José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
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jueves, 9 de febrero de 2017

VI° Domingo del Tiempo Ordinario, 12 de febrero de 2017

LIBRES PARA DIOS
“A ustedes les basta decir sí o no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno”

Iº lectura: Eclo 15, 16-21; Salmo: 118; IIº lectura: 1Cor 2, 6-10; Evangelio: Mt 5, 17- 37

Saber elegir, saber decidir, saber cómo vivir… La libertad de ser fieles a la palabra del Señor es una de las vías que estamos llamados a recorrer. Las lecturas de hoy nos desvelan sugerencias y normas que nos permitirán conocer a Dios, ser buenos cristianos y sentirnos libres para vivir en la justicia.

CUMPLIR LA VOLUNTAD DE DIOS... 

Dios nos conoce. Él nos indica el camino a seguir. Nos revela los pasos que debemos dar y la vía que se nos coloca por delante. La liturgia de hoy nos da algunos puntos de meditación que nos ayudarán a entender la misión que se nos ha encomendado. 

En primer lugar, la infinita sabiduría de Dios se nos manifiesta para aprender a cumplir su voluntad. Si caminamos guiados por la luz de Dios, nuestro vivir es más armonioso y será fundamental para fortalecer el testimonio de vida. 

En segundo lugar, la libertad en la que debemos vivir, es garantía del cumplimiento y la eficacia de la palabra de Dios. Dicha actitud se basa en el amor, en la justicia y en la verdad. 

En tercer lugar, debemos desechar aquello que obstaculiza vivir en paz. La oportunidad de ser buenos o menos buenos, está en la decisión de escoger el camino de la verdad o la actitud de la mentira, y esta última nos lleva a la destrucción del alma y de la vida en Cristo.

Si decimos SI o NO, quiere decir que estamos entendiendo lo que debemos hacer. Si la actitud en cambio es de ambigüedad, es señal de que hay que luchar aún más por encontrar en Dios el verdadero rumbo que nos lleva al justo equilibrio y a vivir en sintonía con Dios.

MARÍA, MAESTRA DE LIBERTAD

En Nuestra Madre del cielo encontramos el ejemplo para ser libres y decididos a seguir a Jesús. Ella nos enseña que, aceptando la voluntad de Dios a ejemplo de su “fiat”, es posible dar testimonio de la sabiduría de Dios, predicando con el ejemplo, siguiendo el camino de la libertad con decisión firme, como discípulos y misioneros del Evangelio de la verdad. Así sea.
José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


viernes, 3 de febrero de 2017

V° Domingo del Tiempo Ordinario, 5 de febrero de 2017

LUZ Y SAL DE LA TIERRA
“Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Ustedes son la luz del mundo…”

Iº lectura: Is 58, 7-10; Salmo: 111; IIº lectura: 1Cor 2, 1-5; Evangelio: Mt 5, 13- 16

Este domingo, nos encontramos con la luz y la sal, signos y símbolos del Señor. La luz y la sal, la claridad y el sabor que estamos llamados a vivir, a dar al mundo y a cultivar en nosotros. Así como la luz y el día se oponen a la noche y a las tinieblas; de la misma manera la sal (los cristianos) se oponen al “sin sabor” que se encuentra en el camino de quien no cumple la voluntad de Dios. La sencillez y la generosidad son elementos fundamentales para encontrar el modo de ser luz y sal de la tierra. Esto sólo lo posee quien camina en la luz, quien se fortalece en la oración. Pero atención: ¡Hay sombras que se presentan en la vida de todos y cada uno de nosotros!

ALUMBRAR, NO OSCURECER

Quien es cristiano debe ser luz para todas las personas y necesidades del mundo. El cristiano sabe que esta riqueza tan grande (la oración y la luz), le acerca a su salvador y que además es una forma extraordinaria de conseguir el perdón de sus pecados. La Iglesia es una comunidad de creyentes en la cual todos tenemos espacio, y aunque es de todos, ella tiene una particular preferencia por los pobres y excluidos. Compartir con sencillez es garantía de aquello para lo que estamos llamados: ser luz y sal de la tierra para quienes necesitan, sin exclusión y con convicción.

Hagamos hoy una oración por el prójimo, por los que sufren, por los excluidos, para que nuestro verdadero compromiso sea convertirnos en luz y sal para los demás, para el mundo pero también y de manera especial, en nuestros propios hogares.

EN UNIÓN CON MARÍA

En este itinerario de fe, María Santísima nuestra madre, nos acompaña e indica el camino a seguir. Ella, madre del amor y maestra de oración, nos enseña a orar, escuchar a Jesús y guardar en nuestro corazón sus palabras y enseñanzas para que seamos testigos del amor de Dios. Así sea.
José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


viernes, 27 de enero de 2017

IV° Domingo del Tiempo Ordinario, 29 de enero de 2017

LOS BIENAVENTURADOS, ¿QUIÉNES SON?
“Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios”

Iº lectura: Sof 2, 3; 3, 12-13; Salmo: 145; IIº lectura: 1Cor 1, 26-31; Evangelio: Mt 5, 1- 12a

Muchos buscan la voz de Jesús, quieren escucharlo y desean seguirlo. La exhortación del maestro en el Evangelio es clara, precisa y va dirigida a todos sin excepción. Bienaventurados son los que miran al cielo encontrando en el abrazo misericordioso de Dios, su ternura duradera y sincera.

El justo busca al Señor, la justicia y la humildad y junto a ello, cumple con su voluntad (Iº lectura). Esto, a su vez, nos muestra la fidelidad a la palabra por parte del Señor ya que la justicia, la liberación y la plenitud están en él (Salmo). Buscar a Dios significa ser conscientes que Dios mira más allá de la apariencia, ya que su mirada penetra los corazones y elige los débiles, los ignorantes y ello hace que la gloria dada a Él, salga de lo profundo del corazón (IIº lectura).

BUSCAR A DIOS

Bienaventurados son los perseguidos, los humillados, los calumniados, tantos hombres y mujeres que han optado ser discípulos de Jesús y que, ante una sociedad materialista, vienen desplazados y excluidos. Bienaventurados son los niños y jóvenes que buscan en los adultos la esperanza, quedando muchas veces aislados y con las manos vacías. Bienaventurados son los que extienden la mano y la ofrecen sin reservas a quien necesita consuelo y ayuda. Bienaventurados son todos los hombres y mujeres que llevan dolor en su corazón al no ser escuchados y, por ende, abandonados. Bienaventurados son todos y cada uno de nuestros corazones cuando, con total disponibilidad y entrega, abren sus puertas a la acción salvífica de Dios. Bienaventurados seremos cuando comprendamos que, por encima de las dificultades, problemas y situaciones difíciles, se encuentra la alegría y el gozo de la recompensa de Dios a todos aquellos que le aman.

Recordemos que somos portadores del mensaje de amor, justicia y paz de parte de la Iglesia en favor del prójimo, teniendo en cuenta, tal como nos indica el Catecismo Social que “cuando una sociedad se hace sin la referencia de Dios, se corrompe en ella el conjunto de valores propios de la cultura: no se comprende bien quién es el hombre, su destino, su dignidad, sus derechos…” por ello “la Iglesia se ha visto obligada a recordar todos estas enseñanzas mediante su Doctrina Social”.

MARÍA, BIENAVENTURADA POR EXCELENCIA

Nuestra madre del cielo, es bienaventurada por su amor a Dios, su disponibilidad y adhesión a él. En ella se refleja el testimonio de quien desea seguir a Dios y cumplir su voluntad. La misión evangelizadora a la que todos nos debemos adherir, es un momento para crecer como Iglesia, como verdaderos hijos de Dios que los buscan, encontrando así la razón para escuchar su palabra y cumplir su voluntad. Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

sábado, 21 de enero de 2017

III° Domingo del Tiempo Ordinario, 22 de enero de 2017

VIVIR EN PAZ ES POSIBLE
“Los exhorto, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que todos vivan en concordia y no haya divisiones entre ustedes, a que estén perfectamente unidos en un mismo sentir y en un mismo pensar”.

Iº lectura: Is 8, 23b-9, 3; Salmo: 26; IIº lectura: 1Cor 1, 10-13. 17; Evangelio: Mt 4, 12-23

Cada cristiano está llamado a configurarse con las palabras y las acciones de Jesús. Hoy se nos llama a ver en Él la luz que guía los pueblos. Esa luz comporta en cada alma la salvación, ya que el Señor es quien nos la concede a través de ella y su resplandor. Esto nos lleva a percatarnos de algo fundamental: si estamos unidos, la claridad y el resplandor de Dios serán baluarte en la propia vida y por ello, se nos exhorta a vivir en unidad, a sentir y pensar en nombre de Jesús.

SER DISCÍPULOS HOY

El evangelio de este domingo se presenta como un llamado claro y preciso a optar por Cristo, tal como lo indica el ser mismo del discipulado. Quien sigue a Jesús vive en unidad, quien sigue al Maestro aleja de su vida la discordia. La vida de Jesús es un testimonio veraz pues no se deja amedrentar por el hecho del arresto de Juan el Bautista, sino que eso le da fuerza para verificar que su misión es clara: extender el reino de Dios. Jesús nos pide conversión, seguimiento, enseñanza y proclamación del Evangelio.

Estos aspectos, propios de la predicación y vida del maestro, nos muestran el sentido de ser discípulos: lo seremos en la medida en que aceptemos la misión a la que se nos llama. El testimonio implica tener paz en el corazón y es por ello que, sin temor ni cobardía, los cristianos debemos ir con la frente en alto, anunciando y denunciando todo aquello que forma parte de la vida misma.

El Catecismo Social nos recuerda que “el fruto de la justicia es la paz, que es el mayor bien para toda sociedad. En tiempos de paz es posible el progreso de la sociedad y el desarrollo de la persona en todos los campos”. Ser discípulos hoy implica amar a Dios y respetar al hombre, implica entrega y donación, convicción y participación de la vida en Él. Seamos discípulos, testigos de la paz y de la unidad. En nombre de aquel que nos da la salvación y nos llama a ser sus seguidores en espíritu y verdad, abramos nuestros corazones, siendo verdaderos testigos del reino.

MARÍA, MADRE Y TESTIGO DE LA LUZ

Nuestra madre del cielo nos da ejemplo de unidad, disponibilidad y paz. Sigamos sus pasos y dejémonos guiar de su amor para llegar a Jesús dispuestos a ser sus discípulos, uniéndonos a la misión de llevar el evangelio de la verdad a todos y cada uno de nuestros hermanos. Así sea.
José Lucio León Duque


sábado, 14 de enero de 2017

II° Domingo del Tiempo Ordinario, 15 de enero de 2017

“ESTE ES EL CORDERO DE DIOS…”
 “Ahora habla el Señor, el que me formó desde el seno materno, para que fuera su servidor…”

Iº lectura: Is 49, 3. 5-6; Salmo: 39; IIº lectura: 1Cor 1,1-3; Evangelio: Jn 1 29- 34

Siguiendo detenidamente las enseñanzas que nos brinda la liturgia de la Palabra de cada domingo, encontramos lo que ella nos regala para poder cultivar aún más el sentido pleno del testimonio que debemos experimentar, sentir y vivir. El Señor se enorgullece de quien cumple su voluntad, de sus hijos y quien es siervo reconoce la acción de Dios en él (Iº lectura) tal como los evangelios lo revelan de Jesús, el Cordero de Dios (evangelio). San Pablo nos enseña en esta oportunidad la fraternidad que es luz, paz y buenos deseos para quienes son bendecidos por Dios y escogidos para su misión (IIº lectura).

CON LA LUZ CAMINAMOS HACIA DIOS

La vida actual nos presenta una serie de “ofertas” sobré cómo vivir, qué cosas experimentar y hasta cómo influir en los demás. Si dejamos que la luz que Dios nos da se apague en nuestros corazones, seremos propagadores del miedo, del terror, de la inseguridad. Dejar apagar la luz de Dios significa que poco a poco nos hemos alejado de Él y, por consiguiente, no estamos unidos a Él. San Juan Bautista nos muestra el modelo que debemos seguir y a quien debemos escuchar: Jesús, el cordero de Dios, la luz del mundo, el Hijo de Dios.

Actualmente es necesario retomar el camino que nos lleve a la unidad, a la paz, a la igualdad. La doctrina social de la Iglesia nos enseña que “la libertad humana consiste en la elección del Bien: actuar de tal modo que alcancemos a Dios, en quien está nuestra felicidad” (Catecismo social). En este sentido, estamos llamados a mirar en Jesús el amor que nos da para que libremente lo llevemos a todos y cada uno de nuestros hermanos y hermanas, con el fin de mostrarles como San Juan Bautista al cordero de Dios, al que quita el pecado del mundo, al que desde la eternidad ilumina el camino del hombre.

Elegir el Bien con libertad es responder al llamado que Dios hace al hombre de hoy, teniendo en cuenta que su voz es la que desde el cielo nos invita a ver en Jesús al hijo predilecto y en la tierra, como Juan Bautista nos lo muestra, a reconocerlo e indicar a los demás que Él es la salvación.

MARÍA NOS GUÍA HACIA LA LUZ

“A Jesús por María”, esta es la certeza de caminar con la fe puesta en Dios. María, madre nuestra, nos lleva a Jesús, luz del mundo, y nos enseña que la paz, la justicia y la igualdad, entre otras cosas, se consiguen si estamos unidos a ellos. Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com


sábado, 7 de enero de 2017

Domingo 8 de enero, Solemnidad de la Epifanía del Señor

Epifanía del Señor
“LEVÁNTATE Y RESPLANDECE…”
"¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo"

Iº lectura: Isaías 60, 1-6; Salmo: 71; IIº lectura: Efesios 3, 2-6; Evangelio: Mateo 2, 1-12

Un camino de luz, un itinerario de esperanza y los más sinceros deseos de iniciar el año 2017 en unión del amor de Dios y con la confianza en la sabiduría que viene de lo alto: estamos celebrando aún el nacimiento de Jesús.

El ambiente navideño y de año nuevo ha sido un momento favorable de paz para muchos y de indiferencia para otros. Hoy se manifiesta aún más Jesús en su nacimiento, en su ser verdadero hombre y verdadero Dios. Hoy se presentan los Magos en sintonía con una luz que guía a estos personajes hasta el sitio del nacimiento, al centro del amor hecho realidad, al lugar donde se encuentra lo humano con lo divino en una mezcla de extraordinaria grandeza y humildad perenne.

“EL PUEBLO QUE CAMINABA EN TINIEBLAS, VIO UNA GRAN LUZ”

La luz es el fondo de cada aparición del Mesías, desde el antiguo testamento hasta el momento actual. La luz borra del todo las tinieblas, símbolo éstas de la nada, de la muerte, y cancelándolas, se da inicio a una nueva vida, a una nueva creación. La estrella guió a los Magos, y hoy guía nuestra reflexión.

Se proponen ambas partes encontrar al hijo de Dios, pero con intenciones opuestas. Los magos porque desean ofrecer sus dones a la realeza divina, los otros porque temen ser usurpados en el poder. Los magos son modelo de obediencia perfecta a Dios quien les guía con su luz. Él les ha hablado al corazón a través de la luz de una estrella que les ha acompañado a lo largo de su viaje. Al acercarse y encontrarlo sienten una gran alegría, así como encontraremos tiempo después en los apóstoles por la resurrección de Jesús.

Es el gozo que premia la fe y la obediencia de los magos y de tantos que, como ellos, confían en la luz que proporciona el amor y la paz que viene de Dios. También hoy algunos tienen miedo de Jesús, de su realeza, de su presencia en medio del mundo.

Su presencia es símbolo de seguridad y confianza, es fortaleza en las dificultades, es vida en medio del desierto que se presenta cada vez que olvidamos a aquellos que necesitan nuestro apoyo y ayuda. Buscar a Jesús, es buscar el camino justo, la luz que guía nuestras vidas, el compromiso que debemos asumir como sinceros seguidores de esa luz que Dios nos coloca, para encontrar con determinación a Jesús en cada uno de nosotros.

El episodio de los magos se concluye con una anotación práctica: ellos son advertidos que no regresen donde Herodes sino que regresen por otra parte. Dios cuida el niño Jesús, cuida a los magos, nos cuida a todos, nos da los medios para enfrentar las vicisitudes que se nos presenten con el fin de salir victoriosos y seguir caminando por itinerarios que nos lleven a la conversión, a un cambio profundo que solo quien encuentra a Cristo puede experimentar.

CON MARÍA SANTÍSIMA, MADRE DE DIOS, CAMINAMOS EN LA ESPERANZA

María Santísima, madre de Dios y madre nuestra nos acompaña en este itinerario de esperanza. En este nuevo año que comienza, junto a los proyectos que la Iglesia diocesana nos presenta y en los cuales debemos participar plenamente, sin dudas y con confianza total en aquel que nos da su fuerza y su amor, debemos tener en cuenta la oración que cada día debemos elevar a Dios por la Iglesia, el Santo Padre, los obispos, nuestro obispo Monseñor Mario del Valle, los sacerdotes, religiosos y religiosas y todo el pueblo santo de Dios. Que Él nos bendiga a todos, a cada una de las familias y a cada corazón, que este año sea de esperanza plena en Dios que nos guía y en María que nos cubre con su manto de amor maternal. Así sea.

Oramos por la Asamblea Ordinaria de la Conferencia Episcopal Venezolana.
 Nos unimos “En Espíritu y verdad” hacia la paz y la reconciliación.

José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com


sábado, 31 de diciembre de 2016

Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, 1 de enero de 2017

¡GRACIAS A DIOS POR LA FAMILIA!


Este día es la continuación del itinerario que todo cristiano debe cultivar y construir: la vida en familia como don de Dios pidiendo para ella y para el mundo la luz de Dios y la paz. Las lecturas de este día nos preparan para comprender no sólo lo que es una familia, sino lo que en la vida cotidiana debemos hacer: honrar los padres, sobrellevarse mutuamente, perdonarse, ser luz y fomentar la unidad…

UN MENSAJE DE PAZ PARA LA FAMILIA Y EL MUNDO

La vida de todos y cada uno de nosotros debe ser testimonio de paz, de unidad, de armonía. Ello se consigue si vivimos en el respeto, con educación, ayudando a quien lo necesita y fortaleciendo nuestra fe. En medio del desinterés de muchos, tenemos el total amor de Jesús que nos hace parte de su familia, aún en medio de las dificultades que se nos puedan presentar. Es necesario seguir pidiendo por ella a fin que sea fuente de la vida que experimentamos gracias a la presencia de Dios.

La paz debe ser el signo y el símbolo que acompañen la existencia de tantas almas necesitadas de Dios; tantos hombres y mujeres sedientos de su amor, deseosos de tranquilidad y de armonía; tantos niños que más que un juguete necesitan cariño y ternura; tantos jóvenes que más allá de vicios cargados de curiosidad, necesitan una mano amiga, que les acompañe a ser auténticos portadores de esperanza.

La paz es signo de amor en la familia de la humanidad cuando cada hombre y cada mujer asumen sus propios retos y sus propias responsabilidades; cuando quienes gobiernan los pueblos del mundo se adhieren a vivir en unidad y trabajar por ella; cuando quienes la predicamos, trabajamos y luchamos por ella teniéndola en alto como el gran valioso tesoro que es. Este domingo se nos invita a que cada día valoremos lo que tenemos: nuestros padres, hermanos, amigos. Se nos pide ser testigos en espíritu y verdad del amor de Dios, reflejado concretamente en el rostro de tantos hermanos y hermanas nuestros, que mirando al cielo claman a Dios para así poder mirar a la tierra y encontrar quien les ayude.

No permitamos que este fin de año sea uno más de tantos en los cuales el protagonismo lo tienen las cosas materiales, seamos portavoces del protagonismo que Jesús niño posee, no por deseos de poder sino con el poder de amar y compartir con los corazones y las almas sedientas de paz y hermandad.

CAMINEMOS JUNTOS CON LA SAGRADA FAMILIA

No dejemos apagar la llama que la Navidad encendió en nuestros corazones; seamos esa luz que camina hacia los sitios más recónditos dónde necesiten de ella. Llevémosla junto a Jesús, José y María, a todas las familias, a todos los hogares y si a alguno de ellos no podemos llegar, dejemos que se extienda gracias a los sentimientos de unidad, de fe y de hermandad que existen en nuestras comunidades, cultivando aún más el deseo de evangelizar en espíritu y verdad sin excluir a nadie, siendo testigos de la verdad y la justicia.

Para todos nuestros lectores el más sincero deseo de paz. Que de ella se desprendan los más hermosos sentimientos para todos sin distinción de raza o credo o condición social. Luchemos para que nadie impida la entrada de la acción misericordiosa y plena del amor de Dios en nuestros corazones. Dios les bendiga a todos.
José Lucio León Duque


sábado, 24 de diciembre de 2016

Solemnidad de la Natividad del Señor, 25 de diciembre de 2016

¡VIVIR LA NAVIDAD!

Los días pasan, las tradiciones se arraigan aún más en medio del pueblo que clama siempre con más ahínco, el deseo de vivir de verdad y de corazón el nacimiento de Jesús. Este año se presenta con el deseo de ser vivido a plenitud y de encontrar con convicción la manera de mostrar -y no de aparentar- lo que es la presencia de Dios que se hace hombre en nuestros corazones.
La actitud del hombre, en muchos casos, se presenta con rasgos de indiferencia y de superficialidad que se promueven como estilos de vida que -sin darnos cuenta en ciertas ocasiones- van lacerando la sociedad misma, convirtiéndola poco a poco en modos de vida lejanos de lo que es el fin último del hombre: la felicidad.

Vivir la Navidad con convicción es el eco del llamado de Juan el Bautista: “preparen el camino del Señor” (Mc 1, 1-3). Es encontrarse con un camino que se perfila como un reto ante las situaciones difíciles que nos encontramos día a día.

Vivir la Navidad es “hacerse uno” con aquellos que claman justicia, con los pobres y excluidos de la sociedad, con quienes lloran cada día su propia desgracia y no poseen los medios necesarios para salir de la situación en que se hallan.

Vivir la Navidad es compartir sin reserva no solo lo material, sino las virtudes y los valores que son parte fundamental en el mensaje de Jesucristo, que viene a salvarnos y a hacer de nosotros hombres y mujeres nuevos.

Vivir la Navidad es comprender la necesidad de ver más allá de lo que normalmente vemos. Darnos cuenta, con sinceridad y objetividad, que no estamos solos en el mundo, sino que son millones los seres humanos que esperan una luz en su camino como signo de una vida mejor.

Vivir la Navidad es mirar alrededor y ver que la indiferencia y la falta de tolerancia, se hacen eco de pensamientos inertes que buscan menospreciar y degradar lo bueno que pueda existir.

Vivir la Navidad es centrarnos en el misterio de Dios hecho hombre, en quien creemos, “vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17,28).

Vivir la Navidad es dar sentido a cada gesto, cada don, cada detalle que se ofrece no por ser una fiesta más ni un periodo de vacaciones, sino la presencia viva de Dios hecho hombre que se manifiesta en la caridad con hechos concretos.

Vivir la Navidad es orar por quienes no creen en Dios, por quienes usan su forma de pensar para dañar a los demás, olvidando que Dios es padre de todos y para todos y que no excluye a nadie de su corazón.

Vivir la Navidad es saber reconocer los propios errores y pedir perdón. Tendremos la oportunidad de reconocernos débiles y pecadores sabiendo que la misericordia se vive desde lo profundo del corazón haciendo gestos de caridad con sinceridad y no para salir del paso.

Vivir la Navidad es meditar y discernir sobre la situación que vive el mundo de hoy, donde el relativismo ético se presenta como un tema al cual se debe dar una respuesta con el testimonio y el ejemplo de vida cristiana.

Vivir la Navidad es dar lo que tenemos, no lo que nos sobra, recordando que Cristo viene “para servir y no para ser servido” (Mc 10, 45). Este es un detalle que debemos practicar siempre, no solo en Navidad.

El Papa Francisco nos invita a vivir con esperanza en este tiempo: “Cuando se habla de la esperanza, muchas veces se refiere a lo que no está en el poder del hombre y que no es visible. De hecho, lo que esperamos va más allá de nuestras fuerzas y nuestra mirada. Pero el Nacimiento de Cristo, inaugurando la redención, nos habla de una esperanza distinta, una esperanza segura, visible y comprensible, porque está fundada en Dios.
Él entra en el mundo y nos dona la fuerza para caminar con Él –Dios camina con nosotros en Jesús–, caminar con Él hacia la plenitud de la vida; nos da la fuerza para estar de una manera nueva en el presente, a pesar de ser difícil.
Entonces, esperar para el cristiano significa la certeza de estar en camino con Cristo hacia el Padre que nos espera. La esperanza jamás está detenida, la esperanza siempre está en camino y nos hace caminar. Esta esperanza, que el Niño de Belén nos dona, ofrece una meta, un destino bueno en el presente, la salvación para la humanidad, la bienaventuranza para quien se encomienda a Dios misericordioso.”
“Miramos a María, Madre de la esperanza. Con su “si” abrió a Dios la puerta de nuestro mundo: su corazón de joven estaba lleno de esperanza, completamente animada por la fe; y así Dios la ha elegido y ella ha creído en su palabra." S.S. Francisco, 21 de diciembre de 2016.

FELIZ NAVIDAD PARA TODOS, que el niño Dios nazca en cada uno de nosotros y que la sinceridad, la justicia y el respeto sean signo del testimonio que debemos ofrecer hoy y siempre. Dios les bendiga. Así sea.
José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...