José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
En Sintonía con Jesús Radio

Radio en vivo

jueves, 26 de agosto de 2010

XXII Domingo del Tiempo Ordinario

La humildad, signo de unión con Dios

“Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso. Hazte pequeño en las grandezas humanas, y alcanzarás el favor de Dios.”


Iº lectura: 3, 17-18.20.28-29; Salmo: 67; IIº lectura: Hb 12, 18-19.22-24; Evangelio: Lc 14, 1.7-14


La humildad se expresa con actitudes coherentes y palabras con sentido; es una de las acciones más sublimes, ya que forma parte del amor. Ni los títulos, ni el manejo desordenado del dinero, ni una determinada posición social, podrán ser garantes de humildad; esto nos lleva a reflexionar sobre lo que en la liturgia de este domingo se nos presenta: meditar y saber escuchar.


Tras los pasos de la humildad

Cuando nos acercamos a Dios a través de la oración y de la celebración litúrgica, formamos parte del Cuerpo Místico de Cristo, dando una respuesta positiva al deseo de adherirnos cada vez más a la vida divina. Se buscan los primeros lugares, se muestra avidez por figurar en algo y/o ante alguien; se quiere ser el centro de atención mostrando la falsa humildad que se lleva arraigada en el alma. Nos acercamos a Dios porque Él primero nos ha llamado y si permanecemos en Él es porque hallamos el lugar que nos corresponde: el único que debemos buscar y que podemos encontrar: su corazón. Si damos signos de sencillez, seremos agradables a los ojos de Dios; si mostramos señales evidentes de egoísmo, seremos simples servidores de los planes inertes que presenta el demonio a quienes buscan a Dios. Es fácil, entretenido y barato, juzgar y hablar de los demás, cual si fuésemos jueces sin derecho. Vivir la humildad es saber meditar y escuchar; es conjugar sentimientos de bondad y admiración por lo que hacen los demás; es dejar brillar las opacas imágenes de hombres y mujeres que cubren sus rostros por vergüenza o por sentir exclusión; es dar oportunidad que todos y cada uno de nosotros podamos ser luz en el camino de quienes viven en la oscuridad. El maestro nos muestra la vía que debemos recorrer: humillarnos para ser engrandecidos y ello es garantía de la cercanía con Dios para ser ejemplo de su mensaje de amor, libertad y paz. Démosle el verdadero significado a la humildad, siendo partícipes en la construcción de un mundo en el cual dejen de ser comunes las falsas prácticas de humildad; donde se dé al hombre la dignidad que merece y se vean soluciones a los diferentes problemas sociales, culturales y religiosos…


María ejemplo de humildad…

Ella nos da ejemplo de humildad verdadera y caminando junto a ella podemos obtener óptimos resultados. Seamos buenos hijos, confiemos plenamente en su amor maternal, busquemos ser testigos de la paz, lealtad y justicia, sabiendo conservar en nuestros corazones la grandeza de Dios, su amor inefable y el deseo de ser mejores cada día, solo así podemos ayudar a construir la Iglesia de la que todos somos parte sin exclusión ni distinción.


P. José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

viernes, 20 de agosto de 2010

Entrar por la puerta estrecha…
“Muchos intentarán entrar y no podrán…”

Iº lectura: Is 66, 18-21, Salmo: 116; IIº lectura: Heb 12, 5-7.11-13; Evangelio: Lc 13, 22-30

Estos días de “vacaciones” son favorables para reflexionar sobre el tiempo que dedicamos a Dios. Lo más importante del ser cristianos es la dicha de vivir y estar en comunión, sentirnos una sola alma, un solo cuerpo como Iglesia de Jesús que somos. Esto es lo que nos enseña la Iglesia de los orígenes, los primeros seguidores y discípulos de Jesús. Sólo es posible guiar a los demás si desde lo profundo de nuestros corazones se proclama la grandeza de Dios, su amor, su misericordia, su justicia. Los caminos de Dios son algunas veces duros, otras, más llevaderos; son caminos en los cuales la exigencia consiste en ser perfectos en la humildad, en la medida en que estemos unidos a Él.

Busquemos la puerta estrecha, esforcémonos, entremos y quedémonos
Jesús en su deseo por hacernos partícipes de su mensaje, nos invita a algo concreto: esforzarse por entrar por la puerta estrecha. Esto no se hace con “romanticismos” ni ilusiones vanas, se consigue experimentando en la propia vida el deseo se seguirlo con todo el corazón y con la vida misma. Esforzarse por entrar es dedicar la vida a escuchar con atención a Jesús, escoger la mejor parte, colaborar en la unión de los hombres, vivir y anunciar con convicción el Evangelio. Todo ello es, a su vez, consecuencia del bautismo ya que entramos a formar parte del Cuerpo Místico de la Iglesia. De aquí en adelante debemos luchar y trabajar por algo fundamental: quedarnos, mantenernos y buscar la salvación. Es importante centrar nuestra vida en Jesús, su palabra y su testimonio de vida. En la medida en que sepamos vivir nuestro cristianismo y arraigarlo en nuestro corazón, es que entenderemos el mensaje de este domingo: entrar por la puerta estrecha que está en Dios, en el mensaje de Jesús y en la vida que todos y cada uno de nosotros construya con la convicción de que la vía hacia la felicidad es dura pero vale la pena esforzarse por estar en ella. A pesar de la actual situación mundial, se respira un aire de esperanza; se puede sentir que cristianos y no cristianos gritan al mundo la paz, algo de lo que carecemos y que aparentemente, para muchos, parece no hacer falta.

María Santísima, guía nuestro caminar
Nuestra Madre de la Consolación nos acompaña y nos guía. Ella es la columna en la cual se apoya nuestra vida y nuestro peregrinar. Su bendición y su amor son garantía del amor de Dios, de su paz y de su misericordia hacia sus hijos. Pidámosle a ella y seamos testigos de su amor, sólo así experimentaremos el hecho de ser portavoces de la verdadera renovación como discípulos y misioneros.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

jueves, 12 de agosto de 2010

Nuestra Señora de la Consolación

¡Gracias Madre!

“Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.”

Iº lectura: Ap 11,19a; 12, 1.3-6a.10ab; Salmo: 44; IIº lectura: I Cor 15, 20-27a; Evangelio: Lc 1, 39, 56

Cada año los fieles, no sólo del Táchira, sino de otros lugares de Venezuela y más allá, se acercan a los pies de nuestra Madre de la Consolación de Táriba, para decirle ¡gracias! y también para pedirle por diversas necesidades. Sin duda alguna, siente lo que nuestras madres, experimenta en su corazón la angustia por nuestro mal comportamiento y a la vez la alegría cada vez que nuestra actitud está acorde a la voluntad de Dios.

María Santísima nos abraza a todos

La Virgen es seguridad y garantía, ya que a través de ella, llegamos a Dios. Ella es madre sin excepción, ella acoge en su corazón a todos sin distinción, ella une en su vida a tantos hijos dispersos que están en constante búsqueda del verdadero camino, ella nos abraza a todos. María Santísima, la mujer vestida de sol, la madre de la consolación, la madre de quien viene todo amor y comprensión, nos cuida, nos protege y nos invita también a ser constantes, fieles y sobre todo, a comportarnos como buenos hijos. La visita a su prima Isabel es un gesto que muestra, en medio de su silencio, el gran corazón que posee y por ello fue conveniente que desde lo alto, Dios se fijara en este ser especial y puro, tan maravilloso, sencillo y humilde. María es modelo de humildad y comprensión, en ella se conjugan todas las prerrogativas necesarias para convertirse, como lo hizo, en ejemplo para todas las generaciones. La sencillez de María engrandece su imagen, su figura y su vida entera, enaltece lo que en una nosotros debiera ser algo normal: el amor de Dios presente en la vida cotidiana.

María, ejemplo de la mujer de hoy…

María nos visita, nos acompaña, corre presurosa a atender a sus hijos.

¡Bendita tú María! Porque no te rebajaste, sino diste plenitud a la humildad que nace de un corazón sincero…

¡Bendita tú María! Porque gracias a tu disponibilidad, se abrieron las puertas del corazón de Dios para que todos pudiésemos recibir sus gracias…

¡Bendita tú María! Porque nos das a tu hijo, para que con su vida, muerte y resurrección, seamos bendecidos, amados y salvados.

¡Bendita tú María! Madre de la Consolación, pues a todos nos das la posibilidad de apoyarnos en tu regazo y comprender que en ti está el camino que nos lleva a Jesús…

Acudamos fieles a nuestra Madre de la Consolación, acudamos con humildad y con convicción, pidámosle con fe por nuestra patria, por nuestro estado, por nuestra diócesis y llevemos el más grande regalo que un hijo puede dar a su madre: fidelidad, obediencia y amor. ¡Gracias Madre! Así sea.

P. José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

viernes, 6 de agosto de 2010

XIX Domingo del Tiempo Ordinario

¿Dónde está nuestro corazón?

“Donde está su tesoro, allí estará también su corazón.”


Iº lectura: Sb 18, 6-9; Salmo: 32; IIº lectura: Hb 11, 1-2.8-9; Evangelio: Lc 12, 32-48


Jesús, en esta oportunidad, nos hace una aclaración muy importante y fundamental para nuestro itinerario espiritual: ¿dónde está nuestro corazón? ¿cuáles son nuestras riquezas? En la actualidad es evidente el modo superficial con el cual se desempeñan algunas actitudes del hombre. La mayoría de situaciones son la certeza de la carencia de convicción y de fe en Dios. La vida cotidiana es muestra de la necesidad que tenemos del creador; la fe es la que nos mueve, la fe es el aire que nos permite respirar el amor de Dios. “La fe es garantía de las cosas que se esperan”, leemos en la carta a los hebreos; esa fe que mueve montañas, esa fe que permite ver y sentir la insondable e infinita grandeza de la salvación de Dios para con nosotros; esa misma fe en diversas ocasiones es dejada de lado o simplemente se ignora, o se usa como una especie de “amuleto” y ésta no es la manera de vivir en Dios, no es el modo en el que debemos tratar y hacer vivir nuestro corazón.


“No tengan miedo…”

El miedo no es sólo un visitante o un huésped: se ha convertido en muchos momentos en “parte esencial” de la vida de la mayoría de personas. Se vive con miedo, se vive en el miedo, se vive por el miedo. Es tangible el modo en el que se busca la grandeza, los poderes, los honores. Dios desde nuestro corazón nos observa, nos interpela y a la vez, nos respeta. Es necesario considerar la eficacia del amor de Dios, el alcance de su misericordia y el significado de su perdón. El Señor no nos amenaza, no nos está advirtiendo de manera negativa, está actuando con amor cuando nos dice que no tengamos miedo, que estemos preparados. En esta perspectiva, hay dos aspectos fundamentales: la libertad y la obediencia. Somos libres para escoger y si vivimos el amor de Dios, es nuestro deber, obedecer. Caminar con Dios es sentir la fuerza para vivir sin temores humanos, sin miedo, sin inhibiciones.


Confiemos en Jesús y María

Pidamos a Dios nos ilumine para reconocerle en la vida cotidiana y sobre todo en los necesitados, en el prójimo. Que Él fortalezca nuestra esperanza en el futuro de la humanidad para que no desfallezcan la fe y el amor, a fin de que nuestra vida se apoye en valores permanentes y no sólo en los bienes materiales, bienes tal vez necesarios, pero que no son el centro total de la vida, como muchos creen. Nuestra Madre del Cielo, María de la Consolación, guíe nuestros corazones para entender y sentir como ella a Jesús, el del rostro sereno, el gran tesoro de nuestra existencia, para vivir plenamente como discípulos y misioneros. Así sea.


P. José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

sábado, 31 de julio de 2010

XVIII Domingo del Tiempo Ordinario

Valiosos para Dios
“Tampoco se engañen los unos a los otros. Porque ustedes se despojaron del hombre viejo y de sus obras y se revistieron del hombre nuevo, aquel que avanza hacia el conocimiento perfecto, renovándose constantemente según la imagen de su Creador.”

Iº lectura: Qo, 1, 1; 2, 21-23; Salmo: 89; IIº lectura: Col 3, 1-5.9-11; Evangelio: Lc 12, 13-21


La liturgia de este domingo nos muestra detalles importantes para la vida cotidiana de cada uno de nosotros: somos valiosos para Dios. Las lecturas de este día, son una enseñanza valiosa para todos, ya que de un modo u otro, somos manipulados por la rutina y en algunas ocasiones podemos sentir la falta de fuerza para hacer las cosas bien y salir adelante. Fijémonos en lo cotidiano, en los detalles que envuelven al hombre, así nos daremos cuenta de la ausencia del sentido del pecado y la falta de perseverancia en nuestros trabajos. Todo esto nos lleva a meditar algunos puntos fundamentales para la vida del cristiano, veamos.

Buscar los bienes de arriba…

Vivimos inmersos en una serie de actividades a las cuales pensamos darle el justo sentido, pero se nos escapa de las manos el verdadero rumbo que las mismas deben seguir. El activismo, aunque “consiste en llevar a cabo acciones con una determinada intención” (definición tomada de la web), lo hemos convertido en un modo de evadir la atención que realmente debemos dar a Dios. Recordemos que debemos encomendarnos cada día a Dios, debemos ofrecer nuestras obras diarias y nuestra vida sin ninguna duda. La vida del hombre de hoy necesita de la vida de Dios, necesita de los “bienes de arriba”, necesita de la mirada de Dios. ¿Por qué aferrarnos a lo material?, ¿por qué idolatrar bienes terrenos o superficialidades sin ningún objetivo?, es decir, ¿por qué algunas veces nos alejamos de Dios? San Pablo, no sólo a los colosenses sino también a nosotros, nos recuerda que debemos dar muerte a lo que no sirve. ¿Qué deberíamos hacer entonces ante un examen de conciencia serio? La invitación es clara: revestirse del nuevo yo, es decir, revestirse de Cristo, de su Palabra, de su amor, de su paz. Despojémonos del materialismo en el que muchas veces nos anclamos, alejémonos de la superficialidad que daña el corazón del hombre de hoy y seamos fieles a la riqueza que nos da Dios, riqueza que vale mucho más que cualquier otra y que es más fuerte que cualquier tesoro…

Con Jesús y María…

Inicia el mes en el que celebramos en nuestra diócesis la fiesta de la Virgen María de la Consolación y del Santo Cristo de La Grita: estamos invitados a pedirles con convicción la paz, el amor y la concordia para todos sin excepción. Así sea.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 23 de julio de 2010

XVIIº domingo del tiempo ordinario


Servir y no ser servido…

“Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: "Creí, por eso hable", también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con ustedes.”


I° lectura: Hech 4, 35; 5, 12.27-33; 12,2; Salmo 66; II° lectura: IICor 4, 7-15; Evangelio: Mt 20, 20- 28


La Iglesia católica, una y santa, Iglesia fundada por Jesucristo, nuestro maestro y Señor, nos da la posibilidad de encontrar en ella la fuente de paz, de amor, de esperanza que todos necesitamos. La alabanza que cada cristiano debe expresar y experimentar para con Dios, es una manifestación clara y precisa del amor, la obediencia, el conocimiento y la vida en Él, de su presencia verdadera y real en el corazón del hombre y en medio de su pueblo…


Servir de corazón…

La liturgia de hoy nos llama a vivir el Evangelio con el corazón, como miembros de la Iglesia que busca la justicia, la verdad, la esperanza. Jesús enseña a los apóstoles el modo de vivir de quien sigue sus pasos: “el que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor.” La identidad del cristiano se debe manifestar en una vida austera y santa, en dedicación incondicionada para con los demás. El Evangelio de este domingo nos refiere una pregunta que es muy actual: ¿somos capaces de seguir a Jesús? Se nos dan unas indicaciones precisas que mueven el corazón y la vida del hombre a sentir esa llamada como símbolo del amor y la confianza que tiene para con todos. La Palabra de Dios tiene connotación universal, es para todos y en todos debe ser manifestación de salvación, de servicio, de liberación, de superación de obstáculos, de purificación de nuestros corazones, de destrucción del maligno que muchas veces se encarga de dañar la vida de quienes deseamos caminar en el amor de Jesús.


En nombre de Jesús y de María

La madre de Jesús, nuestra madre, nos da la mano, nos guía y nos conduce a la vida en Dios. Ella, madre del maestro del amor y del servicio, nos muestra en Jesús el remedio de nuestra debilidad, nos muestra en Él la renovación de nuestra vida, ya que nos ayuda a abrir los ojos ante la gama de problemas que existen y que se resuelven o se alivian con fe, esperanza y caridad. Así sea.


"No podemos anunciar a Jesucristo, si no nos ponemos a su servicio".

(Beato Juan XXIII)


P. José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...