José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
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sábado, 11 de julio de 2009

XVº Domingo del Tiempo Ordinario, 12 de julio de 2009

Liberar del mal y sembrar el bien
“Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos. La salvación está ya cerca de sus fieles, y la gloria habitará en nuestra tierra”.

Iº lectura: Am 7,12-15; Salmo: 84; IIº lectura: Ef 1,3-14; Evangelio: Mc 6, 7 - 13

La Iglesia católica, una y santa, Iglesia fundada por Jesucristo, nuestro maestro y Señor, nos da la posibilidad de encontrar en ella la fuente de paz, de amor, de esperanza que todos necesitamos. La alabanza que cada cristiano debe expresar y experimentar para con Dios, es una manifestación clara y precisa del amor, el conocimiento y la vida en Dios de quien siente su presencia verdadera y real en el corazón del hombre y en medio de su pueblo. Todos nosotros, bautizados, podemos y debemos sentirnos partícipes de la liturgia que hoy nos hace un llamado y nos hace participar del sacrificio de Jesús con el cual obtenemos la Salvación.

Destinados por Dios a ser felices
La liturgia de hoy nos llama a vivir el Evangelio con el corazón, como miembros de la Iglesia que busca la justicia, la verdad, la esperanza. Jesús escoge los apóstoles como sus representantes personales, como testigos y profetas, no como simples portadores de un mensaje nada más. La identidad del cristiano se debe manifestar en una vida austera y santa, en dedicación incondicionada para con los demás. El Evangelio de este domingo nos refiere que Jesús les dio “autoridad sobre los espíritus inmundos”. Les mandó que no llevaran nada para el viaje, sólo un bastón: ni pan, ni mochila, ni dinero en la bolsa. Dios da unas indicaciones precisas que mueven el corazón y la vida del hombre a sentir su llamada, como símbolo del amor que tiene para con todos. La Palabra de Dios tiene connotación universal, es para todos y en todos debe ser manifestación de salvación, de liberación, de superación de obstáculos, de purificación de nuestros corazones, de destrucción del maligno que muchas veces se encarga de dañar la vida de quienes deseamos caminar en el amor de Jesús.

María Santísima nos acompaña
En este itinerario de vida y de amor, María Santísima nos guía y nos lleva de la mano. Debemos insistir en el amor y devoción que todo cristiano le debe profesar, como verdaderos hijos suyos. Nuestra madre es la luz, la esperanza, el pilar del amor que nos lleva a Jesús. Ella nos enseña la sencillez que falta en tantos sitios, la humildad de la que carecen muchos corazones y las grandezas y maravillas que Dios nos regala a cada momento.

“La unidad del género humano, la comunión fraterna más allá de toda división, nace de la palabra de Dios-Amor que nos convoca.”

Benedicto XVI - Caritas in veritate

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

sábado, 4 de julio de 2009

XIVº domingo del Tiempo Ordinario, 5 de julio de 2009

En el Señor tenemos la fuerza
“Por eso, me complazco en mis debilidades, en los oprobios, en las privaciones, en las persecuciones y en las angustias soportadas por amor de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”

Iº lectura: Ez 2,2-5; Salmo: 123; IIº lectura: II Cor 12,7-10; Evangelio: Mc 6,1-6

La debilidad puede ser entendida de varias maneras. En la liturgia de este domingo San Pablo nos dice que cuando es débil, entonces es fuerte. Esa debilidad puede ser entendida entonces como amor, pasión, afición, cariño y no solamente como una simple inseguridad o algo que se le asemeje. Las dificultades que se puedan presentar son signo de que, confiando en Dios, podemos descubrir y discernir de la mejor manera nuestra condición cristiana. La falta de docilidad de muchos viene cubierta con la gracia de Dios que se manifiesta en la debilidad, siendo ésta uno de los puntos de reflexión para poder dar pasos de crecimiento espiritual.

“¿De dónde saca todo eso?”
Casi siempre la gente que ve a Jesús se queda maravillada, asombrada, y no falta quién se dedique a criticar lo que hace, olvidando que todo lo que hace es por el bien de todos y cada uno de nosotros. Nuestra fuerza está en Jesús, en su amor, en su palabra, en su ejemplo…La debilidad que se pueda presentar debe ser inicio de una reflexión sincera para un mejoramiento espiritual que nos lleve a decidir ser verdaderos testigos del Evangelio de la verdad. La visita de Jesús a los suyos no debe dar la sensación de fracaso, como algunos puedan pensar, sino de fortaleza de la fe. Es un llamado a sentirnos cada vez más unidos en el nombre de Dios, padre de la gran familia de discípulos de la que todos formamos parte y en la cual debemos sentirnos partícipes. Jesús saca sus enseñanzas de su vida misma, de su condición, del deseo que tiene de llegar al corazón del hombre sin dudas ni regateos. Hoy también Jesús choca con la incredulidad de muchos hombres y mujeres que aún no abren su corazón al infinito amor que Él manifiesta para todos. Es por ello que se nos invita una vez más a ser unidos, a tener fe, a trabajar incansablemente por la instauración del reino de Dios y por la participación de todos los que necesitan cada vez más acercarse a su plan de salvación que se refleja en la vida cotidiana y que es garantía de vida espiritual.

María, Reina de la paz
María guía el corazón y la vida del hombre a seguir la voz de Dios, a escuchar y vivir las enseñanzas de su hijo y a alejar de nuestra vida la presencia del maligno. Cada día ofrezcamos detalles de amor a María Santísima por nuestra conversión, por los enfermos, por quien lo necesita y por la Misión Diocesana en la que todos somos parte fundamental con la oración y el trabajo. Así sea.

Encomendamos a la Virgen de la Consolación los ministros de Jesucristo en este año sacerdotal y pedimos al Buen Dios, derrame infinitas bendiciones para todos. Felicitamos al p. Eliseo Rojas por el XXV aniversario de su ordenación presbiteral.

P. José Lucio León Duque

viernes, 26 de junio de 2009

“Tu fe te ha curado”
“Ya que ustedes se distinguen en todo: en fe, en palabra, en sabiduría, en diligencia para todo y en amor hacia nosotros, distínganse también ahora por su generosidad.”

Iº lectura: Sab 1, 13-15; 2, 23-24; Salmo: 29; IIº lectura: II Cor 8, 7. 9. 13-15;
Evangelio: Mc 5, 21-43

Existen en este domingo, algunos aspectos fundamentales que nos ayudarán a entender más cerca, el significado de la fe y lo que su esencia implica en nuestras vidas. El libro de la Sabiduría nos presenta a Dios como fundamento de la vida y centro de la existencia misma del hombre. Dios crea al hombre a su imagen y semejanza para que nosotros vivamos en Él, distinguiéndonos -como se nos indica en la IIº lectura- “en fe, en palabra, en sabiduría, en diligencia para todo y en amor hacia nosotros” y cultivando cada vez la generosidad. Esto nos lleva a promover, alimentar y practicar la fe que nos hace confiar en Jesús y de quien recibimos la curación del alma y del cuerpo.

Distinguirse en generosidad…
La presencia de Jesús en medio de su pueblo, en el corazón del hombre, en la vida de la Iglesia, es garantía de una fe sólida y plena, que nos lleva por verdaderos caminos de salvación. En la liturgia de la palabra, Dios nos muestra algunos aspectos que denotan lo que cada cristiano debe tener en cuenta. En primer lugar, San Pablo nos recuerda que distinguirse en generosidad es un punto fundamental para vivir como verdaderos testigos del Evangelio. En segundo lugar, el Evangelio nos recuerda claramente la necesidad que tenemos todos de creer en Dios y en tercer lugar, los milagros que realiza Jesús, nos enseñan que creyendo en Dios, podremos obtener muchas cosas a través de la fe. Esta virtud sobrenatural, viene de la mano con las otras dos virtudes infusas o teologales: la caridad y la esperanza; todas ellas dones de Dios. La fe caracteriza el perfil de quien vive en comunión con Dios, haciendo que la humildad, la sinceridad, el servicio y otras muchas virtudes le sean propias y dé así testimonio de vida.

En unión con María…
En este itinerario de fe, María Santísima nuestra madre, nos acompaña y nos indica el camino a seguir. Ella, madre del amor y maestra de oración, nos enseña a orar, a escuchar a Jesús y guardar en nuestro corazón sus palabras y enseñanzas para que viviendo, unidos cada vez más a Dios, seamos testigos convencidos y sinceros de su amor y su misericordia.

“Cada obra de amor, llevada a cabo con todo el corazón, siempre logrará acercar a la gente a Dios.” Beata Teresa de Calcuta.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

sábado, 20 de junio de 2009

Domingo 21 de junio de 2009

“¿Quién es éste?”…
“El que vive según Cristo es una criatura nueva; para él todo lo viejo ha pasado. Ya todo es nuevo.”

Iº lectura: Jb 8, 1. 8-11; Salmo: 106; IIº lectura: II Cor 5, 14-17; Evangelio: 4, 35-41

Confiar en el amor, la bondad y la sabiduría de Dios, es fundamental para poder caminar en su nombre y hacer crecer la esperanza que viene de Él. Eso nos hace sentir de verdad que vivir en Cristo es lo que nos convierte en criaturas nuevas y de allí, tenemos la fuerza necesaria para seguir adelante en nuestro itinerario personal y eclesial. Jesús nos pregunta: “¿por qué tenían tanto miedo?”, y esa misma pregunta nos la hace hoy, nos la plantea para que cada uno de nosotros seamos capaces de reconocer que en muchas ocasiones nos hemos alejado de Él y hemos dejado apagar la confianza que debemos tener.

“¿Por qué tenían tanto miedo?”…
Ante la tormenta que se les presentó a los discípulos, se impone la presencia misma de Jesús que hace que todo aquello que denota confusión llegue a calmarse y a lograr tranquilidad. “¡Cállate, enmudece!” -dice Jesús-. Manda a callar la tormenta y así mismo nos muestra lo que debemos hacer cuando las tormentas que aquejan la vida se presentan sin dejar espacio a una posible solución. La liturgia de cada domingo es tranquilidad, es paz, es armonía. Cada uno de nosotros debe buscar en Jesús, aquello que hace crecer y vivir como testigos del Evangelio en medio de un mundo lleno de tormentas y vicisitudes. Los discípulos se admiran ante el poder de Jesús: “¿Quién es este a quien hasta el viento y el mar obedecen?”. ¡Es Jesús!, es el Salvador, es quien nos regala el don de la vida y del amor, es quien se hace hombre para redimirnos, es quien murió y resucitó para darle sentido pleno a nuestra vida, es el maestro, el Rey de reyes, el Señor de señores, es al amigo que nunca falla, el hijo de Dios vivo, el principio y el fin…ese es Jesús, quien manda a callar la tormenta con poder y acaricia los niños con ternura; el que enseña con autoridad y sana a los enfermos con amor total; el amigo de todos, el que se acerca a cada uno de nosotros y no juzga sino usa misericordia…ese es Jesús; es quien nos invita a no tener miedo, sino a ser valientes, fuertes en la fe, fieles discípulos capaces de extender el Evangelio a todos los lugares, a todas las personas sin excepción…

La madre de la luz
María Santísima nos anima y nos ayuda a vivir en esperanza; ella es ejemplo de fortaleza y sencillez para afrontar la vida como se debe. Confiemos en que ella siempre nos acompaña y nos muestra la vía que nos lleva a Jesús. Que nadie sienta que en su vida falta el amor de Dios, ya que todos estamos llamados a ser testigos del evangelio viviendo la unión y el amor que todos debemos llevar como única bandera y así obtener la salvación. Esto nos lleva a decir con convicción: unámonos en nombre de Dios para llevar a todos los lugares y a todas las personas el anuncio del mensaje de Jesucristo. Así sea.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 12 de junio de 2009

Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo,14 de junio de 2009

¡Ser Eucaristía!
“Que esto sea precisamente nuestro deseo y nuestro empeño constante, para que a la oferta del Cuerpo y de la Sangre del Señor que hacemos sobre el altar, se una el sacrificio de nuestra existencia.”
(Benedicto XVI)

Iº lectura: Ex 24, 3-8; Salmo: 115; IIº lectura: Heb 9, 11-15; Evangelio: Mc 14, 12-16. 22-26

Celebramos la fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, y su presencia en la vida del hombre. Hoy, vivimos junto a Jesús esa presencia eucarística, siendo ella, certeza para todos nosotros de vida, esperanza y salvación. Debemos, como verdaderos cristianos, recordar siempre a Dios, nunca olvidarnos de los dones y gracias que nos concede, obedeciendo en todo momento (I° lectura), ofreciendo sacrificios y glorificando su nombre (Salmo) y viendo en Jesús el mediador de la nueva alianza (II° lectura).

Cristo está aquí…
En la historia de la salvación, en la cual cada uno de nosotros somos partícipes, encontramos un itinerario de la presencia de Dios en el corazón de sus hijos. Esa presencia eucarística es real, verdadera, cierta, que se hace vida en cada hombre y mujer, en la medida que la reconocemos como "fuente y cima de toda la vida cristiana" (LG 11). En la fiesta del Corpus Christi de este año, el Santo Padre Benedicto XVI, dirigía a los sacerdotes y fieles las siguientes palabras: “Cada día obtenemos del Cuerpo y Sangre del Señor aquel amor libre y puro que nos hace dignos ministros de Cristo y testigos de su alegría. Esto es lo que los fieles esperan del sacerdote: el ejemplo de una auténtica devoción a la Eucaristía; desean ver que transcurre muchos momentos de silencio y de adoración ante Jesús, como hacía el santo cura de Ars, que recordaremos de modo particular durante el inminente Año Sacerdotal". La presencia real de Jesús en el Santísimo Sacramento nos hace reflexionar sobre los algunos puntos en especial: en primer lugar, es sacrificio que nos redime, nos salva, nos purifica. En segundo lugar, es misterio por el cual cada cristiano, creyente y amante de la Eucaristía, siente admiración plena. En tercer lugar, es sacramento, en el cual nos deleitamos y participamos sin cesar. San Agustín en el Comentario al Evangelio de San Juan, habla de la Eucaristía como "¡Sacramento de piedad, signo de unidad y vínculo de caridad!". La Misión Diocesana debe llevar como bandera nuestro amor a Jesús Eucaristía y a la Santísima Virgen María: unirnos a Dios para llevar a todos el amor que viene de Él. Ello conlleva a creer y vivir la fraternidad, la unión y el amor, si esto falta, la evangelización decae y no produce fruto. Seamos amantes de la Eucaristía y fieles al mensaje del Evangelio: “El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.”

María, mujer de la Eucaristía
La presencia de María Santísima, nuestra madre, es permanente y sincera. Ella, conservando y guardando todo en su corazón, se convierte en discípula fiel que nos enseña el camino que debemos seguir para unirnos cada vez más como testigos fieles del Evangelio de la verdad y de la Eucaristía. Sigamos a Cristo, estemos junto a él y confiemos plenamente en su presencia en medio de nosotros.

“Si conociéramos el valor de La Santa Misa nos moriríamos de alegría”.
San Juan María Vianney

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 5 de junio de 2009

Dios vive en nosotros
"Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo".

Iº lectura: Deut 4,32-34.39-40; Salmo: 33; IIº lectura: Rom 8,14-17; Evangelio: Mt 28,16-20


El precepto dominical nos invita en este domingo a ratificar lo que celebramos el domingo pasado: sentir la presencia del Espíritu y fortalecer cada vez más nuestra adhesión a Él. La presencia del Espíritu se une a la del Padre y del Hijo: misterio incomprensible, capaz de maravillar a todo hombre y toda mujer: la Santísima Trinidad es vida, es fuente de paz y de amor y ella, a su vez, vive en el corazón de cada uno de nosotros.

Misterio de fe, misterio que se vive

Un modo para comprender el misterio de la Trinidad, es el que se nos presenta y cómo la percibimos: el Padre Creador, el Hijo Salvador y el Espíritu Santo santificador. La manifestación de las tres divinas personas se muestra en las obras de Dios en el mundo y en el corazón del hombre. Esto se expresa en la realidad de la creación, en la paternidad divina que es principio y fin de toda realidad del universo. Así mismo, el sacrificio amoroso de Dios, que se cumple al hacerse hombre como nosotros, nos revela y nos deja como herencia, la salvación para todos y el amor que se manifiesta en la acción del Espíritu Santo, fuego en el alma de los bautizados, luz y guía para los fieles, cooperando de esta manera en el plan salvífico que Dios nos propone…Cada vez que hagamos la señal de la cruz, recordemos el gran misterio de Dios presente en nuestra vida, teniendo en cuenta que, en ese momento, podemos y debemos manifestar también exteriormente nuestra fe. Esto ayuda a reforzarla, cultivarla y transmitirla siempre más, en la medida que la comunicamos a nuestros hermanos, de modo particular, a los más pobres y excluidos, quienes requieren una especial atención. La Misión Diocesana se presenta como un escenario propicio para transmitir a todos el mensaje de unidad que, a ejemplo de la Santísima Trinidad, estamos llamados a vivir y experimentar.

María Santísima, nos ayuda a vivir en Dios

De la mano con María Santísima recorremos el itinerario que nos lleva a Dios, Uno y Trino. Ella, madre de Dios, nos enseña con humildad y sencillez a admirar la grandeza de Dios, su presencia en el corazón del hombre y el plan de salvación del que todos somos partícipes. Así sea.

“El Espíritu de Dios, donde entra, aleja el miedo; nos hace conocer y sentir que estamos en las manos de una Omnipotencia de amor: pase lo que pase, su amor infinito no nos abandona”. (Benedicto XVI, Pentecostés)

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

sábado, 30 de mayo de 2009

Solemnidad de Pentecostés, 31 de mayo de 2009

¡Dejémonos guiar por el Espíritu!
“Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.”

Iº lectura: Hch 2,1-11; Salmo 104; IIº lectura: Gal 5,16-25; Evangelio: Jn 15,26-27.16,12-15

“Ven, Espíritu Santo, y envía del Cielo un rayo de tu luz”. Una luz que irradia en medio de un mundo ofuscado por el materialismo y la falta de esperanza, pero a la vez, una luz que se expande en cada corazón para que cada uno de nosotros seamos testigos perennes del amor de Dios, manifestados en la resurrección de Jesús y en la presencia continua del Espíritu Santo en nuestras vidas. En este domingo se manifiesta la esperanza, la paz y el amor que necesitamos todos y que crece cada vez más por la adhesión a la Iglesia que cada uno experimenta y profesa.

“Todos quedaron llenos del Espíritu Santo”
La venida del Espíritu Santo, manifestada en nuestras vidas, es la prueba cierta que la promesa de Jesús se cumple y se hace verdad. Así como los discípulos estaban reunidos en un mismo lugar el día de Pentecostés, se nos pide hoy, unirnos como hijos de Dios, hermanos de Jesús y testigos del Espíritu, para manifestar a todos la alegría que ello nos proporciona. El Espíritu que da vida a nuestras almas, es la fuerza que nos ayuda a caminar en medio de las dificultades, es la constancia que nos impulsa a ser verdaderos discípulos, es la paz que nuestros corazones necesita. Pentecostés da inicio a un camino de fe y esperanza; es el comienzo de la actividad apostólica de la Iglesia, es el itinerario donde podemos llevar el mensaje de salvación a todos. El Espíritu Santo, fuego y brisa, amor y esperanza, luz y guía, nos da la posibilidad de ser amantes de la oración, fieles discípulos de la Evangelización y sembradores de la paz. Pidamos de corazón al Espíritu Santo que entre en nuestras vidas. Pidamos por aquellos que en su corazón sienten el vacío del amor y la misericordia; de aquellos que por la injusticia deben callar y ser testigos silentes de una pobreza sin retorno; de aquellos que claman al cielo y a los hombres, la misericordia que es menester para fortalecer su propia vida; de aquellos cuyas vidas se encuentran al borde del abismo deseando no caer…ven Espíritu Santo, ayúdanos a ser portadores de la certeza que sólo el Evangelio da a quienes firmemente creemos en él. Cada uno de nosotros está llamado a proclamar cada día, la petición que nos lleve a sentir la presencia del Espíritu: “ven, Espíritu Santo... ven, Padre de los pobres; ven, dador de los dones; ven, luz de los corazones. En el esfuerzo, descanso; refugio en las horas de fuego; consuelo en el llanto”.

María Santísima, nos guía en todo momento
En el camino de la luz, de la paz y la esperanza nos acompaña de la mano María nuestra madre. Ella nos motiva y nos guía por el camino justo y hace de todos y cada uno de nosotros, verdaderos testigos de la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia, en cada uno de nosotros. María está ahí, junto a nosotros, junto a sus hijos. Ello es garantía del amor y la inhabitación de Dios en nuestras vidas. “Todos ellos perseveraban en la oración con un mismo espíritu... en compañía de María, la Madre de Jesús... Acudían diariamente al Templo con mucho entusiasmo” (Hech. 1, 12-14 y 2, 46). Así sea.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

domingo, 24 de mayo de 2009

Consagración de NIMICREY

"NIMICREY" ES UNA REALIDAD

Este domingo la Comunidad de Cristo Rey en la Aldea Pericos de San Cristóbal, se llenó de gran alegría al poder compartir la Consagración de 24 niños y niñas los cuales, con el deseo de amar cada vez más a Dios, dijeron que se comprometían a servirle en sus hermanos. En la Capilla de la Casa de Ejercicios Espirituales "Cristo Rey" se celebró la Eucaristía y cada uno de los presentes pudo experimentar que el amor de Dios es lo más grande que se pueda sentir en el corazón. NIMICREY es ya una realidad. En este grupo las hermanas "Esclavas de Cristo Rey" cultivan su espiritualidad y ayudan en la formación de tantas personas con el fin de llevar las almas a Dios...

"Nuestro fin es conquistar almas para Jesucristo y procurar que evitar cuantos pecados podamos y disminuir las ofensas que le hacen a nuestro amantísimo Jesús."

Don Pedro Legaria

jueves, 21 de mayo de 2009

Domingo de la 7ª semana de Pascua - La Ascensión del Señor

Proclamar a Dios con esperanza
“Galileos, ¿qué hacen ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que les ha dejado para subir al cielo volverá como le han visto marcharse.”


Iº lectura: Hch 1, 1-11; Salmo: 46; IIº lectura: Ef 1, 17-23; Evangelio: Mc 16,15-20

La ascensión de Nuestro Señor marca la culminación de su misión en la tierra, pero también marca el inicio de la misión de los apóstoles en todo el mundo. Las lecturas de hoy describen la ascensión de Cristo y la misión que Él encomendó: “vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mateo 28, 19). La presencia espiritual de Cristo permanece con nosotros hasta el final de los tiempos. Los hechos de los apóstoles unen los eventos ocurridos después de la Pasión de Jesús hasta el momento de la Ascensión. La carta a los Efesios pone una nota particular. Recuerda solemnemente que el poder de Dios, manifestado en la vida terrena de Cristo y su resurrección, nos ha abierto la esperanza de la gloria futura.

La misión en la Iglesia
Podemos contentarnos muchas veces con mantenernos dentro de las paredes de nuestra comodidad. Ésta no es la misión confiada por Jesús. Los católicos estamos llamados a permanecer en el mundo, construir con espíritu positivo y mejorar la realidad con la vivencia de nuestra fe católica y su significado. Sabemos que todo lo humano puede reflejar genuinamente la gloria de Dios. Debemos creer que Dios ya está obrando en el corazón del hombre, mediante la gracia y sus inspiraciones, para que éste le encuentre en el Evangelio. La misión que nos da Jesús se debe reflejar en la vida cotidiana, en el actuar de cada momento, en medio del pueblo, llegando al corazón de cada hombre y cada mujer. La fiesta de hoy nos muestra dos perspectivas que nos pueden ayudar a entender y practicar la vida en Cristo. En primer lugar, Jesús sube al cielo e ir al cielo es ir a Dios, es estar junto a Él, vivir con el resucitado y aceptar de corazón la salvación que nos viene del amor de Dios. En segundo lugar, la ascensión significa para la Iglesia la glorificación en el Padre. Es una fiesta de esperanza y de una promesa especial para todos nosotros. Todo esto nos recuerda que el cielo es la meta que debemos alcanzar y que debemos prepararnos aquí en la tierra.

María Auxiliadora acompaña nuestra vida
En este domingo de la Ascensión del Señor, María Auxiliadora nos enseña el camino para llegar a Jesús. Es un día especial para meditar sobre nuestra adhesión al amor de Dios, sobre el camino de esperanza que debemos recorrer y sobre la paz que Jesús da a nuestras vidas. Pidamos a Dios con fe, por intercesión de María Santísima, que nos “dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo”. Que ilumine los ojos de nuestro corazón, y así poder comprender “cuál es la esperanza a la que nos llama”. Así sea.

Hoy es la jornada mundial de las Comunicaciones Sociales. Felicitamos a todos los que cada día se dedican a llevar el mensaje del Evangelio a través de los Medios de Comunicación Social.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 15 de mayo de 2009

VIº domingo de Pascua, 17 de mayo de 2009

“El amor procede de Dios”
“El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. Así Dios nos manifestó su amor: envió a su Hijo único al mundo, para que tuviéramos Vida por medio de él”

Iº lectura: 10,25-26.34-35.44-48; Salmo: 98; IIº lectura: I Jn 4,7-10; Evangelio: Jn 15,9-17

Las lecturas de hoy se refieren a uno de los temas más importantes y fundamentales que todo cristiano debe vivir y experimentar: el amor. En el libro de los Hechos de los Apóstoles, vemos cómo escuchar la Palabra de Dios nos lleva a recibir el Espíritu Santo. En su carta, San Juan invita a cada hombre a dar testimonio de su fe y del amor que se debe profesar y vivir con sinceridad. Dicho testimonio tiene que darse con mansedumbre y respeto, y con ello nos caracterizaremos en tener esperanza. El Evangelio sigue el mismo itinerario: amar tal como Él nos amó.

El testimonio del amor
El camino que debe recorrer el cristiano es un camino de esperanza y de amor. La predicación de Jesús, continuada por los Apóstoles y confirmada por la Iglesia, es uno de los signos más tangibles que el corazón de todos podemos experimentar. El camino y la vida del cristiano, se basan en el amor, en dar lo mejor de sí para que se pueda fomentar la paz y la justicia. La humanidad necesita testimonio y fe, necesita acompañamiento y oración, necesita fortalecer el amor en Dios y en lo que proviene de Él. El cristianismo se encuentra en la vida interior de cada persona. Es una experiencia permanente de Dios, que se recibe con el bautismo y se completa con los demás sacramentos y una vida cristiana sólida. La presencia y el amor de Dios fortalecen e iluminan al católico para cumplir con la misión de edificar el Reino de Cristo en la tierra. Él es quien nos ilumina y dirige; es quien nos ayuda a discernir el valor de todas las cosas respecto a la sabiduría de Dios y para actuar conforme a lo que Él nos inspira. Por ello, es necesario prepararnos para cumplir la misión de dar testimonio de nuestra fe, mediante el amor experimentado en la vida cotidiana, la mansedumbre y el respeto ante las dificultades y la persecución que en la actualidad se pueda suscitar. Como testigos del Evangelio, difundamos el amor a través de pequeños detalles y de una vida cristiana de acuerdo al ejemplo que Jesús nos da.

María, madre de amor y esperanza
Como hijos de María Santísima, veamos el amor tan grande que Dios nos tiene y nos manifiesta a través de ella. De la mano con María podemos cultivar los valores en la vida y en el ambiente que nos rodea. Es el reto que cada uno de nosotros puede conquistar en la medida que estamos unidos a ella y al amor que proviene de Dios. Así sea.

Elevamos nuestra oración por el aniversario de la fundación del DIARIO CATÓLICO, del cual todos formamos parte. Dios y María Santísima bendigan siempre y en cada momento la labor que los Medios de la Comunicación Social realizan en medio de la Iglesia y del pueblo santo de Dios.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 8 de mayo de 2009

Somos fruto del amor de Dios
“Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.”

Iº lectura: Hch 9,26-31; Salmo: 21; IIº lectura: IJn 3,18-24; Evangelio: Jn 15,1-8

Varias son las fiestas que se celebran durante el Tiempo Pascual, junto a la alegría inmensa de vivir de la mano con el Resucitado. Este domingo nos da la oportunidad de encontrarnos con Dios a través de las relaciones humanas cotidianas e ir cultivando lo que cada cristiano, de acuerdo al mandato de Jesús, debe hacer. Tengamos en cuenta que cada paso que damos, son muestras de amor que Dios nos proporciona y en ellas encontramos la vía que nos lleva a la Salvación. La primera lectura nos enseña la importancia fundamental de ser testigos del evangelio y cómo debemos aprender a reconocer en quien es discípulo, el rostro mismo de Dios. La segunda lectura da las pautas que el testigo del Evangelio, debe tener como bandera: amar de corazón y no solo con las palabras, ello nos conduce a ver en el mensaje de Jesús, Buen Pastor el modo justo para permanecer en Él caminar como hijos de la luz.

La misión del testigo
La actualidad nos muestra cómo debemos caminar en el nombre de Dios para que, junto a Él, podamos extender con veracidad y testimonio, la Palabra que da vida, que da esperanza y que infunde plenamente la misericordia que tanto necesita el mundo. Somos testigos del resucitado, somos testigos de una Palabra que debe llevar vida y armonía a todos los hombres y mujeres de mundo, somos testigos de la santidad que estamos llamados a vivir y de la ayuda que debemos, como Iglesia, prestar sin exclusión a todo el que necesita de Dios. Este domingo, en el cual se nos invita a permanecer en Jesús de corazón y no sólo con las palabras, es un momento de gracia para cada uno de nosotros, para todos aquellos que tal vez se sientan sin fuerzas para seguir adelante en medio de un cúmulo de problemas; para aquellos en los que la esperanza es oscuridad, y la impotencia es parte del quehacer diario. Jesús nos da la oportunidad de permanecer en Él, y en Él se nos da la potestad de amar como Él amó, de llevar a nuestros hogares la paz y a sentir su presencia cierta en un compartir que nunca pueda culminar, pues está presidido por Dios.

María, nos ayuda a permanecer junto a Jesús
Es una garantía que todo cristiano debe tener. La presencia de Nuestra Madre del Cielo en nuestro camino es motivo para seguir caminando en el nombre de Dios y con ello, proclamar su grandeza y poderío que se traduce en esperanza y vida. Como testigos del Evangelio, debemos cultivar los valores espirituales que nos permitan caminar por sendas de justicia y de paz.

Oremos por la Iglesia, los obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, colocando nuestras peticiones en las manos amorosas de María Santísima. Felicidades a todas las madres en su día, que Dios y la Virgen las bendiga. Así sea.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 1 de mayo de 2009

IVº domingo de Pascua, 3 de mayo de 2009

Seguir al Buen Pastor
“Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.”


Iº lectura: Hch 4,8-12; Salmo: 117; IIº lectura: Jn 3,1-2; Evangelio: Jn 10,11-18

Contemplamos en este período los misterios Pascuales, y junto a ellos, celebramos a Cristo como el Buen Pastor. En el Evangelio de San Juan, Él usa esta imagen refiriéndose a Él mismo ya que es la puerta por la cual todos estamos invitados a pasar. Él es el Buen Pastor que conduce a sus ovejas por senderos tranquilos hacia los mejores pastos. Los que no permiten esto son ladrones y matan las ovejas sin ninguna compasión.

Comportarnos como pastores
Este domingo, como cada domingo de Pascua, se nos habla del impacto que la presencia de Cristo, resucitado de la muerte, tiene en cada uno de nosotros. Los católicos hacemos vida en esta experiencia con la cual se promueven, se aprenden y se viven las características sencillas de la vida cristiana: la oración y la Eucaristía, la instrucción en la fe y las posesione en común. Cada uno de nosotros debemos configurarnos al Buen Pastor, siguiendo sus enseñanzas, su ejemplo y su presencia en medio de nuestros corazones. Siguiendo lo que nos dicen las lecturas, vemos cómo se refleja lo que se hace en muchos momentos de la vida: algunos juzgan si se vive en nombre de Jesús y si se predica el Evangelio de la verdad. Más allá de esto, es necesario, junto con San Juan, encontrar en Dios el sentido de nuestra vida cristiana, ya que somos hijos de Dios y debemos luchar siempre por mostrarnos como tal. “Dios ha creado al hombre a imagen y semejanza suya, pero sobre esta imagen se ha descubierto tanta suciedad derivada del pecado, que la belleza de Dios casi no traslucía. Por eso Dios se ha hecho hombre, y en Cristo podemos contemplar el rostro de Dios y aprender a ser verdaderos hombres, a imagen de Dios…de este modo, Dios nos invita a imitarlo, para que así en cada hombre trasluzca el rostro, la imagen de Dios” (Audiencia del Santo Padre Benedicto XVI del miércoles 29 de abril de 2009). Si el reflejo de nuestra vida es lo que vivimos en nombre de Dios, podremos entonces sentirnos configurados a Él y junto a ello, seremos testigos de la verdad, extendiendo el Evangelio a todos sin exclusión.

María, madre del Buen Pastor
La vida y el ministerio de María, es único e irrepetible, ya que es modelo de cada vocación cristiana. María debe contar en la vida cotidiana de todos y cada uno de nosotros, pues ella nos invita a seguir su ejemplo: “hagan lo que Él les diga” (Jn 2,5); se nos invita, por tanto, a pedir su intercesión por todos los pastores de nuestra Iglesia, por todos y cada uno de aquellos que viven en Dios y a través de Él, se esfuerzan por ser verdaderos discípulos del resucitado. Así sea.

En el mes de María Santísima, Nuestra Madre, promovamos la devoción al Santo Rosario, que no falte en nuestras vidas la presencia de María, Madre de todos.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 24 de abril de 2009

IIIº Domingo de Pascua, 26 de abril de 2009

Conocer al Resucitado
“Quien dice: «Yo lo conozco», y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él”

Iª lectura: 3,13-15.17-19; Salmo: 4; IIª lectura: IJn 2,1-5; Evangelio: Lc 24,35-48

Este tercer domingo de Pascua, la alegría de la Resurrección nos lleva a encontrarnos con Jesús y reconocer en Él a Dios, quien nos ilumina, nos escucha y nos guía por el camino de la paz. Dios cumple a través de la historia lo que se anuncia en los profetas y por ello es que podemos garantizar que lo conocemos de corazón y sinceramente.

“Entonces les abrió el entendimiento…”
El tiempo de Pascua nos enseña a vivir la experiencia del Resucitado, caminar junto a Él, hablar con Él, compartir la fracción del Pan y darnos cuenta la importancia de lo que significa verdaderamente seguir a Jesús. El Santo Padre Benedicto XVI, en el Mensaje que nos dirigió el Domingo de Resurrección nos recuerda lo siguiente: “la resurrección no es una teoría, sino una realidad histórica revelada por el Hombre Jesucristo mediante su «pascua», su «paso», que ha abierto una «nueva vía» entre la tierra y el Cielo (cf. Hb 10,20). No es un mito ni un sueño, no es una visión ni una utopía, no es una fábula, sino un acontecimiento único e irrepetible: Jesús de Nazaret, hijo de María, que en el crepúsculo del Viernes fue bajado de la cruz y sepultado, ha salido vencedor de la tumba”. (Benedicto XVI, mensaje Urbi et Orbi, Pascua 2009). Jesús resucitado nos da unas pautas importantes para que los cristianos seamos testigos de la vida que Él mismo nos da. Ante todo nos invita a extender la paz y vivir en ella, a ser mensajeros de la paz que solo en Él y por Él podemos obtener. En segundo lugar, esa paz nos lleva a disipar las dudas, a quitar de nuestros corazones el miedo que pueda existir para que, en tercer lugar, seamos testigos de su mensaje, de su palabra, de la Fracción del Pan, del Evangelio vivo y presente en cada cristiano, en cada hombre y mujer que coloca en sus vidas la fuerza del anuncio de la Resurrección. Esa fuerza es la que nos debe animar a vivir de cerca la Misión Evangelizadora que la Iglesia vive en el nombre de Dios, una misión que conlleve a compartir de cerca las necesidades del pueblo que es Iglesia y que, a partir de ella, sea portadora del mensaje de salvación a todos los hombres y mujeres sin exclusión…

María, “estrella de la esperanza”
En su mensaje del Domingo de Resurrección, el Santo Padre nos coloca el ejemplo de María Santísima, “Estrella de la Esperanza” a quien la Iglesia invoca “para que conduzca a la humanidad hacia el puerto seguro de la salvación, que es el corazón de Cristo, la Víctima pascual, el Cordero que «ha redimido al mundo», el Inocente que nos «ha reconciliado a nosotros, pecadores, con el Padre»” (Benedicto XVI, mensaje Urbi et Orbi, Pascua 2009). Ella nos guía, nos protege y nos da la esperanza de caminar juntos en la extensión del Reino de Dios en los demás y en nuestro corazón…Así sea.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 17 de abril de 2009

IIº Domingo de Pascua, domingo de la Divina Misericordia

Creer para ver…
Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

Iº lectura: Hch 4,32-35; Salmo: 117; IIº lectura: IJn 5,1-6; Evangelio: Juan 20,19-31

El segundo domingo de Pascua coloca en evidencia la importancia de la fe para la vida espiritual de todos y cada uno de los que nos llamamos discípulos del Resucitado. En este domingo se nos invita a vivir la fe, promover la paz y dejarnos guiar por el espíritu, ya que a través de ello, es que crecemos como discípulos de Jesús de Nazaret, a quien damos a conocer con la palabra y el testimonio.

La paz, fuerza de quien cree…
El papa bueno, el beato Juan XXIII, decía: “La paz en la tierra, suprema aspiración de toda la humanidad a través de la historia, es indudable que no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios”. En la liturgia de hoy, se nos ofrecen algunos puntos fundamentales que no pueden ser ajenos a ninguno de nosotros. En primer lugar, debemos -como los apóstoles- dar testimonio de la resurrección con valor y con decisión, sabiendo que es el camino para llevar a los demás a Dios. La unión y el sentimiento común es lo que nos va a caracterizar como seguidores y discípulos de Jesús. En segundo lugar, tenemos como bandera de la vida nuestra fe, con la cual logramos vencer las dudas, las incertidumbres, las situaciones difíciles. Con la fe podemos ayudar a los demás a sentir la presencia de Dios y a cultivar cada vez más la esperanza de caminar en su amor y su misericordia. En tercer lugar, debemos ser pioneros en promover la paz, y junto a ella, guiados por el Espíritu Santo, transmitir el mensaje del Evangelio de la verdad, un mensaje lleno de fe y justicia, un mensaje que llegue a todos los hombres y mujeres, un mensaje que sea la fuerza que nos impulse a caminar sin vacilar, convencidos de quien estamos predicando: a Jesús resucitado, vivo en medio de su pueblo, presente en cada corazón. En cuarto lugar, estamos llamados a construir comunidades de fe, donde se vida la fraternidad, donde el sentir sea común y se nos identifique por el amor; ahí tenemos el itinerario que debemos recorrer…

María Santísima, testimonio de paz y de fe…
Junto a María Santísima, nuestra Madre del Cielo, caminamos hacia la luz que Dios nos ofrece. Es un camino de paz, de amor, de esperanza. Junto a ella, madre de Jesús de la misericordia, estamos seguros que nuestros pasos serán firmes y que nuestro testimonio será verdadero. Así sea.

Oremos por el Obispo, Mons. Mario del Valle, quien en un día como hoy recibió el Orden Sacerdotal, regalo de Jesucristo, que durante todos estos años ha ofrecido a los fieles que han sido su grey. Nuestra Madre, la Virgen de la Consolación le cubra con su manto y le bendiga en todo momento. Así sea.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

domingo, 12 de abril de 2009

Domingo de Resurrección



Jesús ha resucitado

Es un día de fiesta, un día de gozo, un día para darnos cuenta el gran amor que tiene Dios para con nosotros. Jesús ha resucitado, está vivo...a todos deseamos Felices Pascuas de Resurrección. Auguri di Buona Pasqua a tutti...

miércoles, 8 de abril de 2009

Una preghiera per L'Aquila e i suoi abitanti

In questi giorni ci ha sconvolti la tragica notizia del terremoto che ha sconvolto i cuori di tutti quelli che abbiamo parte della nostra vita a L'Aquila. Qualche anno fa sono stato lì, in quella bella città...I ricordi di quei posti non si possono dimenticare mai, i momenti vissuti da quelle parti sono più di un ricordo e in questo momento, il dolore e la sofferenza, ci toccano da vicino. Anche se siamo in Venezuela, nella provincia di Tàchira, ogni giorno innalziamo una preghiera per voi cari amici, cari fratelli e sorelle che siete nel cuore del mondo...Forse l'aiuto che possiamo offrirvi è la preghiera, una preghiera per quelli che sono in cielo e quelli che son rimasti qui...vi portiamo nei nostri cuori, perchè ci sentiamo, mi sento italiano, mi sento pure della provincia dell'Aquila...Dio vi benedica...! Così sia...

sábado, 4 de abril de 2009

Domingo de Ramos, 5 de abril de 2009

¡Bendito, siempre bendito!
“Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en el nombre del Señor,
hosanna en las alturas…”


Iº lectura: Is 50, 4-7; Salmo: 21; II’ lectura: Fil 2, 6-11; Evangelio: Mc 14, 1-15,47

El compromiso cuaresmal y el camino de conversión encuentran en este domingo una etapa decisiva. Litúrgicamente revivimos el recibimiento de Jesús, su entrada en Jerusalén: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”. La oración en este día nos sitúa en el clima del triduo pascual, se nos invita a tener presente la gran enseñanza de la pasión, para participar en la gloria de la resurrección. La figura misteriosa del “siervo del Señor” en la primera lectura, nos lleva a reflexionar sobre la dinámica de la escucha y de la palabra. El himno de la segunda lectura nos acerca a los sentimientos de Jesús. Él es para nosotros una síntesis maravillosa de la conformación del creyente a Cristo. El Evangelio de la pasión muestra en Jesús el cumplimiento del proyecto salvífico de Dios: su muerte es testimonio de fidelidad al Dios de la vida. Él no dejará vacía la esperanza puesta en Él.

Jesús, siervo sufriente
El maestro fue proclamado “Cristo” por Pedro en Cesarea de Filipo (Mc 8,29); es reconocido “Hijo de Dios” por un pagano; un centurión bajo la cruz dijo: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Mc 15,39). También Jesús, frente al Sumo Sacerdote, respondiendo a la pregunta si era Hijo de Dios, el hijo del Dios bendito, Jesús responde: “Yo lo soy. Y verán al Hijo de Dios…” (Mc 14, 61-62). En el Bautismo (Mc 1,11) al inicio del Evangelio de Marco y en el corazón de la transfiguración (Mc 9,7), la voz del cielo, el Padre, indica en Jesús de Nazaret el “su Hijo amado..:”; en Getsemaní será Jesús mismo quien llamará a Dios papá, “Abbá” (Mc 14,36). Junto a esta evidente y clara identidad filial de Jesús de Nazaret a través de estos títulos que recibe y que le son propios, encontramos un Jesús que conduce un camino que lo llevará a la soledad. De estar con tanta gente, pasando por la compañía de Pedro, Santiago y Juan y llegando a Getsemaní, se ve el camino directo que nos lleva a concentrarnos en la obra misma de Jesús: su obra, su significado, su vida en el corazón de todos y cada uno de nosotros. El texto de Isaías en la primera lectura, presenta la figura del siervo de Yahvé, aquel que escucha la palabra de Dios para encontrar en Él confianza y consuelo. La misión del siervo, así como la de Jesús, comporta persecución, tortura, muerte. Su fuerza estará en su adhesión total a la voluntad de Dios y en la certeza que no lo dejará en la muerte. Este día es día de fiesta, de esperanza…Jesús asume su condición de Hijo de Dios y en esos momentos significativos en los que se declara esa relación de filiación, es que el cristiano siente la necesidad de identificarse cada vez más a Cristo y, por ende, a la predicación y vivencia del Evangelio de la verdad en medio del pueblo.

María, junto a Jesús, junto a nosotros
Nuestra Madre del Cielo está siempre a nuestro lado. Ella es quien nos guía por las sendas del amor y de la paz. Seremos fieles testigos del Evangelio de Jesús, en la medida en que nos dejemos guiar por la amorosa protección de nuestra Madre. Dejémonos guiar por ella y propaguemos en todas partes, la alegría de vivir junto a Jesús, llevándola a todos aquellos que lo necesiten.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

sábado, 28 de marzo de 2009

Vº Domingo de Cuaresma, 29 de marzo de 2009

La glorificación del Hijo del hombre
"Les aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna"

Iº lectura: Jer 31, 31-34; Salmo: 50; IIº lectura: Heb 5, 7-9; Evangelio: Jn 12, 20-33
“Crea en mí un corazón puro, renuévame con espíritu firme”. Aquí tenemos la invocación que puede sintetizar las lecturas de hoy. En el camino interior que la liturgia nos invita a recorrer, tenemos la necesidad de que Dios nos dé su mano. Hoy pedimos a Dios que venga en nuestra ayuda para vivir en la caridad que impulsó a Jesús a dar su vida por nosotros. En la primera lectura, Jeremías anuncia la nueva alianza que Dios hará con su pueblo, una nueva unión interior que llama el corazón del hombre. Nuestro camino espiritual se traza en la persona de Cristo, Él aprendió a obedecer y ser fiel al Padre. A mirar y vivir este camino interior de obediencia y felicidad es que estamos invitados en el Evangelio, ello nos ayudará a vivir concretamente la nueva alianza pre-establecida por Dios.

Jesús nos atrae hacia Él
Son varios los personajes así como las interpretaciones que podemos observar en la liturgia de la Palabra de este domingo. Concretamente en el Evangelio, vemos la figura de los discípulos que precedentemente eran llamados por Jesús, ahora es a ellos a quien se dirigen a preguntar por El: “queremos ver a Jesús”. Observamos en esto una línea de contagio en el anuncio; la condición es la de seguir a Jesús, un ver teológico en el cual no son suficientes los ojos del rostro, es necesario para ello la mirada de la fe. Quien es auténtico discípulo estará en grado de ver como ve Jesús, es decir, interpretar los signos y acoger la presencia de Dios que viene a nuestros corazones. Jesús nos atrae hacia Él para crear en nosotros un corazón puro, un espíritu firme, un corazón que sea capaz de encontrarse con Él y mantener la comunicación permanente con el Padre. El camino interior que debemos recorrer, se concreta entonces en seguir la cruz de Cristo, en el instante en el cual sea elevado sobre la tierra atrayendo a todos hacia Él. El discípulo que desea ver a Jesús, entrará en su misma vida solo si, cargando con su propia cruz, sigue con amor el ejemplo de Cristo. Esta enseñanza es lo que debemos transmitir a los demás, debe ser transmisión de vida, de esperanza y de resurrección, ya que tenemos los instrumentos necesarios para obtener la salvación y la vida eterna. Cotidianamente tenemos la oportunidad de adquirir ojos capaces de ver y comprender más allá de la apariencia, por encima de la superficialidad y sin perder la esperanza también en los momentos de la pasión, humillación y muerte, convencidos de la presencia de Jesús que nos dice: “donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará”.

María, madre de misericordia
El camino de la cuaresma se identifica entre otras cosas, con la presencia de María en él. Su corazón maternal nos guía y nos lleva de la mano a Jesús, haciendo de nuestro itinerario, un momento favorable donde prevalece la misericordia, la oración, el ayuno, la esperanza…Así sea.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@hotmail.com

sábado, 21 de marzo de 2009

Charla en el Barrio El Río sobre la Ley de protección a la mujer

Protección a la mujer

Este sábado 21 de marzo de 2009, en el ámbito de una jornada social y religiosa, el Dr. Roger Parra, presidente de la Fundación "CREANDO FUTURO" en comunión con la Comunidad Parroquial de San Miguel Arcángel, dictó una charla sobre la Ley Orgánica de Protección a la mujer. Asisitieron abogados, estudiantes y habitantes del sector, teniendo como resultado la Organización de Talleres sobre el tema para instruir y formar agentes multiplicadores de los temas sociales y religiosos. En el ámbito de la Nueva Evangelización, los grupos de apostolado junto al sacerdote y al vicario, deseamos llevar el mensaje de Jesucristo a todas las personas. El trabajo apostólico y social en estos últimos años ha sido arduo, ya que se ha buscado dignificar los lugares y las personas. Se ha buscado llevar el mensaje del Evangelio a todas y cada una de las personas. Es por ello que nuestro deseo es dar mejor calidad de vida a todos aquellos que forman parte de nuestra comunidad, ayudando a quienes tienen la posibilidad de poder llegar a cada lugar, a cada rincón de nuestra comunidad. Es necesario conocer las leyes, es necesario que se cree el diálogo entre todos pues tenemos la responsabilidad de ayudar a quien lo necesita y lograr un clima de paz, armonía y tranquilidad. Que Dios y la Virgen María, nos sigan ayudando en todos los proyectos que tenemos. Así sea.
P. José Lucio

viernes, 20 de marzo de 2009

Sábado 21 de marzo de 2009

Comunidad Parroquial "San Miguel Acángel"
Barrio El Río - San Cristóbal
La Fundación “CREANDO FUTURO” invita a la Colectividad en General
a una Charla de Formación sobre

“LEY ORGÁNICA SOBRE EL DERECHO DE LA MUJER A UNA VIDA LIBRE DE VIOLENCIA”


DIA: Sábado
FECHA: 21 de marzo de 2009
HORA: 10.00 a.m.
LUGAR: Templo Parroquial
Asiste
Se distribuirá material formativo sobre el tema.

jueves, 19 de marzo de 2009

IV Domingo de Cuaresma,22 de marzo de 2009

Nuestro camino: la luz de Dios
“El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas”

Iº lectura: II Cro 36,14-16.19-23; Salmo: 136; IIº lectura: Ef 2,4-10; Evangelio: Jn 3,14-21

El tema de las lecturas en este domingo se podría sintetizar así: “la luz vino al mundo”. A ella corresponde la fe, la actitud de la vida que se renueva no por obra nuestra, sino por el don de Dios. En la primera lectura el amor de Dios se sirve también de los eventos históricos para mostrar al pueblo su fidelidad. También la segunda lectura subraya la misericordia y el amor de Dios: somos obra de sus manos. En el Evangelio la acción salvífica tiene como protagonista al mismo Jesús. Es Nicodemo el símbolo del hombre salvado. Él intuye que Jesús es la luz que puede iluminar a los hombres. Nosotros, como Nicodemo, como el pueblo de la antigua alianza, estamos en la noche…

Jesús es el don que Dios nos da…
Si estamos en la noche es porque presumimos poder hacer las cosas sin Dios; estamos en la noche cuando vivimos en la idolatría, cuando la vida nos sucumbir con tristezas y desgracias, las cuales inmediatamente las atribuimos a Dios, cuando excluimos a quienes no piensan como nosotros, cuando el egoísmo invade nuestro corazón. Jesús es el don que tenemos por parte de Dios. Él es la luz que vino a iluminar las noches de nuestras vidas. Quien cree en Él se salvará. El mal gracias a la muerte y resurrección de Jesús, no vencerá ni nos hará daño, por lo que debemos creer y alimentar en la oración nuestra fe. Ella nos hará sentir en comunión con el maestro y con todos nuestros hermanos que participan ya en la comunión de los santos. La luz es la guía de nuestro camino, es lo que hace menguar la oscuridad que nos aleja de Dios y no nos permite avanzar en la vida espiritual. Cada día es una ocasión propicia para tener detalles de amor con Dios a través de nuestra vida espiritual. Ello conlleva a tener una predilección especial por los pobres y excluidos, por aquellos que viven en la oscuridad, por todos y cada uno de los hombres y mujeres que buscan justicia, pero que en muchos casos se nos olvidan dejándolos de lado por atender otras cosas e intereses. Sigamos la luz de Dios, vivamos en nuestra familia y comunidad el deseo de caminar siguiendo la luz que Él nos da, solidarizándonos con los que necesitan amor, paz y tranquilidad.

María, una luz en nuestro camino
María Santísima es la madre de la luz y, a la vez, es luz que guía nuestro camino, nuestra vida, nuestro corazón. Acudamos fielmente a ella y a través de su amor, sigamos esa luz que nos viene de Dios para ser reflejo de su vida en nuestros hermanos. Así sea.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 13 de marzo de 2009

IIIº Domingo de Cuaresma,15 de marzo de 2009

La casa de Dios es nuestra casa…
Iº lectura: Ex 20,1-17; Salmo: 18; IIº lectura: Icor 1,22-25; Evangelio: Jn 2,13-25

La renovación de la vida pasa a través de la recepción de los sacramentos y la experiencia en el Señor. En esta perspectiva se nos presenta una oración propicia para este día: “danos la Sabiduría de la cruz”. La primera lectura nos recuerda la alianza de Dios con Moisés y el pueblo, alianza que nos compromete y nos ayuda a permanecer fieles al pacto. En el Nuevo Testamento la Ley de Dios no se nos quita, sino que se lleva a cumplimiento y plenitud. En la segunda lectura, San Pablo nos anuncia que la nueva ley es Cristo, crucificado por los hombres y revelado como fuerza y sabiduría de Dios. El Evangelio nos deja claro los tiempos nuevos que estamos llamados a vivir. Se nos recuerda la importancia de cuidar el Templo, haciendo de él un lugar propicio para relacionarnos con Dios y con nuestros hermanos, sin convertirlo en otra cosa que nos aleje de Dios.

Palabras de vida, templo de Dios…
El “decálogo” va observado con una delimitación clara: representa a Dios, es su misma palabra que viene entregada a Moisés. El decálogo se destina a todos los hombres para ser cumplido, tener conciencia de nuestra condición y cómo debe ser puesto en práctica. En la medida que el discípulo de Jesús cumple con su misión, se nos recuerda que ella es la vía a seguir sin excepción. En Cristo crucificado, San Pablo nos muestra lo que el cristiano debe sentir y vivir según lo pre-establecido por Dios y San Juan muestra el sentido profundo del Templo y lo que Jesús nos quiere demostrar a través de ello. Cada cristiano debe cultivar el sentido de pertenencia a la Iglesia, tanto al Templo como al pueblo santo de Dios del cual se forma parte. Una de las cosas que se deben promover es el cuidado de las edificaciones, mantener la dignidad y el decoro de las mismas, así como el deseo de orar incesantemente para ser cristianos practicantes y no solo de palabra. Es necesario inculcar en los fieles el hecho mismo de ser parte de la Iglesia, a través de la experiencia de vivir en ella, manteniendo ante todo el deseo de progresar y extender el mensaje del Evangelio de la verdad. El culto que se da a Dios necesita un lugar y en este día, Jesús nos enseña que cada corazón es templo y de allí podemos dar culto en el templo material. Nosotros predicamos un Cristo crucificado y resucitado, y es Él quien hace un gesto de liberación, pidiendo con autoridad dejar la Casa de su Padre para la oración, sin convertirla en un mercado…esa enseñanza es lo que nosotros debemos transmitir y vivir como catequesis cotidiana, manifestada en detalles de amor a través de obras de caridad hacia Dios, hacia nuestro prójimo -sin exclusión- y hacia nosotros mismos.

María, madre y maestra de oración
Nuestra Madre del Cielo nos enseña a ser perseverantes en la oración. Ella misma, siendo sagrario de Dios, nos da ejemplo de dignidad, respeto y vida espiritual ante la presencia de Él en nuestra vida. Sigamos su testimonio y hagamos de nuestra vida, templos vivos decididos a proclamar la Palabra de Dios como testigos fieles de la Misión que tenemos como cristianos. Así sea.

Comprometámonos como discípulos de Jesús a atraer más fieles a nuestros templos. Llevemos el Evangelio a todos y anunciemos sin temor la Palabra de Vida que Dios nos da. La Iglesia nos espera, no lleguemos solos ni con las manos vacías…

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 6 de marzo de 2009

IIº Domingo de Cuaresma, 8 de marzo de 2009

Escuchemos al Hijo predilecto…
“Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?”


Iº lectura: Gen 22,1-2.9-13.15-18; Salmo: 115; IIº lectura: Rom 8, 31b-34
Evangelio: Marcos 9, 2-10

Escuchar a Jesús, el hijo predilecto: es la invitación que Dios dirige hoy a los creyentes. Representa en cierto modo el tema que la liturgia nos regala y propone. La primera lectura nos presenta un ejemplo del creyente capaz de escuchar la voz de Dios. En la figura de Abraham, encontramos el modelo de nuestra fe. Ella se apoya en el don que Dios nos ha dado. En la segunda lectura San Pablo nos recuerda que a través de Jesús, Dios está de nuestra parte y es la vía a seguir.

Confianza plena en Dios
Partiendo de la figura de Abraham, símbolo de un pueblo aliado con Dios, podemos constatar la importancia de fiarnos totalmente a su Palabra. Esta palabra se ha revelado en plenitud en la persona de Jesucristo. Él es nuestra vida, la sabiduría, la lámpara que Dios ha colocado para guiar nuestros pasos, la luz para nuestros días, la estrella de cada mañana que nos acompañará a la transfiguración total en luz plena de la mañana sin ocaso. Es por ello que con Él debemos hablar, escucharle, dialogar en la oración y a partir de allí, podemos seguir un itinerario en el cual cada uno de nosotros tiene la misión de verificar la centralidad de la Palabra de Dios en la propia vida. Esto nos ayudará a tomar conciencia de las propuestas que cada día surgen en el corazón de hombres y mujeres que necesitan dialogar con Dios para obtener una respuesta. Jesús se manifiesta, se presenta en su magnificencia y se hace presente con humildad y sencillez en el alma de todo aquel que da su disponibilidad a la conversión. Este domingo, especial para todos, nos da la posibilidad de ver en Jesús la fuente de la que brota la confianza que debemos tener en Dios, la esperanza de la presencia continua del Espíritu y la certeza de poder transmitir el mensaje del Evangelio a todos y en todas partes.

María, madre de luz
El camino hacia la pasión, muerte y resurrección de Jesús, se ve acompañado por nuestra madre del Cielo. Es necesario dejarnos amar y proteger por ella. Seamos buenos hijos e invoquemos siempre su maternal protección. Así sea.

Encomendamos a los corazones de Jesús y de María, el ministerio episcopal de Mons. Jorge Aníbal Quintero, obispo de Margarita. El Espíritu Santo guie sus pasos y le de sabiduría en cada momento de su vida.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 27 de febrero de 2009

Iº Domingo de Cuaresma, 1 de marzo de 2009

Camino de esperanza
“Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios; conviértanse y crean en el Evangelio”

Iº lectura: Gen 9,8-15; Salmo: 24; IIº lectura: I Pe 3, 18-22; Evangelio: Mc 1, 12-15

Hemos iniciado el tiempo favorable de la Cuaresma, en el cual se nos invita a recordar de manera particular, el sentido que debemos darle como cristiano que somos. El Santo Padre Benedicto XVI y el Obispo diocesano, Mons. Mario Moronta, nos invitas en sus mensajes para la Cuaresma de este año, a vivir este tiempo según las vías que todo cristiano debe asumir, siguiendo el itinerario de esperanza al que estamos llamados…

Dios hace un pacto y nos seduce
No podemos ver la esperanza como un sentimiento lejano; la esperanza es algo concreto, va más allá de lo que humanamente podamos sentir o pensar. Es un pacto que establece Dios, desde el inicio de la vida hasta el corazón de todos y cada uno de nosotros. Es un camino de ayuno, de reconciliación y penitencia, de esperanza y oración. Es la presencia de Dios que nos permite ver y constatar que cada uno de sus hijos, no caerán en las manos del demonio. Esto nos da la oportunidad de conocer una nueva modalidad: en Jesús, en su amor y su misericordia, podemos evitar las tentaciones. Del diluvio, que destruye la maldad del hombre, llegamos al Bautismo que purifica y libera nuestra condición de pecadores. Del hombre pecador, Dios hace un regalo al corazón mismo de la humanidad: la conversión como remedio saludable e instrumento perenne de salvación. El mensaje se nos da para extenderlo, para llevarlo a los corazones de todos aquellos que poseen la disponibilidad de recibir a Dios. Esta cuaresma, este tiempo de gozo y de penitencia, de reconciliación y esperanza, es un momento en el cual estamos llamados a ser testigos, discípulos de Cristo que nos lleva de la mano a la verdadera salvación. Benedicto XVI nos recuerda: “que en cada familia y comunidad cristiana se valore la Cuaresma para alejar todo lo que distrae el espíritu y para intensificar lo que alimenta el alma y la abre al amor de Dios y del prójimo". Hagamos vida lo que Dios nos enseña, lo que nos transmite, lo que nos invita a vivir.

María nos acompaña en la Cuaresma
Nuestra Madre del Cielo es garantía de salvación. Ella y su compañía son itinerarios seguros, amor sincero, confianza plena. Si deseamos vivir este tiempo, dejémonos llevar por ella de la mano, luz de nuestros corazones, madre de todos los hombres y estrella que nos conduce al mismo corazón de Jesús. Así sea.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

viernes, 20 de febrero de 2009

VIIº Domingo del Tiempo Ordinario, 22 de febrero de 2009

“Contigo hablo: levántate”
“Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: Nunca hemos visto una cosa igual.”

Iº lectura: Is 43,18-19.21-22.24b-25; Salmo: 40; IIº lectura: II Cor 11,18-22; Evangelio: Mc 2,1-12

Dios tiene proyectos nuevos para cada uno de nosotros, es por ello que si miramos atrás, que sea para recordar las cosas buenas, los momentos agradables y la esperanza que nos ayuda a caminar en su nombre. La presencia del cristiano no sólo en el concepto, sino en la vida misma del hombre, es garantía de la mirada de Dios para con nosotros y de nosotros, hacia el futuro, para con los demás, en especial con los pobres y excluidos. De ahí, que el testimonio en nombre de Dios, es fundamental para que la palabra que se transmite sea coherente con lo que Dios mismo nos da.

“¿Por qué piensan eso?”
En muchos episodios en los que Jesús realiza signos prodigiosos, se presentan personas que juzgan las acciones del maestro. Son juicios que van en contra de lo que puede pensar quien se maravilla por la benevolencia que el acto presenta, y por tanto atraen la atención de Jesús. Él mismo les pregunta: “¿por qué piensan eso?”. Pregunta que hace a cada momento ante la actitud poco coherente que se muestra a cada instante en muchos corazones. Lo que hace Jesús no es para que los demás piensen bien o no; no es un espectáculo para que todos se admiren; no es la magia liberadora que otros puedan pensar… ¡es la acción misma de Dios que se hace presente en las circunstancias cotidianas de la vida del hombre!. Hoy día son muchos los paralíticos que se presentan ante Jesús; son muchos los que ayudan a llevar a Jesús a aquellos que lo necesitan; son muchos los que creen que esa acción es liberación y no presentan signos de exclusión ni de rechazo. La condición social no es requisito para Jesús, Él recibe a todos, para Él no es necesario ser rico o pobre, para Él todos somos iguales. La curación del paralítico nos enseña en primer lugar que debemos hacer todo lo posible por llegar a Jesús, en segundo lugar confiar en su palabra y dejarnos liberar por Él y por último, ser testigos de la acción de Dios en nuestras vidas, ya que Él nos perdona, nos cura y nos guía por caminos de paz y verdad.

María Santísima, camino hacia Jesús
Nuestra Madre del cielo es protagonista fundamental en la edificación de la Iglesia. Ella es quien nos lleva de la mano a Jesús para que, junto a toda la Iglesia, podamos ser testigos de la acción misericordiosa de Dios. Es la ocasión para colocar en sus manos amorosas todos y cada uno de los miembros de la Iglesia: el Santo Padre Benedicto XVI, el obispo, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y todo el pueblo santo de Dios. Que sea ella la luz que guía nuestro caminar y nos conduzca siempre por las vías de la paz, la justicia y la solidaridad. Así sea.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...