José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
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jueves, 20 de agosto de 2015

XXI° Domingo del Tiempo Ordinario, 23 de domingo de 2015

JESÚS: EL CAMINO A SEGUIR
“¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! El Señor es nuestro Dios…” (Jos 24,16)

Iª lectura: Jos 24, 1-2a.15-17.18b; Salmo: 33; IIª lectura: Ef 5, 21-32; Evangelio: Jn 6, 60- 69

La vida del cristiano se encuentra en diversas ocasiones ante la misma interrogante que Pedro se coloca: “¿A quién iremos?”. Es una cuestión de entrega y de necesidad ante la presencia de Jesús, la cual es plenitud y vida en medio de las vicisitudes que se presentan cotidianamente.

LA META ES JESÚS…

Jesús es el Santo de Dios, el Mesías, el Redentor, el Salvador del Hombre. Siendo el Santo de Dios, no existen en Él palabras falsas, sino Verdad, la Verdad que es el fundamento de su Palabra cuando anuncia el Evangelio e invita a la conversión. Jesús no promete nada que no se realice, Él es la Verdad presente en la vida del hombre, de todos y cada uno de nosotros. Esta es la Verdad que confiesa Pedro y en la que confía cuando ve y confirma en Jesús su bondad, su amor y su misericordia.

El camino que debemos seguir es una vía en la cual podemos escoger si profundizar en el amor de Dios o quedarse en la teoría. “¿A quién iremos?”: a Jesús presente en la Eucaristía, presente en la vida cotidiana, en el pobre y excluido, en quien tiene problemas, en quien necesita del apoyo en momentos de dificultad, en cada obra que viene de Dios y en Él tiene su fundamento. Solo en Dios  tenemos luz y fortaleza, El nos regala su presencia permanente en la Eucaristía, mostrándose y siendo el camino que debemos seguir sin dudar de ello. 

San Juan Pablo II nos dice: “La meta y el término de nuestra vida es él, Cristo, que nos espera, a cada uno y a todos juntos, para guiarnos más allá de los confines del tiempo en el abrazo eterno del Dios que nos ama. Pero si la eternidad es nuestro horizonte de hombres hambrientos de verdad y sedientos de felicidad, la historia es el escenario de nuestro compromiso diario. La fe nos enseña que el destino del hombre está inscrito en el corazón y en la mente de Dios, que gobierna los hilos de la historia. Y nos enseña asimismo que el Padre pone en nuestras manos la tarea de comenzar ya desde aquí la construcción del reino de los cielos que el Hijo vino a anunciar y que llegará a su plenitud al final de los tiempos.” (Ciudad del Vaticano, 26 de noviembre de 1995).

MARÍA, PRESENTE CON SU HIJO

La Virgen María nos acompaña en el camino que debemos recorrer. Dejémonos guiar por Ella y nuestra respuesta a la pregunta de Pedro será decidida y firme: Jesús es el Camino a seguir, la Verdad en la cual creer y la Vida que nos llena en plenitud. Así sea.
José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

viernes, 14 de agosto de 2015

XX° Domingo del Tiempo Ordinario, 16 de agosto de 2015

EUCARISTÍA: SIGNO DE AMOR
“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan, vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo.” (Jn 6,51)

Iº lectura: Prov 9, 1-6; Salmo: 33; IIº lectura: Ef 5, 15-20; Evangelio: Jn 6, 51-58

Nunca nos cansaremos de proclamar que si hay un don, es el que Jesús nos ha dado, superando nuestra vida misma, como alimento de Vida: su Cuerpo y su Sangre en el Sacramento de la Eucaristía. Es un don que muchos no lograron ni logran entender, acoger, recibir, aceptar y aquellos murmuraban…y ¿nosotros?

¿CÓMO PUEDE DARNOS SU CUERPO COMO ALIMENTO?

Es una realidad que escapa a nuestra pobreza poder acercarnos a lo divino. Podemos tal vez entender lo extraordinario de un milagro, que cura el cuerpo o si queremos también aquella particular gracia que, después de habernos mostrado la debilidad humana, a través del sacramento de la Penitencia, nos ayuda a acoger la grandeza del corazón de Dios, que nos dona sin medida su misericordia, creando en nosotros el deseo de la conversión, borrando nuestras culpas y dándonos también la sensación de un real y verdadero renacimiento.

Para muchos no siempre es fácil comprender este sacramento: Jesús nos enseña a hacerlo. Celebrar y participar en la Santa Misa para un cristiano no debe ser una simple costumbre, sino que debe convertirse y ser el momento más hermoso e intenso para la vida del hombre: es de la Eucaristía que se recibe la fuerza para cumplir la propia misión, para realizar el proyecto de Dios en nuestra vida.

La Eucaristía es Dios que vive íntimamente en mí y conmigo, y la vida se convierte en esperanza, en fidelidad, en entrega, en amor. Si el mundo de hoy, inmerso en el relativismo que lo envuelve, no conoce la verdad y la belleza de la vida, es porque no conoce y no acoge el Pan de la Vida, el Pan vivo bajado del Cielo: Jesús presente en el Santísimo Sacramento del Altar.

“HAGAN LO QUE ÉL LES DIGA”

La presencia de María Santísima, nuestra madre, es permanente y sincera. Ella, conservando y guardando todo en su corazón, se convierte en discípula fiel que nos enseña el camino que debemos seguir para unirnos cada vez más como testigos fieles del Evangelio de la verdad y de la Eucaristía, indicándonos que el verdadero camino a seguir está en Jesús Eucaristía. Permanezcamos junto a Él y confiemos plenamente en su presencia en medio de nosotros. Así sea.
José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


jueves, 13 de agosto de 2015

La Asunción de María / Nuestra Señora de la Consolación, 15 de agosto de 2015


¡GRACIAS MADRE!
“Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.” (Lc 1,51-53)

Iº lectura: Ap 11,19a; 12, 1.3-6a.10ab; Salmo: 44; IIº lectura: I Cor 15, 20-27a; Evangelio: Lc 1, 39, 56


Cada año los fieles, no sólo del Táchira, sino de otros lugares de Venezuela y más allá, se acercan a los pies de nuestra Madre de la Consolación de Táriba, para decirle ¡gracias! y también para pedirle por diversas necesidades. Sin duda alguna, siente lo que nuestras madres, experimenta en su corazón la angustia por nuestro mal comportamiento y a la vez la alegría cada vez que nuestra actitud está acorde a la voluntad de Dios.

MARÍA SANTÍSIMA NOS ABRAZA A TODOS

La Virgen es seguridad y garantía, ya que a través de ella, llegamos a Dios. Ella es madre sin excepción, ella acoge en su corazón a todos sin distinción, ella une en su vida a tantos hijos dispersos que están en constante búsqueda del verdadero camino, ella nos abraza a todos. María Santísima, la mujer vestida de sol, la madre de la consolación, la madre de quien viene todo amor y comprensión, nos cuida, nos protege y nos invita también a ser constantes, fieles y sobre todo, a comportarnos como buenos hijos.

La visita a su prima Isabel es un gesto que muestra, en medio de su silencio, el gran corazón que posee y por ello fue conveniente que desde lo alto, Dios se fijara en este ser especial y puro, tan maravilloso, sencillo y humilde. María es modelo de humildad y comprensión, en ella se conjugan todas las prerrogativas necesarias para convertirse, como lo hizo, en ejemplo para todas las generaciones. La sencillez de María engrandece su imagen, su figura y su vida entera, enaltece lo que en una nosotros debiera ser algo normal: el amor de Dios presente en la vida cotidiana.

MARÍA, EJEMPLO DE LA MUJER DE HOY

María nos visita, nos acompaña, corre presurosa a atender a sus hijos.
¡Bendita tú María! Porque no te rebajaste, sino diste plenitud a la humildad que nace de un corazón sincero…
¡Bendita tú María! Porque gracias a tu disponibilidad, se abrieron las puertas del corazón de Dios para que todos pudiésemos recibir sus gracias…
¡Bendita tú María! Porque nos das a tu Hijo, para que con su vida, muerte y resurrección, seamos bendecidos, amados y salvados.
¡Bendita tú María! Madre de la Consolación, pues a todos nos das la posibilidad de apoyarnos en tu regazo y comprender que en ti está el camino que nos lleva a Jesús…

Acudamos fieles a nuestra Madre de la Consolación, acudamos con humildad y con convicción, pidámosle con fe por nuestra Patria, por nuestro Estado, por nuestra Diócesis y llevemos el más grande regalo que un hijo puede dar a su madre: fidelidad, obediencia y amor. ¡Gracias Madre! Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

viernes, 7 de agosto de 2015

XIX° Domingo del Tiempo Ordinario, 9 de agosto de 2015

EL PAN VIVO ENTRE SU PUEBLO
“Destierren de ustedes la aspereza, la ira, la indignación, los insultos, la maledicencia y toda clase de maldad. Sean buenos y comprensivos y perdónense los unos a los otros, como Dios los perdonó, por medio de Cristo.” (Ef 4,31-32)

Iº lectura: 1Re 19, 4-8; Salmo: 33; IIº lectura: Ef 4,30-5,2; Evangelio: Jn 6, 41 - 51

“Vengan a la Eucaristía, vengan…”. Con estas palabras el Santo Cura de Ars nos recuerda que, aún siendo frágiles y débiles, necesitamos acercarnos a Jesús Eucaristía de manera frecuente y sincera. “Yo soy el pan de vida” (Jn 6,48), nos dice el Señor en el Evangelio y se nos recuerda con fuerza la necesidad de recibirlo en la Comunión y de esta manera, participar en la vida divina y así salir victoriosos del pecado y las tentaciones, corroborando aún más nuestra condición de cristianos.

“YO SOY EL PAN VIVO BAJADO DEL CIELO…”

Las palabras de Jesús están llenas de amor y confianza. Su palabra es alimento que da la vida, y su vida es alimento para el hombre. Jesús hace de su Palabra alimento en cuanto habla de Dios, de su relación con el Padre y de cómo debemos estar unidos íntimamente con Él para poder sentirnos y vivir como verdaderos hijos de la luz, amantes de la Eucaristía. 

La vida cotidiana es reflejo de la esperanza que tenemos en Dios. Los detalles que podamos practicar hacia los demás, son la muestra de lo que podemos y debemos hacer y de lo que Dios nos tiene preparado. Recibir al Señor en su Palabra y en la Sagrada Eucaristía, nos hace fuertes y fieles creyentes.

Él tiene lo que nos falta y lo que necesitamos; cerca de Él encontraremos la paz, la fortaleza para hacer bien nuestro trabajo y el gozo en el servicio al prójimo. El Pan Vivo bajado del cielo, nos guía por el camino de la vida y seguirá siendo para nuestra alma, no sólo un punto de referencia, sino la plenitud de la vida en Dios.

El Santo Cura de Ars nos recuerda: “Dios mío, concédeme la gracia de amarte tanto cuanto yo sea capaz”. La oración, el sacrificio y el servicio serán fundamentales para caminar juntos, unidos al Señor, aceptando su invitación y agradeciéndole por su presencia real y verdadera en la Sagrada Eucaristía.

MARÍA NOS ENSEÑA A AMAR A SU HIJO


María Santísima, nuestra madre de la Consolación, nos da ejemplo para amar, llevar y compartir el pan vivo bajado del cielo. Ella es mujer y madre que ama, que da la fuerza necesaria a todos aquellos que se encuentran en dificultades, en problemas, en medio de zozobra y de falta de amor. Ella nos muestra el camino que en nombre de Jesús debemos recorrer, sin exclusión y con plena confianza en Él. Así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

lunes, 3 de agosto de 2015

La Transfiguración del Señor / Santo Cristo de La Grita, 6 de agosto de 2015


“¡QUÉ BIEN SE ESTÁ AQUÍ!”
El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables. Tiniebla y nube lo rodean, justicia y derecho sostienen su trono.(Sal 96,1-2)

Iª lectura: Dan 7, 9-10. 13-14; Salmo: 96; IIª lectura: 2Pe 1, 16-19; Evangelio: Mc 9, 2-10


En la fiesta de la Transfiguración del Señor, recordamos el rostro sereno de nuestro patrono: el Santo Cristo de la Grita. Sus facciones, su dolor, su serenidad, se muestran a cada fiel como un signo de lo que cada devoto busca en Él. Nuestra vida se centra en lo que significa para cada uno la presencia de Cristo crucificado y glorificado; su vida, su rostro, su ejemplo, son reglas de vida para seguir con convicción

CON JESÚS ESTAMOS BIEN

Una de las páginas más hermosas del Evangelio es esta: la Transfiguración de Jesús en presencia de Pedro, Santiago y Juan. Sin duda, muchas veces hemos sido testigos de la Palabra de Dios en cuanto somos parte de la Iglesia, pero aún así no ha sido suficiente para poder decir con Pedro: “qué bien se está aquí” (Mc 9,5).

Santo Cristo de los milagros de La Grita
La expresión del Apóstol es la de quien, viendo a Jesús y la plenitud de su compañía, no tiene necesidad de más nada. Los discípulos que ven a Jesús transfigurado se dan cuenta que la luz que irradia el Maestro está por encima de todos los problemas y vicisitudes de la vida, ellos no lo piensan dos veces, saben perfectamente que en Dios y con Él se está bien. Después de esa manifestación vuelve la vida cotidiana, lo que debemos experimentar y peregrinar para lograr estar en Dios y saber que podemos estar con Él y cumplir su voluntad para ayudar a quien lo necesite, incluso nosotros.

Estar bien con Jesús no es algo mágico, no confundamos las expresiones. Es algo real y concreto, verdadero y preciso, un toque de fe en nuestra vida para hacerla crecer en medio del ambiente donde nos desenvolvemos. La vida en Cristo implica también reconocerlo como parte fundamental de ella en nuestros corazones; si la vivimos, podremos repetir sin cansarnos: estamos bien con Jesús, no nos falta nada, no nos importa tanta superficialidad ni ambigüedades pues Él nos da la fuerza necesaria para caminar en su nombre y llevar la esperanza a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

MARÍA, TESTIGO DE LA LUZ

María Santísima nos enseña a caminar con Dios, confiar en Él y donarnos totalmente para descubrir a cada momento la transfiguración que realiza todos los días en nuestros corazones. Seamos testigos, portadores de paz y dispongámonos a servir al Señor llevando su mensaje de amor y esperanza, con obras concretas, pidiendo al Cristo del rostro sereno nos guíe a cada momento.

“Cristo amoroso que en la cruz clavado, tu pecho muestras por mi amor herido.
Lava en tu sangre con eterno olvido la mancha torpe de mi vil pecado.
Por ser fuente de bienes me has amado, y con muerte afrentosa redimido
Por serlo yo de males te he ofendido y tus santos preceptos quebrantado.
Tu real palabra has obligado a darme los bienes cuando yo te los pidiera,
¡Con tan gran caridad llegaste a amarme! ¡Oye, Señor mi petición postrera!
Pues moriste por solo perdonarme. ¡Perdóname, Señor antes que muera! Así sea.”

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


jueves, 30 de julio de 2015

XVIII° Domingo del Tiempo Ordinario, 2 de agosto de 2015

EL ALIMENTO QUE DA LA VIDA
“Hermanos: les digo y les pido en nombre del Señor que no vivan como viven los paganos, con sus vanos pensamientos. No es eso lo que ustedes han aprendido de Cristo.” (Ef 4,17.20)

Iº lectura: Ex 16, 2-4.12-15, Salmo: 77, IIº lectura: Ef 4, 17.20-24, Evangelio: Jn 6, 24- 35

Cuando comulgamos, el mismo Jesús con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, se dona totalmente en unión plena e íntima que nos configura a Él en modo real, a través de la transformación y asimilación de nuestra vida en la suya. Esto se destella a partir de la primera lectura, en la que se evidencia cómo Dios manifestó su providencia hacia los israelitas, en el desierto, dándoles el maná, símbolo y prefiguración de la Eucaristía. En la segunda lectura, San Pablo nos exhorta a revestirnos del hombre nuevo, dejando las cosas pasadas y renovándonos en lo que Dios nos ha enseñado en su Hijo Jesucristo.

BUSCAR EL ALIMENTO QUE DURA PARA LA VIDA ETERNA

La presencia real de Jesús en el Santísimo Sacramento nos ayuda a meditar sobre lo siguiente: ante todo, es sacrificio que nos redime, nos salva y nos purifica. En segundo lugar, es misterio por el cual cada cristiano siente admiración plena. En tercer lugar, es sacramento, en el cual nos deleitamos y participamos sin cesar. La nueva Evangelización debe llevar como bandera nuestro amor a Jesús Eucaristía y a la Santísima Virgen María. Ello conlleva a creer y vivir la fraternidad, la unión y el amor, si esto falta, la evangelización decae y no produce fruto. Seamos amantes de la Eucaristía y fieles al mensaje del Evangelio: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás” (Jn 6,35).

El Papa Francisco, nos dice: En la Eucaristía, Cristo siempre lleva a cabo nuevamente el don de sí mismo que ha realizado en la Cruz. Toda su vida es un acto de total entrega de sí mismo por amor; por eso Él amaba estar con sus discípulos y con las personas que tenía ocasión de conocer. Esto significaba para Él compartir sus deseos, sus problemas, lo que agitaba sus almas y sus vidas. Ahora, cuando participamos en la Santa Misa, nos encontramos con hombres y mujeres de todas las clases: jóvenes, ancianos, niños; pobres y acomodados; originarios del lugar y forasteros; acompañados por sus familiares y solos... Pero la Eucaristía que celebro, ¿me lleva a sentirlos a todos, realmente, como hermanos y hermanas? ¿Hace crecer en mí la capacidad de alegrarme con el que se alegra y de llorar con el que llora? ¿Me empuja a ir hacia los pobres, los enfermos, los marginados? ¿Me ayuda a reconocer en ellos el rostro de Jesús? Todos vamos a Misa porque amamos a Jesús y queremos compartir su pasión y su resurrección en la Eucaristía. Pero, ¿amamos como Jesús quiere que amemos a aquellos hermanos y hermanas más necesitados?” Papa Francisco, 12 de febrero de 2014.

MARÍA, MADRE DE LA EUCARISTÍA

María Santísima, conservando y guardando todo en su corazón, nos enseña el camino que debemos seguir para ser adoradores de la Eucaristía. Sigamos a Cristo, estemos junto a él y confiemos plenamente en su presencia en medio de nosotros, en medio de su pueblo. Así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com





miércoles, 22 de julio de 2015

XVII° Domingo del Tiempo Ordinario, 26 de julio de 2015

“Recojan los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie”
FIDELIDAD EN LO POCO
“Sean siempre humildes y amables, sean comprensivos, sobrellévense mutuamente con amor; esfuércense en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.” (Ef 4,2-3)

Iº lectura: II Rey 4, 42-44; Salmo: 144; IIº lectura: Ef 4, 1-6; Evangelio: Jn 6,1-15

Muchas personas de las aldeas vecinas fueron donde estaba Jesús. Mientras Él hablaba, ninguno pensó al cansancio ni que pudiesen faltar víveres para saciar su hambre y su sed. Fueron atrapados por las palabras de Jesús, por su presencia; sus corazones se llenaron de Él, olvidándose prácticamente del hambre y de la lejanía de sus casas. Con todo esto, Jesús se compadeció de la gente y comprende que deben ser saciados del alimento espiritual y material. El mismo sentimiento de compasión lo tuvo Eliseo y San Pablo, lo confirma, recordándonos que debemos tener sentimientos de humildad y amabilidad, ya que somos hijos de Dios y formamos parte de la Iglesia, una, santa, católica y apostólica.

“RECOJAN LOS PEDAZOS QUE HAN SOBRADO; QUE NADA SE DESPERDICIE.”

La vida del hombre, la de todos y cada uno de nosotros se forma de pequeños detalles y ellos orientan, en la medida en que cumplamos la voluntad de Dios, nuestro corazón hacia Él. Los pasos que damos en nuestra vida nos ayudan a caminar por la vía de la fe, de la esperanza y de la caridad. Dios nos pide respondamos positivamente a su llamada. Todo ello se manifiesta en lo que vivimos cada día, en la familia, en el trabajo, en las comunidades a las que pertenecemos. Los pequeños detalles no mueven la vanidad y hacen que en la vida se aprecien los valores que mueven los corazones y las almas.

Muchas personas no aplauden los gestos de quien en la vida cotidiana realiza actos de caridad y generosidad, pues ven en ellos superficialidad y simplicidad. De esto nos da ejemplo Jesús al momento de pedirnos que no desperdiciemos nada de aquello que se nos da, ya que lo que proviene de Él, no le sobra sino le pertenece y desea que nosotros, sus discípulos sigamos sus pasos y participemos de ello. Ayudemos a quienes lo necesitan y no dejemos de dar con generosidad y sin recelo, para así poder aprender a ser verdaderos testigos del Evangelio de la verdad.

MARÍA, MADRE DE LA SENCILLEZ Y LA HUMILDAD

Nuestra Madre del Cielo, María Santísima, nos ayudará a valorar los detalles que puedan parecer insignificantes. Cada día podemos dar los pasos necesarios para llegar a Dios y en Él tendremos la certeza que recogeremos, no aquello que nos sobra, sino aquello que espiritualmente nos pertenece y que podremos compartir con aquellos que necesitan. Así sea.
José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com



jueves, 16 de julio de 2015

XVI° Domingo del Tiempo Ordinario, 19 de julio de 2015


COMO CRISTO, PASTOR
“Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.” (Mc 6,34)

Iº lectura: Jer 23,1-6; Salmo: 22; IIº lectura: Ef 2,13-18; Evangelio: Mc 6,30-34

En la liturgia de hoy, el profeta Jeremías nos muestra cual será la actitud del Mesías y cómo será con todos y cada uno de nosotros. Se nos presenta la figura del Pastor que nos hace reposar, nos guía por senderos justos y nos da tranquilidad al alma, así como el deseo de paz que Dios quiere para con sus hijos y cómo debemos, en nuestra vida cotidiana: comportarnos entre nosotros y en la relación con Él. El Evangelio muestra la solicitud que nos hace Jesús en la persona de sus discípulos con el fin de saber cómo podemos predicar y vivir el Evangelio a todos los lugares y a todas las personas.

“VENGAN USTEDES SOLOS A UN SITIO TRANQUILO A DESCANSAR UN POCO”

Nuestra vida, que es y debe ser servicio a Cristo, a la familia, a las comunidades, a la sociedad, está hecha de trabajo, dedicación y entrega a los demás. No debemos asombrarnos si se siente el peso del cansancio y la necesidad de descansar. Durante el tiempo libre recuperamos fuerzas y voluntad para servir mejor en lo que hacemos cotidianamente. No transcurramos el tiempo de las vacaciones sin hacer nada. “Descanso” significa sobre todo, recuperar fuerzas, ideales, proyectos, cambio de actividad, para regresar luego con más ilusión y fortaleza a trabajar y servir en lo que se nos ha encomendado. El Papa Francisco recuerda de manera particular a los sacerdotes que: El perfume de su vida será el testimonio, porque el ejemplo edifica, pero las palabras sin ejemplo son palabras vacías, son ideas y no llegan nunca al corazón y hacen mal: ¡no hacen bien!(Papa Francisco, 26 de abril de 2015).

En la actualidad se confunde el descanso con “vagancia”, se busca “descansar” sin tener en cuenta que hay que buscar la presencia de Dios y cultivar día a día el amor y la paz que se obtienen del contacto que se establece con Él. Es necesario, en este tiempo de vacaciones, alimentarnos de la palabra de Dios, de buenas acciones y de todo aquello que nos lleve a experimentar ser testigos del Evangelio y promotores de la paz, la misión de cristianos, la justicia y la reconciliación en medio del mundo. Es por ello que se hace necesario “tener siempre…el ejemplo del Buen Pastor, que no ha venido para ser servido, sino para servir, no para  permanecer en sus comodidades, sino para salir y buscar y salvar aquello que estaba perdido” (Papa Francisco, 26 de abril de 2015).

UNIDOS COMO HERMANOS A TRAVÉS DE MARÍA SANTÍSIMA

De la mano con María, todos y cada uno de nosotros podemos pedir a Dios ser fieles, disponibles y sinceros con Él y con nosotros mismos. Muchas personas desean de nosotros el testimonio y la ayuda necesarios para poder encontrar la paz, la armonía y la solidaridad. Como discípulos, caminemos junto a María en la construcción de un mundo en el cual la mirada a Jesús sea fundamental y aceptar los propios errores sean parte de la vida del cristiano. Así sea.
José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...