José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
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jueves, 29 de septiembre de 2016

XXVII° Domingo del Tiempo Ordinario, 2 de octubre de 2016

“AUMENTANOS LA FE”
“Reaviva el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio.”  (Tim 1, 6)

I° lectura: Hab 1,2-3;2,2-4; Salmo: 94; II° lectura: Tim 1,6-8.13-14; Evangelio: Luc 17,5-10

La fe es un don que viene de lo Alto, que está en continuo crecimiento y requiere la transformación de nuestro corazón, de la misma vida. Se reaviva y se conquista cotidianamente con nuestra fidelidad y nuestra relación con Dios. Una relación que Jesús define con la comprensión de ser “siervos inútiles” (Lc 17,10) y hace aumentar la percepción de ser hijos amados, apreciados, convocados como familia de Dios que somos, y que por consiguiente, corresponde a su llamada para así gustar y encontrar nuestra verdadera casa: la gloria. “Es urgente recuperar el carácter luminoso propio de la fe, pues cuando su llama se apaga, todas las otras luces acaban languideciendo. Y es que la característica propia de la luz de la fe es la capacidad de iluminar toda la existencia del hombre.” SS. Francisco, Lumen Fidei, 4.

REAVIVAR EL DON DE DIOS

Jesús da a sus discípulos una regla sencilla la cual todos, sin excepción, podrán observar. Las cosas complejas y difíciles no pertenecen a Jesús, Él ama la sencillez. La cruz es su perfecta sencillez y entrega, pues ella es reflejo y testimonio de la obediencia pura.

Para Jesús la sencillez de la Fe y su pequeñez se llama obediencia y docilidad: obediencia a su palabra que transforma la vida con docilidad. “La mayor prueba de la fiabilidad del amor de Cristo se encuentra en su muerte por los hombres. Si dar la vida por los amigos es la demostración más grande de amor (cf. Jn 15,13), Jesús ha ofrecido la suya por todos, también por los que eran sus enemigos, para transformar los corazones.” SS. Francisco, Lumen Fidei, 16.

Jesús pide que la obediencia sea vivida en la humildad, sin pretensiones ante Dios. Obedecer es el fruto de la naturaleza humana. Un árbol que produce frutos según su naturaleza, obedece a lo que le es propio, sin necesidad de grandes espectáculos ni nada de extraordinario.  Así como la naturaleza del árbol obedece dando frutos, así la naturaleza del hombre obedece en la transformación de la palabra en vida, para sí mismo y para los demás.

Fructificar implica saber donarse, ayudar al prójimo, siendo testigos de lo que el mismo Señor nos pide expresar: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer." (Lc 17, 10). Esto nos lleva a entender la necesidad de sembrar cada día lo que realmente se hace menester en la vida del hombre: la paz, la fraternidad, la entrega, la caridad hacia los demás. “Al hombre que sufre, Dios no le da un razonamiento que explique todo, sino que le responde con una presencia que le acompaña, con una historia de bien que se une a toda historia de sufrimiento para abrir en ella un resquicio de luz. En Cristo, Dios mismo ha querido compartir con nosotros este camino y ofrecernos su mirada para darnos luz. Cristo es aquel que, habiendo soportado el dolor, « inició y completa nuestra fe » (Hb 12,2).” SS. Francisco, Lumen Fidei, 57.

MADRE DE LA FE
“Podemos decir que en la Bienaventurada Virgen María se realiza…que el creyente está totalmente implicado en su confesión de fe. María está íntimamente asociada, por su unión con Cristo, a lo que creemos. SS. Francisco, Lumen Fidei, 59. Ella nos guie por caminos de Esperanza, Fe y Caridad. Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

viernes, 23 de septiembre de 2016

XXVI° Domingo del Tiempo Ordinario, 25 de septiembre de 2016

ME ENCONTRÉ CON EL POBRE LÁZARO
“El Señor siempre es fiel a su palabra, y es quien hace justicia al oprimido; él proporciona pan a los hambrientos y libera al cautivo”

Iº lectura: Am 6, 1.4-7; Salmo: 145; IIº lectura: 1Tim 6,11-16; Evangelio: Lc 16, 19-31

Para alcanzar la vida eterna es necesario reafirmar cada vez más nuestra fe. Ella es la morada en la que todos y cada uno de nosotros vivimos en el tiempo y en la eternidad. Cada día es una oportunidad para luchar y vivir en la justicia y tras ella, es el momento para levantar nuestra mirada a Dios y con piedad sincera seamos testimonio de vida con caridad, paciencia y dulzura (segunda lectura). 

Todo ello nos ayudará a vivir la verdadera fe, no una confianza falsa en el culto y en la misma religión olvidando el sentido verdadero del amor a Dios (primera lectura), tampoco una veneración exagerada en pseudo-doctrinas que nada tienen que ver con la vida en Dios, en conclusión: la eternidad está asegurada para aquellos que viven una vida de fe, que actúa por medio de la caridad y no se deja llevar por la avaricia…

LÁZARO ESTÁ AHÍ…El tiempo es un tesoro, una riqueza. En la lectura del evangelio se hace evidente una situación social particular: la vida de opulencia de Epulón y la sencillez del pobre Lázaro. El primero se jacta de poseer, de ser quien tiene el poder, dedica tiempo a descansar y a pasarla bien. El segundo tiene una condición indigente, no posee nada material, se conforma con lo que cae de la mesa del rico, no se queja. 

En ambos casos se denota el problema de una condición social pero más allá de eso, se evidencia el juicio de Dios en el tiempo y en la eternidad sobre la actitud tomada ante la riqueza y la pobreza. Diariamente encontramos personas pidiendo ayuda económica, mendigando un pedazo de pan, durmiendo en la calle; gente sin esperanza, sin vivienda, sin nada… podemos entonces afirmar: me encontré con el pobre Lázaro.

Al respecto surge una pregunta entre las tantas que pudiésemos realizar: ¿nos sentimos seguros de lo que poseemos? ¿damos el primer lugar a las cosas materiales dejando de lado la actitud honesta y sincera ante Dios? Recordemos que Lázaro está en medio de nosotros, Lázaro vive en nuestro entorno, clama al cielo para que en la tierra, el corazón del hombre sea dócil y pueda ser testigo del amor de Dios.

MARÍA, EJEMPLO DE HUMILDADEl camino de la fe es guiado por María, madre de la humildad. Ella nos lleva de la mano a Jesús y nos enseña que la verdadera riqueza está en aceptar la voluntad de Dios, en decir sí, en confiar plenamente en los planes que Él tiene para con nosotros y que nos lleva a la felicidad plena. Así sea.

José Lucio León Duque


viernes, 16 de septiembre de 2016

XXV° Domingo del Tiempo Ordinario, 18 de septiembre de 2016

¿QUIÉNES SON LOS HIJOS DE LA LUZ?
“Quiero, pues, que los hombres, libres de odios y divisiones, hagan oración dondequiera que se encuentren, levantando al cielo sus manos puras…”

Iº lectura: Am 8, 4-7 / Salmo: 112 / IIº lectura: 1Tim 2,1-8 / Evangelio: Lc 16, 1-13

Este domingo, nos encontramos con la luz, signo y símbolo del Señor. Así como la luz y el día se oponen a la noche y a las tinieblas; de la misma manera los hijos de la luz (los cristianos) se oponen a los hijos de las tinieblas hijos de este mundo. La verdadera riqueza está en la fe, la cual sólo la poseen los hijos de la luz, quienes la fortalecen en la oración. Pero…atención: ¡Hay sombras que se presentan en la vida de todos y cada uno de nosotros!

LOS HIJOS DE LA OSCURIDAD ESTÁN AL ACECHO

Quien no está de parte de Dios, busca la forma de alejar cada vez más a los hijos de la luz. La presencia de quien se niega a ser luz, termina aceptándose como algo “común” y/o “normal” en la vida cotidiana. Ello puede dar a entender que “es bueno no ser bueno”; en este sentido, da lo mismo dañar a alguien, puesto que es algo “normal” en el mundo de hoy.

Los hijos de este mundo son sagaces y astutos -en sentido malicioso-, no desean la paz ni el equilibrio, no obran la caridad; prefieren sentirse dueños del mundo y de las conciencias olvidando que quien gobierna es Dios. Los hijos de las tinieblas se presentan con apariencia de sencillos y humildes, disfrazan sus vidas mezquinas con falsos amores y en muchos casos colocan el dios dinero por delante para atrapar víctimas. Dan pena, lástima y tristeza al corazón de Jesús, quien pide al Padre misericordia y piedad para con ellos.

La verdadera luz del hombre es la oración. Quien es cristiano ora por todas las personas y necesidades. El cristiano sabe que esta riqueza tan grande (la oración), le acerca a su salvador y que además es una forma extraordinaria de conseguir el perdón de sus pecados. Quien ora alza al cielo sus manos puras y ofrenda a Dios sus mejores sentimientos, su mejor tesoro.

La Iglesia es una comunidad de creyentes en la cual todos tienen su espacio, y aunque es de todos, ella tiene una particular preferencia por los pobres y excluidos. Hagamos hoy una oración por sus hijos para que nuestro compromiso sea convertirnos en luz para los demás, luz para el mundo pero también y de manera especial, en luz de nuestros propios hogares.

EN UNIÓN CON MARÍA

En este itinerario de fe, María Santísima nuestra madre, nos acompaña e indica el camino a seguir. Ella, madre del amor y maestra de oración, nos enseña a orar, escuchar a Jesús y guardar en nuestro corazón sus palabras y enseñanzas para que seamos testigos del amor de Dios. Así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com



sábado, 10 de septiembre de 2016

XXIV° Domingo del Tiempo Ordinario, 11 de septiembre de 2016

EL MISERICORDIOSO ABRAZO DE DIOS

“Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme”

Iº lectura: Ex 32, 7-11. 13-14; Salmo: 50; IIº lectura: I Tim 1, 12-17; Evangelio: Lc 15, 1-32

El Evangelio de este día lo meditamos como un texto fundamental en este Año Santo de la Misericordia. Es la parábola del padre bueno que da la libertad al hijo hasta en el error, lo deja ir, seguramente escuchando ofensas, reclamos, y viendo cómo puede arruinarse la vida. El padre espera cada día su regreso, lo ama en su corazón misericordioso. Cuando lo ve a lo lejos, corre a su encuentro, lo abraza, quiere una gran fiesta.

La misericordia de Dios está presente, nunca se ausenta, no tiene límites de tiempo, siempre ha estado allí con sus hijos. Ella no se agota, existe para todos sin excepción ni exclusión porque Dios no se fija en el comportamiento indigno ni en la cantidad de caídas, ni toma en cuenta si le hemos abandonado o despreciado; Él ve y valora el dolor del alma arrepentida que pide, anhela el perdón y recibe el abrazo amoroso.

LA MISERICORDIA SIEMPRE ESTÁ PRESENTE…

El amor y la misericordia de Dios resuenan con claridad y certeza en la liturgia de este domingo. En la primera lectura, Moisés intercede ante Dios en favor del pueblo que había vuelto a pecar, apelando a Su amor y logrando el perdón. Esta idea evoluciona en San Pablo, donde encontramos el rostro de la misericordia en Jesús, a quien Pablo agradece, de forma elocuente y conmovedora, su presencia transformadora. El recorrido por la liturgia de hoy, revela que el amor y la misericordia van juntas de la mano, que más allá de la suciedad de nuestro pecado se encuentra el infinito amor de Dios, amor que recibimos con humildad para darlo de la misma manera a nuestros hermanos.

Nuestra Señora de Coromoto
(Diócesis de San Cristóbal) 
¿Cuántas veces tomamos la posición de quien exige pruebas del amor de Dios o cuestiona cómodas situaciones en sus semejantes, renegando de la propia? ¿Cuántas veces nos resulta incómodo salir a buscar una oveja perdida o “barrer” nuestra vida para hallar lo que nos falta? Algunas veces nos parecemos al hijo mayor de la parábola del hijo pródigo, quien prefería la ausencia de su hermano y no veía con buenos ojos el amor y la acogida del papá. Él, como tantos hombres de hoy, no pudo ver el amor y la misericordia verdadera.

No es posible, en la familia, la alegría ni la fiesta, si falta “un hermano”, si se pierde “una oveja”, si se pierde “una moneda”. El plan de Dios consiste en restaurar la familia humana y ello exige una capacidad inmensa de olvido y de perdón, ¡Gran tarea por hacer! Quien ama, perdona siempre, excusa siempre, olvida siempre. Por todo eso, nosotros como el hermano mayor, necesitamos la lección magistral del padre, imagen de Dios, quien acoge a los “hermanos menores”, donándose a sí mismo con todo su Amor…

MARÍA NOS ENSEÑA A CAMINAR CON JESÚS

De la mano con María Santísima, nuestra Madre de Coromoto, llegamos a Jesús, quien nos guía hacia el amor misericordioso del Padre. Aunque perdonar sea una tarea difícil, no nos desalentemos; sigamos luchando en la búsqueda de una renovación personal y comunitaria, pidiendo junto a María nuestra madre poder vivir en paz y armonía, como discípulos y misioneros en la construcción de un mundo mejor. Así sea.


 José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 2 de septiembre de 2016

XXIII° Domingo del Tiempo Ordinario, 4 de septiembre de 2016

CARGAR CON LA CRUZ, NO LLEVARLA A RATOS
“Quien no lleve su cruz detrás de mi no puede ser discípulo mío”

Iº lectura: Sb 9, 13-19; Salmo: 89; IIº lectura: Flm vv 9-10.12-17; Evangelio: Lc 14, 25-33

El discurso que hace Jesús sobre el tema de la Cruz es motivo de escándalo para los que escuchan en aquel momento histórico, pero que ciertamente sigue vigente y toca a los hombres de hoy de una manera directa y personal. ¿Qué desea Jesús de sus discípulos? que nos acerquemos más a Él!; lo cual hace necesario preferirlo a Él, renunciando incluso a sí mismo, para así tomar la cruz y seguirlo…no a ratos, sino siempre.

LA CRUZ AYER Y HOY

Al observar una imagen de Jesús en la cruz imaginamos los momentos difíciles y de dolor padecidos por Él y se nos
Madre Teresa de Calcuta
achica el corazón ante las expresiones del rostro sufriente del hijo de Dios.
Logramos por unos momentos, meditar sobre el sufrimiento que debió haber sentido por los azotes; por los clavos, por los insultos. Nos colocamos por unos instantes en el lugar de Jesús y podremos sentir además del dolor físico, uno igual o incluso más fuerte, que es el dolor de su corazón al sentirse abandonado por sus amigos e incluso traicionado por uno de ellos; por la humillación de la que fue objeto cuando lo escupieron y lo trataron mal; por la tristeza que debió haber sentido al ver que sus hermanos no creían en él. En ocasiones, nos volcamos en devociones ante una imagen de Cristo, pero no vemos la cantidad de crucificados que viven en la actualidad.

Muchas personas son víctimas de la falta de amor que se traduce en faltas de respeto a los más simples y elementales derechos humanos. Tales transgresiones sólo pueden ser impartidas por quienes carecen de vida en Dios, ya que sólo así un ser humano podría convertirse en protagonista de secuestros, chantaje, violencia física, verbal y psicológica; calumnias, chismes, etc., en la que en último término se va deteriorando el rostro y la dignidad.

En el cristiano, entran en conflicto dos realidades - la fe, la lealtad en Dios, por un lado; y la hipocresía, la maldad en su corazón, por otro - que son motivo de reflexión para muchos, que como testigos del amor de Dios, dirigen su mirada al mundo y manifiestan su solidaridad ante la gran cantidad de crucificados del mundo de hoy y asumen la responsabilidad de ser personas con deseos de reflejar el verdadero rostro de Dios.

MARÍA NOS ACOMPAÑA

En el Calvario estuvo presente María, nuestra madre. Ella también lo acompañó en los momentos de dolor, nunca lo abandonó, y por ello se nos enseña seguir el via crucis cotidiano de la realidad que cada uno vive. Con María, seamos testigos de la renovación del mundo, seamos apoyo de los crucificados de hoy, ayudemos a construir de nuevo la dignidad perdida y el dolor permanente de muchos hermanos nuestros. Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

viernes, 26 de agosto de 2016

XXII° Domingo del Tiempo Ordinario, 28 de agosto de 2016

LA HUMILDAD, SIGNO DE UNIÓN CON DIOS
“Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso. Hazte pequeño en las grandezas humanas, y alcanzarás el favor de Dios.”

Iº lectura: Eclo 3, 17-18.20.28-29; Salmo: 67; IIº lectura: Hb 12, 18-19.22-24; Evangelio: Lc 14, 1.7-14

La humildad se expresa con actitudes coherentes y palabras con sentido; es una de las acciones más sublimes, ya que forma parte del amor. Ni los títulos, ni el manejo desordenado del dinero, ni una determinada posición social, podrán ser garantes de humildad; esto nos lleva a reflexionar sobre lo que en la liturgia de este domingo se nos presenta: meditar y saber escuchar.

TRAS LOS PASOS DE LA HUMILDAD

Cuando nos acercamos a Dios a través de la oración y de la celebración litúrgica, formamos parte del Cuerpo Místico de Cristo, dando una respuesta positiva al deseo de adherirnos cada vez más a la vida divina. Se buscan los primeros lugares, se muestra avidez por figurar en algo y/o ante alguien; se quiere ser el centro de atención mostrando la falsa humildad que se lleva arraigada en el alma.

Nos acercamos a Dios porque Él primero nos ha llamado y si permanecemos en Él es porque hallamos el lugar que nos corresponde: el único que debemos buscar y que podemos encontrar: su corazón. Si damos signos de sencillez, seremos agradables a los ojos de Dios; si mostramos señales evidentes de egoísmo, seremos simples servidores de los planes inertes que presenta el demonio a quienes buscan a Dios. Es fácil, entretenido y barato, juzgar y hablar de los demás, cual si fuésemos jueces sin derecho.

Vivir la humildad es saber meditar y escuchar; es conjugar sentimientos de bondad y admiración por lo que hacen los demás; es dejar brillar las opacas imágenes de hombres y mujeres que cubren sus rostros por vergüenza o por sentir exclusión; es dar oportunidad que todos y cada uno de nosotros podamos ser luz en el camino de quienes viven en la oscuridad.

El maestro nos muestra la vía que debemos recorrer: humillarnos para ser engrandecidos y ello es garantía de la cercanía con Dios para ser ejemplo de su mensaje de amor, libertad y paz. Démosle el verdadero significado a la humildad, siendo partícipes en la construcción de un mundo en el cual dejen de ser comunes las falsas prácticas de humildad; donde se dé al hombre la dignidad que merece y se vean soluciones a los diferentes problemas sociales, culturales y religiosos.

No aspiremos a los primeros puestos, sino con humildad y valentía, convencidos de la presencia de Dios en nuestra vida, seamos transparentes, allí donde estamos, en la vida cotidiana, para su gloria y el bien de los demás.

MARÍA EJEMPLO DE HUMILDAD

Ella nos da ejemplo de humildad verdadera y caminando junto a ella podemos obtener óptimos resultados. Seamos buenos hijos, confiemos plenamente en su amor maternal, busquemos ser testigos de la paz, lealtad y justicia, sabiendo conservar en nuestros corazones la grandeza de Dios, su amor inefable y el deseo de ser mejores cada día, solo así podemos ayudar a construir la Iglesia de la que todos somos parte sin exclusión ni distinción.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com


sábado, 20 de agosto de 2016

XXI° Domingo del Tiempo Ordinario, 21 de agosto de 2016

ENTRAR POR LA PUERTA ESTRECHA
“Esfuércense en entrar por la puerta estrecha. Les digo muchos intentarán entrar y no podrán.”

I° lectura: Is 66, 18-21; Salmo: 116; II° lectura: Heb 12, 5-7.11-13; Evangelio: Lc 13, 22-30

Estos días de “vacaciones” son favorables para reflexionar sobre el tiempo que dedicamos a Dios. Lo más importante del ser cristianos es la dicha de vivir y estar en comunión, sentirnos una sola alma, un solo cuerpo como Iglesia de Jesús que somos. Esto es lo que nos enseña la Iglesia de los orígenes, los primeros seguidores y discípulos de Jesús.

Sólo es posible guiar a los demás si desde lo profundo de nuestros corazones se proclama la grandeza de Dios, su amor, su misericordia, su justicia. Los caminos de Dios son algunas veces duros, otras, más llevaderos; son caminos en los cuales la exigencia consiste en ser perfectos en la humildad, en la medida en que estemos unidos a Él. 

BUSQUEMOS LA PUERTA ESTRECHA, ESFORCÉMONOS, ENTREMOS Y QUEDÉMONOS

Jesús, en su deseo por hacernos partícipes de su mensaje, nos invita a algo concreto: esforzarse por entrar por la puerta estrecha. Esto no se hace con “romanticismos” ni ilusiones vanas, se consigue experimentando en la propia vida el deseo de seguirlo con el corazón y con la vida misma.

Esforzarse quiere decir combatir, luchar, permanecer firmes en aquello que nos hemos propuesto. Una puerta estrecha indica un lugar de dificultad. ¿Qué hacemos ante los problemas, las dificultades, ante los caminos que se nos presentan sin aparente vía de salida? Se necesita perseverancia, no rendirse, luchar, usar nuestras fuerzas. Perseverar es insistir sobre algo, saber esperar, saber aceptar alguna derrota momentánea pero sin desviar la mirada del propósito inicial.

Esforzarse por entrar por la puerta estrecha es dedicar la vida a escuchar con atención a Jesús, escoger la mejor parte, colaborar en la unión de los hombres, vivir y anunciar con convicción el Evangelio. Todo ello es, a su vez, consecuencia del bautismo ya que entramos a formar parte del Cuerpo Místico de la Iglesia. De aquí en adelante debemos luchar y trabajar por algo fundamental: quedarnos, mantenernos y buscar la salvación.

Es necesario centrar nuestra vida en Jesús, su palabra y su testimonio. En la medida en que sepamos vivir nuestro cristianismo y arraigarlo en nuestro corazón, es que entenderemos el mensaje de este domingo: entrar por la puerta estrecha que está en Dios, en el mensaje de Jesús y en la vida que todos y cada uno de nosotros construya con la convicción de que la vía hacia la felicidad es dura pero vale la pena esforzarse por estar en ella.

En medio de la actual situación, se respira un aire de esperanza; se puede sentir que cristianos y no cristianos gritan al mundo el deseo de vivir la paz y la reconciliación, algo de lo que carecemos y que aparentemente, para muchos, parece no hacer falta. 

MARÍA SANTÍSIMA, GUÍA NUESTRO CAMINAR

Nuestra Madre de la Consolación nos acompaña y nos guía. Ella es el pilar en el cual se apoya nuestra vida y nuestro peregrinar. Su bendición y su amor son garantía del amor de Dios, de su paz y de su misericordia hacia sus hijos. Pidámosle a ella y seamos testigos de su amor, sólo así experimentaremos el hecho de ser portavoces de la verdadera renovación como discípulos y misioneros.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


sábado, 13 de agosto de 2016

XX° Domingo del Tiempo Ordinario, 14 de agosto de 2016

¿CONTRADICCIÓN O CONVICCIÓN?
“He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!” (Lc 12, 49)

I° lectura: Jer 38,4-6.8-10; Salmo: 39,2.3;4.18; II° lectura: Heb 12,1-4; Evangelio: Lucas 12,49-53

El fuego que nos presenta Jesús es un fuego que quema, que resplandece, que ilumina, que consume, que envuelve nuestra vida. Preguntémonos: ¿nos quema dentro la palabra de Jesús a tal punto de no dejar de pensar en Él? ¿hemos defendido la palabra de Dios en alguna discusión? ¿nos dejamos guiar por la luz que se desprende del fuego que emanan las acciones y las palabras del Maestro? A este respecto, podemos evocar lo que manifestaron los discípulos de Emaús al reconocer a Jesús al partir el pan: “¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lc 24, 32).

CREER ES TENER FE EN DIOS

Acoger la Palabra que en Jesús se pronuncia como la verdad en la que debemos creer, es lo que nos lleva a leer -a la luz del Evangelio- las incoherencias que encontramos en nuestra vida y en la vida de la comunidad cristiana. Creer es una lucha, un combate espiritual.

La actitud del cristiano hoy debe ser la de quien camina en la verdad y la fe, sintiendo en su corazón el resplandor y la fuerza del mensaje de Cristo. No podemos dejarnos llevar por la superficialidad y las apariencias con el fin de que todo pareciera “que está bien”, ya que un verdadero cristiano toma la Palabra de Dios como la verdad que lleva a la libertad. La fe no nos divide, lo que nos divide es la incertidumbre de pensar que otros caminos nos pueden dar lo que solo Dios nos da.

Ante la afirmación de Jesús: “he venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!” (Lc 12, 49)cabe preguntarse si realmente estamos dispuestos a vivir el Evangelio con la fuerza y la convicción que requiere. El Evangelio se presenta como contradicción para aquellos que, olvidando la vocación a la que Dios llama, se refugian en la superficialidad y la comodidad, obviando el verdadero camino que nos lleva a ser Iglesia en un mundo sediento de la Palabra de Dios, la cual debe ser leída, explicada y vivida en lo cotidiano, en medio de los pobres y los excluidos.

NUESTRA MADRE DE LA CONSOLACIÓN

Cada año los fieles, no sólo del Táchira, sino de otros lugares de Venezuela y más allá, se acercan a los pies de nuestra Madre de la Consolación de Táriba, para decirle ¡gracias! y también para pedirle por diversas necesidades que surgen en medio de las contradicciones que el mundo pueda presentar.

¡Bendita tú María! Porque no te rebajaste, sino diste plenitud a la humildad que nace de un corazón sincero…
¡Bendita tú María! Porque gracias a tu disponibilidad, se abrieron las puertas del corazón de Dios para que todos pudiésemos recibir sus gracias…
¡Bendita tú María! Porque nos das a tu hijo, para que con su vida, muerte y resurrección, seamos bendecidos, amados y salvados.
¡Bendita tú María! Madre de la Consolación, pues a todos nos das la posibilidad de apoyarnos en tu regazo y comprender que en ti está el camino que nos lleva a Jesús.

Acudamos fieles a nuestra Madre de la Consolación, con humildad y con convicción, pidiéndole con fe por nuestro país, por nuestro estado, por nuestra diócesis, llevando el más grande regalo que un hijo puede dar a su madre: fidelidad, obediencia y amor. ¡Gracias Madre! Así sea.

José Lucio León Duque

IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...