José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
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jueves, 24 de marzo de 2016

Jueves Santo, 24 de marzo de 2016

Jueves Santo
“EN CONMEMORACIÓN MÍA”
“Les he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con ustedes, ustedes también lo hagan.” (Jn 13,15)

I° lectura: Ex 12,1-8.11-14, Salmo: 115, II° lectura: 1Cor 11,23-26, Evangelio: Jn 13,1-15

El Jueves Santo es un día especial, porque junto a la institución de la Eucaristía y el Sacerdocio, se presenta el hecho mismo que nos lleva a todos a agradecer a Dios ser testigos del Evangelio y propagadores, de la unión a Dios y la paz para todos. La mesa que Jesús junto a sus discípulos prepara en este día, es para todos, en la cual participamos, desde siempre, en la celebración de la Pascua. En este día se nos invita a participar del amor de Dios en modo excepcional: tenemos el deber de agradecer al Señor todo lo que ha hecho por nosotros y de estar junto a él, viviendo el memorial de su pasión, por siempre y para siempre.

“¿COMPRENDEN LO QUE HE HECHO CON USTEDES?”

No es de extrañar la actitud de Jesús con los discípulos. Es un gesto que muestra la entrega y el amor por cada uno de sus hermanos, de sus amigos; es lo que ha hecho en su vida pública y privada. Los discípulos no son siervos, son amigos del Maestro y Él, fiel a su misión, da ejemplo sublime de fidelidad y amistad para con los suyos.

El Jueves Santo nos enseña que estamos llamados a seguir el ejemplo de Jesús, Maestro del amor, quien nos demuestra con el lavatorio del los pies y la institución de la Eucaristía y del Sacerdocio, el camino que cada cristiano tiene preparado para su vida. Fijémonos en el detalle extraordinario del milagro eucarístico con especies tan sencillas y pequeñas respecto a la grandeza de Dios. El pan ázimo y el vino se presentan como elementos fundamentales en una cena entre amigos, un encuentro que recuerda la pascua y con el cual se conmemorará la presencia real de Jesús en medio de su pueblo.

Cada vez que celebramos la Eucaristía vivimos cada momento de ese encuentro de Jesús con sus discípulos en aquella noche de la última cena. Hoy también estamos invitados a compartir el pan y el vino de la caridad con los demás, es decir, cada acto de amor que tengamos hacia los demás, se convierte en caridad y en misericordia. Miremos a nuestro alrededor y seamos prójimo con el prójimo, seamos conscientes de las necesidades que nos rodean y de las situaciones que se presentan cada día y a cada instante. Compartamos, no solo en este día sino siempre, la cena que nos invita a comprender que Jesús lo que hace, lo hace por amor total, entrega plena y conciencia de su misión con nosotros y junto a nosotros.

MARÍA, GUÍA DEL AMOR

En estos días la presencia de María es fundamental, ya que nos lleva a Jesús y nos acompaña en su pasión, muerte y resurrección. Ella nos lleva de la mano y nos enseña cómo se vive el dolor que lleva al gozo; nos acompaña para no sentirnos solos y poder experimentar que el gesto de amor del Maestro es el camino que debemos seguir.

Estar junto a Jesús en estos días nos ayudará a comprender que su amor está por encima de otras cosas y, es por ello que, les invito a participar activamente en las ceremonias que se realizarán en todas las comunidades parroquiales. Jesús nos espera, unámonos a Él como discípulos y misioneros en esta Nueva Evangelización. Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

jueves, 17 de marzo de 2016

Domingo de Ramos, 20 de marzo de 2016

BENDITO SIEMPRE BENDITO...
“…de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: ¡Jesucristo es Señor!, para gloria de Dios Padre.”

El itinerario cuaresmal nos conduce a la salvación que, a través de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, se revela parte fundamental de nuestra vida cristiana. Los cristianos, de todo tiempo, estamos llamados a mirar y vivir este itinerario con esperanza y sinceridad. 

Ello nos enseña que Jesús, entrando en Jerusalén, entra igualmente en nuestra vida, en nuestro corazón. Es un camino de fe que muestra la misericordia, el perdón, la cercanía así como la confianza que Dios coloca en nosotros.

EL ITINERARIO CUARESMAL: UN CAMINO DE VIDA

Durante la Cuaresma, se nos ha mostrado la misericordia de Dios en varias perspectivas y su luz ilumina nuestra vida dejando fe que su amor es más grande de lo que podamos pensar o sentir. Jesús quiere entrar en nuestro corazón y se hace realidad al realizar una gran procesión: no sólo la del domingo de ramos o la del itinerario cuaresmal sino una procesión que se presenta como la prolongación de la vida en Él, de su amor al pueblo que clama justicia y que, a su vez, desea no perder la esperanza. 

Jerusalén se viste de gala, se llena de gozo, es privilegiada ante la presencia del maestro. Hoy Jerusalén representa todo el mundo, todos aquellos lugares donde, viviendo de nuevo ese momento triunfal, colocan alfombras de vida y gritan de júbilo ante la presencia de Jesús que, con sobriedad, nos pide seamos testigos de su mensaje de salvación.

El hombre de hoy es iluminado por el paso del Maestro; las palmas y los ramos se mueven y se agitan gracias a la oración y la misericordia que vienen de Dios; los cantos de alabanza son la voz de tantos hombres y mujeres que claman justicia, paz, igualdad, tranquilidad en un mundo envuelto en el materialismo, superficialidad y crisis real ante lo cual no pierde la esperanza de una reconciliación sincera y una solución verdadera a todo ello.

Escuchemos a Cristo, no podemos echarnos para atrás. Es fundamental ver este camino de vida como un despertar ante la pasividad y la falta de amor que se presenta en el mundo y de lo cual nos convertimos en portavoces. Cuando Jesús entra en Jerusalén, entra en cada una de nuestras vidas, entra en la vida de la Iglesia y ello nos lleva a indicarle el camino a los demás en la vía de la justicia, del diálogo, la paz, la unidad y hacer de ello una experiencia cierta de lo que realmente debemos hacer.


MARÍA NOS ACOMPAÑA HOY Y SIEMPRE

En la gran procesión de la vida, del itinerario cristiano de todos y cada uno de nosotros, está la presencia maternal de María. Ella nos acompaña y nos guía a la participación de la pasión, muerte y resurrección de su hijo, quien con su amor infinito da su vida por cada hombre y cada mujer. Como discípulos y misioneros, unámonos más a Cristo y participemos en las ceremonias de Semana Santa de nuestras comunidades llevando el mensaje del Evangelio, mensaje de paz, de esperanza, de justicia. Así sea.


José Lucio León Duque


sábado, 12 de marzo de 2016

V° Domingo de Cuaresma, 13 de marzo de 2016

“…YO TAMPOCO TE CONDENO”
“Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio, al que Dios desde arriba llama en Cristo Jesús.”

I° lectura: Is 43, 16-21; Salmo: 125; II° lectura: Fil 3, 8-14; Evangelio: Jn 8, 1- 11

Estamos viviendo el tiempo de Cuaresma, tiempo de gracia y de conversión. Como todo momento de nuestra vida es el tiempo de bendición y gracia que nos llama a volver nuestra mirada a Jesucristo quien nos invita a vivir la plenitud y la pureza de nuestro camino de vida espiritual.  Es un tiempo que nos hace gustar y vivir la misericordia de Dios, la cual totalmente diversa a la justicia que empleamos nosotros, siempre listos a enderezar a quien se equivoca, menos a nosotros mismos olvidando el verdadero interés que debemos tener: nuestra salvación.

¿QUÉ ESCRIBE JESÚS?

Jesús se encuentra ante una mujer sorprendida en adulterio. La colocan delante de Él para tenderle una trampa: si se muestra misericordioso, estaría en contra de la Ley de Moisés; si aprueba la condena, contradice el anuncio de Dios que acoge y perdona.  Él desenmascara el contenido de la trampa, colocando a cada uno ante su propia conciencia: “El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra” (Jn 8,7). Jesús no se hace cómplice de la hipocresía de algunos, ni tampoco del pecado de la mujer, sino que se inclina a escribir en el suelo. Este es un gesto maravilloso y de gran profundidad. ¿Qué escribe Jesús? Podríamos decir muchas cosas al respecto y reflexionar sobre este hecho, pero el Maestro no dice nada. Jesús para escribir se inclinó y tocó la tierra, se colocó al nivel de aquella mujer.

En este gesto, sencillo y grande a la vez, vemos a Dios encarnado en su Hijo que vino a tocar nuestra tierra. Somos nada ante Dios pero somos todo para Él, pues inclinándose y tocando la tierra nos hace levantar para encontrarnos con su vida, con su presencia, con su misericordia. Podemos tener la tentación de mirar a los demás “de arriba abajo” -como se suele decir- señalándoles cual jueces insensibles, pero se nos enseña algo novedoso: el perdón, gran novedad en el amor de Dios, que pasa a través de Jesús y que es un don que solo Él da en plenitud.

Él muestra la misericordia del Padre e invita a la mujer a no pecar más. Solo el Dios del amor podía juntar tanta riqueza y tantos valores a la vez: los “justicieros” reconocen su pecado y se van; la misericordia triunfa; la conversión se perfila como un estilo de vida para nosotros. 

¿Somos capaces de dejar caer las piedras de nuestras manos? O por el contrario, ¿dejamos que triunfe nuestra arrogancia y el deseo de hacer justicia a nuestro modo?  Si deseamos ser testigos y misioneros, es necesario reconocer nuestro pecado, vivir en un estado de constante conversión, compartir los bienes, hasta aquellos materiales, que Dios, nuestro padre bueno ha colocado a nuestra disposición. Solo así el anuncio del amor misericordioso del Señor será creíble y convincente, porque se vive en su nombre.

MARÍA, REINA DE LA PAZ Y LA MISERICORDIA

Nuestra Madre Santísima, la Virgen María, guía el corazón y la vida del hombre a seguir la voz de Dios, escuchar y vivir las enseñanzas de su hijo y alejar de nuestra vida la presencia del maligno que nos puede convertir en jueces sin sensibilidad. 

Cada día ofrezcamos detalles de amor a María Santísima por nuestra conversión, por los enfermos, por quien lo necesita, por el Santo Padre Francisco, por nuestro obispo Mario del Valle, por nuestra Iglesia diocesana, de la que todos somos parte fundamental con la oración, el servicio y el trabajo. Así sea.

“La primera verdad de la Iglesia es el amor de Cristo. De este amor, que llega hasta el perdón y al don de sí, la Iglesia se hace sierva y mediadora ante los hombres. Por tanto, donde la Iglesia esté presente, allí debe ser evidente la misericordia del Padre. En nuestras parroquias, en las comunidades, en las asociaciones y movimientos, en fin, dondequiera que haya cristianos, cualquiera debería poder encontrar un oasis de misericordia.”
Papa Francisco, misericodiae vultus, 12

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


jueves, 3 de marzo de 2016

IV° Domingo de Cuaresma, 6 de marzo de 2016

LA CARICIA DE DIOS
"Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido, y lo hemos encontrado."

Iº lectura: Jos 5, 9a.10-12; Salmo: Salmo 33; IIº lectura: 2Cor 5, 17-21; Evangelio:Lc 15- 1-3.11-32

El episodio del Evangelio de hoy, es conocido como la parábola del hijo pródigo. Podría ser llamada: la parábola del padre misericordioso, un padre lleno de misericordia hacia ese hijo, quien no tuvo la prudencia en cómo pedirle a su padre lo que le correspondía como herencia. Es prácticamente decirle al padre: “no existes para mí, dame lo mío”. El padre, aún no estando en la obligación de darle en vida su herencia, se la da. 

El hijo se va, piensa solo en él, en más nada. Se rodea de soberbia y se marcha a malgastar lo que su padre le dio. La necesidad, la escasez, la falta de cuidado en no malgastar lo que tenía lo llevó a reflexionar, a pensar de nuevo en ese padre que rechazó pero que, en el fondo, sabía muy bien quién era.

UN AMOR SIN LÍMITE…

Llama la atención la actitud del padre. Una actitud de misericordia sin límite. No se puede decir que el hijo regresara justamente por el amor hacia su padre o por el arrepentimiento de la falta cometida, o por la nostalgia de la casa…él sabía que ese padre que, aún sufriendo le dejó ir, está allí para recibirle con los brazos abiertos llenos de amor y misericordia. 

Jesús nos enseña con este episodio: ante todo el hecho de que, en ocasiones, nos dejamos llevar por los impulsos caprichosos y soberbios y no miramos más allá de lo que nos ofrece la vida misma; en segundo lugar, nos enseña con la actitud del hijo menor que debemos cuidar lo que se nos da, porque en la mayoría de los casos, se nos da la oportunidad de ser guardianes del amor que viene de Dios; en tercer lugar, con la actitud del padre se nos indica el camino que debemos recorrer: “hijo, tu siempre estás conmigo, ello nos lleva a dejarnos amar por el padre y sentirnos satisfechos de pasar de la muerte a la vida, siendo promotores de paz, comprensión y misericordia; y por último, con la actitud del hermano mayor, darnos cuenta que, en muchas ocasiones, nos dirigimos a los demás con la frase “ese hijo tuyo”, no siendo conscientes que, ante la mirada de Dios, todos y cada uno de nosotros, sin exclusión, recibimos su caricia de amor, con misericordia sin límite. 

Aprendamos de esta parábola a ser misericordiosos y a no pretender de los demás lo que de nosotros no nace, recordemos: “Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia”.

MARÍA, EJEMPLO DE AMOR Y MISERICORDIA

La vida de Nuestra Madre del cielo es ejemplo para nosotros. Ella, quien junto a Jesús nos enseña a vivir, nos da las pautas para verificar y practicar en esta cuaresma los propósitos que nos hayamos trazado.  Uno de ellos es seguir el itinerario que Jesús nos propone: la oración, el ayuno y la limosna, escuchando sus palabras y actuando, en espíritu y verdad, como verdaderos discípulos suyos que se unen a Él. Así sea.

“En las parábolas dedicadas a la misericordia, Jesús revela la naturaleza de Dios como la de un Padre que jamás se da por vencido hasta tanto no haya disuelto el pecado y superado el rechazo con la compasión y la misericordia. Conocemos estas parábolas; tres en particular: la de la oveja perdida y de la moneda extraviada, y la del padre y los dos hijos (cfr Lc 15,1-32). En estas parábolas, Dios es presentado siempre lleno de alegría, sobre todo cuando perdona. En ellas encontramos el núcleo del Evangelio y de nuestra fe, porque la misericordia se muestra como la fuerza que todo vence, que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón.”

Papa Francisco, Misericordiae vultus, 9

 José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com


sábado, 27 de febrero de 2016

III° Domingo de Cuaresma, 28 de febrero de 2016

DIOS NOS HABLA, ¡ÉL ES…!  
“Esto dirás a los israelitas: Yahvé, Dios de sus padres, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a ustedes: Este es mi nombre para siempre; así me llamarán de generación en generación”.

Iº lectura: Ex 3,1-8ª.13-15; Salmo: 102; IIº lectura: 1Cor 10,1-6.10-12; Evangelio: Lc 13,1-9

El itinerario cuaresmal, camino hacia la Pascua, nos invita a discernir cada instante de nuestra vida, como un encuentro particular y especial con Jesús, el cual nos motiva nuevamente ir más allá de nuestro pensamiento y encontrar en Él la vía que, como discípulos y misioneros, nos anima a seguir adelante hacia la verdadera conversión.

Las lecturas en este domingo nos hacen reflexionar sobre la presencia de Dios en nuestro camino. Así como Moisés ante la zarza ardiente, también nosotros estamos llamados a confiar en la Palabra del Señor, quien nos guía, nos habla e interpela, como a él. Bendecir a Dios y no olvidar sus beneficios, es un deber que tenemos como cristianos y debemos alimentar siempre. No debemos dar paso a la presunción, ya que ésta obstaculiza el camino de la Fe, “el que se cree seguro, ¡cuidado, no caiga!”. Estamos invitados a la conversión sincera, sabiendo que el viñador tiene paciencia con la higuera de nuestra vida, confiando en que solo en Dios está nuestra fuerza. 

DIOS ES MISERICORDIA…

La parábola de la higuera, nos recuerda en cierto sentido, la parábola del hijo pródigo: se nos da la oportunidad de mejorar, convertirnos, reconocer la paciencia que Dios nos tiene y volver a estar en el camino que Él nos tiene preparado.

En primer lugar, hablar de paciencia es hablar de misericordia y bondad. Es un tema de reflexión que cae muy bien en este tiempo de Cuaresma y que nos sumerge en el misterio de la actitud de Dios: una actitud de sensibilidad y ternura plena que mueve y conmueve al hombre en su camino cotidiano de conversión.

En segundo lugar,  podemos constatar que el amor de Dios es eterno, desde siempre y para siempre, se conserva y se manifiesta en nosotros y ello nos mueve a ver en el prójimo su rostro que inspira el deseo de actuar con misericordia.

En tercer lugar se nos invita a reconocer la confianza de Dios para con sus hijos. Estamos seguros si fijamos nuestra mirada en Él; estamos seguros, si oramos y nos unimos a Él. Esto nos dará confianza y nos ayudará en la misión a la que todos estamos invitados a transmitir y vivir, pues con paciencia y constancia, tendremos la oportunidad de ver los frutos de la predicación y el testimonio del Evangelio: una respuesta positiva a la llamada que Dios nos hace. 

¡Qué grandeza y misericordia la de nuestro buen Dios! Dios tiene paciencia con nosotros, no nos corta y nos cuida con todo el amor posible que emana de Él; somos como la higuera de la parábola y estamos bajo su mirada, atención y paciencia: Él cree aún en el hombre y el hombre está llamado a creer en Él, para poder dar buenos frutos en el jardín de la historia de nuestra vida, optando por ser auténticos cristianos siendo testigos de su Palabra en medio del mundo.

MARÍA, MADRE DE LA PALABRA

Nuestra Madre del cielo, María Santísima, nos da ejemplo de cómo seguir los pasos de Jesús. El testimonio de vida cristiana, al que todos estamos llamados a participar, nos encamina a vivir como discípulos y misioneros y el deseo de llevar el mensaje de Jesús a todos. Así sea.

“La misericordia de Dios es su responsabilidad por nosotros. Él se siente responsable, es decir, desea nuestro bien y quiere vernos felices, colmados de alegría y serenos. Es sobre esta misma amplitud de onda que se debe orientar el amor misericordioso de los cristianos. Como ama el Padre, así aman los hijos. Como Él es misericordioso, así estamos nosotros llamados a ser misericordiosos los unos con los otros.”

Papa Francisco, Misericordiae Vultus, 9

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


viernes, 19 de febrero de 2016

II° Domingo de Cuaresma, 21 de febrero de 2016

“¡QUÉ BIEN SE ESTÁ AQUÍ!”
“El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? (Sal 26,1)

Iº lectura: Gen 15,5-12.17-18; Salmo: 26; IIº lectura: Fil 3,17-4,1; Evangelio: Lc 9, 28-36

El segundo domingo de cuaresma se llena de luz y se refleja en el corazón del hombre cuando resplandece la esperanza en aquellos que se sienten abatidos por el pecado y la falta de amor hacia el prójimo. Es necesario bendecir, donar los sentimientos buenos que el Señor gratuitamente nos da, seguir el ejemplo de Dios que en la persona del padre de la fe, Abrahán, demuestra el amor tan grande que nos tiene. Su palabra es sincera, leal, justa y recta, eso es un llamado al cual todos debemos dirigir nuestra mirada. La vida del cristiano se refleja en las palabras de San Pablo quien nos invita a tomar parte en el trabajo del evangelio, pues manteniéndonos en el Señor obtendremos la gracia de su salvación.

CON JESÚS ESTAMOS BIEN

Una de las páginas más hermosas del Evangelio es esta: la Transfiguración de Jesús en presencia de Pedro, Santiago y Juan. Sin duda, muchas veces hemos sido testigos de la Palabra de Dios en cuanto somos parte de la Iglesia, Dios se nos ha manifestado en muchas ocasiones, situaciones y personas, pero aún así no ha sido suficiente para poder decir con Pedro: “qué bien se está aquí” (Lc 9,33). 

La expresión del apóstol es la de quien, viendo a Jesús en la plenitud de su presencia y compañía, no tiene necesidad de más nada. Los discípulos que ven a Jesús transfigurado se dan cuenta que esa luz que irradia el maestro está por encima de todos los problemas y vicisitudes de la vida y ellos no lo piensan dos veces, saben perfectamente que en Dios y con Él se está bien. Después de esa manifestación vuelve la vida cotidiana, lo que debemos experimentar y peregrinar para lograr estar en Dios y saber que, en medio de las dificultades, podemos estar con Él y cumplir su voluntad para ayudar a quien lo necesite, incluidos nosotros mismos. 

Estar bien con Jesús nos hace reflexionar de manera concreta sobre la capacidad que tenemos de apreciar y maravillarnos de su presencia. Ello conlleva a encontrarnos con Él principalmente en la oración y luego en la realidad de lo cotidiano, en los pobres y excluidos, en cada momento en que experimentamos la necesidad de Dios, en todo aquello que forma parte de nuestra vida. No es algo mágico, no confundamos las expresiones. Es algo completamente real y concreto, verdadero y preciso, un toque de fe en nuestra vida para hacerla crecer en medio del ambiente donde nos desenvolvamos. 

La vida en Cristo implica también reconocerlo como parte fundamental de ella en nuestros corazones; si la vivimos, podremos repetir sin cansarnos: ¡estamos bien con Jesús!, no nos falta nada, no nos importa tanta superficialidad ni ambigüedades pues Jesús nos da la fuerza necesaria para caminar en su nombre y llevar la esperanza a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

MARÍA, TESTIGO DE LA LUZ Y DEL AMOR DE DIOS

El hombre y la mujer de hoy necesitan poder decir que Jesús es la felicidad que da vida, esperanza y paz. Esa es parte fundamental de la evangelización: vivir en Dios y de allí llevar el Evangelio a todas las personas que lo necesitan. 

María Santísima nuestra Madre, nos enseña a caminar en Dios, confiar en Él y donarnos totalmente para descubrir a cada momento la transfiguración que realiza todos los días en nuestros corazones. Seamos testigos, portadores de paz y, como discípulos y misioneros, dispongámonos a servir al Señor llevando su mensaje de amor y esperanza, con obras y gestos concretos, en este tiempo de cuaresma. Así sea.

“Su persona no es otra cosa sino amor. Un amor que se dona y ofrece gratuitamente. Sus relaciones con las personas que se le acercan dejan ver algo único e irrepetible. Los signos que realiza, sobre todo hacia los pecadores, hacia las personas pobres, excluidas, enfermas y sufrientes llevan consigo el distintivo de la misericordia. En él todo habla de misericordia. Nada en Él es falto de compasión.”

S.S. Francisco, misericordiae vultus, 8

 José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


sábado, 13 de febrero de 2016

I° Domingo de Cuaresma, 14 de febrero de 2016

I° Domingo de Cuaresma
¿EN QUIÉN CONFIAMOS?
“En efecto, hay que creer con el corazón para alcanzar la santidad y declarar con la boca para alcanzar la salvación”

Iº lectura: Dt 26,4-10: Salmo: 90; IIº lectura: Rom 10,8-13; Evangelio: Lc 4,1-13

Los dos primeros domingos de Cuaresma nos proponen en el Evangelio las tentaciones de Jesús y su Transfiguración, que se presentan en los tres evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) y se colocan como tema de reflexión para una meditación que nos ayude a vivir de la mejor manera el tiempo favorable de la Cuaresma. La tentación que se presenta a Jesús, es motivo para sentirnos confortados, no satisfechos, y saber que Él viene en ayuda de quienes son tentados y sufren por ello, es decir, prácticamente todos...

EN LAS MANOS DE DIOS…

Nos indica el Evangelio que, después de estar lleno del Espíritu Santo, Jesús fue transportado en el desierto y allí fue tentado por el demonio. El episodio, contado en este año por el evangelista Lucas, entre otras cosas da importancia al tema de la tentación misma. Se muestra a Jesús verdadero hombre, en toda su humanidad y, por ende, en total conexión con nuestra condición humana.

En realidad, la posibilidad de ser tentados es indicio importante de la dignidad del hombre, creado por Dios libre, y por ello capaz de buscar su camino, su vocación, su dignidad, aún en medio de las dificultades. Tenemos, en el plano espiritual, nuestra existencia siempre en riesgo y ahí está el desafío que, como seguidores de Jesús, debemos afrontar con todas nuestra fuerzas.

Cada día debemos encomendarnos a Dios, revisar cómo estamos cumpliendo su voluntad, invocarlo en cada momento y colocar en Él, nuestra vida, nuestro ser, nuestra existencia en plenitud. Todos y cada uno de nosotros, quienes nos manifestamos cristianos, tenemos el deber de profundizar en la propia vocación y, por tanto, en la responsabilidad de hacer crecer en nosotros la luz que nos ayudará siempre a discernir mejor nuestra actitud ante las situaciones en que nos encontremos.

En este tiempo de Cuaresma hagamos propósitos reales, verdaderos y factibles. Que nuestra vida sea de Cristo y en Él, podamos confiar totalmente, ayudando a los demás con justicia, siendo discípulos y misioneros según el corazón misericordioso de Dios.

MARÍA NOS ACOMPAÑA EN LA CUARESMA

Coloquemos nuestra vida en manos de María, nuestra Madre, a fin de que ella sea quien interceda ante Dios por todos y cada uno de sus hijos, para poder seguir ejercitándonos espiritualmente y así ganar la batalla contra el mal, siendo portadores del mensaje de paz que, como discípulos y misioneros, todos estamos llamados a extender. Así sea.

“La misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia. Es siempre un milagro el que la misericordia divina se irradie en la vida de cada uno de nosotros, impulsándonos a amar al prójimo y animándonos a vivir lo que la tradición de la Iglesia llama las obras de misericordia corporales y espirituales.”
(Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2016)

 José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


sábado, 6 de febrero de 2016

V° Domingo del Tiempo Ordinario, 7 de febrero de 2016

“LO SIGUIERON”… ¿Y NOSOTROS? 
“Entonces escuché la voz del Señor que decía: ¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí? Contesté: Aquí estoy, mándame.”

Iº lectura: Is 6, 1-2a.3-8; Salmo: 137; IIº lectura: 1Cor 15, 1-11; Evangelio: Lc 5, 1-11

Jesús sube en la barca de Simón Pedro, entra en la vida y en la historia de este pescador. El maestro ya había estado en su casa para curar a su suegra, y ahora en la barca, en su realidad de pescador para cambiar su visión de la vida y de los hombres. La narración sugiere acciones que crean cambios en el corazón y en las relaciones entre personas.

Al inicio Jesús reconoce a Simón como el propietario de las barcas, como el jefe de ese grupo de pescadores y le pide alejarse un poco de la orilla. Allí, con esa autoridad y ternura que le caracteriza, ordena a Simón remar mar adentro y lanzar las redes…lo hizo, escuchó a Jesús y su palabra fue determinante para el cambio de vida.

“…POR TU PALABRA, ECHARÉ LAS REDES.”

Simón llama a Jesús: maestro, es decir, aquel que está derecho delante de otro, la verdadera posición del jefe y del maestro. Simón reconoce a Jesús como el que enseña y como el que manda; cede voluntariamente ante el mandato del maestro y su palabra: “echa las redes” a pesar de las dificultades encontradas por aquellos hombres, cuyo oficio era justamente ese y del cual eran grandes conocedores.

San Lucas subraya la acción obediente de Simón y de los otros pescadores, “y, puestos a la obra”, es decir, hicieron lo que Jesús les mandaba. La fe al inicio se manifiesta en una historia concreta, acogiendo la palabra que pide el abandono en Dios, más que en cualquier otra cosa. La dos barcas se llenaron casi hasta hundirse…la palabra de Jesús da como fruto la abundancia, la plenitud, el significado de la confianza total en Dios.

En este contexto Simón llama a Jesús Señor y Jesús llama a Simón piedra, en un primer momento un nombre que expresa la dureza y en un segundo momento el fundamento de la Iglesia. Nosotros estamos ante la palabra de Jesús, quien desea de nosotros que seamos fundamento, pilares, buenos hijos de Dios y no personas de dura cerviz, que viven en la testarudez y no dan espacio a su presencia en la vida de cada quien.

Si decimos SI, quiere decir que estamos entendiendo lo que debemos hacer. Si la actitud en cambio es de ambigüedad, es señal de que hay que luchar aún más por encontrar en Dios el verdadero rumbo que nos lleva al justo equilibrio y a vivir en sintonía con Él.

MARÍA, MAESTRA DE DISPONIBILIDAD PARA ESCUCHAR

En Nuestra Madre del cielo encontramos el ejemplo para ser libres y decididos a seguir a Jesús. Ella nos enseña que, aceptando la voluntad de Dios a ejemplo de su “fiat”, es posible dar testimonio de la sabiduría de Dios, predicando con el ejemplo, siguiendo el camino de la libertad con decisión firme, como discípulos y misioneros del Evangelio de la verdad. Así sea.
P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com



IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...