José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
En Sintonía con Jesús Radio

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viernes, 4 de marzo de 2011

IX Domingo del Tiempo Ordinario


Vivir con firmeza…

“El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca.”

Iª lectura: Deut 11, 18. 26-28. 32; Salmo: 30; IIª lectura: Rom 3, 21-25a. 28; Evangelio: Mt 7, 21-27

Hoy escuchamos la Palabra de Dios en que se nos presenta su importancia y mediación, con lo cual nos configuramos a la voluntad de Dios con solidez y constancia, como quien ha construido su casa sobre la roca…

Construir sobre roca…

A través de Jesús encontramos el modo en el cual Dios manifiesta su amor por nosotros. Estamos llamados a observar la Ley, pero más aún, a vivir una libre adhesión a Aquel que con su sacrificio redimió la humanidad y nos dona la salvación. Por ello San Pablo nos dice: “Por la fe en Jesucristo viene la justicia de Dios a todos los que creen, sin distinción alguna.” Ello se une a lo que nos dice el Señor. No siempre quien dice actuar en su nombre, lo hace así, ya que se puede “aparentar” hacer las cosas en nombre de Dios y vivir de otro modo. Ciertamente, quien así actúa, está lejos de cumplir la voluntad de Dios. ¿Cómo se cumple la voluntad de Dios? Debemos saber escoger entre aquello que nos acerca a Dios y lo que nos aleja. Si actuamos de buena fe, si actuamos y caminamos de la mano con Jesús, estaremos construyendo sobre la roca firme del amor de Dios y seremos sus testigos. Es necesario también conocer la Palabra, hacerla vida y transmitirla a los demás y ello se refleja en la vida cotidiana cuidando los detalles de amor a Dios y siendo testigos del Evangelio de la verdad.

De la mano con María…

En María Santísima encontramos el ejemplo de confianza y firmeza que debemos seguir. Ella nos acompaña en la vida y caminando juntos seremos testimonio de firmeza, constancia y perseverancia, escuchando la Palabra de Dios y viviendo según su voluntad. Así sea.

P. José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

viernes, 25 de febrero de 2011

VIIIº Domingo del Tiempo Ordinario

Saber valorar… confiar más…

“Sobre todo busquen el Reino de Dios y su justicia; lo demás se les dará por añadidura. Por tanto, no se agobien por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.”

Iª lectura: Is 49, 14-15; Salmo: 61; IIª lectura: 1Cor 4, 1-50; Evangelio: Mt 6, 24-34

La palabra de Dios en este domingo nos encamina hacia lo que debemos tener como plan de vida: confiar más en la Providencia de Dios y a no juzgar de manera fácil a los demás, dando a cada cosa y a cada persona el valor que le corresponde. Es Dios quien tiene la potestad de juzgar, nadie puede colocarse en el lugar de Dios, solo Él, al final de nuestros días, premiará nuestras acciones.

Confiar más en Dios… ¿por qué?

Muchos son los motivos para confiar en Dios, es más, cada día que vivimos debe ser un agradecimiento constante por los beneficios que recibimos de Él. Uno de los motivos es el hecho mismo de ser creaturas, limitadas e imperfectas, que tenemos siempre necesidad de quien es todo y posee todo: Dios. Otro motivo es el hecho mismo de ser imagen y semejanza de Dios y por la gracia del Bautismo somos sus hijos. Él, que es Padre, no nos hará faltar nunca lo que sea necesario para nuestro bien, tanto material como espiritual. ¿Cuál es, entonces, nuestra actitud ante la Providencia de Dios? Si creemos de verdad en Él, nuestro deber de cristianos es colocarnos en sus manos, confiando plenamente en su misericordia. Ante esto, la reflexión de hoy se centra en la confianza, el amor, el cuidado, la ternura y la atención que nos tiene Dios y cómo nosotros vivimos de consecuencia. Delante de nuestros ojos la injusticia, la indiferencia y otros anti-valores, se extienden cada vez más y nuestras respuestas debieran ser más contundentes y llenas de fe: “El iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios.”

María, Madre de la confianza…

Pidamos hoy, en unión con María nuestra Madre del cielo y de manera especial para todos y cada uno de nosotros, el don de la fe, esa fe que nos hace entrar en el corazón de Dios y nos permite dar gracias por el milagro que Él hace en nuestra vida: valorar cada detalle, confiando plenamente en su misericordia, ayudando a los demás, sin exclusión. Así sea.

P. José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

viernes, 18 de febrero de 2011

VIIº Domingo del Tiempo Ordinario

Seguir a Jesús desde el amor

“Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los aborrecen y recen por los que los persiguen y calumnian. Así serán hijos de su Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos.”

Iª lectura: Lev 19, 1-2.17-18; Salmo: 102; IIª lectura: 1Cor 3, 16-23; Evangelio: Mt 5, 38-48

Jesucristo, enseña a sus discípulos y a nosotros, el mandamiento del amor, la nueva ley del Evangelio que sustituye para siempre la ley pagana del hombre viejo: “amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo”. Nuestro espíritu tiembla escuchando las palabras de este nuevo mandamiento. A veces nuestras actitudes tienden a despreciar o rechazar a quienes nos agreden o nos hacen daño. Este es el resultado del alejamiento de Dios, de su luz, de su amor, de su palabra.

Acercarnos al amor de Dios…

El amor o caridad se presenta como un sentimiento insólito, que abre un nuevo horizonte ante lo que muchos muestran como opción de vida. La superficialidad y el materialismo han lacerado las facetas que el amor nos regala y han hecho que las actitudes de algunos se caractericen por la falta de sinceridad y honestidad. El hombre, imagen y semejanza de Dios, es liberado de sus pecados gracias a la acción redentora de Jesús y es renovado por la acción del Espíritu Santo. Desde el momento en que Dios nos ama en este modo, nos hace participes de él y nosotros podemos perdonar a quien se presenta como “enemigo” colocándolo en manos del que todo lo puede. La vida cotidiana es el escenario en el cual podemos hacer realidad lo que Jesús nos enseña. Es allí donde es posible abrir nuestro corazón y hacer surgir la esperanza ante el daño evidente que se presenta a causa de la carencia de quien se aleja de Dios. Las distinciones las hacemos nosotros, las divisiones las creamos cuando no aceptamos con tolerancia la posibilidad de hacer las cosas mejor. Jesús nos invita hoy y cada día a ser perfectos como el Padre celestial y lo lograremos si abrimos nuestro corazón y actuamos con sinceridad ante las dificultades que se puedan presentar. La vía a seguir es Jesús e imitándolo a Él, hombre nuevo, modelo para cada uno de nosotros, encontramos la verdadera razón para vivir bien el Evangelio de la verdad.

María, modelo de vida…

“Hagan lo que Él les diga” resuena en nuestras vidas cada vez que pensamos en cómo cumplir la voluntad de Dios. Sigamos los pasos de nuestra madre del cielo y encontraremos el modo para que, desde la sencillez y la reflexión, podamos ser portavoces del mensaje que Jesús, hoy y siempre, nos regala sin excepción. Así sea.

p. José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

viernes, 11 de febrero de 2011

VIº Domingo del Tiempo Ordinario

Libres para Dios…
“A ustedes les basta decir sí o no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno”

Iº lectura: Eclo 15, 16-21; Salmo: 118; IIº lectura: 1Cor 2, 6-10; Evangelio: Mt 5, 17- 37

Saber elegir, saber decidir, saber cómo vivir… La libertad de ser fieles a la palabra del Señor es una de las vías que estamos llamados a recorrer. Las lecturas de hoy nos desvelan sugerencias y normas que nos permitirán conocer a Dios, ser buenos cristianos y sentirnos libres para vivir en la justicia.

Cumplir la voluntad de Dios...
Dios nos conoce. Él nos indica el camino a seguir. Nos revela los pasos que debemos dar y la vía que se nos coloca por delante. La liturgia de hoy nos da algunos puntos de meditación que nos ayudarán a entender la misión que se nos ha encomendado. En primer lugar, la infinita sabiduría de Dios se nos manifiesta para aprender a cumplir su voluntad. Si caminamos guiados por la luz de Dios, nuestro vivir es más armonioso y será fundamental para fortalecer el testimonio de vida. En segundo lugar, la libertad en la que debemos vivir, es garantía del cumplimiento y la eficacia de la palabra de Dios. Dicha actitud se basa en el amor, en la justicia y en la verdad. En tercer lugar, debemos desechar aquello que obstaculiza vivir en paz. La oportunidad de ser buenos o menos buenos, está en la decisión de escoger el camino de la verdad o la actitud de la mentira, y esta última nos lleva a la destrucción del alma y de la vida en Cristo. Si decimos SI o NO, quiere decir que estamos entendiendo lo que debemos hacer. Si la actitud en cambio es de ambigüedad, es señal de que hay que luchar aún más por encontrar en Dios el verdadero rumbo que nos lleva al justo equilibrio y a vivir en sintonía con Dios.

María, maestra de libertad
En Nuestra Madre del cielo encontramos el ejemplo para ser libres y decididos a seguir a Jesús. Ella nos enseña que, aceptando la voluntad de Dios a ejemplo de su “fiat”, es posible dar testimonio de la sabiduría de Dios, predicando con el ejemplo, siguiendo el camino de la libertad con decisión firme, como discípulos y misioneros del Evangelio de la verdad. Así sea.
P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 4 de febrero de 2011

Luz y sal de la tierra…

“Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Ustedes son la luz del mundo…”

Iº lectura: Is 58, 7-10; Salmo: 111; IIº lectura: 1Cor 2, 1-5; Evangelio: Mt 5, 13- 16

La luz y la sal, la claridad y el sabor que estamos llamados a vivir, a dar al mundo y a cultivar en nosotros. Este domingo, nos encontramos con la luz y la sal, signos y símbolos del Señor. Así como la luz y el día se oponen a la noche y a las tinieblas; de la misma manera la sal (los cristianos) se oponen al “sin sabor” que se encuentra en el camino de quien no cumple la voluntad de Dios. La sencillez y la generosidad son elementos fundamentales para encontrar el modo de ser luz y sal de la tierra. Esto sólo lo posee quien camina en la luz, quien se fortalece en la oración. Pero atención: ¡Hay sombras que se presentan en la vida de todos y cada uno de nosotros!

Alumbrar, no oscurecer…

Quien es cristiano es luz para todas las personas y necesidades del mundo. El cristiano sabe que esta riqueza tan grande (la oración y la luz), le acerca a su salvador y que además es una forma extraordinaria de conseguir el perdón de sus pecados. La Iglesia es una comunidad de creyentes en la cual todos tenemos espacio, y aunque es de todos, ella tiene una particular preferencia por los pobres y excluidos. Compartir con sencillez es garantía de aquello para lo que estamos llamados: ser luz y sal de la tierra para quienes necesitan, sin exclusión y con convicción. Hagamos hoy una oración por nuestro prójimo para que el compromiso sea convertirnos en luz y sal para los demás, para el mundo pero también y de manera especial, en nuestros propios hogares...

En unión con María…

En este itinerario de fe, María Santísima nuestra madre, nos acompaña e indica el camino a seguir. Ella, madre del amor y maestra de oración, nos enseña a orar, escuchar a Jesús y guardar en nuestro corazón sus palabras y enseñanzas para que seamos testigos del amor de Dios. Así sea.

Oremos de manera especial por los sacerdotes de nuestra diócesis que durante estas semanas están realizando los Ejercicios Espirituales anuales: una experiencia de vida espiritual para vivir con convicción, en medio del pueblo, el Evangelio de la verdad.

P. José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

viernes, 28 de enero de 2011

IVº Domingo del Tiempo Ordinario

Los bienaventurados, ¿quiénes son?

“Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios”

Iº lectura: Sof 2, 3; 3, 12-13; Salmo: 145; IIº lectura: 1Cor 1, 26-31; Evangelio: Mt 5, 1- 12a

El justo busca al Señor, la justicia y la humildad y junto a ello, cumple con su voluntad (Iº lectura). Esto, a su vez, nos muestra la fidelidad a la palabra por parte del Señor ya que la justicia, la liberación y la plenitud están en él (Salmo). Buscar a Dios significa ser conscientes que Dios mira más allá de la apariencia, ya que su mirada penetra los corazones y elige los débiles, los ignorantes y ello hace que la gloria dada a Él, salga de lo profundo del corazón (IIº lectura).

Buscar a Dios…

Muchos buscan la voz de Jesús, quieren escucharlo y desean seguirlo. La exhortación del maestro es clara y precisa y va dirigida a todos sin excepción. Bienaventurados son los que miran al cielo encontrando en el abrazo misericordioso de Dios, su ternura duradera y sincera. Bienaventurados son los perseguidos, los humillados, los calumniados, tantos hombres y mujeres que han optado ser discípulos de Jesús y que, ante una sociedad materialista, vienen desplazados y excluidos. Bienaventurados son los niños y jóvenes que buscan en los adultos la esperanza, quedando muchas veces aislados y con las manos vacías. Bienaventurados son los que extienden la mano y la ofrecen sin reservas a quien necesita consuelo y ayuda. Bienaventurados son todos los hombres y mujeres que llevan dolor en su corazón al no ser escuchados y, por ende, abandonados. Bienaventurados son todos y cada uno de nuestros corazones cuando, con total disponibilidad y entrega, abren sus puertas a la acción salvífica de Dios. Bienaventurados seremos cuando comprendamos que, por encima de las dificultades, problemas y situaciones difíciles, se encuentra la alegría y el gozo de la recompensa de Dios a todos aquellos que le aman. Recordemos que somos portadores del mensaje de amor, justicia y paz de parte de la Iglesia en favor del prójimo, teniendo en cuenta, tal como nos indica el catecismo social que “cuando una sociedad se hace sin la referencia de Dios, se corrompe en ella el conjunto de valores propios de la cultura: no se comprende bien quién es el hombre, su destino, su dignidad, sus derechos…” por ello “la Iglesia se ha visto obligada a recordar todos estas enseñanzas mediante su Doctrina Social”.

María, bienaventurada por excelencia…

Nuestra madre del cielo, es bienaventurada por su amor a Dios, su disponibilidad y adhesión a él. En ella se refleja el testimonio de quien desea seguir a Dios y cumplir su voluntad. La misión evangelizadora a la que todos nos debemos adherir, es un momento para crecer como Iglesia, como verdaderos hijos de Dios que los buscan, encontrando así la razón para escuchar su palabra y cumplir su voluntad. Así sea.

P. José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...