José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
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sábado, 21 de enero de 2017

III° Domingo del Tiempo Ordinario, 22 de enero de 2017

VIVIR EN PAZ ES POSIBLE
“Los exhorto, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que todos vivan en concordia y no haya divisiones entre ustedes, a que estén perfectamente unidos en un mismo sentir y en un mismo pensar”.

Iº lectura: Is 8, 23b-9, 3; Salmo: 26; IIº lectura: 1Cor 1, 10-13. 17; Evangelio: Mt 4, 12-23

Cada cristiano está llamado a configurarse con las palabras y las acciones de Jesús. Hoy se nos llama a ver en Él la luz que guía los pueblos. Esa luz comporta en cada alma la salvación, ya que el Señor es quien nos la concede a través de ella y su resplandor. Esto nos lleva a percatarnos de algo fundamental: si estamos unidos, la claridad y el resplandor de Dios serán baluarte en la propia vida y por ello, se nos exhorta a vivir en unidad, a sentir y pensar en nombre de Jesús.

SER DISCÍPULOS HOY

El evangelio de este domingo se presenta como un llamado claro y preciso a optar por Cristo, tal como lo indica el ser mismo del discipulado. Quien sigue a Jesús vive en unidad, quien sigue al Maestro aleja de su vida la discordia. La vida de Jesús es un testimonio veraz pues no se deja amedrentar por el hecho del arresto de Juan el Bautista, sino que eso le da fuerza para verificar que su misión es clara: extender el reino de Dios. Jesús nos pide conversión, seguimiento, enseñanza y proclamación del Evangelio.

Estos aspectos, propios de la predicación y vida del maestro, nos muestran el sentido de ser discípulos: lo seremos en la medida en que aceptemos la misión a la que se nos llama. El testimonio implica tener paz en el corazón y es por ello que, sin temor ni cobardía, los cristianos debemos ir con la frente en alto, anunciando y denunciando todo aquello que forma parte de la vida misma.

El Catecismo Social nos recuerda que “el fruto de la justicia es la paz, que es el mayor bien para toda sociedad. En tiempos de paz es posible el progreso de la sociedad y el desarrollo de la persona en todos los campos”. Ser discípulos hoy implica amar a Dios y respetar al hombre, implica entrega y donación, convicción y participación de la vida en Él. Seamos discípulos, testigos de la paz y de la unidad. En nombre de aquel que nos da la salvación y nos llama a ser sus seguidores en espíritu y verdad, abramos nuestros corazones, siendo verdaderos testigos del reino.

MARÍA, MADRE Y TESTIGO DE LA LUZ

Nuestra madre del cielo nos da ejemplo de unidad, disponibilidad y paz. Sigamos sus pasos y dejémonos guiar de su amor para llegar a Jesús dispuestos a ser sus discípulos, uniéndonos a la misión de llevar el evangelio de la verdad a todos y cada uno de nuestros hermanos. Así sea.
José Lucio León Duque


sábado, 14 de enero de 2017

II° Domingo del Tiempo Ordinario, 15 de enero de 2017

“ESTE ES EL CORDERO DE DIOS…”
 “Ahora habla el Señor, el que me formó desde el seno materno, para que fuera su servidor…”

Iº lectura: Is 49, 3. 5-6; Salmo: 39; IIº lectura: 1Cor 1,1-3; Evangelio: Jn 1 29- 34

Siguiendo detenidamente las enseñanzas que nos brinda la liturgia de la Palabra de cada domingo, encontramos lo que ella nos regala para poder cultivar aún más el sentido pleno del testimonio que debemos experimentar, sentir y vivir. El Señor se enorgullece de quien cumple su voluntad, de sus hijos y quien es siervo reconoce la acción de Dios en él (Iº lectura) tal como los evangelios lo revelan de Jesús, el Cordero de Dios (evangelio). San Pablo nos enseña en esta oportunidad la fraternidad que es luz, paz y buenos deseos para quienes son bendecidos por Dios y escogidos para su misión (IIº lectura).

CON LA LUZ CAMINAMOS HACIA DIOS

La vida actual nos presenta una serie de “ofertas” sobré cómo vivir, qué cosas experimentar y hasta cómo influir en los demás. Si dejamos que la luz que Dios nos da se apague en nuestros corazones, seremos propagadores del miedo, del terror, de la inseguridad. Dejar apagar la luz de Dios significa que poco a poco nos hemos alejado de Él y, por consiguiente, no estamos unidos a Él. San Juan Bautista nos muestra el modelo que debemos seguir y a quien debemos escuchar: Jesús, el cordero de Dios, la luz del mundo, el Hijo de Dios.

Actualmente es necesario retomar el camino que nos lleve a la unidad, a la paz, a la igualdad. La doctrina social de la Iglesia nos enseña que “la libertad humana consiste en la elección del Bien: actuar de tal modo que alcancemos a Dios, en quien está nuestra felicidad” (Catecismo social). En este sentido, estamos llamados a mirar en Jesús el amor que nos da para que libremente lo llevemos a todos y cada uno de nuestros hermanos y hermanas, con el fin de mostrarles como San Juan Bautista al cordero de Dios, al que quita el pecado del mundo, al que desde la eternidad ilumina el camino del hombre.

Elegir el Bien con libertad es responder al llamado que Dios hace al hombre de hoy, teniendo en cuenta que su voz es la que desde el cielo nos invita a ver en Jesús al hijo predilecto y en la tierra, como Juan Bautista nos lo muestra, a reconocerlo e indicar a los demás que Él es la salvación.

MARÍA NOS GUÍA HACIA LA LUZ

“A Jesús por María”, esta es la certeza de caminar con la fe puesta en Dios. María, madre nuestra, nos lleva a Jesús, luz del mundo, y nos enseña que la paz, la justicia y la igualdad, entre otras cosas, se consiguen si estamos unidos a ellos. Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com


sábado, 7 de enero de 2017

Domingo 8 de enero, Solemnidad de la Epifanía del Señor

Epifanía del Señor
“LEVÁNTATE Y RESPLANDECE…”
"¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo"

Iº lectura: Isaías 60, 1-6; Salmo: 71; IIº lectura: Efesios 3, 2-6; Evangelio: Mateo 2, 1-12

Un camino de luz, un itinerario de esperanza y los más sinceros deseos de iniciar el año 2017 en unión del amor de Dios y con la confianza en la sabiduría que viene de lo alto: estamos celebrando aún el nacimiento de Jesús.

El ambiente navideño y de año nuevo ha sido un momento favorable de paz para muchos y de indiferencia para otros. Hoy se manifiesta aún más Jesús en su nacimiento, en su ser verdadero hombre y verdadero Dios. Hoy se presentan los Magos en sintonía con una luz que guía a estos personajes hasta el sitio del nacimiento, al centro del amor hecho realidad, al lugar donde se encuentra lo humano con lo divino en una mezcla de extraordinaria grandeza y humildad perenne.

“EL PUEBLO QUE CAMINABA EN TINIEBLAS, VIO UNA GRAN LUZ”

La luz es el fondo de cada aparición del Mesías, desde el antiguo testamento hasta el momento actual. La luz borra del todo las tinieblas, símbolo éstas de la nada, de la muerte, y cancelándolas, se da inicio a una nueva vida, a una nueva creación. La estrella guió a los Magos, y hoy guía nuestra reflexión.

Se proponen ambas partes encontrar al hijo de Dios, pero con intenciones opuestas. Los magos porque desean ofrecer sus dones a la realeza divina, los otros porque temen ser usurpados en el poder. Los magos son modelo de obediencia perfecta a Dios quien les guía con su luz. Él les ha hablado al corazón a través de la luz de una estrella que les ha acompañado a lo largo de su viaje. Al acercarse y encontrarlo sienten una gran alegría, así como encontraremos tiempo después en los apóstoles por la resurrección de Jesús.

Es el gozo que premia la fe y la obediencia de los magos y de tantos que, como ellos, confían en la luz que proporciona el amor y la paz que viene de Dios. También hoy algunos tienen miedo de Jesús, de su realeza, de su presencia en medio del mundo.

Su presencia es símbolo de seguridad y confianza, es fortaleza en las dificultades, es vida en medio del desierto que se presenta cada vez que olvidamos a aquellos que necesitan nuestro apoyo y ayuda. Buscar a Jesús, es buscar el camino justo, la luz que guía nuestras vidas, el compromiso que debemos asumir como sinceros seguidores de esa luz que Dios nos coloca, para encontrar con determinación a Jesús en cada uno de nosotros.

El episodio de los magos se concluye con una anotación práctica: ellos son advertidos que no regresen donde Herodes sino que regresen por otra parte. Dios cuida el niño Jesús, cuida a los magos, nos cuida a todos, nos da los medios para enfrentar las vicisitudes que se nos presenten con el fin de salir victoriosos y seguir caminando por itinerarios que nos lleven a la conversión, a un cambio profundo que solo quien encuentra a Cristo puede experimentar.

CON MARÍA SANTÍSIMA, MADRE DE DIOS, CAMINAMOS EN LA ESPERANZA

María Santísima, madre de Dios y madre nuestra nos acompaña en este itinerario de esperanza. En este nuevo año que comienza, junto a los proyectos que la Iglesia diocesana nos presenta y en los cuales debemos participar plenamente, sin dudas y con confianza total en aquel que nos da su fuerza y su amor, debemos tener en cuenta la oración que cada día debemos elevar a Dios por la Iglesia, el Santo Padre, los obispos, nuestro obispo Monseñor Mario del Valle, los sacerdotes, religiosos y religiosas y todo el pueblo santo de Dios. Que Él nos bendiga a todos, a cada una de las familias y a cada corazón, que este año sea de esperanza plena en Dios que nos guía y en María que nos cubre con su manto de amor maternal. Así sea.

Oramos por la Asamblea Ordinaria de la Conferencia Episcopal Venezolana.
 Nos unimos “En Espíritu y verdad” hacia la paz y la reconciliación.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


sábado, 31 de diciembre de 2016

Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, 1 de enero de 2017

¡GRACIAS A DIOS POR LA FAMILIA!


Este día es la continuación del itinerario que todo cristiano debe cultivar y construir: la vida en familia como don de Dios pidiendo para ella y para el mundo la luz de Dios y la paz. Las lecturas de este día nos preparan para comprender no sólo lo que es una familia, sino lo que en la vida cotidiana debemos hacer: honrar los padres, sobrellevarse mutuamente, perdonarse, ser luz y fomentar la unidad…

UN MENSAJE DE PAZ PARA LA FAMILIA Y EL MUNDO

La vida de todos y cada uno de nosotros debe ser testimonio de paz, de unidad, de armonía. Ello se consigue si vivimos en el respeto, con educación, ayudando a quien lo necesita y fortaleciendo nuestra fe. En medio del desinterés de muchos, tenemos el total amor de Jesús que nos hace parte de su familia, aún en medio de las dificultades que se nos puedan presentar. Es necesario seguir pidiendo por ella a fin que sea fuente de la vida que experimentamos gracias a la presencia de Dios.

La paz debe ser el signo y el símbolo que acompañen la existencia de tantas almas necesitadas de Dios; tantos hombres y mujeres sedientos de su amor, deseosos de tranquilidad y de armonía; tantos niños que más que un juguete necesitan cariño y ternura; tantos jóvenes que más allá de vicios cargados de curiosidad, necesitan una mano amiga, que les acompañe a ser auténticos portadores de esperanza.

La paz es signo de amor en la familia de la humanidad cuando cada hombre y cada mujer asumen sus propios retos y sus propias responsabilidades; cuando quienes gobiernan los pueblos del mundo se adhieren a vivir en unidad y trabajar por ella; cuando quienes la predicamos, trabajamos y luchamos por ella teniéndola en alto como el gran valioso tesoro que es. Este domingo se nos invita a que cada día valoremos lo que tenemos: nuestros padres, hermanos, amigos. Se nos pide ser testigos en espíritu y verdad del amor de Dios, reflejado concretamente en el rostro de tantos hermanos y hermanas nuestros, que mirando al cielo claman a Dios para así poder mirar a la tierra y encontrar quien les ayude.

No permitamos que este fin de año sea uno más de tantos en los cuales el protagonismo lo tienen las cosas materiales, seamos portavoces del protagonismo que Jesús niño posee, no por deseos de poder sino con el poder de amar y compartir con los corazones y las almas sedientas de paz y hermandad.

CAMINEMOS JUNTOS CON LA SAGRADA FAMILIA

No dejemos apagar la llama que la Navidad encendió en nuestros corazones; seamos esa luz que camina hacia los sitios más recónditos dónde necesiten de ella. Llevémosla junto a Jesús, José y María, a todas las familias, a todos los hogares y si a alguno de ellos no podemos llegar, dejemos que se extienda gracias a los sentimientos de unidad, de fe y de hermandad que existen en nuestras comunidades, cultivando aún más el deseo de evangelizar en espíritu y verdad sin excluir a nadie, siendo testigos de la verdad y la justicia.

Para todos nuestros lectores el más sincero deseo de paz. Que de ella se desprendan los más hermosos sentimientos para todos sin distinción de raza o credo o condición social. Luchemos para que nadie impida la entrada de la acción misericordiosa y plena del amor de Dios en nuestros corazones. Dios les bendiga a todos.
José Lucio León Duque


sábado, 24 de diciembre de 2016

Solemnidad de la Natividad del Señor, 25 de diciembre de 2016

¡VIVIR LA NAVIDAD!

Los días pasan, las tradiciones se arraigan aún más en medio del pueblo que clama siempre con más ahínco, el deseo de vivir de verdad y de corazón el nacimiento de Jesús. Este año se presenta con el deseo de ser vivido a plenitud y de encontrar con convicción la manera de mostrar -y no de aparentar- lo que es la presencia de Dios que se hace hombre en nuestros corazones.
La actitud del hombre, en muchos casos, se presenta con rasgos de indiferencia y de superficialidad que se promueven como estilos de vida que -sin darnos cuenta en ciertas ocasiones- van lacerando la sociedad misma, convirtiéndola poco a poco en modos de vida lejanos de lo que es el fin último del hombre: la felicidad.

Vivir la Navidad con convicción es el eco del llamado de Juan el Bautista: “preparen el camino del Señor” (Mc 1, 1-3). Es encontrarse con un camino que se perfila como un reto ante las situaciones difíciles que nos encontramos día a día.

Vivir la Navidad es “hacerse uno” con aquellos que claman justicia, con los pobres y excluidos de la sociedad, con quienes lloran cada día su propia desgracia y no poseen los medios necesarios para salir de la situación en que se hallan.

Vivir la Navidad es compartir sin reserva no solo lo material, sino las virtudes y los valores que son parte fundamental en el mensaje de Jesucristo, que viene a salvarnos y a hacer de nosotros hombres y mujeres nuevos.

Vivir la Navidad es comprender la necesidad de ver más allá de lo que normalmente vemos. Darnos cuenta, con sinceridad y objetividad, que no estamos solos en el mundo, sino que son millones los seres humanos que esperan una luz en su camino como signo de una vida mejor.

Vivir la Navidad es mirar alrededor y ver que la indiferencia y la falta de tolerancia, se hacen eco de pensamientos inertes que buscan menospreciar y degradar lo bueno que pueda existir.

Vivir la Navidad es centrarnos en el misterio de Dios hecho hombre, en quien creemos, “vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17,28).

Vivir la Navidad es dar sentido a cada gesto, cada don, cada detalle que se ofrece no por ser una fiesta más ni un periodo de vacaciones, sino la presencia viva de Dios hecho hombre que se manifiesta en la caridad con hechos concretos.

Vivir la Navidad es orar por quienes no creen en Dios, por quienes usan su forma de pensar para dañar a los demás, olvidando que Dios es padre de todos y para todos y que no excluye a nadie de su corazón.

Vivir la Navidad es saber reconocer los propios errores y pedir perdón. Tendremos la oportunidad de reconocernos débiles y pecadores sabiendo que la misericordia se vive desde lo profundo del corazón haciendo gestos de caridad con sinceridad y no para salir del paso.

Vivir la Navidad es meditar y discernir sobre la situación que vive el mundo de hoy, donde el relativismo ético se presenta como un tema al cual se debe dar una respuesta con el testimonio y el ejemplo de vida cristiana.

Vivir la Navidad es dar lo que tenemos, no lo que nos sobra, recordando que Cristo viene “para servir y no para ser servido” (Mc 10, 45). Este es un detalle que debemos practicar siempre, no solo en Navidad.

El Papa Francisco nos invita a vivir con esperanza en este tiempo: “Cuando se habla de la esperanza, muchas veces se refiere a lo que no está en el poder del hombre y que no es visible. De hecho, lo que esperamos va más allá de nuestras fuerzas y nuestra mirada. Pero el Nacimiento de Cristo, inaugurando la redención, nos habla de una esperanza distinta, una esperanza segura, visible y comprensible, porque está fundada en Dios.
Él entra en el mundo y nos dona la fuerza para caminar con Él –Dios camina con nosotros en Jesús–, caminar con Él hacia la plenitud de la vida; nos da la fuerza para estar de una manera nueva en el presente, a pesar de ser difícil.
Entonces, esperar para el cristiano significa la certeza de estar en camino con Cristo hacia el Padre que nos espera. La esperanza jamás está detenida, la esperanza siempre está en camino y nos hace caminar. Esta esperanza, que el Niño de Belén nos dona, ofrece una meta, un destino bueno en el presente, la salvación para la humanidad, la bienaventuranza para quien se encomienda a Dios misericordioso.”
“Miramos a María, Madre de la esperanza. Con su “si” abrió a Dios la puerta de nuestro mundo: su corazón de joven estaba lleno de esperanza, completamente animada por la fe; y así Dios la ha elegido y ella ha creído en su palabra." S.S. Francisco, 21 de diciembre de 2016.

FELIZ NAVIDAD PARA TODOS, que el niño Dios nazca en cada uno de nosotros y que la sinceridad, la justicia y el respeto sean signo del testimonio que debemos ofrecer hoy y siempre. Dios les bendiga. Así sea.
José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

viernes, 16 de diciembre de 2016

IV° Domingo de Adviento, 18 de diciembre de 2016

JESÚS, JOSÉ Y MARÍA: NUESTRA FAMILIA
“La Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".

La liturgia de estos días ha tenido un acento particular con la llegada de Jesús. Este domingo cuarto Domingo de Adviento se caracteriza por la inminente llegada del hijo de Dios y el pueblo se prepara para recibir su Hijo. Las lecturas así como el salmo, nos muestran este detalle. El Hijo de Dios nos regala su presencia, sus dones, su vida misma, su amor: recibámoslos.

EL AMOR INCONDICIONAL DE JOSÉ

Hay innumerables detalles de amor en la liturgia de hoy, y uno que no se puede ni se debe dejar pasar es el amor de José hacia María y hacia su hijo. Amaba su prometida, y nos dice el evangelio que decidió repudiarla en secreto y sabemos por qué. Se resaltan varios aspectos de José: hombre justo, obediente a la voluntad de Dios y amoroso; eso lo lleva a vivir en santidad y, por ende, a demostrar a todos -hombres y mujeres- que es posible ser santos y vivir cotidianamente esta condición.

Su amor incondicional va más allá de cualquier rumor o crítica, él ama a su mujer, la ama totalmente con un amor verdadero y puro. José completa la escena de la Sagrada Familia, lo cual nos enseña que es necesario comprender que la unidad, la armonía y la comprensión son fundamentales en todos los núcleos familiares. José es junto a María, testigo del amor de Dios para con todos y ello nos lleva a vivir aún más nuestra condición de cristianos fieles.

Tenemos la oportunidad de vivir este tiempo de la llegada de Jesús confiando más en Él, en su presencia y el designio divino que está destinado para todos. El papa Francisco nos recuerda que “La salvación, traída por Jesús, llega a todo ser humano y lo regenera Dios entró en la historia para la liberación de la esclavitud del pecado. Colocó su tienda en medio de nosotros para formar parte de nuestras vidas, sanar nuestras heridas y darnos una vida nueva”.  Así como José, tengamos plena confianza en Dios y seamos dóciles a su acción sobre nosotros.

LLAMADOS A EVANGELIZAR

En este momento en el que nos preparamos para recibir a Dios niño, pedimos paz para todos y junto a ella la capacidad necesaria para comprendernos y ayudarnos cada día más. La Iglesia tiene el reto de llegar a todos y cada uno de los corazones para ayudar en la construcción del Reino de Dios. Que esta Navidad sea el momento favorable para respetarnos, reconciliarnos de verdad y no en apariencia; que cada corazón sea testigo del anuncio de la buena noticia y, junto a la protección de María y de José, podamos transmitir con las palabras del apóstol de las gentes: “A todos…, a quienes Dios ama y ha llamado a formar parte de los santos, les deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo”. Así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


sábado, 10 de diciembre de 2016

III° Domingo de Adviento, 11 de diciembre de 2016

CON FIRMEZA Y SIN TEMOR
“Tengan paciencia también ustedes, manténganse firmes, porque la venida del Señor está cerca.”…

Iº lectura: Is 35,1-6a.10; Salmo: 145; IIº lectura: St 5, 7-10; Evangelio: Mt 11, 2-11

Alegría, regocijo y gran expectativa nos produce la venida del Señor. El profeta Isaías deja ver la imagen fructífera del desierto que florece en nuestra vida, subrayando la alegría de poder cambiar o mejorar siempre más; se subraya la paciencia y el buen trato que debe existir entre todos, ya que el Señor está cerca, ratificando el inmenso amor de Jesús para los suyos resaltando la grandeza de Juan el Bautista, el precursor, indicándonos así lo que cada uno de nosotros debemos poner en práctica.

JUAN EL BAUTISTA, EL MAYOR ENTRE LOS NACIDOS DE MUJER…

El itinerario del Adviento nos presenta a Juan el Bautista como ejemplo de lo que la liturgia de hoy nos ofrece: regocijo, alegría, fortaleza, fidelidad, justicia, paciencia. Juan es quien anuncia y denuncia, es quien sin miedo habla de Dios como guía de nuestra vida; es aquel que prepara no solo a los de su tiempo, sino también a nosotros en la vida cotidiana para perfeccionar nuestra adhesión a Dios y al mensaje del Evangelio. Él predica en el desierto y justo allí florecen las esperanzas, es en el desierto donde germina el deseo de encontrar a Dios y seguir sus pasos.

¡Cuánto desierto encontramos en nuestra vida! ¡Cuántos momentos de tristeza, de dolor, de angustia! ¡Cuánta impotencia ante la injusticia que reina en ciertas situaciones que parecen no tener vía de salida! Ante todo esto se asoma una luz que nos ilumina desde lo más profundo de nuestro ser: la llegada de Jesús. Ante la duda de muchos y el asombro de otros, ¡Él es quien debe venir!, Él es quien nos salva, quien nos ilumina, quien nos da la fuerza para cultivar aún más el regocijo de su venida, la alegría de su presencia y la fidelidad a su mensaje.

Quien está lejos de la palabra del Señor, quien no vive en Dios sino que usa y abusa de la vida misma en desprestigio del hombre, se acerca más a la experiencia del mal y por ende, al pecado. Juan, el mayor entre los nacidos de mujer, nos motiva para ser testigos de lo que nos anuncia el Evangelio de la verdad...

MARÍA NOS ENSEÑA Y AYUDA A ESPERAR…

La presencia de María, Madre del Adviento, nos ayuda a caminar hacia la Luz verdadera que nos regala el nacimiento de Jesús. Estamos caminando con esperanza y fe, pidiendo la fuerza y la convicción para ser testigos del mensaje del Evangelio. Reconciliémonos con Dios y con nuestros hermanos, para que la Navidad que se avecina sea un momento de encuentro verdadero y consciente de lo que realmente debemos hacer como cristianos. Así sea.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


lunes, 5 de diciembre de 2016

II° Domingo de Adviento, 4 de diciembre de 2016

CAMINEMOS HACIA DIOS SIN MIEDO Y CON ALEGRÍA
“La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz”

Iº lectura: Is 2,1-5; Salmo: 121; IIº lectura: Rom 13, 11-14; Evangelio: Mt 24, 37-44

Una vez más las puertas de la esperanza reflejadas en el Adviento, se abren a todos lii°os hombres y mujeres que desean formar parte de este itinerario que lleva a comprender una vez más que estamos llamados a ser luz en medio de la oscuridad. Somos obra salida de la mano de Dios, obra que pide el amor del padre amoroso y en el cual confiamos plenamente a pesar de nuestras debilidades. En el camino de la fe, el Señor no nos deja ni abandona. Él nos acompaña y nos enriquece en todo, “en el hablar y el saber” y no nos falta nada porque Dios nos da la gracia y los dones que necesitamos para dar testimonio de vida ante el mundo y en medio de él.

SALIR AL ENCUENTRO DEL SEÑOR CON GOZO

El tiempo de Adviento es un momento favorable en el cual la Iglesia nos muestra su riqueza y su amor para con nosotros. Nos invita a dar pasos importantes respecto a la presencia de Dios en nuestra vida, e igualmente se nos indica la segunda venida de Jesucristo al final de los tiempos. No veamos esto como una amenaza, como algo que mientras más lejos esté o menos se hable de ello es mejor, pues aunque parezca como una situación con lo que terminará nuestra existencia, no es así.

La presencia de Dios es alegría, es gozo; encontrarnos con Él es vivir con sinceridad la unidad, es dar una luz de esperanza a quien la necesita con la certeza que Dios está ahí, junto a nosotros, guiándonos con su luz. Este día y este tiempo, se presenta como una señal pues se nos invita con garantía y seguridad a caminar hacia el encuentro del Señor; se nos motiva a decir con el salmista: “¡qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»!

La luz es guía, es lo que se opone a la oscuridad y a las obras que nos alejan de Dios, es lo que se opone a la maldad que entra en el corazón de quien vive sin Él, a las injusticias cometidas por falta de amor, de honestidad, de decisión. San Pablo nos exhorta claramente a despertar, y así darnos cuenta del momento en el que vivimos; nos invita a revestirnos del amor de Jesús para alejar todo aquello que nos aparta de la verdadera vía.

LA MADRE DE LA LUZ

María Santísima nos anima y nos ayuda a vivir en esperanza; ella es ejemplo de fortaleza y sencillez para afrontar la vida tal como debe ser. Confiemos en que ella siempre nos acompaña y nos muestra la vía que nos lleva a Jesús. Que nadie sienta que en su vida falta el amor de Dios, ya que todos estamos llamados a ser testigos del evangelio viviendo como discípulos y misioneros, la unión y el amor que todos los pueblos debemos llevar como única bandera y así obtener la salvación. Esto nos lleva a decir con convicción: unámonos en nombre de Dios para llevar a todos los lugares y a todas las personas el anuncio del mensaje de Jesucristo. Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...