José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
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viernes, 7 de julio de 2017

XIV° Domingo del Tiempo Ordinario, 9 de julio de 2017

DIOS ALIVIA NUESTRO CORAZÓN
“Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Si, Padre, así te ha parecido mejor”.

I° lectura: Zc 9, 9-10; Salmo 144; II° lectura: Rm 8, 9.11-13; Evangelio: Mt 11, 25-30

A través de las Sagradas Escrituras encontramos respuestas a los interrogantes que se nos presentan, y más aún cuando deseamos ser testigos del Evangelio de la verdad, el Evangelio de Jesús en medio de adversidades. Este domingo se nos muestra la omnipotencia de Dios, su grandeza y su humildad (I° lectura) para bendecir por siempre su nombre (Salmo). Viviremos en Dios y en su amor si reconocemos y sentimos de verdad que estamos insertados en su Espíritu, el cual nos vivifica y hace caminar hacia la vida (II° lectura).

APRENDER DE DIOS

En estos días hemos podido conocer una serie de noticias que conllevan aspectos políticos, religiosos, culturales, sociales. Todo esto debe hacernos reflexionar en cuanto somos testigos de la historia, una historia que no debe, por ningún motivo, alejarse de Dios. Si estamos unidos a Dios, si vivimos junto a Él, si en nuestra vida cotidiana ofrecemos nuestras obras con amor y sinceridad, estamos siendo partícipes de esa historia de la que cada día nos llega información y en la que debemos aportar soluciones positivas.

Construir la paz, vivir la armonía, estar en comunión como verdaderos hermanos conlleva no sólo leer el Evangelio, sino vivirlo, ponerlo en práctica. Dios alivia nuestro corazón y nosotros, a su vez aprendemos de Él, que es manso y humilde de corazón. Es allí donde radica nuestra condición de cristianos: ser como Jesús.

El cristiano debe estar unido a la historia, a lo que sucede a su alrededor, a tener fe en Dios que abre el corazón del hombre para vivir y compartir el sufrimiento y la esperanza de tantos que necesitan de ello, tal como lo recitamos en la oración de la Diócesis de San Cristóbal: “…queremos contagiar esperanza y servir a todos, particularmente a los pobres y excluidos de nuestra sociedad”. Reflexionemos: ¿hemos aprendido de Dios esto? ¿lo estamos poniendo por obra?

MARÍA SANTÍSIMA NO NOS ABANDONA

En este itinerario de vida y de amor, María Santísima nos guía y nos lleva de la mano. Debemos insistir en el amor y devoción que todo cristiano le debe profesar, como verdaderos hijos suyos. Nuestra madre es la luz, la esperanza, el pilar del amor que nos lleva a Jesús. Ella nos enseña la sencillez que falta en tantos sitios, la humildad de la que carecen muchos corazones y cómo proclamar las grandezas y maravillas que Dios nos regala a cada momento. Así sea.

Hermano y hermana, dejémonos aliviar por Jesús y coloquemos nuestro corazón en sus manos para ser portadores de esperanza, paz y armonía…

José Lucio León Duque


XIII° Domingo del Tiempo Ordinario, 2 de julio de 2017

LA VIDA NUEVA EN JESÚS
“El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará.”

Primera lectura: 2Re 4,8-11.14-16ª; Salmo: 88; II° lectura: Romanos 6,3-4.8-11; Evangelio: Mateo 10,37-42

La liturgia de la Palabra de este domingo se presenta como un llamado a la fe, la esperanza y la caridad, vividas en el nombre de Jesús y manifestadas en el testimonio de una conducta de vida digna y recta.

DIOS: AMOR TOTAL

A partir de la primera lectura nos sumergimos en la sensibilidad humana, la acogida y el reconocimiento. La segunda lectura nos recuerda el gran don de la Fe, recibido en el Bautismo y el significado teológico que este sacramento tiene en la vida de cada cristiano. El Evangelio, tomado de San Mateo, es una de las páginas más hermosas escritas con la vida y con las palabras dichas por Jesús a todos y cada uno de nosotros. Es un llamado a colocar el Evangelio al centro de nuestra vida, manifestado en aquello que cuenta realmente y que tiene un valor infinito y eterno. Y lo que realmente cuenta en nuestra existencia terrena no es nada material, sino todo aquello que es expresión de amor hacia el Señor.

Los afectos y sentimientos hacia nuestra familia son pequeños en comparación al amor de Dios. Se nos pide acoger la llamada de Jesús con convicción, rectitud y sin doblez, una respuesta recibida y vivida en plenitud hasta el final. ¡Cuántas veces pensamos con una visión humana y quedamos desilusionados! Esto sucede porque no se ama en plenitud, con la sinceridad y la convicción necesarias para dar el lugar que merece Dios en nuestra vida.

El amor de Dios se concreta con el amor hecho de gestos sencillos: hasta dar un vaso de agua a quien lo necesita, un gesto que hasta el más pequeño puede hacer y que refleja la frescura y la sencillez con la que se debe anunciar, de palabra y obra, el Evangelio. El amor llena, quita la sed, regenera, da vida y esperanza. Y si el amor es donado en el nombre del Señor, adquiere un valor de eternidad que sólo Dios puede recompensar en el mejor de los modos. Los santos son el ejemplo de este modo del cual se habla de la caridad y ante la cual, en diversas ocasiones, somos indiferentes e insensibles en relación al prójimo.  

Para cambiar el mundo y la convivencia humana no bastan solo las palabras, es necesaria una conversión en la vida de cada uno de nosotros, en las relaciones personales y comunitarias, viviendo a plenitud el respeto y la solidaridad. Es por ello que Jesús nos enseña la importancia de los pequeños detalles que podemos y debemos compartir. En medio de la crisis moral que estamos viviendo, demos espacio a aquello que realmente importa: la dignidad de la persona y la fraternidad vivida con conciencia y convicción.

MARÍA SANTÍSIMA: HUMILDE SERVIDORA DE DIOS

“Aquí está la esclava del Señor”. De esta forma María Santísima nos enseña a ser dóciles a la llamada de Dios. Ella, humilde y sencilla, nos da ejemplo del camino que debemos seguir. Imitémosla. Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

viernes, 23 de junio de 2017

XII° Domingo del Tiempo Ordinario, 25 de junio de 2017

HABLEMOS SIN MIEDO DE DIOS
“No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma…no tengan miedo”  

I° lectura: Jer 20, 10-13; Salmo: 68; II° lectura: Rom 5, 12-15; Evangelio: Mt 10, 26-33

En una sociedad en la que se nos presentan diversas opciones para vivir, en la que el relativismo absorbe la vida de muchos hombres y mujeres, en este tipo de sociedad se nos muestra una de las mejores opciones: no tener miedo. La palabra de Jesús en este domingo, es tajante y clara, hay que dejar el miedo y enfrentar la realidad. El discípulo, quien opta por vivir en Dios, debe reconocer que es necesario colocarse en sus manos, confiar en Él, alabándole siempre (I° lectura). La humildad, la sencillez, la disponibilidad y la entrega, hacen de nosotros discípulos atentos y solícitos a la bondad de Dios (Salmo). Todo esto nos mueve a darle gracias a Dios y a reconocer que la gracia que nos da Jesús, se nos da a todos por su infinita misericordia (II ° lectura).

¿MIEDO? ¡NO! DIOS ESTÁ CON NOSOTROS

La claridad y la verdad son elementos necesarios en la evangelización y el mensaje de salvación a todos. Se nos invita, por tanto, a ser testigos de la esperanza y de la valentía que todo cristiano debe demostrar. Lamentablemente falta liderazgo en algunos sectores y el hecho mismo de dejarnos convencer de ideologías que no tienen el deseo que el hombre surja sino se quede en la oscuridad, nos llevan de consecuencia a vivir en el miedo. Jesús nos invita a tener confianza en Él y en nuestras capacidades,  a no dejarnos vencer por las adversidades sino más bien a ser portavoces de la verdad y para ello no hay que tener miedo.

Son muchos los sitios donde se necesita llegar con la palabra de Dios, donde es necesario ir con la bandera de la verdad y sin temor. El cristiano debe tener presente lo siguiente: en primer lugar que la evangelización es algo verdadero, real, cierto y se debe realizar con seguridad, convicción y donde sea necesario. En segundo lugar que la presencia de Jesús en nosotros es la presencia reveladora de la esperanza, de quien dándonos su vida nos da la salvación y, en tercer lugar, debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿cómo estamos respondiendo a todo esto? En la actualidad deben surgir más personas valientes y decididas a llevar el mensaje de Cristo a todos los lugares, a los cercanos y a los lejanos, a los ricos y a los pobres, a todos aquellos que, por miedo, prefieren quedarse al margen de cualquier compromiso. Decir la verdad, actuar en ella y vivir por ella, es fundamental en el testimonio de vida cristiana. ¡Desechemos, de una vez por todas, el miedo y unámonos a Cristo! ¡Él es el camino, la verdad y la vida!

LA VIRGEN MARÍA, MUJER Y MADRE VALIENTE

María, Nuestra Madre, nos da ejemplo de vida en Dios. Ella, mujer y madre valiente, nos da la fuerza para predicar y proclamar el gozo que Dios nos da. Seamos testigos del amor de Dios que, en Espíritu y Verdad, nos lleva con valentía a ser mensajeros del evangelio de Jesús.

Señor Jesús, ayúdanos a ser valientes en la evangelización y
a desechar de nuestros corazones lo que nos pueda dañar…
Seguimos trabajando en favor de la Paz y la Reconciliación.
Así sea

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

viernes, 16 de junio de 2017

Fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, 18 de junio de 2017

“EL PAN DE VIDA…”
“El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.”

I° lectura: Dt 8, 2-3. 14b - 16a; Salmo: 147; II° lectura: I Cor 10, 16-17; Evangelio: Jn 6, 51-58

Celebramos la fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, y su presencia en la vida del hombre. Hoy, vivimos junto a Jesús esa presencia eucarística, siendo ella, certeza para todos nosotros de vida, esperanza y salvación. Debemos, como verdaderos cristianos, recordar siempre a Dios, nunca olvidarnos de los dones y gracias que nos concede (I° lectura), glorificar su nombre (Salmo) y participar del banquete eucarístico, del Cuerpo y la Sangre de Jesús (II° lectura).

PRESENCIA REAL. En la historia de la salvación, en la cual cada uno de nosotros somos partícipes, encontramos un itinerario de la presencia de Dios en el corazón de sus hijos. La presencia eucarística es real, verdadera, cierta, que se hace vida en cada hombre y mujer, en la medida que la reconocemos como "fuente y cima de toda la vida cristiana" (LG 11). El Papa Francisco, en ocasión de una Fiesta del Corpus decía: “Cuántas madres, cuántos papás, junto con el pan de cada día, cortado en la mesa de casa, se parten el pecho para criar a sus hijos, y criarlos bien. Cuántos cristianos, en cuanto ciudadanos responsables, se han desvivido para defender  la dignidad de todos, especialmente de los más pobres, marginados y discriminados”.  El papa nos enseña que para hacer todo esto, es necesario seguir el ejemplo de los santos que han amado la Eucaristía, y ello se vive “En el poder del amor del Señor resucitado, que también hoy parte el pan para nosotros y repite: ‘Hagan esto en memoria mía’”.

La presencia real de Jesús en el Santísimo Sacramento en medio del Pueblo de Dios, nos lleva a reflexionar sobre lo siguiente: en primer lugar, es sacrificio que nos redime, nos salva, nos purifica. En segundo lugar, es misterio por el cual cada cristiano, creyente y amante de la Eucaristía, siente admiración plena. En tercer lugar, es sacramento, en el cual nos deleitamos y participamos sin cesar. San Agustín en el Comentario al Evangelio de San Juan, habla de la Eucaristía como "¡Sacramento de piedad, signo de unidad y vínculo de caridad!". La Evangelización hoy debe llevar como bandera nuestro amor a Jesús Eucaristía y a la Santísima Virgen María. Ello conlleva a creer y vivir la fraternidad, la unión y el amor, si esto falta, la evangelización decae y no produce fruto. Seamos amantes de la Eucaristía y fieles al mensaje del Evangelio: “El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.” (Evangelio del Corpus Christi).

MARÍA, MUJER DE LA EUCARISTÍA

La presencia de María Santísima, nuestra madre, es permanente y sincera. Ella, conservando y guardando todo en su corazón, se convierte en discípula fiel que nos enseña el camino que debemos seguir para ser adoradores en Espíritu y Verdad de la Eucaristía. Sigamos a Cristo, estemos junto a él y confiemos plenamente en su presencia en medio de nosotros. Así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 9 de junio de 2017

Solemnidad de la Santísima Trinidad, 11 de junio de 2017

FUENTE DE PAZ Y DE AMOR
“Hermanos: alégrense, trabajen por su perfección, anímense; tengan un mismo sentir y vivan en paz.”

I°lectura:  Ex 34,3b-6.8-9; Salmo: Dn 3,52-56; II°lectura: 2Co13,11-13; Evangelio: Jn 3,16-18

Un gran misterio de amor inunda nuestra vida este domingo. La Pascua no termina, Emaús continua haciéndose vida cada día; la presencia de Jesús en el cenáculo del corazón del hombre es símbolo constante en la espiritualidad de todos los cristianos. Cada celebración inicia invocando la Trinidad: en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Es así que, nombrando con el corazón y los labios a Dios, somos partícipes de esa vida en el espíritu.

LA COMUNIÓN CON LA TRINIDAD ES AMOR Y PAZ

La liturgia de la palabra de este domingo, nos invita a tener paz y vivir en ella. Ella es parte fundamental del comportamiento del cristiano que desea cumplir la voluntad de Dios. A través de los siglos, se ha dado importancia suma a la presencia de la Trinidad en la vida del hombre y ello conlleva a meditar sobre las tres personas divinas. El Padre, creador y rico en misericordia, quien nos muestra la grandeza de cada ser creado, de cada cosa que existe, de todo aquello que nos hace alabar su nombre y glorificarlo por siempre. El Hijo, salvador y hermano nuestro, por quien todo existe y en quien debemos confiar, escuchar su palabra y seguirlo como fieles discípulos. El Espíritu Santo, el santificador, que nos consuela, nos anima y dirige nuestros corazones a estar convencidos de su presencia en medio de todos. Dios, uno y trino, se hace vida en cada hombre y en cada mujer; se hace vida en lo cotidiano, se hace justicia cuando se presenta lo contrario; se hace amor cuando existe rencor; se hace realidad y verdad cuando la mentira y la desesperanza inundan el ambiente.

En cierta ocasión, con motivo de una fiesta de la Santísima Trinidad, se meditaba lo siguiente: “Oh misterio incomprensible, del cual todos se maravillan y en el cual se asombran sin cesar”. No se trata aquí de pensar en el misterio como algo que no se entiende, es maravillarse de aquello que, aún siendo incomprensible, es real, verdadero y se presenta como el modelo que debemos seguir.

LA VIRGEN MARÍA EN LA TRINIDAD

Cada día tiene momentos precisos en los cuales nuestra vida debe ir acompañada de una jaculatoria u oración a la Santísima Trinidad, ella está en nuestras vidas y María Santísima nos enseña a caminar juntos en unión de una eterna alabanza a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

viernes, 2 de junio de 2017

Solemnidad de Pentecostés, 4 de junio de 2017

¡GUIADOS POR EL ESPÍRITU!
“Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento.” (Secuencia de Pentecostés)

Iº lectura: Hch 2,1-11; Salmo: 104; IIº lectura: 1Cor 12, 3b-7. 12-13; Evangelio: Jn 20, 19-23

“Ven, Espíritu Santo, y envía del Cielo un rayo de tu luz.” (Oración al Espíritu Santo). Una luz que irradia en medio de un mundo ofuscado por el materialismo y la falta de esperanza, pero a la vez, una luz que se expande en cada corazón para que cada uno de nosotros seamos testigos perennes del amor de Dios, manifestados en la resurrección de Jesús y en la presencia continua del Espíritu Santo en nuestras vidas. En este domingo se manifiesta la esperanza, la paz y el amor que necesitamos todos y que crece cada vez más por la adhesión a la Iglesia que cada uno experimenta y profesa.

“TODOS QUEDARON LLENOS DEL ESPÍRITU SANTO”

La venida del Espíritu Santo, manifestada en nuestras vidas, es la prueba cierta que la promesa de Jesús se cumple y se hace verdad. Así como los discípulos estaban reunidos en un mismo lugar el día de Pentecostés, se nos pide hoy, unirnos como hijos de Dios, hermanos de Jesús y testigos del Espíritu, para manifestar a todos la alegría que ello nos proporciona. El Espíritu que da vida a nuestras almas, es la fuerza que nos ayuda a caminar en medio de las dificultades, es la constancia que nos impulsa a ser verdaderos discípulos, es la paz que nuestros corazones necesita. Pentecostés da inicio a un camino de fe y esperanza; es el comienzo de la actividad apostólica de la Iglesia, es el itinerario donde podemos llevar el mensaje de salvación a todos.

El Espíritu Santo, fuego y brisa, amor y esperanza, luz y guía, nos da la posibilidad de ser amantes de la oración, fieles discípulos de la Evangelización y sembradores de la paz. Pidamos de corazón al Espíritu Santo que entre en nuestras vidas. Pidamos por aquellos que en su corazón sienten el vacío del amor y la misericordia; de aquellos que por la injusticia deben callar y ser testigos silentes de una pobreza sin retorno; de aquellos que claman al cielo y a los hombres, la misericordia que es menester para fortalecer su propia vida; de aquellos cuyas vidas se encuentran al borde del abismo deseando no caer…ven Espíritu Santo, ayúdanos a ser portadores de la certeza que sólo el Evangelio da a quienes firmemente creemos en él.

Cada uno de nosotros está llamado a proclamar cada día, la petición que nos lleve a sentir la presencia del Espíritu: “ven, Espíritu Santo... ven, Padre de los pobres; ven, dador de los dones; ven, luz de los corazones. En el esfuerzo, descanso; refugio en las horas de fuego; consuelo en el llanto.”

MARÍA SANTÍSIMA, NOS GUÍA EN TODO MOMENTO

En el camino de la luz, de la paz y la esperanza nos acompaña de la mano María nuestra madre. Ella nos motiva y nos guía por el camino justo y hace de todos y cada uno de nosotros, verdaderos testigos de la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia, en cada uno de nosotros. María está ahí, junto a nosotros, junto a sus hijos. Ello es garantía del amor y la inhabitación de Dios en nuestras vidas. “Todos ellos perseveraban en la oración con un mismo espíritu... en compañía de María, la Madre de Jesús...Acudían diariamente al Templo con mucho entusiasmo”. (Hech. 1, 12-14 y 2, 46). Así sea.
José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

domingo, 28 de mayo de 2017

VII° Domingo de Pascua, La Ascensión del Señor, 28 de mayo

MIRAR A JESÚS SIN VACILAR
“¿Qué hacen ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que les ha dejado para subir al cielo volverá como le han visto marcharse…”

Iº lectura: Hch 1, 1-11; Salmo: 46; IIº lectura: Ef 1, 17-23; Evangelio: Mt 28, 16-20

En diversas ocasiones se nos presenta la oportunidad de dirigirnos a Dios usando gestos particulares: mirando hacia arriba, hacia abajo, cerrando los ojos, etc. Este domingo se nos pide algo fundamental: mirar con atención a Jesús resucitado que va al cielo y, a su vez, se queda con nosotros.

ÉL ESTÁ CON NOSOTROS, CON TODOS

Mirando el entorno podemos constatar la necesidad que existe en el corazón del hombre de hoy. Es fundamental reconocer en Jesús la compañía que nos ofrece y la promesa del Espíritu Santo que nos hace. Cada día, en la casa, en el trabajo, en la oficina, en el campo, en cada uno de nuestros ambientes, sentimos la presencia del resucitado.

Su promesa es estar con nosotros aquí y ahora, caminando a nuestro lado, convirtiendo nuestro corazón. No podemos olvidar que la vida cotidiana se encuentra impregnada de materialismo y relativismo; se le está dando el lugar que no debe tener y se le abren las puertas a todo aquello que aleja de la presencia de Dios. Este domingo de la Ascensión, mientras nos preparamos para la venida del Espíritu Santo, nos debe llevar a sentir una inquietud como en la última cena, en el calvario, en el sepulcro; un ardor en el corazón como en los discípulos de Emaús; una esperanza como aquellos que lo ven subir al cielo.

Muchos hermanos y hermanas nuestros miran con ilusión el testimonio de quienes nos calificamos seguidores de Cristo. Hermanos y hermanas nuestros desean encontrar al Señor, quieren sentir la certeza que su promesa es una realidad que, a su vez, es posible vivirla en fraternidad.

Seremos verdaderos discípulos si optamos por Él en el pobre, en el excluido, en aquellos que viven cada día la desesperanza pero que aún así, siguen fijamente mirando a Cristo para encontrar respuesta en quienes lo siguen. ¿Estamos comportándonos como tal? ¿Somos verdaderos discípulos del resucitado?

CON MARÍA MIRAMOS A JESÚS

Nadie mejor que María Santísima, nuestra madre, conoce a su hijo y es por ello que nos guía hacia Él. Ella nos enseña a caminar junto a Jesús, a mirarlo, sentirlo y experimentar su presencia. Queridos hermanos, unámonos -de verdad- a la nueva evangelización que, en Espíritu y Verdad, nos invita el Señor a realizar en cada uno de nuestros ambientes y junto a nuestros hermanos, ya que su promesa es clara: estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Así sea.

ORACIÓN POR LA PAZ

Señor Jesús, tú guías sabiamente la historia de tu Iglesia y de las naciones, escucha ahora nuestra súplica. Nuestros idiomas se confunden como antaño en la torre de Babel. Somos hijos de un mismo Padre que tú nos revelaste y no sabemos ser hermanos, y el odio siembra más miedo y más muerte. Danos la paz que promete tu Evangelio, aquella que el mundo no puede dar. Enséñanos a construirla como fruto de la Verdad y de la Justicia. Escucha la imploración de María Madre y envíanos tu Espíritu Santo, para reconciliar en una gran familia a los corazones y los pueblos. Venga a nosotros el Reino del Amor, y confírmanos en la certeza de que tú estás con nosotros hasta el fin de los tiempos. Amén.

José Lucio León Duque


viernes, 19 de mayo de 2017

VI° Domingo de Pascua, 21 de mayo de 2017, Jornada de Oración por la Paz

EL ESPÍRITU DE LA VERDAD
“Al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él”.

I° lectura: Hc 8,5-8.14-17; Salmo: 65; II° lectura: 1Pe 3,15-18; Evangelio: Jn 14,15-21

Conocemos a Jesús en la medida que nos acercamos a Él. El itinerario pascual nos revela el designio de Dios para con el hombre y su deseo de estar junto a nuestro corazón. Importante resaltar en este domingo, cómo todo converge en el amor de Dios. Esa es una de las constantes más evidentes en el mensaje y en la vida del mismo Jesús quien nos invita a seguir caminando en su nombre. Las lecturas nos hacen ver la contundencia del mensaje de Jesús; la predicación y el ejemplo de sus discípulos hacen que se llene de alegría quien escucha y ve el testimonio de vida al que todos estamos llamados. Esa llamada nos lleva a glorificar a Dios, su amor y su presencia en nuestras almas, como signo de agradecimiento a la vida que Él nos proporciona.

EL APOSTOLADO DEL AMOR Y LA VERDAD

Hoy el maestro nos indica el camino que debemos recorrer para recibir con la mayor disponibilidad al Espíritu Santo. El evangelio nos muestra algunos aspectos fundamentales sobre el modo de vivir el amor de Jesús. Amar a Dios implica cumplir los mandamientos, escuchar a Jesús, conocer su mensaje y, al mismo tiempo, mostrarlo a los demás.

El maestro nos hace una promesa que se cumplirá el día de Pentecostés; con la preparación para la venida del Espíritu Santo se nos invita a dar un vistazo a todo lo que hemos recorrido en el periodo pascual que se nos convierte en aquello que el cristiano debe hacer en su vida. Si no se ama no se puede vivir bien, si no existe amor se olvida el sentido verdadero de la evangelización y no se predica a Jesús sino a intereses diferentes del que Dios nos muestra. Esto puede llevar a descartar a aquellos que necesitan sentir el amor y la presencia de Dios.

El mensaje de Jesús es claro: “El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama…” (Evangelio) y de allí podremos recibir plenamente el Espíritu de la verdad, ese Espíritu que nos da Jesús para amarle cada vez más y en Él a nuestro prójimo. Estamos llamados a proclamar, sin temor, la contundencia del evangelio y a levantar nuestra voz de discípulos para anunciar la verdad presente en el mensaje de Jesús.

UNIDOS A MARÍA

Con la fuerza del Espíritu y de la mano con María, nuestra Madre, caminemos en unidad y armonía. Que todos y cada uno de nosotros seamos evangelizadores y promotores del mensaje de amor que debemos llevar a todos, sin exclusión y con decisión. ¿Nos estamos preparando de la mejor manera, para la venida del Espíritu Santo? Así sea.

ORACIÓN POR LA PAZ

¡Señor, haz de mí un instrumento de tu paz!  Que allí donde haya odio, ponga yo amor; 
donde haya ofensa, ponga yo perdón; donde haya discordia, ponga yo unión; 
donde haya error, ponga yo verdad; donde haya duda, ponga yo fe; 
donde haya desesperación, ponga yo esperanza;  donde haya tinieblas, ponga yo luz; 
donde haya tristeza, ponga yo alegría.

¡Oh, Maestro!, que no busque yo tanto ser consolado como consolar; 
ser comprendido, como comprender; ser amado, como amar.
Porque dando es como se recibe; olvidando, como se encuentra;  perdonando, como se es perdonado;  muriendo, como se resucita a la vida eterna.

(Oración atribuida a San Francisco de Asís) 
José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...