José Lucio León Duque

José Lucio León Duque
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jueves, 11 de junio de 2015

NOTA DE PRENSA DE LA DIÓCESIS DE SAN CRISTÓBAL, 11 de junio de 2015

NOTA DE PRENSA.
DIOCESIS DE SAN CRISTOBAL.

Desde hace varias semanas, por solicitud de la familia del Sr. DANIEL CEBALLOS, el Obispo de San Cristóbal, Mons. Mario Moronta ha venido realizando una serie de diligencias en beneficio del Sr. Ceballos. Para ello, ha estado en contacto con su esposa Patricia Gutiérrez de Ceballos y otros familiares. Ha acudido a varias instancias civiles y gubernamentales y de carácter eclesial.

A través de la Ministra Iris Varela, Ministra para los Servicios Penitenciarios, se consiguió la debida autorización para una visita del Obispo al Sr. Daniel Ceballos en San Juan de los Morros. 

El pasado martes 9 de junio, el Obispo Moronta, acompañado de dos sacerdotes y voluntarios del servicio de atención pastoral a los privados de libertad, se encontró por espacio de tres horas con el Sr. Daniel Ceballos: pudo compartir con él largamente en la misma habitación donde días antes había sido transferido por solicitud dirigida a la Ministro. Al término de la Visita, el Obispo acompañó al Sr. Ceballos a uno de los patios del establecimiento donde se encuentra, donde hubo un rato de oración y el Sr. Ceballos pudo tomar el sol.

El Obispo pudo comprobar el estado de salud del Sr. Daniel Ceballos: ha adelgazado cerca de 20 kilos. Sin embargo no ha perdido la fortaleza de su espíritu y se mantiene con el deseo de fortalecerse tanto espiritual como corporalmente.

Luego de su encuentro con el Sr. Daniel Ceballos, el Obispo celebró la eucaristía para un buen número de reclusos en el centro penitenciario “26 de julio”.

De igual modo, el Obispo ha mantenido contacto con algunas autoridades para plantear tanto la situación del Sr. Daniel Ceballos como la de otros detenidos en diversos sitios del país. Por intermedio del Obispo de San Cristóbal, la Ministra Iris Varela concedió autorización para que Mons. Diego Padrón, Arzobispo de Cumaná y Presidente de la CEV, acompañado del Arzobispo de Calabozo, Mons. Manuel Díaz pudieran visitar este pasado miércoles al Sr. Daniel Ceballos.

Luego de su encuentro con Daniel Ceballos, el Obispo Moronta pudo contactar personalmente tanto a la madre de Daniel como a su esposa, a quienes les aseguró que seguiría contribuyendo para obtener los beneficios solicitados por ellas para Daniel.


El Obispo agradece tanto a la Ministra como a todos los funcionarios que le atendieron gentilmente para su visita a Daniel Ceballos y para otras diligencias. De igual modo, el Obispo eleva oraciones por Daniel Ceballos y otros detenidos en diversos sitios en el país. De igual modo, ha recibido con satisfacción la noticia del levantamiento de la huelga de hambre por parte del Sr. Daniel Ceballos.

XI° Domingo del Tiempo Ordinario, 14 de junio de 2015

EL CRISTIANO: 
SEMILLA QUE CRECE
“Dios ya nos conoce plenamente, y espero que también ustedes nos conozcan de la misma manera.” (2Cor 5,11)

I° lectura: Ez 17, 22 - 24; Salmo: 91; I° lectura: 2Cor 5, 6 - 11; Evangelio: Mc 4, 26 -34

La liturgia de la Palabra de hoy nos muestra algunas imágenes que nos ayudan a vivir el cristianismo de una manera más profunda: el crecimiento, la planta y la semilla. Nuestra misión es clara: ayudar en la extensión sin límites del Reino de Dios y su crecimiento en nuestras vidas y en las de nuestros hermanos.

FERTILIDAD CRISTIANA

Para comprender mejor la parábola de la semilla que crece de esa manera, sin que nadie sepa cómo, debemos ver el tiempo en el que vivió Cristo. Las técnicas modernas para incrementar el crecimiento y la producción a través de químicos y máquinas, era totalmente desconocida. Se dejaba todo a la fertilidad del suelo, el cual espontáneamente hacía crecer la planta y el fruto.

Jesús quiere darnos una respuesta clara a nuestras dudas: Dios nos invita a tener paciencia en un mundo que vive en el contexto de la pobreza y la intranquilidad. Si la realización del Reino no depende de nosotros, debemos ser pacientes. La tranquilidad en la extensión del Reino de Dios no es sinónimo de una espera inerte. El cristiano debe obrar con una mentalidad nueva, consciente de que Dios actúa en cada corazón y que llama con el deseo de nuestra respuesta disponible.

La verdadera pobreza es esta: hacer cada cosa sin atribuirnos un mérito que no tenemos; obrar con todas nuestras fuerzas sin pretender nada de preciso. Es una lección de humildad que nos lleva a encontrarnos con un itinerario de fe que nos ayuda a vivir el Evangelio como testigos del amor de Dios.

MARÍA: INSTRUMENTO DE DIOS

María Santísima se presenta como un instrumento de Dios que nos da ejemplo de pobreza, humildad y paciencia. Estamos llamados a vivir como ella y dejar a Dios ser Dios, quien siembra en nuestras vidas la semilla del amor y la misericordia, con el fin de extender su Reino en la vida cotidiana con nuestro ejemplo de vida, nuestro testimonio y la confianza en que podemos ser discípulos y misioneros siguiendo los pasos de Cristo. Así sea.



José Lucio León Duque

jueves, 4 de junio de 2015

Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, 7 de junio de 2015

¡EUCARISTÍA!
“La Sangre de Cristo nos librará de nuestros pecados y nos restituirá nuestra dignidad. Nos liberará de la corrupción. Sin mérito nuestro, con sincera humildad, podremos llevar a los hermanos el amor de nuestro Señor y Salvador. Seremos sus ojos que van en busca de Zaqueo y de la Magdalena; seremos su mano que socorre a los enfermos del cuerpo y del espíritu; seremos su corazón que ama a los necesitados de reconciliación, de misericordia y de comprensión”. (Papa Francisco, 4 de junio de 2015)

Iº lectura: Ex 24, 3-8; Salmo: 115; IIº lectura: Heb 9, 11-15; Evangelio: Mc 14, 12-16. 22-26

Celebramos la fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, y su presencia en la vida del hombre. Hoy, vivimos junto a Jesús esa presencia eucarística, siendo ella, certeza para todos nosotros de vida, esperanza y salvación. Debemos, como verdaderos cristianos, recordar siempre a Dios, nunca olvidarnos de los dones y gracias que nos concede, obedeciendo en todo momento, ofreciendo sacrificios y glorificando su nombre y viendo en Jesús el mediador de la nueva alianza.

JESÚS ESTÁ AQUÍ

“La Eucaristía actualiza la Alianza que nos santifica, nos purifica y nos une en comunión admirable con Dios. Así aprendemos que la Eucaristía no es un premio para los buenos, sino la fuerza para los débiles, para los pecadores, es el perdón, el viático que nos ayuda a andar, a caminar” (Papa Francisco, 4 de junio de 2015). Esa presencia eucarística es real, verdadera, cierta, que se hace vida en cada hombre y mujer, en la medida que la reconocemos como “fuente y cima de toda la vida cristiana” (LG 11).

La presencia real de Jesús en el Santísimo Sacramento nos hace reflexionar sobre algunos puntos en especial: en primer lugar, es sacrificio que nos redime, nos salva, nos purifica. En segundo lugar, es misterio por el cual cada cristiano, creyente y amante de la Eucaristía, siente admiración, viviendo en plenitud la sagrada comunión. En tercer lugar, es sacramento, en el cual nos deleitamos y participamos sin cesar, sabiendo que la presencia de Jesús, nos alimenta en el cuerpo y en el alma. San Agustín en el Comentario al Evangelio de San Juan, habla de la Eucaristía como “¡Sacramento de piedad, signo de unidad y vínculo de caridad!”.

La Misión del cristiano debe llevar como bandera el amor a Jesús Eucaristía y a la Santísima Virgen María: unirnos a Dios para llevar a todos el amor que viene de Él. Ello conlleva a creer y vivir la fraternidad, la unión y el amor, si esto falta, la evangelización decae y no produce fruto. Seamos amantes de la Eucaristía y fieles al mensaje del Evangelio: “El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.” (Jn 6, 57).

MARÍA, MUJER DE LA EUCARISTÍA

La presencia de María Santísima, nuestra madre, es permanente y sincera. Ella, conservando y guardando todo en su corazón, se convierte en discípula fiel que nos enseña el camino que debemos seguir para unirnos cada vez más como testigos fieles de la Eucaristía y del Evangelio de la verdad. Sigamos a Cristo, estemos junto a él y confiemos plenamente en su presencia en medio de nosotros. Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

jueves, 28 de mayo de 2015

La Santísima Trinidad, 31 de mayo de 2015

EN EL NOMBRE DE LA TRINIDAD
“Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo.” (Mt 28, 19-20)

Iº lectura: Deut 4,32-34.39-40; Salmo: 33; IIº lectura: Rom 8,14-17; Evangelio: Mt 28,16-20

El gozo del amor de Dios nos regala una gran fiesta. La Pascua no termina, Emaús continúa haciéndose vida cada día; la presencia de Jesús en el cenáculo del corazón del hombre es símbolo constante en la espiritualidad de todos los cristianos. Cada celebración inicia invocando la Trinidad: en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Es así que, nombrando con el corazón y los labios a Dios, somos testigos de su vida en nosotros. En este domingo se nos invita a alabar a Dios y admirarlo en sus obras y acciones; pidiendo constantemente su amor y su misericordia para que, creyendo en Él, seamos partícipes de la salvación.

MISTERIO DE FE, MISTERIO QUE SE VIVE

Un modo para comprender el misterio de la Trinidad, es el que se nos presenta y cómo la percibimos: el Padre Creador, el Hijo Salvador y el Espíritu Santo santificador. La manifestación de las tres divinas personas se muestra en las obras de Dios en el mundo y en el corazón del hombre. Esto se expresa en la realidad de la creación, en la Paternidad Divina que es principio y fin de toda realidad del universo. 

Así mismo, el sacrificio amoroso de Dios, que se cumple al hacerse hombre como nosotros, nos revela y nos deja como herencia, la salvación para todos y el amor que se manifiesta en la acción del Espíritu Santo, fuego en el alma de los bautizados, luz y guía para los fieles, cooperando de esta manera en el plan salvífico que Dios nos propone. 

Cada vez que hagamos la señal de la cruz, recordemos el gran misterio de Dios presente en nuestra vida, teniendo en cuenta que, en ese momento, podemos y debemos manifestar también exteriormente nuestra fe. Esto ayuda a reforzarla, cultivarla y transmitirla siempre más, en la medida que la comunicamos a nuestros hermanos, de modo particular, a los más pobres y excluidos, quienes requieren una especial atención.

LA VIRGEN MARÍA Y LA TRINIDAD

Cada día que pasa, tiene momentos concretos en los cuales la mirada al cielo debe ir acompañada de una jaculatoria u oración a la Santísima Trinidad. Ella está en nuestras vidas y junto a ella, contamos con la presencia maternal de María Santísima. Nuestra madre del cielo nos guía hacia la convicción de la presencia constante de Dios quien nos hace discípulos de su Hijo y, con la protección del Espíritu Santo, nos da la fuerza para unirnos a la Misión Evangelizadora, a la que todos estamos llamados como mensajeros de la paz, discípulos y misioneros. Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

martes, 26 de mayo de 2015

Aniversario de Ordenación Episcopal de Mons. Mario del Valle Moronta Rodríguez, 27 de mayo de 2015

Mons. Mario del Valle Moronta Rodríguez,
Obispo desde hace 25 años
SERVIDOR Y TESTIGO
"Tengan cuidado de ustedes y de toda la grey, en medio de la cual les ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios, que El se adquirió con la sangre de Su propio Hijo". (Hch 20,28)

Hace 25 años, Mons. Mario del Valle Moronta Rodríguez, fue consagrado Obispo, sucesor de los apóstoles, servidor y testigo. “El obispo es sucesor de los apóstoles y ha recibido la totalidad del sacerdocio de Cristo, por lo que es miembro de la jerarquía de la Iglesia. La ordenación de diáconos, sacerdotes y obispos pertenece únicamente a los obispos. Los obispos son pastores de y en su diócesis, en comunión con el Papa, Vicario de Cristo”.
(www.corazones.org/diccionario/obispo.htm)

EN LOS ANDES VENEZOLANOS DESDE HACE 16 AÑOS

La acción pastoral de Mons. Mario del Valle, se ha manifestado en el fortalecimiento de la fraternidad sacerdotal y la cercanía al presbiterio, así como la dedicación y servicio en cada aspecto pastoral que la Diócesis ha necesitado. Las visitas pastorales, la convocación y realización del IIº Sínodo Diocesano, el fortalecimiento de las Parroquias, la atención a aquellas comunidades más necesitadas.

La acción pastoral de Mons. Mario del Valle es reflejo del servicio que cada sacerdote debe vivir: seguir los pasos de Cristo y configurarse a Él, Sumo y Eterno Sacerdote.  Nuestro más sincero y fraterno saludo de felicitación en este día. 

Le encomendamos cada día en nuestras oraciones y colocamos su ministerio episcopal en las manos del Santo Cristo de los Milagros de la Grita y nuestra madre de la Consolación, María del Táchira. Felicidades Monseñor, Dios le bendiga. Así sea.
José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

domingo, 24 de mayo de 2015

Pentecostés: día del Seminario, 24 de mayo de 2015

SEMINARIO DIOCESANO SANTO TOMÁS DE AQUINO
DIÓCESIS DE SAN CRISTÓBAL
EL ESPÍRITU SANTO, RESPIRO Y VIDA DE LA FORMACIÓN

En el lenguaje bíblico el Espíritu se presenta como el soplo que penetra en el alma del hombre. El Espíritu Santo, tercera persona de la Santísima Trinidad, es el aire que da respiro a nuestra vida espiritual.

En la Solemnidad de Pentecostés celebramos de manera especial el Día del Seminario.  En él y en la vida cotidiana, debemos sentir la presencia del Espíritu Santo, el Consolador, invocando su iluminación en cada momento. Abriendo nuestros corazones a la acción purificadora y alentadora del paráclito, entendemos que el Espíritu Santo es nuestro respiro.

Jesús nos prometió el Consolador y cumplió su promesa. El día de Pentecostés las lenguas de fuego se posaron en cada discípulo, ese Espíritu que los alentó a hablar en diversas lenguas, que los empujó al mundo sin miedo, sin temores humanos, con el deseo de predicar con la palabra y la vida el Evangelio de Jesús a todos sin excepción.

Jesús nos recuerda y garantiza que no estamos solos, que la oportunidad de ser testigos del Evangelio está presente a cada momento y el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, es quien da respiro a cada acción nuestra y nos permite vivir según las enseñanzas evangélicas. Aprovechemos cada momento, recordando que cada cosa dicha y vivida es una enseñanza que nos  convierte en portavoz del mismo Jesús.

A quienes formamos parte de la familia del Seminario Santo Tomás de Aquino: ánimo, mirando siempre hacia delante, sin desfallecer en este camino, tratando de observar y vivir  con atención e ilusión los momentos que Dios nos regala y nos ofrece para nuestro crecimiento.

Dios bendiga y la Virgen Santísima, madre del amor y de la paz, bendiga nuestro Seminario y nos ayude a seguir adelante, configurándonos cada día más a Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Así sea.
José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com



viernes, 22 de mayo de 2015

Mons. Mario del Valle Moronta en ocasión de la Beatificación de Mons. Oscar Arnulfo Romero, 23 de mayo de 2015

Mons. Oscar Arnulfo Romero
ROMERO

Hermoso regalo para la Iglesia en América Latina en vísperas de Pentecostés: la beatificación del Obispo mártir de El Salvador, Mons. OSCAR ARNULFO ROMERO. En efecto, este sábado 23 de mayo es beatificado en San Salvador el Obispo del pueblo, sencillo, austero y de profunda fe, quien fue capaz de entregar su vida por la gente a la que le brindó un especialísimo servicio, siempre en nombre del Señor. Mons. Romero entra en la gloria de los altares y ya se le puede dar culto público.

Sobre Mons. Romero se tejieron múltiples leyendas y opiniones encontradas. Se le acusó de “comunista”, sencillamente porque estuvo siempre al lado de los pobres y de su pueblo. No sólo para reivindicar los derechos humanos de quienes eran maltratados y oprimidos, sino porque fue el testigo fiel capaz de enseñar el evangelio, celebró los misterios de la fe y, sobre todo, hizo realidad en su trabajo pastoral la caridad de Cristo. Incluso no faltó quien hizo creer que era manipulado y que sus homilías y enseñanzas ni siquiera eran preparadas por él, sino por un grupo de sacerdotes y laicos ideologizados. Pero la realidad ha sido otra cuando se ha ido estudiando y conociendo tanto sus escritos, como su vida de testimonio sacerdotal.

Lo que sucede es que quienes piensan con criterios del mundo o se dejan llevar por la tentación de convertirse en “opresores y dominadores” cuando alguien se les enfrenta con la verdad del Evangelio, llegan a acusarlo como “desestabilizador”, “comunista” y contrario al orden establecido. Pero la vida de Romero ha demostrado lo contrario: fidelidad a la Palabra de Dios, sentido de comunión con la misión de la Iglesia y caridad sin límites hacia todos, sin discriminación, todo vivido y experimentado desde el encuentro perenne con Cristo. Romero fue un hombre de oración y de vida sobrenatural. Así lo expresó en todo momento. La propaganda contraria a él pretendió hacerlo ver como un enemigo de la sociedad y un violento, cuando en el fondo era un amante de la paz y de la no violencia.

Sintió la muerte de sus hermanos sacerdotes, desde el asesinato del P. Rutilio Grande, y se identificó con la entrega generosa de ellos. Compartió en todo el dolor y el sufrimiento de tantísimos hermanos perseguidos y desaparecidos, y prefirió asumir la incomprensión incluso de muchos de sus hermanos antes que claudicar y ser indiferente. Su opción por los pobres la supo realizar como expresión de su fe en Cristo, el Dios humanado y salvador de todos.

Mons. Enrique Angelelli
Damos gracias a Dios por la beatificación de Mons. Romero. Gracias a Francisco, el Papa de la Nueva Evangelización, por este regalo de Pentecostés para nuestras comunidades. Hace poco recibíamos la noticia de apertura de otro proceso de beatificación de otro Obispo mártir, asesinado en Argentina por la fuerza brutal de quienes se consideraban los dueños del pueblo: Enrique Angelelli. Romero ilumina el camino desde el cielo con su testimonio de vida; Angelelli nos ha enseñado que se debe tener un oído puesto en Dios y el otro en el pueblo.

Al decir en este domingo de Pentecostés “feliz fiesta de la Iglesia, feliz día del Espíritu Santo”, lo podemos hacer también desde la alegría por la beatificación de Mons. Romero. Que él interceda por todos nosotros ante Dios a fin de conseguirnos la gracia de conseguir “el gusto espiritual de sentirnos pueblo”, como nos lo ha enseñado el Papa Francisco.

+Mario Moronta R., Obispo de San Cristóbal.

jueves, 21 de mayo de 2015

Solemnidad de Pentecostés, 24 de mayo de 2015


Solemnidad de Pentecostés
¡GUIADOS POR EL ESPÍRITU!
Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento.” (Secuencia de Pentecostés)

Iº lectura: Hch 2,1-11; Salmo: 104; IIº lectura: 1Cor 12, 3b-7. 12-13; Evangelio: Jn 20, 19-23

“Ven, Espíritu Santo, y envía del Cielo un rayo de tu luz.” (Oración al Espíritu Santo). Una luz que irradia en medio de un mundo ofuscado por el materialismo y la falta de esperanza, pero a la vez, una luz que se expande en cada corazón para que cada uno de nosotros seamos testigos perennes del amor de Dios, manifestados en la resurrección de Jesús y en la presencia continua del Espíritu Santo en nuestras vidas. En este domingo se manifiesta la esperanza, la paz y el amor que necesitamos todos y que crece cada vez más por la adhesión a la Iglesia que cada uno experimenta y profesa.

“TODOS QUEDARON LLENOS DEL ESPÍRITU SANTO”

La venida del Espíritu Santo, manifestada en nuestras vidas, es la prueba cierta que la promesa de Jesús se cumple y se hace verdad. Así como los discípulos estaban reunidos en un mismo lugar el día de Pentecostés, se nos pide hoy, unirnos como hijos de Dios, hermanos de Jesús y testigos del Espíritu en torno a la Mesa Eucarística, para manifestar a todos la alegría que ello nos proporciona. El Espíritu que da vida a nuestras almas, es la fuerza que nos ayuda a caminar en medio de las dificultades, es la constancia que nos impulsa a ser verdaderos discípulos, es la paz que nuestros corazones necesita. Pentecostés da inicio a un camino de fe y esperanza; es el comienzo de la actividad apostólica de la Iglesia, es el itinerario donde podemos llevar el mensaje de salvación a todos.

El Espíritu Santo, fuego y brisa, amor y esperanza, luz y guía, nos da la posibilidad de ser amantes de la oración, fieles discípulos de la Evangelización y sembradores de la paz. Pidamos de corazón al Espíritu Santo que entre en nuestras vidas. Pidamos por aquellos que en su corazón sienten el vacío del amor y la misericordia; de aquellos que por la injusticia deben callar y ser testigos silentes de una pobreza sin retorno; de aquellos que claman al cielo y a los hombres, la misericordia que es menester para fortalecer su propia vida; de aquellos cuyas vidas se encuentran al borde del abismo deseando no caer…ven Espíritu Santo, ayúdanos a ser portadores de la certeza que sólo el Evangelio da a quienes firmemente creemos en él.

Cada uno de nosotros está llamado a proclamar cada día, la petición que nos lleve a sentir la presencia del Espíritu: “ven, Espíritu Santo... ven, Padre de los pobres; ven, dador de los dones; ven, luz de los corazones. En el esfuerzo, descanso; refugio en las horas de fuego; consuelo en el llanto.”

MARÍA SANTÍSIMA, NOS GUÍA EN TODO MOMENTO

En el camino de la luz, de la paz y la esperanza nos acompaña de la mano María nuestra madre. Ella nos motiva y nos guía por el camino justo y hace de todos y cada uno de nosotros, verdaderos testigos de la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia, en cada uno de nosotros. María está ahí, junto a nosotros, junto a sus hijos. Ello es garantía del amor y la inhabitación de Dios en nuestras vidas. “Todos ellos perseveraban en la oración con un mismo espíritu... en compañía de María, la Madre de Jesús...Acudían diariamente al Templo con mucho entusiasmo”. (Hech. 1, 12-14 y 2, 46). Así sea.
José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com


jueves, 14 de mayo de 2015

Solemnidad de la Ascensión del Señor, 17 de mayo de 2015

PROCLAMAR A DIOS CON ESPERANZA
“Galileos, ¿qué hacen ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que les ha dejado para subir al cielo volverá como le han visto marcharse.” (Hch 1, 11)

Iº lectura: Hch 1, 1-11; Salmo: 46; IIº lectura: Ef 1, 17-23; Evangelio: Mc 16,15-20

La Ascensión de Nuestro Señor marca la culminación de su misión en la tierra, pero también marca el inicio de la misión de los apóstoles en todo el mundo. Las lecturas de hoy describen la Ascensión de Cristo y la misión que Él encomendó: “vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 8, 19). La presencia espiritual de Cristo permanece con nosotros hasta el final de los tiempos. Los Hechos de los Apóstoles unen los eventos ocurridos después de la Pasión de Jesús hasta el momento de la Ascensión. La carta a los Efesios pone una nota particular. Recuerda solemnemente que el poder de Dios, manifestado en la vida terrena de Cristo y su resurrección, nos ha abierto la esperanza de la gloria futura.

LA MISIÓN EN LA IGLESIA

Podemos contentarnos muchas veces con mantenernos dentro de las paredes de nuestra comodidad. Ésta no es la misión confiada por Jesús. Los católicos estamos llamados a permanecer en el mundo, construir con espíritu positivo y mejorar la realidad con la vivencia de nuestra fe católica y su significado. Sabemos que todo lo humano puede reflejar genuinamente la gloria de Dios. Debemos creer que Dios ya está obrando en el corazón del hombre, mediante la gracia y sus inspiraciones, para que éste le encuentre en el Evangelio. La misión que nos da Jesús se debe reflejar en la vida cotidiana, en el actuar de cada momento, en medio del pueblo, llegando al corazón de cada hombre y cada mujer.

La fiesta de hoy nos muestra dos perspectivas que nos pueden ayudar a entender y practicar la vida en Cristo. En primer lugar, Jesús sube al cielo e ir al cielo es ir a Dios, es estar junto a Él, vivir con el resucitado y aceptar de corazón la salvación que nos viene del amor de Dios. En segundo lugar, la Ascensión significa para la Iglesia la glorificación en el Padre. Es una fiesta de esperanza y de una promesa especial para todos nosotros. Todo esto nos recuerda que el cielo es la meta que debemos alcanzar y preparándonos aquí en la tierra.

MARÍA SANTÍSIMA ACOMPAÑA NUESTRA VIDA

En este domingo de la Ascensión del Señor, María nos enseña el camino para llegar a Jesús. Es un día especial para meditar sobre nuestra adhesión al amor de Dios, sobre el camino de esperanza que debemos recorrer y sobre la paz que Jesús da a nuestras vidas. Pidamos a Dios con fe, por intercesión de María Santísima, que nos “dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo”. Que ilumine los ojos de nuestro corazón, y así poder comprender “cuál es la esperanza a la que nos llama”. Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

jueves, 7 de mayo de 2015

VI° Domingo de Pascua, 10 de mayo de 2015

“EL AMOR PROCEDE DE DIOS”
“El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. Así Dios nos manifestó su amor: envió a su Hijo único al mundo, para que tuviéramos Vida por medio de él.” (1Jn 4, 8-9)

Iº lectura: Hch 10,25-26.34-35.44-48; Salmo: 98; IIº lectura: 1Jn 4,7-10; Evangelio: Jn 15,9-17

Las lecturas de hoy se refieren a uno de los temas más importantes y fundamentales que todo cristiano debe vivir y experimentar: el amor. En el libro de los Hechos de los Apóstoles, vemos cómo escuchar la Palabra de Dios nos lleva a recibir el Espíritu Santo. En su carta, San Juan invita a cada hombre a dar testimonio de su fe y del amor que se debe profesar y vivir con sinceridad. Dicho testimonio tiene que darse con mansedumbre y respeto, y con ello nos caracterizaremos en tener esperanza. El Evangelio sigue el mismo itinerario: amar tal como Él nos amó (cfr. Jn 15, 9-17).

EL TESTIMONIO DEL AMOR

El camino que debe recorrer el cristiano es un camino de esperanza y de amor. La predicación de Jesús, continuada por los Apóstoles y confirmada por la Iglesia, es uno de los signos más tangibles que el corazón de todos podemos experimentar. El camino y la vida del cristiano, se basan en el amor, en dar lo mejor de sí para que se pueda fomentar la paz y la justicia. La humanidad necesita testimonio y fe, necesita acompañamiento y oración, necesita fortalecer el amor en Dios y en lo que proviene de Él.

El cristianismo se encuentra en la vida interior de cada persona. Es una experiencia permanente de Dios, que se recibe con el bautismo y se completa con los demás sacramentos y una vida cristiana sólida. La presencia y el amor de Dios fortalecen e iluminan al católico para cumplir con la misión de edificar el Reino de Cristo en la tierra. Él es quien nos ilumina y dirige; es quien nos ayuda a discernir el valor de todas las cosas respecto a la sabiduría de Dios y para actuar conforme a lo que Él nos inspira.

Por ello, es necesario prepararnos para cumplir la misión de dar testimonio de nuestra fe, mediante el amor experimentado en la vida cotidiana, la mansedumbre y el respeto ante las dificultades y la persecución que en la actualidad se pueda suscitar. Como testigos del Evangelio, difundamos el amor a través de pequeños detalles y de una vida cristiana de acuerdo al ejemplo que Jesús nos da.

MARÍA, MADRE DE AMOR Y ESPERANZA

Como hijos de María Santísima, veamos el amor tan grande que Dios nos tiene y nos manifiesta a través de ella. De la mano con María podemos cultivar los valores en la vida y en el ambiente que nos rodea. Es el reto que cada uno de nosotros puede conquistar en la medida que estamos unidos a ella y al amor que proviene de Dios. Así sea.
José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com

miércoles, 29 de abril de 2015

V° Domingo de Pascua, 3 de mayo de 2015

SOMOS FRUTO DEL AMOR DE DIOS
“Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.” (1Jn 3, 18.24)

Iº lectura: Hch 9,26-31; Salmo: 21; IIº lectura: 1Jn 3,18-24; Evangelio: Jn 15,1-8

En este domingo se nos da la oportunidad de encontrarnos con Dios a través de las relaciones humanas cotidianas e ir cultivando lo que cada cristiano, de acuerdo al mandato de Jesús, debe hacer. Tengamos en cuenta que cada paso que damos, son muestras de amor que Dios nos proporciona y en ellas encontramos la vía que nos lleva a la Salvación. La primera lectura nos enseña la importancia fundamental de ser testigos del evangelio y cómo debemos aprender a reconocer en quien es discípulo, el rostro mismo de Dios. La segunda lectura da las pautas que el testigo del Evangelio, debe tener como bandera: amar de corazón y no solo con las palabras, ello nos conduce a ver en el mensaje de Jesús, Buen Pastor el modo justo para permanecer en Él caminar como hijos de la luz.

LA MISIÓN DEL TESTIGO

La actualidad nos muestra cómo debemos caminar en el nombre de Dios para que, junto a Él, podamos extender con veracidad y testimonio, la Palabra que da vida, que da esperanza e infunde plenamente la misericordia que tanto necesita el mundo. Somos testigos del resucitado, somos testigos de una Palabra que debe llevar vida y armonía a todos los hombres y mujeres de mundo, somos testigos de la santidad que estamos llamados a vivir y de la ayuda que debemos, como Iglesia, prestar sin exclusión a todo el que necesita de Dios.

Este domingo, en el cual se nos invita a permanecer en Jesús de corazón y no sólo con las palabras, es un momento de gracia para cada uno de nosotros, para todos aquellos que tal vez se sientan sin fuerzas para seguir adelante en medio de un cúmulo de problemas; para aquellos en los que la esperanza es oscuridad, y la impotencia es parte del quehacer diario.

Jesús nos da la oportunidad de permanecer en Él, y en Él se nos da la potestad de amar como Él amó, de llevar a nuestros hogares la paz y a sentir su presencia cierta en un compartir que nunca pueda culminar, pues está presidido por Dios.

MARÍA, NOS AYUDA A PERMANECER JUNTO A JESÚS

La presencia de Nuestra Madre del Cielo en nuestra vida es motivo para seguir caminando en el nombre de Dios y con ello, proclamar su grandeza y poderío que se traduce en esperanza y vida. Como testigos del Evangelio, debemos cultivar los valores espirituales que nos permitan caminar por sendas de justicia y de paz. Así sea.

José Lucio León Duque

joselucio70@gmail.com


IIIº Domingo de Cuaresma, 7 de marzo de 2021

LA CASA DE DIOS ES NUESTRA CASA “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.”...