflexión digna del momento en el cual vivimos: agradar a Dios y no dejar que la muerte sea quien envuelva nuestra vida, sino Dios quien abra los sepulcros y nos conduzca a su amor. En este sentido, debemos pedir perdón al Señor para poder vivir, sentir su amor entre nosotros y su cuidado pastoral en nuestras vidas. “Quien no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo”, y ello nos hace caminar como testigos del gesto de amor que en la cruz nos indica la salvación para todos sin exclusión.

“JESÚS LLORÓ…”

Jesús nos enseña la sensibilidad, la ternura y la humanidad vista en el amor de Dios presente en una situación humana que sublima la relación de Dios con el hombre. Jesús se presenta como el amigo, el maestro y el Señor.

El amigo de Lázaro, de María y de Marta; una relación de amistad que agrada a Dios y hace que se viva en unidad y en amor. Ellos lo ven como su amigo, su confidente, su hermano en quien confiar plenamente. El maestro que enseña, que guía la vida de sus amigos, que nos dice que Él es la resurrección y la vida y, por lo tanto, el Señor en quien debemos creer para tener la vida eterna. El episodio de la resurrección de Lázaro nos muestra el afecto de Jesús hacia su amigo y en él hacia toda la humanidad.

El sentimiento fraterno y el gesto de amor que expresa ante los demás, es muy conmovedor, ya que Dios llora por sus hijos, por sus hermanos, por sus amigos. Hoy Jesús también siente tristeza al ver a sus amigos y hermanos muertos en el pecado; al ver a sus hermanos perdidos en los vicios, en el materialismo, en la incomprensión, en la violencia. Jesús llora cada vez que somos indiferentes ante la carencia de paz y de diálogo.

Hoy, Jesús quita la piedra de nuestros sepulcros y nos resucita con su misericordia, a pesar del llanto y el dolor, el Señor nos invita a seguir adelante, unirnos cada vez más a él y agradarlo en la ayuda hacia el prójimo. Recordemos siempre que el amigo maestro y Señor, nos sigue diciendo: “yo soy la resurrección y la vida”. ¿Creemos en Él?

POR INTERCESIÓN DE MARÍA, UNÁMONOS MÁS A DIOS

María Santísima nos guía a Jesús y en Él debemos confiar para unirnos cada día más a la nueva evangelización. Este debe ser uno de los motivos que mueven nuestro corazón. Seamos testigos del mensaje de Jesús a todos, con el fin de instaurar la paz, el diálogo, la unidad, el amor y el deseo de creer cada vez más en Él. Así sea.
José Lucio León Duque



sábado, 25 de marzo de 2017

IV° Domingo de Cuaresma, 26 de marzo de marzo

¡JESÚS ES LA LUZ!
“Por eso se dice: Despierta, tú que duermes; levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz”.
Iº lectura: 1Sam 16, 1b. 6-7. 10-13 a; Salmo: 22; IIº lectura: Ef 5, 8-14; Evangelio: Jn 9, 1-41

Hace unos años leía la siguiente frase: “en la cuarezma tanvién devemos convertirnos” y al final encontraba esta explicación: “espero sepas disculparme, pues aunque esté escrito mal, la conversión sí la debemos hacer bien”…Esto lo he transmitido a muchas personas y lo primero que viene a la mente es corregir y hacer notar que está mal escrito; pero leyendo todo, nos damos cuenta que debemos tener la suficiente paciencia para entender y comprender todas las cosas, sobre todo cuando hay equivocación o error, dejándonos guiar por la luz que nos dona el Señor.

“LOS FRUTOS DE LA LUZ SON LA BONDAD, LA SANTIDAD Y LA VERDAD”

El evangelio nos da una enseñanza muy puntual: Jesús cura al ciego de nacimiento y por encima de todo coloca su amor, su misericordia, la intención plena y total de verlo bien, sano, con buena salud. Jesús da la oportunidad de ver nuevamente la luz y San Pablo nos indica que los frutos que de ella se desprenden son: la bondad, la santidad y la verdad. Esto se une al deseo de querer decir lo que sentimos por Dios, el cual nos sana y nos devuelve la vida en Él.

La bondad, la santidad y la verdad son elementos primordiales de la vida; son fundamentos y pilares de quien vive en Cristo y ve en Él la luz que ilumina la propia vida. Esto se traduce en la vida cotidiana de manera concreta en los dones que recibimos, en los momentos de oración y de trabajo y también en las dificultades que encontremos en nuestro camino.

La actitud de Jesús en este domingo es considerada como un detalle amoroso y de misericordia infinita, ya que deja de lado lo que puedan pensar los demás y centra la atención en el ciego de nacimiento, Él se presenta como la luz del mundo, “yo soy” -nos dice-; manda al ciego a lavarse, a purificarse para luego presentarse ante la gente, ante aquellos que, incrédulos, dudan de la acción de Dios. El hombre curado por Jesús nos dice también de Él: “Ya se lo dije a ustedes y no me han dado crédito… ¿Acaso también ustedes quieren hacerse discípulos suyos?”.

MARÍA, EJEMPLO DE LUZ

La vida de Nuestra madre del cielo ha sido luz para todos. Ella, quien junto a la luz del mundo nos enseña a vivir, nos da las pautas para verificar y practicar en esta cuaresma los propósitos que nos hayamos trazado. Uno de ellos es seguir el itinerario que Jesús nos propone: la oración, el ayuno y la limosna, escuchando sus palabras y actuando, en espíritu y verdad, como verdaderos discípulos suyos que se unen a Él. Así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...